lunes, 12 de septiembre de 2016

MIGUEL TORIJA: «Era inevitable que apareciesen tanto la iglesia, como las sociedades secretas».



Me concede una entrevista Miguel Torija Martí que ha publicado este año su primera novela ‘La isla de las Culebras’ (La Pajarita Roja, 2016). Había leído su libro de relatos ‘Cuando la vida se pone perra’ y no dejé pasar la oportunidad de leer, como digo, su primera novela. Afirma que cuando empezó a escribirla no sabía que estaba escribiendo una novela histórica. También que el proceso fue un poco ‘al revés’ ya que admite que lo lógico es documentarse antes de escribir. En cualquier caso, recomiendo leer primero la entrevista y luego su novela o al revés si sois tan atrevidos como Miguel. Os dejo la entrevista.

Hay una frase que resume bastante bien el espíritu de ‘La isla de las Culebras’, es esa que dice ‘la historia la cuenta a su gusto los que pueden escribirla, no los que la conocen’. ¿Nos la comenta?

Esto es un hecho atemporal. Siempre ha sido así, actualmente son los medios de comunicación los que se constituyen en el quinto poder y suministran la información. Por suerte para nosotros la competencia hace más difícil ocultar, enmascarar, dulcificar... la realidad, pero los grandes medios siguen disponiendo de una inmensa influencia sobre la opinión pública y pueden variar sensiblemente la realidad, modelando el discurso para favorecer a unos u otros.
En el pasado esto todavía debió ser más claro. Las opciones de llegar a la información eran más limitadas y por tanto más fáciles de controlar.

Otra también curiosa viene después de que al protagonista, a Martín, una gaviota y un cangrejo ermitaño confundan con comida y éste reflexione: ‘Nunca sabes de quien fiarte, a quien estar agradecido’. Tan real y tan premonitorio para quienes se vean atrapados por la lectura hasta el final.

Si la pregunta se refiere al desenlace final, es una de las cosas de las que más satisfecho estoy. Me costó decidir cómo terminar la novela y creo que ese final, que deja para el lector el veredicto de inocencia o culpabilidad de algunos personajes, es muy adecuado para el tono general de la misma. Una novela que comenzó siendo un microrrelato tiene que terminar como terminan muchos microrrelatos, dejando al lector parte del trabajo. En definitiva, los personajes de la novela quedan expuestos al criterio de cada lector. He tratado de que en la novela no se formen dos bandos: los buenos contra los malos. Al fin y al cabo así somos los personajes de la vida real, todos tenemos dobleces y claroscuros.

Los franceses parecen querer invadir España por una cuestión económica, Martín recuerda una frase de su superior que le dijo: ‘Controlar el comercio, ese es uno de los principales objetivos de la invasión’. Más allá de la coyuntura histórica que subyace como contexto de la historia, me ha recordado al descubrimiento del azúcar de remolacha por parte de los franceses -más o menos por esta época- precisamente por el tema del comercio. Ya que hay contrabando de azúcar, café y tabaco susurrado entre la trama le quería preguntar por ello.

Es un poco lo que hablábamos antes de controlar la información. Se puede estudiar esta época tan patética de la historia española desde el punto de vista del patriotismo, de los derechos y las libertades sociales o del partido que tomaron los estamentos sociales (ejército, monarquía, iglesia...) pero como siempre ha pasado, en la mayoría de las guerras, subyacen motivos económicos. Francia intervino porque era un buen momento para apoderarse de los despojos del imperio español. Estaba en juego arrebatar a los ingleses su preeminencia comercial con las colonias.

‘La codicia en este país es la única virtud para alcanzar el poder’, reflexiona Martín sobre la ambición del general francés. También parece ser una frase no solo representativa de la novela sino bastante a la orden del día dos siglos después a la luz de los medios de comunicación actuales.

Cuando terminé la novela (que ya digo, solo pretendía ser una novela de aventuras) reflexioné sobre ella y me di cuenta de algunas virtudes que podía tener, más allá de entretener y servir de fuente de información sobre esa época histórica. Creo que el libro puede servir para reflexionar sobre el patetismo que la mayor parte de la sociedad española demostró en esa invasión, apoyando a los que pretendían acabar con las libertades y derechos que la constitución les había otorgado. Ese patetismo, una vez tamizado por las circunstancias en las que vivían nuestros antepasados, se parece demasiado al patetismo de la actual sociedad española que, como entonces, sigue premiando con su apoyo los comportamientos mezquinos y corruptos de muchos de nuestros gobernantes. Esta coincidencia hace pensar que es algo intrínseco a nuestra sociedad y que no hemos sido capaces de aprender de los errores del pasado.

Ineludible la labor de documentación que habrá necesitado para hilvanar los detalles de esta historia en un contexto histórico concreto aunque geográficamente más amplio. Háblenos de esas fuentes y cómo fue ese proceso previo a la creación de la novela.

Sinceramente creo que el proceso que he seguido para ambientar y ubicar la novela es poco recomendable. Supongo que lo más ortodoxo cuando se pretende escribir una novela histórica es documentarse primero y después ponerse a escribir. En el caso de ‘La isla de las Culebras’ fue justo al contrario. En mi defensa he de decir que cuando empecé a escribirla no sabía que estaba escribiendo una novela histórica, de hecho no sabía si quiera que fuera a ser una novela y todavía hoy no sé si se trata de una novela histórica, una novela de intriga, una novela romántica... Como se dice en el preámbulo, a lo más que aspiraba ‘La isla de las Culebras’ era a convertirse en una novela de aventuras.

Benjamín Prado, cuando le conté de dónde había surgido la novela, dijo de ella que es un microrrelato que no había sabido terminar y no le falta razón. Todo surgió después de visitar las islas que dan nombre a la novela. Me fascinaron y me surgió la necesidad de escribir algo sobre aquel lugar. Imaginé una fragata huyendo de una ciudad sitiada y navegando hacia esas islas perseguida por una flota enemiga. El capitán de la fragata iba a cometer una traición y eso le atormentaba y le llenaba de dudas. Ese fue el punto de partida, no sabía nada más de lo que sucedería, a partir de ahí dejé que el relato fluyera sin saber dónde me iba a llevar. Solo cuando llegué al capítulo 10 me planteé que era momento de ubicar histórica y geográficamente la acción y entonces me puse a investigar cuándo y dónde podría haber ocurrido algo parecido. Para mi fortuna descubrí que durante la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis una situación así se podía haber dado y comencé a documentarme.

Lo primero que hice fue leer los Episodios Nacionales de Pérez Galdós que transcurren en ese periodo. Después busqué otras fuentes de información hasta hacerme una idea general.
Tras hacerme esa composición de lugar inicial, el siguiente paso fue ir buscando información más específica a medida que el avance de la trama me la iba reclamando. La primera parte precisó sobre todo mucha documentación en temas de navegación. Después fui necesitando información sobre el ejército de la época, la vestimenta, la iglesia, las sociedades secretas... En este sentido, he de reconocer la inestimable ayuda recibida por parte del editor de La pajarita roja, para terminar de perfilar algunos aspectos. 

No podía faltar entre los ingredientes de esta historia de aventuras con base histórica la Inquisición y, por si quiere adelantar algún detalle, en los carbonarios con el tiralíneas, la escuadra y la navaja abierta.

Bueno era inevitable que apareciesen tanto la iglesia, como las sociedades secretas. Eran dos estamentos con una influencia muy acusada en la vida y en la política de la época. Actuaron como dos frentes contrapuestos, cada uno apoyando una causa. La iglesia y por extensión el Santo Oficio apoyando al absolutismo que representaba Fernando VII, por su parte los masones y el resto de sociedades secretas, en general se pusieron del lado de los constitucionalistas. Como de costumbre en España fue la iglesia la que salió victoriosa y pudo recuperar poder, privilegios e incluso reinstaurar la inquisición.

Es muy ilustrativo pensar que mientras los que nos invadían para devolver el absolutismo, valoraban la ciencia y dedicaban miles de sueldos a ampliar la Enciclopedia de Diderot, en España, con el triunfo de los absolutistas, se derogó el ambicioso plan que fomentaba la educación universal, pública y gratuita, para volver a dejar en manos de la iglesia el peso de la educación, lo que supuso una regresión. Por desgracia, también en esto hemos aprendido poco. Bajo mi opinión, la sociedad española sigue transmitiendo inmadurez al permitir el paternalismo de la iglesia católica. Dejamos que la Conferencia Episcopal se siga inmiscuyendo en algunos campos en los que la iglesia católica tradicionalmente ha actuado como freno a los avances sociales y científicos. Un ejemplo claro es la educación, somos uno de los pocos países civilizados que incluyen la asignatura de Religión en todos los cursos de la educación obligatoria y del bachillerato, con el agravante de ser impartida por profesores escogidos subjetiva y unilateralmente por los obispos.

Si antes hablaba de la codicia, llega un momento en el que Martín sufre una metamorfosis interior, reflexiona y decide que quiere saber cuál es el sentido de su vida, que le mueven ideales más profundos a los puramente económicos más allá de que él es un marino de vocación, algo que queda bien demostrado a lo largo de la novela.

En realidad Martín se pasa toda la novela sumido en un mar de dudas. Siempre está planteándose si lo que va a hacer es correcto. Creo que a pesar de ostentar la capitanía de una fragata y por tanto tener la necesidad de transmitir a sus hombres seguridad en sus decisiones, hay mucho de fachada en esa seguridad. Sus circunstancias vitales y el desarrollo de la historia lo único que van haciendo es acrecentar su indecisión. Mi objetivo era que Martín fuese un personajes real, no el típico héroe que sabe en todo momento cuál es la decisión más idónea y honorable. No, sus decisiones en muchas ocasiones, ni son idóneas, ni son honorables. Cómo las decisiones que tomamos todos en nuestra vida. Nunca me ha gustado la gente que lo tiene todo claro o que se cree en posesión de la verdad absoluta. En un ejercicio de coherencia, el protagonista de mi primera novela no podía ser así.

Me gustaría que nos hablara de la ilustradora, de Adriana Torija, una joven de 14 años que aceptó el encargo y rubrica tres imágenes en blanco y negro de la historia.

Fue una suerte “encontrar” a Adriana. Había imaginado el libro con algunas ilustraciones, porque pensaba que en el estilo del libro encajaba la combinación del texto con imágenes fieles al relato. Con ese fin contacté con una ilustradora de cierta reputación que se mostró dispuesta a abordar el encargo, pero al final la cosa no cuajó. Cuando estaba resignado a que el libro se publicaría sin ilustraciones, pensé en Adriana, que en un plazo muy ajustado logró terminar el encargo con tres ilustraciones magníficas.
Las ilustraciones aportan mucho al libro, ayudan a que el lector se tome un respiro después de tres momentos importantes de la novela. De ese modo es posible saborearlas a modo de anticipo de lo que espera a vuelta de página. A pesar de ser el primer encargo profesional que recibía Adriana, creo que el resultado final ha cubierto con creces las expectativas.

Muchas gracias, Miguel.


Miguel Torija Martí (Tortosa, 1972) es ingeniero agrónomo y profesor de tecnología en un instituto público de Castellón. En 2010 publicó ‘Fábulas efímeras’, un recopilatorio de relatos con un enfoque didáctico y se autoeditó ‘Catálogo de excusas para seguir vivo (o para estar muerto)’, en 2011 con el que resultó finalista de los Premios de la Crítica Valenciana 2012. En 2013 publica el libro de relatos ‘Cuando la vida se pone perra’ (Urania, 2013). Acaba de publicar su primera novela ‘La isla de las culebras’ (La pajarita roja, 2016).


 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

‘Trastornos de alimentación y autolesiones en la escuela’, de Pooky Knightsmith



Traigo esta semana a ‘Maleta de libros’ un libro de no ficción. Se trata de un manual que reúne una amplia información sobre los trastornos de alimentación y autolesiones en los niños y adolescentes. Su autora es la especialista y divulgadora en temas de salud Pooky Knightsmith quien libró y venció su propia batalla contra los desórdenes alimentarios  en su juventud.

Cada vez los padres y educadores son más conscientes de la necesidad de detectar precozmente los problemas de los escolares ya en las propias aulas ya en los hogares. Por eso este libro me ha parecido muy interesante. Por un lado por la manera de presentar la información, desde la naturaleza de los trastornos a los falsos mitos o los conceptos erróneos que se han extendido sobre estos temas, una manera clara y de fácil comprensión. Por otro, el hecho de que esté diseñado como una guía práctica no solo para educadores, también para familiares o personas interesadas en el tema abordando los apartados con ideas clave, ejemplos y recursos para la detección y puesta en práctica llegado el momento de actuar directamente sobre los niños o los adolescentes. 

¿Qué factores desencadenan los trastornos de alimentación o autolesiones? ¿Cuáles son los primeros síntomas? ¿Cómo hay que hablar con los niños de estos temas? ¿Cuándo hay que acudir a un especialista? ¿Qué estrategias existen para apoyar la recuperación día a día?
Las respuestas las encontraremos de forma clara y positiva en esta obra de referencia que estoy seguro será del interés ayuda de muchos familiares y educadores.

 ‘Trastornos de alimentación y autolesiones en la escuela’, Pooky Knightsmith. Descleé de Brouwer, 2016. ISBN 978 84330 28471

Pooky Knightsmith es una especialista en salud mental y bienestar emocional en niños y adolescentes. Trabaja con centros escolares y padres proporcionando formación y apoyo a través de su empresa In Our Hands Ltd. y es consejera de diversas organizaciones inglesas (Beat, PSHE, Kidstime Foundation) que luchan contra los desórdenes alimentarios y las autolesiones.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Victor Amela: «Me até el pañuelo a la cabeza, cogí el trabuco y la pluma y escribí la novela».



Esta semana comparto la entrevista que me concedió antes del verano el escritor Víctor Amela. Su novela ‘La filla del capità Groc’ obtuvo el premio Ramón Llull de novela de este año. ‘La hija del capitán Groc’ (Planeta, 2016) en una historia sobre unos personajes reales que vivieron en una región conocida como el Maestrazgo que he visitado en varias ocasiones. Así se lo comenté al autor que, como se aprecia en la entrevista, estuvo encantado de contarme detalles sobre esta novela. Personalmente encontré muy simpático el que viajase durante la promoción de su novela con unos cuantos fósiles, tal como se ve en la fotografía.


Basada en personajes reales, dos fundamentales: Pep lo Bo y aquel testarudo forcallano apodado el Groc, ‘La hija del capitán Groc’ ¿es una novela de recuerdos?

   Ciertamente, el personaje digamos que tira de la novela, de la historia, es el capitán Groc, el título de la novela quiere vincular a este personaje histórico del Capitán Groc que era un guerrillero para unos y un bandolero para otros con su hija primogénita que tenía 14 años por eso genera unas relaciones de complicidad muy tiernas, muy bonitas, muy literarias, pero es verdad que detrás de estos personajes pero es verdad que detrás de estos dos personajes hay otro personaje para mi muy entrañable y muy querido que de alguna forma es mi propia mirada que de alguna manera es el testigo de los sucesos que es Pep lo Bo.
   Pep lo Bo es un hombre también real es como llamaban a mi bisabuelo yo lo supe porque un día en casa de mis padres le pregunté a mis padres sobre un retrato que había en una pared un daguerrotipo así medio borroso una foto primitiva en la que se veía a un señor con la cabeza redondita con un pañuelo aragonés anudado sobre la oreja con un aspecto bueno, de labrador tranquilo y mi padre me dijo que no sabía nada de su abuelo que era ese personaje que era el padre de mi padre y cuando insistí me contó que lo único que sabía era que había nacido y muerto en Forcall, que había tenido diez hijos y que el último había sido su propio padre, es decir, mi abuelo. Y me dijo: «Ah sí, y otra cosa, le llamaban Pep lo Bo».
   A mí es que esto me excitó la imaginación de esto hace ya casi treinta años para saber más acerca de Pep lo Bo, por qué le llamaban Pep lo Bo, quien era y cuando descubrí mirando las partidas de bautismo que era coetáneo del Groc, personaje histórico, aunque de la edad de la hija del Groc, empezó a surgir la novela en mi ánimo porque imaginé a ese jovencito enamorándose de la hija del Groc, implicándose en la guerra del Groc hasta cierto punto que se explica en la novela.

Creo que esa foto de su abuelo se perdió en un incendio.

Es verdad, eso lo cuento en el epílogo de la novela que ya no es novela casi te diría que es memorias personales porque efectivamente en los años 80, en el 89 concretamente en el piso en el que yo vivía con mis padres que era un ático con sobreático en este sobreático hubo un incendio en el que se quemó absolutamente todo se quemaron cosas más o menos valiosas pero de entre todo lo que se quemó lo único que me dolió realmente y para mí ya fue una señal fue ese retrato que era de algún modo en mi inconsciente el único vínculo material que yo tenía con mis ancestros, con mis antepasados, con mis raíces, con mis orígenes con donde yo venía, tenía eso y lo había perdido. 
   Yo creo que de alguna manera esa pérdida ha acabado obligándome a reconstruir la figura de ese personaje, de mi bisabuelo, a través de la guerra del Groc, a través de la vida del Forcall del siglo XIX como para reconciliarme de alguna manera con mis orígenes, con ese pasado que llegué a vislumbrar en mis veranos de niño en el Forcall que era un Forcall que seguro era parecido al Forcall de mediados del siglo XIX, de manera que yo tenía dentro de mí ese tesoro, esas vivencias sensoriales y nació esa necesidad de conocerme un poquito mejor a mí mismo y a mis antepasados y a homenajearlos de algún modo. Y creo que de alguna manera la hija del capitán Groc es un homenaje  a la gente del Forcall en general y en particular a mi bisabuelo. Yo estoy convencido de que Pep lo Bo allá arriba donde esté está muy contento de que me haya ocupado de él de que haya escrito esta novela y está ayudándome.

Hay obstinación y tenacidad en la vida del Groc como vemos en esta novela, también la hay, imagino, al escribir un libro sobre un héroe local del Maestrazgo, poco conocido, en el siglo XIX. ‘Quien no arriesga no gana’, le dice el Groc a Pitarch colándose en Morella al tiempo que le recuerda la hazaña de Pablo Alió y Ramón Orgué en 1838 cuando estos tomaron el castillo morellano para el general Cabrera.

Bueno, gracias por la comparación ya me gustaría a mí ser tan arriscado tan valiente tan corajudo como era el Groc, yo siempre digo que no, que yo hubiera sido un cobarde y probablemente yo me hubiera acogido a indulto o hubiera pactado con las autoridades liberales y me hubiera retirado tranquilamente a vivir en paz sin jugarme la piel, la verdad es que no soy valiente pero en Groc si, el Groc era valiente hasta casi la irracionalidad, hasta la irresponsabilidad total hasta la muerte, hasta jugarse la propia vida. Por eso en esa escena le dice a su fiel compañero Pitarch que le acompaña hasta el último minuto de su vida vamos a entrar en Morella, y es la heroicidad de los dos aquella noche de invierno con una escalerita apoyada en las murallas del castillo lo tomaron suena a una cosa imposible, inverosímil, pero lo hicieron, me ha gustado recordar esa gesta y poner al Groc en una situación parecida, fabulada porque yo no tengo constancia del Groc quisiera rescatar del castillo de Morella a su esposa a su hija ni a nadie pero bueno, me venía bien para describir Morella, para contar un poco la atmósfera en ese momento como la gente tenía una psicología en la que se lo jugaba y haciendo un paralelismo sí que es verdad que yo en un momento dado cuando estaba a punto de escribir la novela pensé: Vamos a ver, ¿a quién le va a interesar una historia sobre un héroe pequeñín que lo conocen solo cuatro familias del Forcall, ultralocal, qué interés va a tener esto para la generalidad de los lectores? Pêro al final pensando que todos los héroes literarios eran héroes pequeñitos que alguien se atrevió a convertirlos en personajes de literatura desde Homero con Ulises y no es que yo quiera compararme con Homero por supuesto pero me animé y no conoceríamos a esos héroes si nadie se hubiera atrevido a contarlo por escrito y eso es lo que los universaliza y me dije y por qué no voy  a hacerlo yo con el Groc que tengo los datos que tengo los elementos tengo la sensación tengo las emociones venga atrévete y un poco como el Groc, me até el pañuelo a la cabeza, cogí el trabuco y la pluma y escribí la novela.

Victor Amela (Barcelona, 1960), es novelista y periodista. Decano de la crítica televisiva en la prensa, la ejerce desde hace treinta años en ‘La Vanguardia’, donde es el cocreador de la sección «La contra» (1998), donde ha publicado 2.100 entrevistas, estimulado por una curiosidad ilimitada. Es también autor de las novelas ‘El càtar imperfecte’ (2013) y ‘Amor contra Roma’ (2014) y ‘La hija del capitán Groc’ (Planeta, 2016) por la que ha sido galardonado con el premio Ramón Llull de novela.

viernes, 2 de septiembre de 2016

'Cautivada por ti', de Sylvia Day.



La cuarta novela de Sylvia Day, ‘Cautivada por ti’ (Espasa, 2014), dentro de la serie Crossfire me ha llevado casi por momentos a pronunciar precisamente esa palabra. Quienes sean asiduos de la saga, pues Crossfire iba para trilogía y la autora ya ha escrito la quinta entrega, sabrán a qué me refiero con esta palabra en el contexto de la serie.

He echado en falta no haber podido leerme previamente las tres entregas anteriores –al menos la última–, a saber: ‘No te escondo nada’, ‘Reflejada en ti’, y ‘Atada a ti’. Lo digo con humildad, para advertir a propios y extraños al respecto, por si algún lector decide comenzar Crossfire por esta cuarta parte. Y digo que he echado en falta las tres novelas precedentes, porque algunas claves de la historia de sus protagonistas, Eva y Guideon, me consta que deben estar en aquellas. Se dejan entrever hechos pretéritos, algunos referentes a la personalidad o al pasado emocional de esta pareja nada convencional. El reservado Guideon arrastra ese sentimiento de indefensión, de duda, es consciente de lo que siente por Eva, de que no sería capaz de vivir sin ella…

En esta cuarta entrega van a tener un papel importante las pesadillas de Guideon, la madre de Eva, un enlace matrimonial, el trabajo de Eva y cierto asunto del pasado de Eva que sale a la luz y que Guideon tratará de solucionar a toda costa. Por lo demás, no quedarán decepcionados aquellos lectores (de ambos sexos), de ‘Cautivada por ti’ que busquen, como en las entregas anteriores, escenas subidas de tono. La línea entre erotismo y pornografía es tan fina como cada cual quiera verla, o leerla. Personalmente considero que es más erótico sugerir a utilizar ese lenguaje grave, inmediato, al punto rijoso, sobre todo de Guideon. Cualquier lugar y situación en sus vidas es bueno para un encuentro sexual, desde ese despertar viendo a Eva en pijama, a una videoconferencia en el trabajo, pasando por la cocina, el sofá, la discoteca, el ascensor…

Sexo, conflictos en la pareja, fantasmas del pasado y dependencia emocional conforman el cuarto plato de este menú al que le queda el postre, previsiblemente, con la próxima entrega, la quinta de Crossfire, aunque particularmente me tome un descanso y opte por el vegetarianismo después de tanta proteína. Ya digo, cuestión de gustos; ojalá sean muchas las lectoras y lectores que se dejen cautivar con este ‘Cautivada por ti’ sin sentir la necesidad de decir: Crossfire!!


 Sylvia Day (Los Ángeles, 1973) es una escritora norteamericana especializada en novela romántica, campo en el que se ha ganado un indiscutible prestigio. Publicó su primer libro en 2005. Desde entonces, sus novelas se han colocado en los primeros lugares de las listas de venta en Estados Unidos y en una veintena de países más. Ha publicado con algunas de las editoriales más prestigiosas, como Penguin, Random House HarperCollins, Kensington y, ahora, Espasa. Ha recibido más de treinta premios. Entre ellos, destaca el National Readers Choice Award, el galardón más importante concedido por los lectores norteamericanos, que ha obtenido en dos ocasiones.