viernes, 26 de junio de 2026

El libro de pasatiempos del detective de sillón. Gareth Moore y Laura J. Ayres

El libro que os traigo estos días es El libro de pasatiempos del detective de sillón (Larousse), de Gareth Moore y Laura J. Ayres. Es cierto, también semanas atrás os traje uno en la línea de libros de entretenimiento. 

En el caso de este, os puedo asegurar que lo he disfrutado con un lápiz en la mano durante varias tardes. Contiene más de 80 retos, no los llamaría juegos, variados en los que se nos pondrá a prueba el intelecto. Encontraréis así desafíos de agudeza visual, de lógica, de deducción; de tipo laberíntico o, entre otros, los populares sudokus adaptados, eso sí, a esta propuesta de resolución de enigmas por parte de los dos autores. 

El planteamiento de cada uno de estos casos detectivescos es justo como leemos en el título, con una narración previa en cada caso y una cuestión si logramos descifrar o resolver la prueba. Además de adictivo, en caso de duda siempre podemos recurrir a las soluciones que encontraremos al final del libro. Me ha parecido muy apropiada esta lectura con el final de las clases lectivas o el inicio de las vacaciones por razones obvias, no hay que ser un gran detective. Esas habilidades mejor las reserváis para El libro de pasatiempos del detective de sillón

Moore es un autor superventas internacional en este tipo de libro de entretenimientos, Laura Jayne Ayres, por su parte, es lingüista y junto con Moore es coautora de varios libros de enigmas y acertijos tan interesantes como el que os aguarda desde ya en las librerías.


El libro de pasatiempos del detective de sillón. Gareth Moore y Laura J. Ayres. Larousse


martes, 23 de junio de 2026

Bajamares. Antonio Tocornal

¿Quién es el verdadero protagonista de la novela Bajamares (Sloper), de Antonio Tocornal? Conforme nos vamos deslizando por sus páginas, parece evidente que lo es el habitante del islote Roque Espino. Ese joven que se presentó voluntario, décadas atrás, para hacerse cargo del faro. Labor que ha desempeñado a la perfección, sin haber regresado jamás a tierra firme. Su contacto con el mundo exterior es a través de un barquero que cada quince días le trae las provisiones. 

Tocornal podría haber escrito un relato, uno breve o, quizá, algo más extenso; pero con sabiduría marinera, dirige la proa de la narración a un puerto seguro entre paisajes y voces. Porque el protagonista de Bajamares no está solo. Y no me refiero a los lagartos del islote, ni a los que descansan en paz, en el cementerio de marineros muertos que trajo la bajamar al islote. Está su otro yo. Conocemos más de la historia del guardafaros y de su existencia a través de una sucesión de voces narrativas. Las del barquero, las del narrador omnisciente, la de la madre... Suma no de una voz, sino de una serie de aportes, de documentos, para que la unión de las partes nos descubra la historia casi como ese buque que entre la niebla aparece silencioso, imponente. Niebla y silencio. Curioso traer aquí estos dos conceptos. Porque hay algo de neboluso, de onírico, de somnolencia e imaginación en estas voces. Como también hay silencios, no podía ser menos en una isla semihabitada; no obstante, el lenguaje atrapa, se aferra al lector en forma de imágenes y metáforas. 

Palabras que leemos en un elemento no menos curioso. Y es que el guardafaros, temiendo perder el lenguaje, encarga a tierra firme que le traigan a Roque Espino un gran diccionario enciclopédico ilustrado. Esa enciclopedia será su único vínculo con el resto del mundo más allá del contacto quincenal con el barquero; estudiará los tomos durante toda su vida. Vida. Otra palabra que en el tono casi reflexivo de esta novela, adquiere un significado simbólico, si unimos, como lectores, las imágenes iniciales y las finales. Acaso como el perímetro de esa isla. Como un mar primigenio donde se hace la luz para arrojar a las tinieblas, donde a diario vivimos con nuestro yo presente y nuestro yo del pasado en una conversación con la sana intención tal vez de no alejarnos en exceso de tierra firme, esa a la que indefectiblemente regresaremos cuando baje la marea.

Bajamares mereció el primer Premio de Novela de la Diputación de Córdoba en 2018, Sloper la reedita este 2026 con un prólogo de Nadal Suau.


Bajamares. Antonio Tocornal. Editorial Sloper

martes, 16 de junio de 2026

Ganatiempos. Chema Lorite y Yolanda Cabrera

Este libro que os traigo, Ganatiempos (Larousse) de Chema Lorite y Yolanda Cabrera, es el primero de una serie que vendrá a enriquecer nuestra sustancia gris. Nuestro cerebro. 

Creo que es interesante que salga a la venta a las puertas de los meses veraniegos, tiene su razón de ser. Es más, para mi gusto, se presta tanto a ser leído por quien lo adquiera tanto o más que para ser regalado con el final del año escolar o académico. Llego de páginas a color, se estructura en diversas secciones con variadísimos retos para nuestro intelecto. Dado que hay niveles de dificultad también variado, apela a enfrentarnos a estas pruebas con un doble propósito: darle vidilla a las neurona y aprender. Me refiero a que Chema Lorite y Yolanda Cabrera han unido sus talentos creativos para ofrecer en Ganatiempos un libro útil, divertido, ameno y memorable. 

Memorable de memoria, la que emplearemos en algunas de las pruebas, como también pensamiento lógico, el sentido común, la intuición o la habilidad mental. Pero, que no cunda el pánico para quienes crean que leer un libro debe ser relajado y huyen de la gimnasia mental. Chema Lorite y Yolanda Cabrera han tenido el detalle de incluir las soluciones, cómo no. Voy a traer aquí una cita de Piaget, esa que propugnaba que la inteligencia era lo que usamos cuando no sabemos qué hacer. Quizá por eso, porque a menudo, en nuestro día a día, debemos tomar decisiones y aceptar sus consecuencias, incluso si dudamos qué hacer, es importante contar con buenas herramientas. Ganatiempos es, a mi juicio, un buen yunque en el que moldear y afilar nuestra inteligencia, nuestros recursos intelectuales. Los gerogríficos, las adivinemas, los problemazas, los estrujacerebros y el resto de retos van en esa dirección sin abandonar en ningún momento la parte lúdica: El placer de pensar, el gusto de jugar. ¿Os apetece pensar y jugar?


Ganatiempos. Chema Lorite y Yolanda Cabrera. Larousse editorial.

martes, 9 de junio de 2026

Una fábula sueca. Nicolás Diez

Nos gusta lo noire, quizá por eso celebramos la llegada a las librerías de novelas como Una fábula sueca (AdN), de Nicolás Diez. 

Granadino él, el autor, actualmente compagina su pasión por la narrativa como escritor con su labor docente. No es su primera novela, aunque si vamos a hablar de Una fábula sueca hay que apuntar un detalle: está inspirada en un caso verídico ocurrido en Granada en los años noventa. La trama converge a una supuesta desaparición de un anciano sueco. Un pueblo pequeño, La Umbría, un consulado al que llegan dos mujeres supuestamente hermanas a renovar el pasaporte de aquel y un relato que no logra convencer a Ingrid, la cónsul que las atiende. Siendo un caso de consulados, de un súbdito sueco, las autoridades españolas se ven en la necesidad de investigarlo y querer cerrarlo cuanto antes para que lo político no empañe un supuesto caso doméstico.

Pero de haber sido solo eso, Diez no habría tramado más de quinientas páginas desvelando a través de los personajes una realidad mucho más horrenda e insospechada. La condición humana es parte del aderezo de este thriller psicológico, porque la intuición, las miserias de un trabajo poco reconocido y los silencios durante las pesquisas policiales son tan importantes como un dosier de veinte páginas elaborado por una cónsul con ínfulas de detective. Ir descubriendo paso a paso la relación de dos mujeres entre sí, la de ellas con Hans, el del pasaporte, la de la cónsul y su familia más allá de los pasajes iniciales de la novela... Diez teje como un moderno Penélope estos hilos sin destejerlos por la noche, para darnos tiempo a las y los lectores a ir viendo el tapiz, quizá convirtiéndonos en modernos Ulises con ganas de llegar a Ítaca, de regreso, o demorarnos en el viaje conforme lleguemos al desenlace de esta fábula, de Una fábula sueca.


Una fábula sueca. Nicolás Diez. AdN Editorial.

lunes, 1 de junio de 2026

El prisionero de la planta 15. Salvador Perpiñá

Descubrí la prosa de Salvador Perpiñá años atrás, por un libro de relatos. Quizá por eso quise sumergirme en una novela, este thriller titulado El prisionero de la planta 15 (HarperCollins). 

Sería fácil reproducir parte del argumento, ese que aparece en la contraportada. Facilita saber de qué nos habla Perpiñá al trasladarnos al Madrid de 1966. Y en esa estela, en el centro de la historia está un personaje poliédrico, asimétrico, si se me permite. No solo porque viva solo en un apartamento del Edificio España. Ya ese coloso de la urbe, casi un laberinto de plantas, ascensores y con vida propia para Cano, actúa como tabla de salvación a sus fantasmas interiores. Porque Perpiñá le ha dotado de un pasado, Cano fue un excombatiente de la División Azul en la Segunda Guerra Mundial. Cano es un morfinómano y de tanto en tanto reflexiona sobre ese pasado, sobre esas heridas. 

Lo que tira de la anilla de esta granada de mano es una llamada de alguien justamente de su pasado al pedirle que busque a su hija. Una joven de la alta sociedad madrileña. Y así se iniciará un doble acto de descubrimiento, de huida hacia delante. Quizá todos los personajes alrededor de Cano estén huyendo, de sus propios fantasmas o de los que la sociedad crea porque el miedo es el arma más poderosa de control. Quien no aprende de su pasado, dicen, está condenado a repetirlo. Pero, ¿y si lo que creías que era tu pasado se resquebraja y has de componerlo para saber quién eres en realidad? Cano tomará la punta del ovillo de Ariadna en el laberinto del submundo madrileño de los '60. Tendrá que bracear ese fango, con la ayuda de una joven actriz de provincias en horas bajas, pero sobre todo, solo. 

Porque Perpiñá en El prisionero de la planta 15 quiere que el lector descubra no solo el secreto de Dolores Rivera. También el de Víctor Cano, uno que al completar el puzle en la recta final del libro nos hará pensar en las palabras de Oliveiro Toscani: "si el arte no provoca, no es arte".


El prisionero de la planta 15. Salvador Perpiñá. HarperCollins Ibérica.


jueves, 21 de mayo de 2026

Haz caso a mamá. Entrevista a Paloma Sorribes

Comparto esta semana la entrevista que me concedió una escritora e ilustradora valenciana. Paloma Sorribes, tras pasar más de una década entre cables y pantallas, decidió apostar por lo que realmente le daba vida: la ilustración. 

Ha confesado que le gustan las plantas verdes (su primer dibujo fue con los dedos en una maceta… o en la pared del salón, según a quien se le pregunte), las gallinas, el sol de invierno y los dulces (quizá por eso estudió biología y repostería). Dibuja porque le hace feliz y porque sospecha que dentro de cada historia hay un rincón que sólo se entiende con un buen dibujo. Estos días presenta en librerías y ferias de libros su opera prima, el cuento ilustrado Haz caso a mamá (Brief), por el que le pregunto.


P: Antes de ver la luz tu primer libro, Haz caso a mamá, ya habías colaborado con ilustraciones en varios medios, no solo en España. ¿Qué te animó a dar el salto a ponerle texto a tus dibujos?

R: Mis dibujos siempre han tenido texto… es solo que a este le he puesto palabras para ayudar.

P: El título es muy significativo, me parece, porque al protagonista le asaltan las dudas con un compañero del colegio que no se porta muy bien. Cuéntanos algunos de los valores que has querido transmitir con Haz caso a mamá.

R: A veces, los valores se dan de bruces con la educación… y sí, es bastante incómodo darse cuenta (de eso va el libro) de que tus valores, por muy auténticos que sean, no siempre te sirven de mucho.

La experiencia, con su manía de llegar tarde, va corrigiendo el rumbo. Lo que de joven te parecía incuestionable, de adulto puede rozar lo ridículo. Pero bueno, al final todo consiste en seguir respirando, ¿no? Y entonces aparece, sin pedir permiso, esa voz de mamá —queridos papás no es algo personal… en el libro es mamá, porque yo lo soy— repitiendo lo que ya sabías… o lo que no quisiste escuchar. Y, cómo no, con los años, se cumple.

P: Entre los diversos y animados personajes que pululan por las páginas, voy a destacar aquí a las moscas. Las hay que no dicen nada, pero luego hay tres muy parlanchinas. ¿Es así?

R: Las moscas es la paradoja más grande del cuento (que obviamente no va a entender un niño), pero me apetecía meter esa reflexión para quién se la quiera plantear. El camaleón come moscas por lo que lo lógico sería que se comiera a esas tres… como pasa en la cena con sus papás… Sin embargo, esas tres se han unido, han creado un lazo con él, porque están de acuerdo en que la mantis es molesta y mala. Es como si dijeran: me uno a mi enemigo, pero porque tenemos un enemigo común más difícil, eso sí, tú que eres el VERTEBRADO vas delante.

Al final, la víctima del camaleón llega a manipularlo de cara a un enemigo común. Alimentan su ego para que se enfrente al único rival que puede acabar con él… Pero esto no es para niños…, esto son cosas que me pasan por la cabeza y quedan en segundo plano en el cuento… para mí… o para esos padres que no se conformen en leer un cuento para sus niños antes de dormir, sino para los que entienden que Caperucita Roja es algo más que una niña que debe temer al lobo.

P: En una de las escenas, vemos al protagonista con su madre, mientras se lava los dientes (risas). Además de este hábito saludable, seguro que hay algún otro que pueden compartir las y los lectores de Haz caso a mamá con sus padres. Por ejemplo...

R: No era mi intención hablar de hábitos saludables… De hecho, el camaleón come moscas jajajajaja. Pero cogiendo la pregunta por los pelos, podemos decir que en la última escena la Mamá Mantis pone fruta para cenar en la mesa y que cenan juntos. Mi experiencia me ha dicho que aunque un niño proteste al principio…, cenar con papá y mamá en la mesa tiene un efecto positivo. Él no lo sabe, pero disfruta de la charla.

R: La mamá del protagonista, en un pasaje del libro, está preocupada porque le ve obsesionado con hacer lo que él cree "justo". Como madre, ¿te ha pasado esto alguna vez? ¿Qué consejo le darías a otra mamá si estuviera en esa situación?

R: Pufff.. Los niños aprenden antes a decir que algo no es justo que «mamá, déjame que reflexione sobre eso», jajajaja. La justicia se sostiene sobre la experiencia, salvo que seas alguien por encima de todo. La infancia es instinto, es impulso… La tarea de una madre (cuando el niño es muy pequeño) no es hacer un tratado de filosofía, sino explicarle a través de lo que es capaz de entender lo que está bien y mal. Aquí, los cuentos…, los de siempre y los que seguimos inventando…, hacen su papel…. su gran papel… Al final, un cuento infantil es solo una forma de razonar, de filosofar con los niños… Todos hemos sido niños…, la ventaja es que algunas veces… mientras dibujo… yo me acuerdo.

P: Creo que vas a visitar varias ciudades de España promocionando tu libro. ¿Cuál es la próxima cita?

R: Este próximo fin de semana, concretamente el domingo 24 por la mañana, estaré en en Centro Cultural La Nau, en Valencia. Después toca hacer la maleta rumbo a la Feria del Libro de Madrid, donde estaré el 4 de junio durante todo el día. Y luego… ¡quién sabe! 😄 Estoy intentando organizar alguna feria más —quizá Zaragoza— y seguramente caerá también algo por Valencia. ¡Así que, con un poco de suerte, nos vemos pronto entre libros, dibujos y conversaciones!


Haz caso a mamá. Paloma Sorribes. Brief ediciones.





martes, 19 de mayo de 2026

La zona. Tomás Navarro

En esta ocasión, os traigo un libro de alguien a quien conozco personalmente. Me refiero a La zona (Zenith), de Tomás Navarro. A las y los asiduos a Maleta de libros les sonarán títulos como Kintsukoroi, Tus líneas rojas o Fortaleza emocional, entre otros. 

En La zona, Navarro nos explica en primer lugar qué es eso de la zona para más adelante entrenarnos a entrar y obtener los beneficios que nos aguardan en ella. Navarro llama zona a ese estado mental donde mente y cuerpo fluyen armónicos. Antes hay que dejar fuera la distracción, la pereza, los miedos y la procrastinación, además de las prisas. Un concepto también muy importante es saber centrarse, sin dispersarse, es decir, focalizarse y entrar conscientemente en ese estado. Una vez dentro, toca fluir en tiempo que permanezcamos en él, y seguro que coincidiréis en que el tiempo pasa deprisa cuando haces algo que te gusta. Qué importante es la motivación. 

La Concentra-acción, otro término que nos presenta Navarro en la tercera parte, es capital para buscar la zona, nuestra zona, cada día. Si aprendemos a entrar, seremos más productivos en los estudios, en el trabajo, en nuestras relaciones personales o en los momentos de ocio. Navarro nos advierte en La zona de los peligros de la procrastinación, de las adicciones (por ejemplo, a las redes sociales), a cómo abordar los problemas de atención, incluso en esos casos en los que nos "autodiagnosticamos" de TDA (sobre todo, si no lo padecemos). Hay ejemplos, guiños literarios, también al cine y buen humor, incluso en algo tan aparentemente serio como es la parte dedicada al sexo en la zona. ¿Por qué no?

En resumen, la falta de atención puede vencerse y con una buena motivación y los sencillos ejercicios propuestos por Navarro, entraremos en consonancia, conscientes a ese estado de bienestar y fertilidad en nuestros propósitos. La zona te espera para que disfrutes más de tu tiempo. ¿Te animas?


La zona. Tomás Navarro. Editorial Zenith

viernes, 15 de mayo de 2026

Cosas mías. Acto cultural de Elga Reátegui en Valencia



Desde Maleta de libros, nos unimos a un acto muy especial, bajo el título Cosas mías, que tendrá lugar este mes de mayo en Valencia. Su protagonista será la periodista y escritora peruana, afincada en Valencia, Elga Reátegui

Será el lunes 25 de mayo, a las 19:00 horas, en el local cultural La ardilla literaria, (c/ Explorador Andrés, 49, 46022 Valencia). Actuará como conductor y moderador Juan Luis Bedins, presidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (CLAVE).

Cosas mías brindará la oportunidad para quienes no la conozcan, de descubrir a esta novelista, relatista y poeta a través de un recorrido por sus obras galardonadas en el ILBA. El International Latino Books Awards es el mayor certamen literario de literatura y temática latina en los EUA. Fundado en 1997 bajo la Book Expo America, originalmente se entregaban 11 distinciones. 

Con el paso de los años han ido creciendo, exponencialmente, contando en la actualidad con cerca de 90 categorías. Más de 200 especialistas y profesionales de la industria del libro evalúan las más de 5000 candidaturas anuales. García Márquez, Isabel Allende, Pablo Neruda o Vargas Llosa han sido algunos de los autores destacados con estos galardones.

En Cosas mías conoceremos más del contenido y las circunstancias en que se concibieron sus obras galardonadas. Entre ellas, destacar el libro de relatos La fugacidad del color que obtuvo el primer puesto en la categoría Best Collection Of Shorts Stories en 2020 de los ILBA, aunque antes fue finalista de los Premios de la Crítica Valenciana.

Os dejo los enlaces para más información sobre Elga Reátegui y el acto Cosas mías.


martes, 12 de mayo de 2026

Fabulosos imperios

Llegó a mí, de nuevo, uno de esos libros que tienen un lugar especial en mi biblioteca, me refiero a Fabulosos imperios (Cátedra). Una edición de Mariano Martín Rodríguez, uno de los expertos de este género en el ámbito hispanohablante. 

Debería empezar por el principio, por la parte teórica que Martín Rodríguez antepone a los textos antologados. Pero lo haré al revés. Me sumergí primero en las historias, doce en total, de este libro, comprobando eso sí, que la variedad de autoras y autores aúna la diversidad de planteamientos, enfoques y temáticas incluso dentro de lo que en el mundo sajón se denomina fantasy o high fantasy. Reconozco que aunque sí había leído algo de varios de estos autores, léase Laura Gallego, José Ovejero o Pedro Ugarte, me ha sorprendido gratamente este registro, estas historias. Desde la breve o brevísima Trilce, de Sofía Rhei hasta la nouvelle de Una esfera perfecta de Eduardo Vaquerizo hay un mundo, dicho sea con un doble guiño. 

A lo largo de sus páginas esos territorios narrativos, esos imperios (qué grán acierto el del título) se erigen no solo en el papel, sobre este, sino que escalan a través del inconsciente colectivo y se erigen en nuestra mente de lectoras y lectores como si hubieran existido o aún permaneciesen tras las ignotas fronteras de ultramar. Como decía, desde esa fabulosa y opulosa Trilce como ciudad (a algunas les sonará del poemario de Cesar Vallejo), hasta la de Idhún y sus Oráculos, en El origen de los unicornios; desde el país de Nari, en el relato homónimo, pasando por la Ciudad-Estado del relato también homónimo de Pedro Ugarte, al continente austral de Opalestis, en el planeta Thámyris, del relato Leyenda de Avendroth, el devorador de sueños, por citar algunos de los escenarios, sus protagonistas nos sumergirán en historias casi legendarias, épicas, si se me permite caer en el tópico. 

Doce historias, ahora sí, precedidas por ese exhaustivo análisis del género de la fantasía épica con profundas reflexiones de la mano del docto Martín Rodríguez. Una invitación a traspasar las barreras de la ficción, a voltear las primeras páginas y deslizarnos por otros mundos, como en la cita de Paul Éluard, que están en este, como nos lo demuestra Fabulosos imperios.


Fabulosos imperios Antología de la fantasía épica española. Ediciones Cátedra.

viernes, 8 de mayo de 2026

Casilla vacía. Entrevista a Santiago Mazarrasa

En este mes de mayo, tan literario como el pasado mes de abril, me emociona compartir la entrevista que me concedió Santiago Mazarrasa (Santander, 1988) al hilo de su última novela Casilla vacía, que reseñé semanas atrás. Licenciado en Filosofía y Máster en la especialidad de Pensamiento Contemporáneo, vivió en Madrid, donde editaba fanzines y discos con Donato Fanzine y en Berlín, donde trabajó como cocinero de hamburguesas caras. Desde 2021, vive en Santander, donde edita la revista literaria MULE, que fundó junto a la artista Mina K., pasea a su perro, mima a su gato y contempla un Excel infinito. Ese año, participó en un concurso televisivo para pagar sus deudas. Ha publicado las novelas "El aspirante" (Ediciones Franz, 2021) y "Caníbal sin dientes" (2023). En 2024, en colaboración con la Fundación Gerardo Diego, estrenó la obra de teatro "Reflector en sombra", publicada posteriormente bajo el título "Poeta intrascendente".


P.: Alguien me comentó una vez que solemos tender a escribir más sobre lo que conocemos, en una especie de zona de confort, con sus honrosas excepciones, claro. Leyendo su biografía aparece Santander, donde nació y a donde regresó. También un trabajo en Alemania, como cocinero. Hay algo de ambos elementos en Casilla vacía, le tiendo este puente para que nos hable de este puzle de personajes y subtramas convergentes.

R.: Si hay algo de mi propia historia en la novela, lo hay como punto de partida o como sustrato del que se alimentan los temas que más me interesan. Uno de ellos, claro, es la experiencia del migrante y el retornado, pero no me interesa más que otras como la del obrero de la fábrica local, o la del empleado de banca, ni considero más importante una que otra. La novela no se construye sobre una experiencia personal, pero es cierto que puedo aprovechar narrativamente espacios, acontecimientos y conflictos que he conocido bien para darle forma al mundo desencantado en el que habitan los personajes. Si estos materiales con los que trabaja Casilla se transforman en literatura es, precisamente, porque trabajan juntos y son capaces de hacer emerger de sus particularidades una idea común o, mejor dicho, un estado de ánimo que creo que recorre nuestro tiempo y que no se ha nombrado todavía. No es, en resumen, un libro autobiográfico porque no habla de mí, pero es un libro que sí habla de mi época y de la historia compartida de mi generación. Al menos, eso creo.

P.: En uno de los capítulos se habla de los expats, los expátriados. En su novela alude a ciertos artistas y emprendedores del barrio donde vive uno de los personajes. Creo que algo de esa sensación también la comparten él y otros personajes de Casilla vacía, al menos, así me lo parece. ¿Es así?

R.: Es curioso porque el término se usa en la novela de una manera muy crítica. Es el personaje de Roto quien lo saca a colación para reírse de cómo se representan a sí mismos muchos de los personajes que lo rodean en el barrio de Berlín en el que viven, personajes que, más que expatriados, han elegido libremente salir de sus países para vivir algo que se asemeja más a la visita a un parque temático que a una experiencia traumática. No son migrantes por necesidad ni refugiados políticos y, sin embargo, estos personajes usan el término para cubrirse a sí mismos con una paradójica pátina moral, la de las víctimas del mundo, que no les corresponde.

A pesar de ello, es cierto que ninguno de los personajes de la novela se siente bien dónde está. Podría decirse de ellos que, a pesar de vivir en una ciudad por elección o en su ciudad de origen por necesidad, todos viven de algún modo desplazados, a la intemperie. Eso forma parte del estado de ánimo del que hablaba más arriba.

P.: Uno de los hilos argumentales se me antoja que es la culpa, sin dejar de lado la búsqueda de uno mismo, la identitaria, en una generación, quizá la suya, con muchos retos por delante, en especial, en el caso de Casilla vacía, cuando se produce un vacío, uno doloroso. ¿Nos lo comenta?

Más que un hilo argumental, la culpa sobrevuela la novela como la sombra o el reverso de todos esos asuntos que explora el libro: la búsqueda de la identidad en un mundo hiperacelerado, la falta de expectativas, la incapacidad para la comunicación etc. En lugar de buscar los motivos fuera, los personajes no evitan sentirse responsables de su propia situación, algo que, por supuesto, agrava el malestar. Creo que esto es un mal extendido de nuestra época: la confusión entre la situación personal y la responsabilidad individual, por eso me interesaba tanto que el sentimiento de culpa estuviera presente. En cierto modo, no podemos escapar a esta forma perversa de autopercepción, por eso me interesaba que el lector sí la tuviera presente.

P.: Nada le ocurre al todo que no afecte a cada una de las partes, leemos y, a continuación, Tampoco la muerte. Nos la comenta.

R.: El elemento común a todas las historias del libro es ese grupo de amigos de la infancia, que actúa, según creo, como un personaje más, en tanto que cada una de las historias particulares narra acontecimientos que influyen en su desarrollo y lo involucran como un agente más en la historia. De hecho, a menudo, es el grupo el que de forma más o menos explícita toma decisiones por cuenta de sus integrantes. Cuando llega la muerte, que es un acontecimiento central en la novela y una experiencia esencialmente individual, el grupo de amigos toma conciencia del estado real en el que se encuentra: ya no es un refugio, una totalidad cerrada y sin grietas, si no un conjunto en disolución. Quizá, esta es una pregunta que atraviesa el libro, ya lo fuera antes, pero es la muerte la que ha puesto este conflicto sobre la mesa. Así es como interpreto yo esta frase en el contexto de la novela, aunque no tengo claro que sea el más adecuado para hacerlo.

P.: He extraído, por si nos la comenta al hilo del argumento, esta frase: "La pena se hace hueco, aparece como el ojo negro de un desagüe, que se lleva el agua, pero deja el hedor".

R.: Creo que el desagüe era una buena imagen para expresar lo que conlleva una pérdida como la que sufren los protagonistas del libro: se produce un vacío repentino, pero esa ausencia permanece y es, en cierto modo palpable. La presencia fantasmal de este vacío como un hedor me resultaba muy interesante en tanto que aúna nociones en apariencia contradictorias que además conectan con la idea que expresaba el título de la novela.

P.: Otro de los grandes temas de su novela creo que se mueve bien con uno de los pasajes en el que leemos: Por ahí va Roto, con un plan para hoy, con un plan para mañana, con un plan, en general.

R.: El contexto en el que aparece esta frase la carga de ironía. Roto, en esa escena, no tiene realmente ningún plan, pero a su alrededor parece que todo el mundo lo tiene por eso el sigue adelante, porque asume que debe fingir que, como sus iguales, cree que hay un futuro por delante. Efectivamente, esa idea irónica de futuro planeable es uno de los grandes temas del libro y está presente también en la historia de otro de los protagonistas. En ambos casos, sin embargo, los planes de uno y otro no son más que ilusiones o, según quién los mire, delirios.

P.: Me gustaría preguntarle también por la parte formal de la novela. Por las voces narrativas, esa segunda persona, por un lado; por ese lirismo dándole hondura léxica y, ya puestos, por esa cita al principio del capítulo ocho, como un guiño, quizá, pues el resto se muestran desnudos de este.

R.: Para mí era muy importante construir la novela utilizando diferentes voces narrativas que tuvieran, sin embargo, elementos comunes. De este modo, la novela podía leerse no solo como la suma de sus partes si no como un todo con sentido que se dirige en una misma dirección. La cercanía psicológica del narrador a los personajes, la urgencia, los ritmos trabajan, creo, como un reflejo del estado anímico de nuestra época. La segunda persona que mencionas es un claro ejemplo: funciona como voz interior del personaje tanto como mecanismo acusador. A partir de esa idea se construyen el resto de las voces con sus particularidades.

En cuanto a la cita que abre el último capítulo, me parecía importante abrir una pequeña puerta, no sé si a la esperanza, pero sí a cierta forma de alivio posible. No creo que esa puerta se abra del todo, pero sí me parece que el personaje protagonista de este capítulo tiene la intención de ser, de algún modo, portador de un mensaje similar, aunque lo haga de una manera tan torpe que resulte ridícula. De hecho, en sus manos, la cita, tan bonita, resulta paródica.

jueves, 23 de abril de 2026

El septimo hombre y otros cuentos. Jean Cristophe Deveney - PMGL

 

Hace tiempo que no reseño un libro ilustrado y he querido que sea este, además, en un día tan señalado como hoy, 23 de abril. Murakami llegó a mi vida de casualidad, con una novela tierna y lúcida. Cómo no iba a sumergirme así en los relatos, en estos El séptimo hombre y otros cuentos (Planeta Comic), ilustrado por Jean Cristophe Deveney y PMGL. Las onomatopeyas han contado con el japonés Misato Morita. 

Nueve relatos en su mayoría a color, sin estridencias, tan al estilo Murakami. Destaca el blanco y negro de En cualquier lugar donde pueda hallarse. Nueve historias con un pie en la realidad y otro en lo fantástico, casi como lo que leemos en el relato Sherezade sobre su coprotagonista. Rana salva Tokio abre esta obra con ese punto irónico, aunque también reflexivo. 

Puestos a señalar guiños, la metaliteratura está muy presente, no solo por ese título, comentado, en referencia a Las mil y una noches, También a Ana Karenina, a El Mago de Oz o a Kokoro. Si me pregustáis qué hilos he visto en estos nueve relatos (nueve fueron los del libro también de relato de J. D. Salinger), creo que os diría que quizá el poder de las decisiones  y sus consecuencias. Quizá también la débil frontera entre lo que consideramos que está bien y lo que está mal. Pero este volumen está ilustrado, como apuntalado por dos artistas como son  Jean Cristophe Deveney, con el guion, y PMGL con los dibujos y el color. 

Un tándem estupendo para reflejar en las más de 400 páginas un proyecto que les llevó más de una década. Y, con la traducción al castellano de  Albert Agut Iglesias llega a las librerías para hacernos disfrutar sin duda en el mes más literario del año. Un día del libro como hoy, se merecía esta joya literaria y plástica.


El séptimo hombre y otros cuentos. Jean Cristophe Deveney – PMGL. Planeta Comic

viernes, 17 de abril de 2026

Territorios David Roas

 

¿Qué es el agrohorror?..., me preguntas mientras clavas tu guadaña en mi... No, no es un poemario de lo que hoy vengo a hablar, sino de un libro de relatos, Territorios (Páginas de espuma), de David Roas. Por tanto, las oscuras golondrinas de la gallega Rosalía se trocan aquí en negros cuervos. 

El agrohorror es el hilo argumental de los siete relatos que componen este (casi) manual de supervivencia frente al horror rural. Porque Roas ha sabido cultivar entre tomates y calabacines gigantes a unos personajes igual de inquietantes. Los escenarios nos sumergen en la Galicia profunda, en páramos semidesérticos o con campos de centeno donde un fantasma quizá se sienta libre, a salvo, ¿lo estarías tú? Quienes lean estas siete historias que se preparen, porque esa legendaria tranquilidad del campo, esa inspiradora soledad a la que acuden/acudimos los urbanitas domingueros esconde, en realidad, leyendas, rituales y rincones con hambre de confiados turistillas. 

Las narraciones de Territorios, como digo, seducen por el horror con ironía, con lo grotesco y lo paródico. Los guiños al cine o series de TV también levantan ese espantapájaros moderno sobre un terreno plagado de personajes dignos de Los santos inocentes o Cerdita. "Cuanto daño ha hecho Tarantino", leemos en un pasaje, aunque me viene a la boca el sabor de Stephen King o el de Shirley Jackson a la hora de recomendaros estos siete deliciosos relatos de miedo y horror agrario, sin abandonar el humor negro o la sátira. Será que la tierra nos llama y en el campo su sonido se hace más nítido; acercaos, acercaos y escucharlo, os espera sin móviles ni internet para recordaros que quien viene al pueblo, a la aldea, al agro, es bien recibido...


Territorios. David Roas. Editorial Páginas de espuma

jueves, 9 de abril de 2026

Casilla vacía. Santiago Mazarrasa

 

Un domingo de pesca, entre amigos, es una de las primeras escenas de "Casilla vacía" (Alianza), de Santiago Mazarrasa. Amigos de la infancia, incluido el que no pesca, pero les acompaña, bebe, cuentan chistes. Y luego regresan a casa, a sus vidas monótonas, pensando en la semana siguiente. Salvo uno. Ese no lo hará, su casilla en el tablero quedará vacía. 

La novela narra en varias voces esa compostura, ese tejido que se abre y ha de recomponerse para que todo cobre sentido. Santander es punto de fuga y crisol de una serie de personajes atravesados por un mismo espejismo, por una misma desilusión y pérdida. Narración pespunteada con ecos a Salinger o Hesse. Creo que estaríamos ante una novela de culto para una generación si no fuera porque cae en el propio oxímoron de la pérdida de referentes. Esa búsqueda de certezas, de playas, de tierra firme se diluye en el mar, el Cantábrico, por ejemplo. Y quien sobrevive se enfrenta a sus miedos, a sus demonios con los puños cerrados o un paquete de cigarrillos en una fría noche de invierno, en un barrio lejos de casa. 

La generación de Calvo, Moro, Mario, Tomás o Roto es esta y representan a millones de náufragos, de empleos precarios, de relaciones líquidas, de desilusiones cosidas en pieles de barro. La lluvia cae, los que se van no volverán, pero la partida sigue. Casilla vacía ruge y calla, cose y desgarra, es un dado trucado en manos de aquellos lectores que acepten jugar con las reglas sin antifaces. Como escribe Mazarrasa: "No hay rastro de sorpresa, ni de confusión, ni de duda. Es la pena pura, el desconsuelo tenaz de los supervivientes, que suspende el tiempo, o es solo disimulo, otra forma de máscara".


Casilla vacía. Santiago Mazarrasa. Alianza editorial

jueves, 2 de abril de 2026

Guia para identificar los simbolos en el arte. VV. AA.

 

Esta semana, con algunos festivos de por medio, os invito a que redescubráis algunas obras de arte de la mano de la Guía para identificar los símbolos en el arte (Cátedra). Sus cuatro autores presentan una nueva entrega de la exitosa serie de guías que transforman nuestra mirada sobre el arte. 

En este volumen, han organizado su contenido de una forma amena y muy didáctica. Porque más allá de esos símbolos, claramente identificables -o no- en pinturas, esculturas, escudos heráldicos o fachadas de edificios, se esconden significados de lo más variados y sugerentes. Hallamos así símbolos relacionados con objetos: guadañas, espejos, puertas, relojes... También con animales, frutas y plantas, como: gatos, perros, leones, unicornios, rosas, granadas, manzanas o vides, por ejemplo. 

Símbolos presentes en ellas para dar profundidad a las obras, para esconder opiniones o expresar sentimientos que a menudo requieren justo de eso: algo que lo represente más allá de las palabras, con una imagen. El ciprés de La noche estrellada de Vincent van Gogh, por ejemplo, ¿qué nos transmitió¿ ¿Y Dalí, con ese reloj tan singularísimo, en su Perfil del tiempo? ¿Por qué de ese escorpión, en la mano de uno de los personajes de Un joven siendo presentado a las Siete Liberales, de Boticelli? 

Entre los atractivos de este libro, destaco, por ejemplo, su formato apaisado; también, los dos índices del final: el alfabético tal y como discurren los distintos símbolos y, otro inverso, de los significados de esos símbolos. Con todo, sobresale justo eso, esos significados de los símbolos en el arte, pues hallaremos que el concepto de la justicia ha sido simbolizada con una espada, con una balanza o con un fuego, por citar algunos ejemplos. Más aún, a su vez, un perro puede simbolizar la fidelidad, como el célebre Retrato del matrimonio Arnolfini, de Jan van Eyck, o justo lo opuesto. Curioso, ¿no? 

Lo que sí es una realidad, es que en la Guía para identificar los símbolos en el arte vamos a disfrutar con cada página, avivando nuestro deseo de seguir conociendo ese fascinante universo simbólico en las obras de arte, a las que ya no veremos igual, tras esta lectura.


Guíapara identificar los símbolos en el arte. VV. AA. Cátedra.

martes, 24 de marzo de 2026

El Tunche. Miguel Gayo

 
La novela El Tunche (Vencejo), de Miguel Gayo, arranca con un hecho tomado de la realidad. Se cumplen diez años de la muerte violenta de una joven, en un parque sevillano, a manos de un hombre perturbado y desalmado que acabó con su vida aprovechando su indefensión para agredirla, además, sexualmente. 

Gayo toma ese hecho verídico para componer una historia de ficción, en esa ciudad, con varios personajes convergiendo en un curioso triangulo pasional. Narrada en contrapunto, asistiremos a un reencuentro entre dos amigos que amaron a una misma mujer. La fatalidad se cruzó en sus caminos, no solo la moral, también la que acompaña a nuestra existencia mundana y finita. 

El Tunche como título alude a una criatura mitológica de la selva andina, de donde es también Flor María, un cuarto personaje clave en toda la trama. Solo que ese Tunche demoníaco y selvático parece traspasar la distancia, lo folclórico, para merodear por Sevilla. El Tunche avisa, silba y, si tiene ocasión, devora a sus víctimas. 

La novela se articula en capítulos afluentes donde los encuentros y desencuentros de Bruno y José, con su amada Sara, revelarán que la vida nos pone a prueba, que el destino puede llegar a ser cruel, que el incluso lo que está por suceder tiene un componente ajeno a la voluntad humana. Pero otra parte no. El Tunche roza la tragedia porque el amor puede ser un pasatiempo y una tragedia, como dijo Isadora Duncan.


El Tunche. Miguel Gayo. Vencejo ediciones.

viernes, 13 de marzo de 2026

El pequeño libro de la sabiduría estoica. Joseph Piercy

Lo bueno si breve, óptimo, he escuchado más de una vez. Por eso, hoy os traigo aquí este El pequeño libro de la sabiduría estoica (Deusto), de Joseph Piercy.

Han sido muchos los autores que se han sentido atraídos por conocer los secretos de la filosofía estoica desde que Zenon de Citio, allá por el 300 a.C., la desarrollara en la calle, en un pórtico pintado, de ahí el nombre. Cabría así preguntarse qué es el estoicismo, como también, por qué mirar a él en el siglo XXI. Piercy nos responde a ambas preguntas en los primeros capítulos. 

No solo hubo una escuela griega de pensamiento estoico. Los romanos también se acercaron a ella, no en vano, en este libro está muy presente el notable Marco Aurelio. Este político y estratega nos dejó grandes lecciones de estoicismo en su obra Meditaciones. Así, en El pequeño libro de la sabiduría estoica, junto a Marco Aurelio hallamos a otros dos grandes filósofos estoicos como fueron Séneca y Epicteto. Son varios los conceptos que vemos en el libro, además de ejemplos de cómo vivir una vida mejor gracias a esta actitud estoica que promueve la generosidad y el altruismo, como también el autoconocimiento y la reflexión. 

A veces parecen confundirse los términos de estoicismo con el de dejadez o laxitud. Nada más lejos de la realidad. En El pequeño libro de la sabiduría estoica lo descubriremos, no solo en personajes de la Historia, también a la hora de ponerlo en práctica. Los obstáculos en la vida pueden convertirse en una oportunidad para superarlos, para vencer miedos y fobias. Esa búsqueda de la mejor versión de uno mismo, la eudaimonia según Aristóteles es la que nos ha de llevar a desarrollar el conjunto de habilidades y procesos mentales -mediante la práctica- para alcanzarla. Porque ya lo señala así Pircey, el estoicismo no es un resultado, sino un proceso; no es algo que se prueba por conveniencia, sino un proyecto que dura toda la vida. 

Pero, más allá de conceptos teóricos como la eudaimonia, el amor fati, que Nietzsche denominó “eterno retorno” o el del “arte de la aquiescencia” de Epicteto, está, como mencionaba, la práctica. En la tercera parte de El pequeño libro de la sabiduría estoica tenemos diez ejercicios para ir practicando el estoicismo. Planificar nuestro día; observar con una perspectiva distinta lo que nos importa o lo que nos hace daño; deshacerse de malos hábitos o desconectar del mundo, para mantener el equilibrio y evitar saturara nuestro cerebro de información son algunos de ellos.


viernes, 6 de marzo de 2026

Las risas del arte. Carlos Reyero

He encontrado muy interesante este libro, Las risas del arte (Cátedra), de Carlos Reyero. Entre las diversas razones destacaría el planteamiento del autor al abordar la risa en la pintura occidental, no por periodos históricos, sino por temáticas. También el gran valor de la Introducción justamente como preámbulo no solo de lo que hallaremos en las páginas de Las risas del arte, sino de esos códigos de la risa, de la naturaleza de lo risible, lo cómico o lo paródico, para lograr entender qué vemos frente a un cuadro o qué quiso mostrar su autor. 

La risa es una virtud humana, incluso un acto social, según sus entendidos. Por ello, ir de museos y reírnos con una obra, ya solos ya acompañados, puede ser un gesto de aprecio, de complicidad, de buen gusto. No siempre fue así. Lo descubrimos en este libro. La risa escondía, a menudo, crítica social o desafío al poder, en otras, es verdad que frisaba lo satírico, lo irreverente o lo escatológico. Como dijo cierto artista, el arte debe provocar, si no, no es arte. En Las risas del arte, Reyero nos pasea con el texto por el humor en el arte incidiendo con ejemplos en aspectos como la risa despreciativa o la burlesca, la equívoca, la festiva, la engañosa, la fisiológica o el humor sexual, por citar algunos. Tendremos oportunidad de comprobarlo, además, con las páginas a color con reproducciones de obras de arte citadas en el libro. Pero estoy seguro que Reyero nos abre la puerta aquí a seguir solazándonos de muchas más obras, acudiendo a contemplarlas bajo nuestro acervo cultural, e. g., el recién adquirido con este libro. 

Risas hay muchas y reírse a destiempo casi puede ser contraproducente, pero el arte es atemporal y la eternidad de cada una de esas obras ha dejado, para nosotros, deliciosos momentos efímeros de alegría, sufrimiento o reflexión social a la espera de que nos riamos de la complejidad y contradicción de la naturaleza humana. Creo que hasta Reyero estaría de acuerdo conmigo en lo saludable de la risa, pues reduce el estrés y mejora nuestro sistema inmunitario, no es broma. Reivindiquemos el humor en el arte como Reyero hace en Las risas del arte.


Carlos Reyero ha sido catedrático de Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Pompeu Fabra de Barcelona. Especialista en arte del siglo XIX, sus principales investigaciones se han centrado en la pintura de historia, las identidades culturales, nacionales y de género, los intercambios artísticos en Europa, los monumentos conmemorativos, la caricatura de prensa y el uso de imágenes en la construcción de discursos políticos. Ediciones Cátedra ha publicado sus libros Pintura y escultura en España, 1800-1910 (2005) -coescrito con Mireia Freixa-, Introducción al arte occidental del siglo XIX (2014), Fortuny o el arte como distinción de clase (2017), El arte parodiado (2022) y Sorolla o la pintura como felicidad (2023).


Las risas del arte. Carlos Reyero. Ediciones Cátedra.

sábado, 28 de febrero de 2026

Las tres familias. Miguel Ángel González

Llegó a mi casa, por sorpresa, la novela Las tres familias (Ediciones B), de Miguel Ángel González. El propio autor me pidió que me lo leyese tranquilo, sin prisa, que lo disfrutase. Procuré no leerme antes la sinopsis, por aquello de no sugestionarme a la hora de ir descubriendo los conflictos y los giros argumentales. Pronto descubrí que la palabra -o el concepto, más bien-, que se repetía con fuerza estaba en el título. La familia. 

En este convulso siglo XXI en el que la sociedad se enfrenta a nuevos retos identitarios de afiliación, pertenencia e individualismos colectivizados, de nuevos roles interfamiliares, recordar los valores que nos hacen mejor persona es casi un acto de rebeldía.

La familia en Las tres familias concatena varias historias con personajes principales separados en el espacio y el tiempo, aparentemente, sin mucho en común. Pero ese camafeo que lleva Hueso, gran protagonista central, es solo el extremo del hilo de Ariadna que las conecta. Desde el vil y horrendo crimen cometido en España, por un noble creyéndose impune, en el siglo XVI, a los sucesos narrados a mediados del siglo XX. Tres hermanos, entonces, que huyen, que hundirán por separado sus raíces en una isla mediterránea, pero que ni la distancia ni el aislamiento conseguirán borrar lo más importante: los valores que guían a las personas, como el de la familia. 

El contrapunto en Las tres familias potencia una trama de sucesos en los que la amistad, la perseverancia, el honor y la lealtad -incluso si solo has conocido la miseria en un orfanato-, vertebran las dos historias que como afluentes alimentan el río de esta novela. Hay espacio para la emoción, para el amor, para experimentar el deseo de justicia, incluso hasta en sus últimas consecuencias. Creo que también González ha querido dejar ante nuestros ojos que tras la palabra mafia se ha intentado volcar más oprobio y crimen sistémico del que por origen le corresponden a tres familias italianas de origen español, como descubriremos aquí. 

En resumen, Las tres familias es un viaje al pasado, un salto en el tiempo hasta el final de la segunda gran guerra, para conocer la génesis de un sentimiento, de unos valores que quisieron mantenerse -y se mantienen en la actualidad- a pesar de la mala fama y los garbanzos negros. Porque seamos honestos, en todas las familias hay de todo, pero pase lo que pase, los lazos están ahí. Las personas vienen y van, pero si su legado si es honesto y comprometido, perdurará en las siguientes generaciones.


Miguel Ángel González (Madrid, 1982) es novelista y dramaturgo, facetas con las que ha obtenido numerosos galardones y el aplauso de la crítica. Compagina la escritura con la dirección de la escuela literaria Club de Escritores. En 2016 publicó Todos los miedos, ganadora de la 65.ª edición del Premio Café Gijón. Más tarde escribió Cariño (2018), que fue elegida como una de las diez mejores novelas del año por la revista Forbes; Un nublao de tiniebla y pedernal (2021), con la que obtuvo el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa, y el thriller Dios no está con nosotros porque odia a los idiotas. En 2022 vio la luz Prolepsis, y en 2024 publicó Perder el equilibrio nominada a mejor novela en los premios Valencia Negra 2024. En 2025, reunió una selección de sus mejores cuentos en la antología El chico que ganaba todos los premios, su poemario ¿Qué harías si yo muriera? fue distinguido con el Premio Ciudad de Badajoz. Como dramaturgo, ha sido reconocido con el Premio Fray Luis de León, el Premio Max Aub y el Premio Born y sus obras se han representado en escenarios de España, Argentina, México y Estados Unidos.


Las tres familias. Miguel Ángel González. Ediciones B

martes, 17 de febrero de 2026

Le seré sincero, no pinta bien. Álvaro Carmona

Menudo juego de palabras nos gasta Álvaro Carmona en Le seré sincero, no pinta bien (Crítica). Porque si os gusta el arte y la medicina, este libro pinta más que bien. Su autor se ha puesto los guantes y, con un delicado bisturí, nos invita a acercarnos, pero no a una camilla en una sala de autopsias. En realidad, a una serie de cuadros, algunos famosos, para señalarnos signos, rasgos y dolencias de quienes quedaron congelados por el paso del tiempo. 

Porque los cuadros pueden esconder misterios si se mira con atención. Otras veces, la enfermedad es clara, visible, aunque sorpresiva a nuestros ojos del siglo XXI por la forma en la que la vivían o la trataban en su época. A lo largo de la historia de la humanidad, paralela a la del arte, este ha tratado de representar una realidad cuanto menos fascinante. La enfermedad plasmada en las pinceladas -unas veces a color, otras con oscuridad o vacío- revela, a menudo, grandezas y miserias de quienes las vivieron (y padecieron), pero también de quienes las interpretaron (y sufrieron) desde este lado del pincel. 

Una joven se toca un pecho en 1518 sin saber, acaso, lo que ese pezón retraído significa. ¿Qué nos transmite la mirada de don Sebastiánde Morra en el cuadro de Diego Velázquez? ¿Fue más cruel la enfermedad con Carlos II o Juan Carreño al pintarlo? ¿Qué extraían en verdad los médicos en los pacientes como el que se nos muestra en la imagen de la portada del libro? 

Como avancé, particularmente interesante me ha parecido, a la hora de destacar algún capítulo, el llamado Eso podría haberlo pintado un niño. Nuevamente, Carmona tira de ironía para hablarnos de algunas patologías de grandes maestros de la pintura. Porque ahora sabemos -o creemos saber- que la enfermedad y su arte se dieron la mano como reflejo imborrable de la fragilidad humana desde los tiempos de las primeras manifestaciones artísticas en cuevas por nuestros antepasados. 

La sordera de Goya, la artritis de Miguel Ángel o Degas, sin olvidarnos del intenso dolor reflejado por Frida Khalo son ventanas abiertas a nuestra mirada, conscientes de que la pintura es mucho más que arte si se sabe observar. Sucede así con Le seré sincero, no pinta bien. Es un libro, pero también un viaje y una invitación a ponernos delante de pinturas expuestas en los museos ¿o de nuestras propias fotografías? Quizá tras leer este libro descubramos detalles nuevos y comencemos a percibir cómo la luz, la imagen y los colores han moldeado nuestra historia o fueron el refugio de quienes vivieron con la enfermedad trascendiéndola en sus obras.


Álvaro Carmona (Sevilla, 1990) es bioquímico por la Universidad de Sevilla y doctor en Medicina Molecular. Obtuvo una beca internacional de doctorado en la Universidad de Roma, La Sapienza (2016-2020). Su recorrido como investigador atraviesa la neurociencia y patología molecular del cáncer, es docente universitario y divulgador de ciencia en redes sociales, radio, televisión y prensa. Ha trabajado en La Universidad La Sapienza, el Institut Català D’Oncología y las Universidades Alfonso X El Sabio y Loyola de Andalucía. Actualmente coordina asignaturas del Grado en Enfermería en la Universidad Loyola Andalucía. Ha diseñado proyectos docentes donde el arte se convierte en herramienta para enseñar medicina y empatía clínica.


Le seré sincero, no pinta bien. Álvaro Carmona. Editorial Crítica.

martes, 10 de febrero de 2026

Epifanía. Israel Merino

Un libro crudo, directo e inquietante, este Epifanía (Temas de Hoy) de Israel Merino. El autor toledano nos traslada a un pequeño pueblo manchego para sumergirnos que pequeños dramas entrelazados. Unos de jóvenes, otros de los adultos, todos interconectados porque aquí se cumple el dicho de pueblo pequeño infierno grande

Surgen de fondo temas como la especulación inmobiliaria, la xenofobia o las rencillas familiares, en lo más individual. El peso de familia, como un nudo corredizo, la falta de oportunidades o la miseria cotidiana llevada hasta ese punto de violencia, soterrada o no, convergen en esta novela con aire de thriller. Porque Epifanía nos saluda con un crimen, el atropello mortal de una pareja de jóvenes, a las afueras de la localidad. ¿Fue un accidente o premeditado? ¿Quedará impune con la connivencia de los vecinos y la policía local o la venganza destapará la costra sobre una herida mal cicatrizada? 

Página a página, capítulo a capítulo, Merino va dándonos las piezas de un puzle rural, descarnado, frenético e introspectivo porque la sociedad es el reflejo de los individuos que la componen. ¿Qué somos capaces de hacer cuando sabemos que la culpa y la moralidad tienen los linderos suavemente definidos? Epifanía evocará a algunos a El Gatopardo por aquella frase mítica sobre cambiar para que todo siga igual o a la crudeza del realismo crítico de Rafael Chirbes. Un pulso firme a una realidad que no siempre grita, ni sale en los medios de comunicación, pero está ahí, latiendo en la España profunda de este siglo XXI.


Israel Merino (Toledo, 2000) es periodista y escritor. Ha trabajado como reportero para medios como El Español o CTXT, y ha sido comentarista político en programas de La Sexta, Radio 3, Catalunya Radio o Carne Cruda. Actualmente, es columnista en Público y El Confidencial, y escribe sobre música en 20Minutos. Ha publicado la novela Subura (2021) y la crónica literaria Más allá de la noche (2022).


Epifanía. Israel Merino. Temas de Hoy. 

martes, 27 de enero de 2026

El artesano. Pablo Ortiz de Zarate

Qué acierto ha sido zambullirme en las páginas de El artesano (Destino), de Pablo Ortiz de Zárate. Habrá quien piense que el arte sirve para poco, quizá como experiencia estética y poco más. Pero hay mucho más, como bien lo sabe Ortiz de Zárate

Es esta una obra didáctica y, a su vez, una suerte de manual de uso. Empezar a leer ya es un reto, nos lo advierte así en la introducción. Si ponemos en práctica lo que iremos aprendiendo capítulo tras capítulo, no veremos el arte igual. Es más, de las dos partes en las que Ortiz de Zárate ha dividido El artesano, la primera es más de comprender, de aprender y aprehender acerca de la luz, los objetos, las personas o los colores en las obras de arte. 

Es en la segunda donde se centra en hacer práctico ese conocimiento aprendido. Los beneficios del arte se conocen desde hace siglos y así lo ha refrendado la ciencia. Desde ese punto de partida, El artesano nos invita a trabajar la empatía, a afrontar la ansiedad, el estrés, el miedo a tomar decisiones y a extraer, en definitiva, el poder terapéutico de las obras de arte en determinados momentos en los que este puede ayudarnos a mantener una mente más sana y una vida emocional plena. 

¿Por qué unos cuadros son consideradas obras maestras? ¿Es sano rodearse de obras de arte en casa? Entrenarse en la observación de detalles ¿nos predispone a una mejor empatía? ¿Nos puede ayudar el arte a pensar más y a sentir más? Estas y otras cuestiones las responde Ortiz de Zárate conocedor de la íntima relación del arte y la salud, pues él mismo lo comprobó en carne propia.  

El artesano es una ventana abierta a mejorar nuestra salud mental, a comprender nuestras emociones y a ser más empáticos gracias a las obras de arte que dejarán de ser solo cuadros si sabemos mirarlos con la mirada precisa.


Pablo Ortiz de Zárate se formó como periodista la Universidad Pontificia de Salamanca, España, y se especializó en Historia del Arte en el University College London, Reino Unido. Durante años se dedicó a divulgar sobre arte en medios de comunicación y como creador de contenidos didácticos para museos. Es colaborador del programa Hoy por Hoy en Cadena SER, con la sección «El Artesano». Está especializado en el poder de los cuadros para gestionar las emociones. 


El artesano. Pablo Ortiz de Zárate. Ediciones Destino