viernes, 17 de abril de 2026

Territorios David Roas

 

¿Qué es el agrohorror?..., me preguntas mientras clavas tu guadaña en mi... No, no es un poemario de lo que hoy vengo a hablar, sino de un libro de relatos, Territorios (Páginas de espuma), de David Roas. Por tanto, las oscuras golondrinas de la gallega Rosalía se trocan aquí en negros cuervos. 

El agrohorror es el hilo argumental de los siete relatos que componen este (casi) manual de supervivencia frente al horror rural. Porque Roas ha sabido cultivar entre tomates y calabacines gigantes a unos personajes igual de inquietantes. Los escenarios nos sumergen en la Galicia profunda, en páramos semidesérticos o con campos de centeno donde un fantasma quizá se sienta libre, a salvo, ¿lo estarías tú? Quienes lean estas siete historias que se preparen, porque esa legendaria tranquilidad del campo, esa inspiradora soledad a la que acuden/acudimos los urbanitas domingueros esconde, en realidad, leyendas, rituales y rincones con hambre de confiados turistillas. 

Las narraciones de Territorios, como digo, seducen por el horror con ironía, con lo grotesco y lo paródico. Los guiños al cine o series de TV también levantan ese espantapájaros moderno sobre un terreno plagado de personajes dignos de Los santos inocentes o Cerdita. "Cuanto daño ha hecho Tarantino", leemos en un pasaje, aunque me viene a la boca el sabor de Stephen King o el de Shirley Jackson a la hora de recomendaros estos siete deliciosos relatos de miedo y horror agrario, sin abandonar el humor negro o la sátira. Será que la tierra nos llama y en el campo su sonido se hace más nítido; acercaos, acercaos y escucharlo, os espera sin móviles ni internet para recordaros que quien viene al pueblo, a la aldea, al agro, es bien recibido...


Territorios. David Roas. Editorial Páginas de espuma

jueves, 9 de abril de 2026

Casilla vacía. Santiago Mazarrasa

 

Un domingo de pesca, entre amigos, es una de las primeras escenas de "Casilla vacía" (Alianza), de Santiago Mazarrasa. Amigos de la infancia, incluido el que no pesca, pero les acompaña, bebe, cuentan chistes. Y luego regresan a casa, a sus vidas monótonas, pensando en la semana siguiente. Salvo uno. Ese no lo hará, su casilla en el tablero quedará vacía. 

La novela narra en varias voces esa compostura, ese tejido que se abre y ha de recomponerse para que todo cobre sentido. Santander es punto de fuga y crisol de una serie de personajes atravesados por un mismo espejismo, por una misma desilusión y pérdida. Narración pespunteada con ecos a Salinger o Hesse. Creo que estaríamos ante una novela de culto para una generación si no fuera porque cae en el propio oxímoron de la pérdida de referentes. Esa búsqueda de certezas, de playas, de tierra firme se diluye en el mar, el Cantábrico, por ejemplo. Y quien sobrevive se enfrenta a sus miedos, a sus demonios con los puños cerrados o un paquete de cigarrillos en una fría noche de invierno, en un barrio lejos de casa. 

La generación de Calvo, Moro, Mario, Tomás o Roto es esta y representan a millones de náufragos, de empleos precarios, de relaciones líquidas, de desilusiones cosidas en pieles de barro. La lluvia cae, los que se van no volverán, pero la partida sigue. Casilla vacía ruge y calla, cose y desgarra, es un dado trucado en manos de aquellos lectores que acepten jugar con las reglas sin antifaces. Como escribe Mazarrasa: "No hay rastro de sorpresa, ni de confusión, ni de duda. Es la pena pura, el desconsuelo tenaz de los supervivientes, que suspende el tiempo, o es solo disimulo, otra forma de máscara".


Casilla vacía. Santiago Mazarrasa. Alianza editorial

jueves, 2 de abril de 2026

Guia para identificar los simbolos en el arte. VV. AA.

 

Esta semana, con algunos festivos de por medio, os invito a que redescubráis algunas obras de arte de la mano de la Guía para identificar los símbolos en el arte (Cátedra). Sus cuatro autores presentan una nueva entrega de la exitosa serie de guías que transforman nuestra mirada sobre el arte. 

En este volumen, han organizado su contenido de una forma amena y muy didáctica. Porque más allá de esos símbolos, claramente identificables -o no- en pinturas, esculturas, escudos heráldicos o fachadas de edificios, se esconden significados de lo más variados y sugerentes. Hallamos así símbolos relacionados con objetos: guadañas, espejos, puertas, relojes... También con animales, frutas y plantas, como: gatos, perros, leones, unicornios, rosas, granadas, manzanas o vides, por ejemplo. 

Símbolos presentes en ellas para dar profundidad a las obras, para esconder opiniones o expresar sentimientos que a menudo requieren justo de eso: algo que lo represente más allá de las palabras, con una imagen. El ciprés de La noche estrellada de Vincent van Gogh, por ejemplo, ¿qué nos transmitió¿ ¿Y Dalí, con ese reloj tan singularísimo, en su Perfil del tiempo? ¿Por qué de ese escorpión, en la mano de uno de los personajes de Un joven siendo presentado a las Siete Liberales, de Boticelli? 

Entre los atractivos de este libro, destaco, por ejemplo, su formato apaisado; también, los dos índices del final: el alfabético tal y como discurren los distintos símbolos y, otro inverso, de los significados de esos símbolos. Con todo, sobresale justo eso, esos significados de los símbolos en el arte, pues hallaremos que el concepto de la justicia ha sido simbolizada con una espada, con una balanza o con un fuego, por citar algunos ejemplos. Más aún, a su vez, un perro puede simbolizar la fidelidad, como el célebre Retrato del matrimonio Arnolfini, de Jan van Eyck, o justo lo opuesto. Curioso, ¿no? 

Lo que sí es una realidad, es que en la Guía para identificar los símbolos en el arte vamos a disfrutar con cada página, avivando nuestro deseo de seguir conociendo ese fascinante universo simbólico en las obras de arte, a las que ya no veremos igual, tras esta lectura.


Guíapara identificar los símbolos en el arte. VV. AA. Cátedra.

martes, 24 de marzo de 2026

El Tunche. Miguel Gayo

 
La novela El Tunche (Vencejo), de Miguel Gayo, arranca con un hecho tomado de la realidad. Se cumplen diez años de la muerte violenta de una joven, en un parque sevillano, a manos de un hombre perturbado y desalmado que acabó con su vida aprovechando su indefensión para agredirla, además, sexualmente. 

Gayo toma ese hecho verídico para componer una historia de ficción, en esa ciudad, con varios personajes convergiendo en un curioso triangulo pasional. Narrada en contrapunto, asistiremos a un reencuentro entre dos amigos que amaron a una misma mujer. La fatalidad se cruzó en sus caminos, no solo la moral, también la que acompaña a nuestra existencia mundana y finita. 

El Tunche como título alude a una criatura mitológica de la selva andina, de donde es también Flor María, un cuarto personaje clave en toda la trama. Solo que ese Tunche demoníaco y selvático parece traspasar la distancia, lo folclórico, para merodear por Sevilla. El Tunche avisa, silba y, si tiene ocasión, devora a sus víctimas. 

La novela se articula en capítulos afluentes donde los encuentros y desencuentros de Bruno y José, con su amada Sara, revelarán que la vida nos pone a prueba, que el destino puede llegar a ser cruel, que el incluso lo que está por suceder tiene un componente ajeno a la voluntad humana. Pero otra parte no. El Tunche roza la tragedia porque el amor puede ser un pasatiempo y una tragedia, como dijo Isadora Duncan.


El Tunche. Miguel Gayo. Vencejo ediciones.