viernes, 13 de marzo de 2026

Lo bueno si breve, óptimo, he escuchado más de una vez. Por eso, hoy os traigo aquí este El pequeño libro de la sabiduría estoica (Deusto), de Joseph Piercy.

Han sido muchos los autores que se han sentido atraídos por conocer los secretos del estoicismo desde que Zenon de Citio, allá por el 300 a.C., la desarrollara en la calle, en un pórtico pintado, de ahí el nombre. Cabría preguntarse así qué es el estoicismo, como también, por qué mirar a él en el siglo XXI. 

Piercy nos responde a ambas preguntas en los primeros capítulos. No solo hubo una escuela griega de pensamiento estoico. Los romanos también se acercaron a ella, no en vano, en este libro está muy presente el notable Marco Aurelio. Este político y estratega nos dejó grandes lecciones de estoicismo en su obra Meditaciones. Así, en El pequeño libro de la sabiduría estoica, junto a Marco Aurelio hallamos a otros dos grandes filósofos estoicos como fueron Séneca y Epicteto. Son muchos los conceptos que veremos en el libro, ejemplos de cómo vivir una vida mejor gracias a esta actitud estoica que promueve la generosidad y el altruismo, como también el autoconocimiento y la reflexión. 

A veces parecen confundirse los términos de estoicismo con el de dejadez o laxitud. Nada más lejos de la realidad. En El pequeño libro de la sabiduría estoica lo descubriremos, no solo en personajes a lo largo de la historia, también a la hora de ponerlo en práctica. Los obstáculos en la vida pueden convertirse en una oportunidad para superarlo, para vencer miedos y fobias. Es esa búsqueda de la mejor versión de uno mismo, la eudaimonia de Aristóteles la que nos ha de llevar a desarrollar el conjunto de habilidades y procesos mentales mediante la práctica para alcanzarla. Porque ya nos lo dice Pircey, el estoicismo no es un resultado, sino un proceso; no es algo que se prueba por conveniencia, sino un proyecto que dura toda la vida. 

Pero más allá de conceptos teóricos como la eudaimonia, el amor fati, que Nietzsche denominó “eterno retorno” o el del “arte de la aquiscencia” de Epicteto, está la práctica. Y en la tercera parte de El pequeño libro de la sabiduría estoica tenemos diez ejercicios para ir practicando el estoicismo. Planificar nuestro día; observar con una perspectiva distinta lo que nos importa o lo que nos hace daño; deshacerse de malos hábitos o desconectar del mundo, para mantener el equilibrio y evitar saturara nuestro cerebro de información son algunos de ellos.

viernes, 6 de marzo de 2026

Las risas del arte. Carlos Reyero

He encontrado muy interesante este libro, Las risas del arte (Cátedra), de Carlos Reyero. Entre las diversas razones destacaría el planteamiento del autor al abordar la risa en la pintura occidental, no por periodos históricos, sino por temáticas. También el gran valor de la Introducción justamente como preámbulo no solo de lo que hallaremos en las páginas de Las risas del arte, sino de esos códigos de la risa, de la naturaleza de lo risible, lo cómico o lo paródico, para lograr entender qué vemos frente a un cuadro o qué quiso mostrar su autor. 

La risa es una virtud humana, incluso un acto social, según sus entendidos. Por ello, ir de museos y reírnos con una obra, ya solos ya acompañados, puede ser un gesto de aprecio, de complicidad, de buen gusto. No siempre fue así. Lo descubrimos en este libro. La risa escondía, a menudo, crítica social o desafío al poder, en otras, es verdad que frisaba lo satírico, lo irreverente o lo escatológico. Como dijo cierto artista, el arte debe provocar, si no, no es arte. En Las risas del arte, Reyero nos pasea con el texto por el humor en el arte incidiendo con ejemplos en aspectos como la risa despreciativa o la burlesca, la equívoca, la festiva, la engañosa, la fisiológica o el humor sexual, por citar algunos. Tendremos oportunidad de comprobarlo, además, con las páginas a color con reproducciones de obras de arte citadas en el libro. Pero estoy seguro que Reyero nos abre la puerta aquí a seguir solazándonos de muchas más obras, acudiendo a contemplarlas bajo nuestro acervo cultural, e. g., el recién adquirido con este libro. 

Risas hay muchas y reírse a destiempo casi puede ser contraproducente, pero el arte es atemporal y la eternidad de cada una de esas obras ha dejado, para nosotros, deliciosos momentos efímeros de alegría, sufrimiento o reflexión social a la espera de que nos riamos de la complejidad y contradicción de la naturaleza humana. Creo que hasta Reyero estaría de acuerdo conmigo en lo saludable de la risa, pues reduce el estrés y mejora nuestro sistema inmunitario, no es broma. Reivindiquemos el humor en el arte como Reyero hace en Las risas del arte.


Carlos Reyero ha sido catedrático de Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Pompeu Fabra de Barcelona. Especialista en arte del siglo XIX, sus principales investigaciones se han centrado en la pintura de historia, las identidades culturales, nacionales y de género, los intercambios artísticos en Europa, los monumentos conmemorativos, la caricatura de prensa y el uso de imágenes en la construcción de discursos políticos. Ediciones Cátedra ha publicado sus libros Pintura y escultura en España, 1800-1910 (2005) -coescrito con Mireia Freixa-, Introducción al arte occidental del siglo XIX (2014), Fortuny o el arte como distinción de clase (2017), El arte parodiado (2022) y Sorolla o la pintura como felicidad (2023).


Las risas del arte. Carlos Reyero. Ediciones Cátedra.

sábado, 28 de febrero de 2026

Las tres familias. Miguel Ángel González

Llegó a mi casa, por sorpresa, la novela Las tres familias (Ediciones B), de Miguel Ángel González. El propio autor me pidió que me lo leyese tranquilo, sin prisa, que lo disfrutase. Procuré no leerme antes la sinopsis, por aquello de no sugestionarme a la hora de ir descubriendo los conflictos y los giros argumentales. Pronto descubrí que la palabra -o el concepto, más bien-, que se repetía con fuerza estaba en el título. La familia. 

En este convulso siglo XXI en el que la sociedad se enfrenta a nuevos retos identitarios de afiliación, pertenencia e individualismos colectivizados, de nuevos roles interfamiliares, recordar los valores que nos hacen mejor persona es casi un acto de rebeldía.

La familia en Las tres familias concatena varias historias con personajes principales separados en el espacio y el tiempo, aparentemente, sin mucho en común. Pero ese camafeo que lleva Hueso, gran protagonista central, es solo el extremo del hilo de Ariadna que las conecta. Desde el vil y horrendo crimen cometido en España, por un noble creyéndose impune, en el siglo XVI, a los sucesos narrados a mediados del siglo XX. Tres hermanos, entonces, que huyen, que hundirán por separado sus raíces en una isla mediterránea, pero que ni la distancia ni el aislamiento conseguirán borrar lo más importante: los valores que guían a las personas, como el de la familia. 

El contrapunto en Las tres familias potencia una trama de sucesos en los que la amistad, la perseverancia, el honor y la lealtad -incluso si solo has conocido la miseria en un orfanato-, vertebran las dos historias que como afluentes alimentan el río de esta novela. Hay espacio para la emoción, para el amor, para experimentar el deseo de justicia, incluso hasta en sus últimas consecuencias. Creo que también González ha querido dejar ante nuestros ojos que tras la palabra mafia se ha intentado volcar más oprobio y crimen sistémico del que por origen le corresponden a tres familias italianas de origen español, como descubriremos aquí. 

En resumen, Las tres familias es un viaje al pasado, un salto en el tiempo hasta el final de la segunda gran guerra, para conocer la génesis de un sentimiento, de unos valores que quisieron mantenerse -y se mantienen en la actualidad- a pesar de la mala fama y los garbanzos negros. Porque seamos honestos, en todas las familias hay de todo, pero pase lo que pase, los lazos están ahí. Las personas vienen y van, pero si su legado si es honesto y comprometido, perdurará en las siguientes generaciones.


Miguel Ángel González (Madrid, 1982) es novelista y dramaturgo, facetas con las que ha obtenido numerosos galardones y el aplauso de la crítica. Compagina la escritura con la dirección de la escuela literaria Club de Escritores. En 2016 publicó Todos los miedos, ganadora de la 65.ª edición del Premio Café Gijón. Más tarde escribió Cariño (2018), que fue elegida como una de las diez mejores novelas del año por la revista Forbes; Un nublao de tiniebla y pedernal (2021), con la que obtuvo el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa, y el thriller Dios no está con nosotros porque odia a los idiotas. En 2022 vio la luz Prolepsis, y en 2024 publicó Perder el equilibrio nominada a mejor novela en los premios Valencia Negra 2024. En 2025, reunió una selección de sus mejores cuentos en la antología El chico que ganaba todos los premios, su poemario ¿Qué harías si yo muriera? fue distinguido con el Premio Ciudad de Badajoz. Como dramaturgo, ha sido reconocido con el Premio Fray Luis de León, el Premio Max Aub y el Premio Born y sus obras se han representado en escenarios de España, Argentina, México y Estados Unidos.


Las tres familias. Miguel Ángel González. Ediciones B

martes, 17 de febrero de 2026

Le seré sincero, no pinta bien. Álvaro Carmona

Menudo juego de palabras nos gasta Álvaro Carmona en Le seré sincero, no pinta bien (Crítica). Porque si os gusta el arte y la medicina, este libro pinta más que bien. Su autor se ha puesto los guantes y, con un delicado bisturí, nos invita a acercarnos, pero no a una camilla en una sala de autopsias. En realidad, a una serie de cuadros, algunos famosos, para señalarnos signos, rasgos y dolencias de quienes quedaron congelados por el paso del tiempo. 

Porque los cuadros pueden esconder misterios si se mira con atención. Otras veces, la enfermedad es clara, visible, aunque sorpresiva a nuestros ojos del siglo XXI por la forma en la que la vivían o la trataban en su época. A lo largo de la historia de la humanidad, paralela a la del arte, este ha tratado de representar una realidad cuanto menos fascinante. La enfermedad plasmada en las pinceladas -unas veces a color, otras con oscuridad o vacío- revela, a menudo, grandezas y miserias de quienes las vivieron (y padecieron), pero también de quienes las interpretaron (y sufrieron) desde este lado del pincel. 

Una joven se toca un pecho en 1518 sin saber, acaso, lo que ese pezón retraído significa. ¿Qué nos transmite la mirada de don Sebastiánde Morra en el cuadro de Diego Velázquez? ¿Fue más cruel la enfermedad con Carlos II o Juan Carreño al pintarlo? ¿Qué extraían en verdad los médicos en los pacientes como el que se nos muestra en la imagen de la portada del libro? 

Como avancé, particularmente interesante me ha parecido, a la hora de destacar algún capítulo, el llamado Eso podría haberlo pintado un niño. Nuevamente, Carmona tira de ironía para hablarnos de algunas patologías de grandes maestros de la pintura. Porque ahora sabemos -o creemos saber- que la enfermedad y su arte se dieron la mano como reflejo imborrable de la fragilidad humana desde los tiempos de las primeras manifestaciones artísticas en cuevas por nuestros antepasados. 

La sordera de Goya, la artritis de Miguel Ángel o Degas, sin olvidarnos del intenso dolor reflejado por Frida Khalo son ventanas abiertas a nuestra mirada, conscientes de que la pintura es mucho más que arte si se sabe observar. Sucede así con Le seré sincero, no pinta bien. Es un libro, pero también un viaje y una invitación a ponernos delante de pinturas expuestas en los museos ¿o de nuestras propias fotografías? Quizá tras leer este libro descubramos detalles nuevos y comencemos a percibir cómo la luz, la imagen y los colores han moldeado nuestra historia o fueron el refugio de quienes vivieron con la enfermedad trascendiéndola en sus obras.


Álvaro Carmona (Sevilla, 1990) es bioquímico por la Universidad de Sevilla y doctor en Medicina Molecular. Obtuvo una beca internacional de doctorado en la Universidad de Roma, La Sapienza (2016-2020). Su recorrido como investigador atraviesa la neurociencia y patología molecular del cáncer, es docente universitario y divulgador de ciencia en redes sociales, radio, televisión y prensa. Ha trabajado en La Universidad La Sapienza, el Institut Català D’Oncología y las Universidades Alfonso X El Sabio y Loyola de Andalucía. Actualmente coordina asignaturas del Grado en Enfermería en la Universidad Loyola Andalucía. Ha diseñado proyectos docentes donde el arte se convierte en herramienta para enseñar medicina y empatía clínica.


Le seré sincero, no pinta bien. Álvaro Carmona. Editorial Crítica.