lunes, 27 de junio de 2016

EDMUNDO PAZ-SOLDÁN: «Lo más profundo de una subjetividad son los sueños».



Entrevisto a Edmundo Paz Soldán días antes de que abandone Sevilla para regresar a los Estados Unidos donde es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. No es la primera vez que visita la capital hispalense, ya estuvo hace años, en aquella ocasión terminó su novela ‘Palacio quemado’, y empezó ‘Los vivos y los muertos’. Le pregunto por su libro de relatos ‘Las visiones’ (Páginas de espuma, 2016) en el que muestra de manera contundente por qué es considerado una de las voces narrativas imprescindibles de la narrativa hispanoamericana contemporánea.

En escenarios urbanos y en espacios alejados de la civilización, a través de una mezcla amplia y original de registros realistas, fantásticos y de ciencia ficción, los seres que pueblan estos catorce cuentos de ‘Las visiones’ deambulan en busca de esperanza, nos sugieren acaso que, en tiempos de guerra, la batalla principal está en mantener la humanidad pese a todo.   

Estas historias parecen sumergirnos en una cierta irrealidad a caballo entre el sueño y el deseo quizá vislumbrado ya en la alegoría de la portada.

Hay un toque de literatura fantástica en estos cuentos. Quería meterme en la intimidad de los personajes, y lo más profundo de una subjetividad son los sueños. Las visiones, las pesadillas, las alucinaciones dotan de unidad temática a los relatos. Y esas visiones no están separadas de la realidad, van coloreando la realidad de los personajes, para algunos de ellos terminan siendo la realidad.

Me ha parecido ver una mirada al origen, a la infancia, al descubrimiento, a la esperanza…

Me interesaba explorar qué significaba crecer en un mundo en guerra. Cómo se es niño o adolescente entre las balas. Es por eso que hay varios cuentos con niños como personajes. Todavía no tienen una visión formada del mundo, son en cierto modo víctimas de las decisiones de los adultos, y tienen que buscar cómo sobrevivir.

La humanidad de los personajes parece latir bajo una opresión entre telúrica y selvática, dos elementos conformando un paisaje como estado de ánimo o viceversa.

Alguien me preguntó si la guerra deshumaniza a los personajes. Yo creo que transforma su humanidad. Lo que estos cuentos exploran es cómo ocurre esa transformación, qué valores salen a relucir, qué miedos, qué ansiedades, qué esperanzas. En medio de un paisaje hostil como el de Iris, los personajes buscan imponerse, dar cuenta de su lugar en el mundo.

Los personajes están en una isla, Iris, un guiño –entiendo– a un territorio al que usted regresa narrativamente pues retoma los ecos de su novela ‘Iris’ publicada en 2014.

En Iris siento que construí una ciudad y en estos cuentos pensé que, ya con la ciudad construida, podía detenerme a explorar algunos barrios. Quería tocar aspectos que no entraron en la novela, me interesó ver más ahora la visión de los colonizados, porque en la novela predomina la visión imperial. Los cuentos pueden leerse independientemente de la novela, pero para quien ha leído la novela son una suerte de complemento.

¿Ha ideado los relatos de ‘Las visiones’ para que se lean no solo en el orden en el que aparecen sino de otro modo, aislados, autónomos, independientemente –como ha comentado– de la propia Iris, la novela?

Hay varias cajas chinas en este proyecto. Cada cuento debe defenderse solo, si lo encuentras aislado en una revista y no sabes nada del mundo de Iris, debe funcionar. Luego, cada cuento ocupa un lugar en el libro de cuentos, si los lees en orden en ‘Las visiones’ se cuenta una historia alternativa de Iris. Y luego, los cuentos ocupan un lugar en todo el proyecto narrativo de Iris, como complemento de la novela, como forma de realzar ciertos aspectos de la novela que no toqué en profundidad. 

Háblenos finalmente del lenguaje que componen las historias de ‘Las visiones’, ese mestizaje léxico, a veces anglocastellanizado.

Tenía la intuición de que un mundo tan transformado en todos los aspectos no podía narrarse con un lenguaje tradicional. El mismo lenguaje debía estar intervenido, mostrar las cicatrices de la colonización, de la opresión imperial que marca la historia de estos cuentos. De modo que ahí aparecen los neologismos, los arcaísmos, el lenguaje del imperio (inglés), los lenguajes de los soldados, los vocablos indígenas, etc.
Muchas gracias y mucha suerte, Edmundo.

Por Ginés J. Vera.

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de las novelas, ‘Días de papel’ (Premio Nacional de Novela Erich Guttentag, 1992), ‘Alrededor de la torre’ (1997), ‘Río fugitivo’ (finalista en el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, 1998), ‘Sueños digitales’ (2000), ‘La materia del deseo’ (2001), ‘Palacio Quemado’ (2006), ‘Norte’ (2011) e  ‘Iris’ (2014); y de los libros de cuentos ‘Las máscaras de la nada’ (1990), ‘Desapariciones’ (1994), ‘Amores imperfectos’ (1998) y ‘Billie Ruth’ (2012). Ha coeditado los libros ‘Se habla español’ (2000) junto a Alberto Fuguet, y ‘Bolaño salvaje’ (2008). Sus obras han sido traducidas a diez idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002) por ‘El delirio del Turing’.

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