Llegó a mi casa, por
sorpresa, la novela Las tres familias (Ediciones B), de Miguel Ángel
González. El propio autor me pidió que me lo leyese tranquilo, sin
prisa, que lo disfrutase. Procuré no leerme antes la sinopsis, por aquello
de no sugestionarme a la hora de ir descubriendo los conflictos y los
giros argumentales. Pronto descubrí que la palabra -o el concepto, más
bien-, que se repetía con fuerza estaba en el título. La familia.
En
este convulso siglo XXI en el que la sociedad se enfrenta a nuevos
retos identitarios de afiliación, pertenencia e individualismos
colectivizados, de nuevos roles interfamiliares, recordar los valores
que nos hacen mejor persona es casi un acto de rebeldía.
La familia
en Las tres familias concatena varias historias con personajes
principales separados en el espacio y el tiempo, aparentemente, sin
mucho en común. Pero ese camafeo que lleva Hueso, gran protagonista
central, es solo el extremo del hilo de Ariadna que las conecta. Desde
el vil y horrendo crimen cometido en España, por un noble creyéndose
impune, en el siglo XVI, a los sucesos narrados a mediados del siglo XX. Tres hermanos, entonces, que huyen, que hundirán por separado sus raíces en una
isla mediterránea, pero que ni la distancia ni el aislamiento
conseguirán borrar lo más importante: los valores que guían a
las personas, como el de la familia.
El contrapunto en Las tres
familias potencia una trama de sucesos en los que la
amistad, la perseverancia, el honor y la lealtad -incluso si solo has
conocido la miseria en un orfanato-, vertebran las dos historias que como
afluentes alimentan el río de esta novela. Hay espacio para la
emoción, para el amor, para experimentar el deseo de justicia, incluso hasta en sus últimas consecuencias. Creo que también González
ha querido dejar ante nuestros ojos que tras la palabra mafia se ha
intentado volcar más oprobio y crimen sistémico del que por origen
le corresponden a tres familias italianas de origen español, como
descubriremos aquí.
En resumen, Las tres familias es un viaje al
pasado, un salto en el tiempo hasta el final de la segunda gran
guerra, para conocer la génesis de un sentimiento, de unos valores
que quisieron mantenerse -y se mantienen en la actualidad- a pesar de
la mala fama y los garbanzos negros. Porque seamos honestos, en todas
las familias hay de todo, pero pase lo que pase, los lazos están ahí.
Las personas vienen y van, pero si su legado si es honesto y comprometido,
perdurará en las siguientes generaciones.
Miguel Ángel González
(Madrid, 1982) es novelista y dramaturgo, facetas con las que ha
obtenido numerosos galardones y el aplauso de la crítica. Compagina
la escritura con la dirección de la escuela literaria Club de
Escritores. En 2016 publicó Todos los miedos, ganadora de la 65.ª
edición del Premio Café Gijón. Más tarde escribió Cariño
(2018), que fue elegida como una de las diez mejores novelas del año
por la revista Forbes; Un nublao de tiniebla y pedernal (2021), con
la que obtuvo el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa, y el thriller
Dios no está con nosotros porque odia a los idiotas. En 2022 vio la
luz Prolepsis, y en 2024 publicó Perder el equilibrio nominada a
mejor novela en los premios Valencia Negra 2024. En 2025, reunió una
selección de sus mejores cuentos en la antología El chico que
ganaba todos los premios, su poemario ¿Qué harías si yo muriera?
fue distinguido con el Premio Ciudad de Badajoz. Como dramaturgo, ha
sido reconocido con el Premio Fray Luis de León, el Premio Max Aub y
el Premio Born y sus obras se han representado en escenarios de
España, Argentina, México y Estados Unidos.
Las tres familias. Miguel
Ángel González. Ediciones B