martes, 23 de junio de 2026

Bajamares. Antonio Tocornal

¿Quién es el verdadero protagonista de la novela Bajamares (Sloper), de Antonio Tocornal? Conforme nos vamos deslizando por sus páginas, parece evidente que lo es el habitante del islote Roque Espino. Ese joven que se presentó voluntario, décadas atrás, para hacerse cargo del faro. Labor que ha desempeñado a la perfección, sin haber regresado jamás a tierra firme. Su contacto con el mundo exterior es a través de un barquero que cada quince días le trae las provisiones. 

Tocornal podría haber escrito un relato, uno breve o, quizá, algo más extenso; pero con sabiduría marinera, dirige la proa de la narración a un puerto seguro entre paisajes y voces. Porque el protagonista de Bajamares no está solo. Y no me refiero a los lagartos del islote, ni a los que descansan en paz, en el cementerio de marineros muertos que trajo la bajamar al islote. Está su otro yo. Conocemos más de la historia del guardafaros y de su existencia a través de una sucesión de voces narrativas. Las del barquero, las del narrador omnisciente, la de la madre... Suma no de una voz, sino de una serie de aportes, de documentos, para que la unión de las partes nos descubra la historia casi como ese buque que entre la niebla aparece silencioso, imponente. Niebla y silencio. Curioso traer aquí estos dos conceptos. Porque hay algo de neboluso, de onírico, de somnolencia e imaginación en estas voces. Como también hay silencios, no podía ser menos en una isla semihabitada; no obstante, el lenguaje atrapa, se aferra al lector en forma de imágenes y metáforas. 

Palabras que leemos en un elemento no menos curioso. Y es que el guardafaros, temiendo perder el lenguaje, encarga a tierra firme que le traigan a Roque Espino un gran diccionario enciclopédico ilustrado. Esa enciclopedia será su único vínculo con el resto del mundo más allá del contacto quincenal con el barquero; estudiará los tomos durante toda su vida. Vida. Otra palabra que en el tono casi reflexivo de esta novela, adquiere un significado simbólico, si unimos, como lectores, las imágenes iniciales y las finales. Acaso como el perímetro de esa isla. Como un mar primigenio donde se hace la luz para arrojar a las tinieblas, donde a diario vivimos con nuestro yo presente y nuestro yo del pasado en una conversación con la sana intención tal vez de no alejarnos en exceso de tierra firme, esa a la que indefectiblemente regresaremos cuando baje la marea.

Bajamares mereció el primer Premio de Novela de la Diputación de Córdoba en 2018, Sloper la reedita este 2026 con un prólogo de Nadal Suau.


Bajamares. Antonio Tocornal. Editorial Sloper

martes, 16 de junio de 2026

Ganatiempos. Chema Lorite y Yolanda Cabrera

Este libro que os traigo, Ganatiempos (Larousse) de Chema Lorite y Yolanda Cabrera, es el primero de una serie que vendrá a enriquecer nuestra sustancia gris. Nuestro cerebro. 

Creo que es interesante que salga a la venta a las puertas de los meses veraniegos, tiene su razón de ser. Es más, para mi gusto, se presta tanto a ser leído por quien lo adquiera tanto o más que para ser regalado con el final del año escolar o académico. Llego de páginas a color, se estructura en diversas secciones con variadísimos retos para nuestro intelecto. Dado que hay niveles de dificultad también variado, apela a enfrentarnos a estas pruebas con un doble propósito: darle vidilla a las neurona y aprender. Me refiero a que Chema Lorite y Yolanda Cabrera han unido sus talentos creativos para ofrecer en Ganatiempos un libro útil, divertido, ameno y memorable. 

Memorable de memoria, la que emplearemos en algunas de las pruebas, como también pensamiento lógico, el sentido común, la intuición o la habilidad mental. Pero, que no cunda el pánico para quienes crean que leer un libro debe ser relajado y huyen de la gimnasia mental. Chema Lorite y Yolanda Cabrera han tenido el detalle de incluir las soluciones, cómo no. Voy a traer aquí una cita de Piaget, esa que propugnaba que la inteligencia era lo que usamos cuando no sabemos qué hacer. Quizá por eso, porque a menudo, en nuestro día a día, debemos tomar decisiones y aceptar sus consecuencias, incluso si dudamos qué hacer, es importante contar con buenas herramientas. Ganatiempos es, a mi juicio, un buen yunque en el que moldear y afilar nuestra inteligencia, nuestros recursos intelectuales. Los gerogríficos, las adivinemas, los problemazas, los estrujacerebros y el resto de retos van en esa dirección sin abandonar en ningún momento la parte lúdica: El placer de pensar, el gusto de jugar. ¿Os apetece pensar y jugar?


Ganatiempos. Chema Lorite y Yolanda Cabrera. Larousse editorial.

martes, 9 de junio de 2026

Una fábula sueca. Nicolás Diez

Nos gusta lo noire, quizá por eso celebramos la llegada a las librerías de novelas como Una fábula sueca (AdN), de Nicolás Diez. 

Granadino él, el autor, actualmente compagina su pasión por la narrativa como escritor con su labor docente. No es su primera novela, aunque si vamos a hablar de Una fábula sueca hay que apuntar un detalle: está inspirada en un caso verídico ocurrido en Granada en los años noventa. La trama converge a una supuesta desaparición de un anciano sueco. Un pueblo pequeño, La Umbría, un consulado al que llegan dos mujeres supuestamente hermanas a renovar el pasaporte de aquel y un relato que no logra convencer a Ingrid, la cónsul que las atiende. Siendo un caso de consulados, de un súbdito sueco, las autoridades españolas se ven en la necesidad de investigarlo y querer cerrarlo cuanto antes para que lo político no empañe un supuesto caso doméstico.

Pero de haber sido solo eso, Diez no habría tramado más de quinientas páginas desvelando a través de los personajes una realidad mucho más horrenda e insospechada. La condición humana es parte del aderezo de este thriller psicológico, porque la intuición, las miserias de un trabajo poco reconocido y los silencios durante las pesquisas policiales son tan importantes como un dosier de veinte páginas elaborado por una cónsul con ínfulas de detective. Ir descubriendo paso a paso la relación de dos mujeres entre sí, la de ellas con Hans, el del pasaporte, la de la cónsul y su familia más allá de los pasajes iniciales de la novela... Diez teje como un moderno Penélope estos hilos sin destejerlos por la noche, para darnos tiempo a las y los lectores a ir viendo el tapiz, quizá convirtiéndonos en modernos Ulises con ganas de llegar a Ítaca, de regreso, o demorarnos en el viaje conforme lleguemos al desenlace de esta fábula, de Una fábula sueca.


Una fábula sueca. Nicolás Diez. AdN Editorial.

lunes, 1 de junio de 2026

El prisionero de la planta 15. Salvador Perpiñá

Descubrí la prosa de Salvador Perpiñá años atrás, por un libro de relatos. Quizá por eso quise sumergirme en una novela, este thriller titulado El prisionero de la planta 15 (HarperCollins). 

Sería fácil reproducir parte del argumento, ese que aparece en la contraportada. Facilita saber de qué nos habla Perpiñá al trasladarnos al Madrid de 1966. Y en esa estela, en el centro de la historia está un personaje poliédrico, asimétrico, si se me permite. No solo porque viva solo en un apartamento del Edificio España. Ya ese coloso de la urbe, casi un laberinto de plantas, ascensores y con vida propia para Cano, actúa como tabla de salvación a sus fantasmas interiores. Porque Perpiñá le ha dotado de un pasado, Cano fue un excombatiente de la División Azul en la Segunda Guerra Mundial. Cano es un morfinómano y de tanto en tanto reflexiona sobre ese pasado, sobre esas heridas. 

Lo que tira de la anilla de esta granada de mano es una llamada de alguien justamente de su pasado al pedirle que busque a su hija. Una joven de la alta sociedad madrileña. Y así se iniciará un doble acto de descubrimiento, de huida hacia delante. Quizá todos los personajes alrededor de Cano estén huyendo, de sus propios fantasmas o de los que la sociedad crea porque el miedo es el arma más poderosa de control. Quien no aprende de su pasado, dicen, está condenado a repetirlo. Pero, ¿y si lo que creías que era tu pasado se resquebraja y has de componerlo para saber quién eres en realidad? Cano tomará la punta del ovillo de Ariadna en el laberinto del submundo madrileño de los '60. Tendrá que bracear ese fango, con la ayuda de una joven actriz de provincias en horas bajas, pero sobre todo, solo. 

Porque Perpiñá en El prisionero de la planta 15 quiere que el lector descubra no solo el secreto de Dolores Rivera. También el de Víctor Cano, uno que al completar el puzle en la recta final del libro nos hará pensar en las palabras de Oliveiro Toscani: "si el arte no provoca, no es arte".


El prisionero de la planta 15. Salvador Perpiñá. HarperCollins Ibérica.