lunes, 27 de junio de 2022

Prolepsis. Entrevista a Miguel Ángel González

Hace unos días compartía en Maleta de libros la reseña del libro Prolepsis (Alrevès). Hoy, agradecido al autor y a la editorial, comparto con vosotros la entrevista que me concedió. Como siempre,  estaré encantado de atender a vuestros comentarios y espero que os guste.

Foto: ©Javier Verdugo


  P.: El título de esta novela, Prolepsis, es una herramienta narrativa. De escritura, escritores y del universo literario se nutre de algún modo esta historia. Le faltaba redondearse con un premio de novela y… también lo tiene. ¿Qué ha supuesto el Ciudad de Badajoz para ud. y qué cree que le deparará a la novela en sí?

  R.: Siempre digo que los premios literarios a mí me suponen libertad. La libertad de poder escribir lo que quiero en cada momento sin preocuparme de nada. Un premio supone un sustento económico que me permite dedicarle a cada proyecto el tiempo que necesita para ser cocinado. Sin el premio Ciudad de Badajoz o muchos de los anteriores que he tenido la suerte de ganar, mis libros serían otros. Los plazos se hubieran acortado y la creatividad se habría resentido. Eso es lo que me dan los premios que logro ganar. 

 P.: Háblenos de los temas medulares de Prolepsis. Creo que veremos la importancia de la memoria, los recuerdos, las decisiones que tomamos, los errores y las imposturas, tanto personales como las de la vida en sí, eso que alguien llamó en su día un constructo social.  

  R.: Todo lo que citas aparece en la novela y en cierta manera forma su columna vertebral. Para mí, si tuviera que resumir Prolepsis en solo dos temas, dirían que son la mentira y el fracaso. Prolepsis es una historia que habla del fracaso y de la forma en que lo envolvemos de falsedad para poder sobrellevarlo. 

  P.: Dos protagonistas masculinos parecen acaparar el escenario de esta novela, pero me va a permitir que le pregunte por dos personajes femeninos. Por la madre del narrador y por Claudia. 

  R.: Son dos personajes fundamentales para entender el libro. Quizá el párrafo que más me guste sea en el que presento a ambas:

  «Claudia es mi mujer. Claudia es mi mujer y está muerta. La maté yo. No del todo. La maté un poco yo y se murió un poco ella sola. Mi padre no lo sabe. Mi padre cree que su mujer está muerta —aunque esté viva— y que la mía está viva —aunque esté muerta—.»

  La madre de Mina es la estructura que mantiene en pie a toda su familia, es el personaje más fuerte del libro. Porque además de tener una entereza encomiable, simula ser frágil para que Augusto pueda seguir ejerciendo ese papel de protector que tanto le gusta interpretar, aunque no se ciña en nada a la realidad. Y Claudia es la persona más importante en la vida de Mina, mientras ella está, todo tiene un cierto orden, cuando ella desaparece, llega el caos. 

 


  P.: Tras leer Prolepsis creo que Augusto hizo cuanto pudo para ser feliz y para hacer feliz a su familia. No sé si ud. cree en el karma y, de ser así, si hay algo de karma o de “maldito karma”, a lo Safier, en la epopeya personal de Augusto.

 R.: En el caso de Augusto no creo que el karma haya jugado un papel fundamental. A mí Augusto me parece un buen tipo, como un niño gigante de más de 100 kilos de peso. Pero todos sus problemas llegaron por las decisiones horribles que tomó. Hay un momento que, además de ser la imagen elegida para la portada, sirve para resumir toda la novela, y es cuando Augusto lanza una moneda al aire creyendo que si cae dentro de una piscina su suerte cambiará. Y ese es su problema, se trata de un personaje que ante problemas reales buscaba soluciones mágicas. 

  P.: Para acabar, le voy a pedir un consejo o algo similar, en consonancia con los temas de Prolepsis. Es para “un amigo”, como se solía decir en los chistes de médicos. Al hilo de una frase lapidaria, a mi parecer. “Solo hay una cosa peor que intentar ser escritor y no lograrlo: intentar ser escritor y terminar impartiendo talleres literarios”. 

 R.: La frase la pronuncia Mina, que es un personaje bastante amargado y pesimista. Pero debo confesar que hay algo de verdad en ella. No ocurre siempre, pero yo llevo muchos años dedicado a trabajar en este sector: escribo libros, participo en certámenes literarios, imparto talleres… y algunas veces es muy divertido ver a personas que nunca han logrado publicar una novela lanzando talleres en los que aseguran tener las claves para que sus alumnos logren escribir y publicar sus propios libros. Ironías del mundo literario. 

Prolepsis. Miguel Ángel González. Alrevès Editorial.


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jueves, 23 de junio de 2022

La bahía humeante. José Luis Muñoz

Desde hace años vengo disfrutando de la narrativa de Muñoz. He tenido la enorme suerte de poder leer buena parte de sus novelas y relatos (aunque no toda su obra, ya que es un autor prolífico), por lo que La bahía humeante (Traspiés) ha sido un nuevo acierto. 

  Contra los calores estivales, las refrescantes escenas en la isla de hielo, esto es, en Islandia. Muñoz es un consumado viajero, toma notas y se inspira en sus viajes. La bahía humeante surgió en uno de estos viajes donde comenzó a pergeñar esta road novel para ponerle el punto final en  el Valle de Arán. Mucha nieve de por medio y entre las páginas de esta novela que ha obtenido el Premio de narrativa Carmen Martín Gaite 2021. 

  Merecimientos literarios aparte, La bahía humeante es una historia con un protagonista, Max Rigalt, también escritor, en busca de otro juntaletras (con perdón), Eric Burdom. En su día alumno y profesor de taller literario, respectivamente. Una novela publicada superventas será el motor del viaje y de esa búsqueda a través de los escenarios islandeses. Burdom tendrá que rendir cuentas, también Rigalt, porque Muñoz (casi como un personaje omnisciente más) nos agasaja con deliciosas prolepsis narrativas. Nos adelanta qué va a pasar a través de la segunda persona verbal que nos cuenta. 

  Sí, la literatura también emerge como la punta de un iceberg entre el mar dramático de esta historia. Nos hace reflexionar La bahía humeante sobre el papel de los nuevos escritores, sobre sus ínfulas y sobre la presión mediática llegando el caso hasta la necesidad de hacer algo reprobable. En esta isla novelada hay bellos paisajes helados y más personajes, amén de los ya nombrados. Porque más allá de que leamos que “Islandia está poblada, por este orden, por chinos, corderos y cisnes”, también la habitan personajes femeninos con los que Max tendrá una doble prueba personal. 

  Y es que La bahía humeante tiene el sabor de la buena novela negra, se paladea el sexo, la violencia y la crítica social además del interés por saber el final de la trama. Muñoz no decepciona; como el celebre recurso narrativo apodado el arma de Chejov, en la portada Muñoz pone la Glock y, por ello, el final… bueno, el final lo pondrán las y los lectores en el calor del clímax, rodeados del frío de Islandia aunque sea verano. 

  La bahía humeante. José Luis Muñoz. Ed. Traspiés.

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lunes, 20 de junio de 2022

El libro de las especias. John O´Connell

Me ha abierto el apetito sumergirme en El libro de las especias (Debate), de John O´Connell. Doble apetito, el literario y el culinario. El primero a la sazón de que este libro no es un libro de cocina, sino una introducción al fascinante mundo de 60 especias escogidas. Al intercalar datos curiosos con anécdotas y otros más técnicos he pensado en emular al autor con un maridaje litero-culinario. 

   Respecto al apetito culinario, ha surgido de las citas a las que O´Connell recurre para hablarnos de los diversos usos de estas especies. Bueno, y del apartado final llamado Guía de mezcla de especias. Porque no todas las que conocemos, ni las que figuran en El libro de las especias han sido siempre o lo son actualmente usadas solo en la cocina. ¿A qué nos suena la mirra? ¿A los Reyes Magos? 

  La semilla de adormidera se usó con fines medicinales aunque al parecer, desde 2009 eBay prohibió la venta de cabezas de esta planta a causa de un trágico suceso con dos estudiantes estadounidenses. En el apartado dedicado al clavo (de olor) nos aparece el gran marino Fernando de Magallanes. Es de sobra conocida las páginas de la Historia, con mayúsculas, que se han escrito al tratar de hacerse con el comercio de ciertas especias y su monopolio por países europeos desde la Edad Media al siglo XVIII. 

  Con todo, en El libro de las especias también hay sitio para los usos culinarios de muchas de estas especias, unas más conocidas que otras. O´Connell acompaña a la algarroba, el anís, el azafrán, la canela o el pimentón, con la cedoaria, el mahleb, el sansho o el zumaque. A algunas de estas especias se le dedican unas páginas, a otras apenas unos párrafos, algo que se compensa con la excelente bibliografía selecta al final del libro si nos hemos quedado con ganas de profundizar. 

  Y vuelvo a ese apartado denominado Guía de mezcla de especias. Primero porque me parece un acierto como complemento a las descripciones de las 60 especias incluidas en el libro. Y, además, porque muchas veces el uso actual de las especias, sobre todo en cocina, es así, mezclando y probando. Ya nos advierte  O´Connell que estas mixturas no han de entenderse como una receta única y definitiva. Desde el baharat de Oriente Medio al cassareep de Guayana pasando por el gochujang coreano a la mixed spice popular en los países ingleses o la mezcla de especias francesas denominada quetre-épices

  Un fascinante recorrido multidisciplinar por 60 especias con mucha historia e Historia ameno y sorprendente.


  John P. O' Connell ha trabajado como editor crítico gastronómico y escritor para una variedad de periódicos y revistas, incluidos Time Out, The Guardian, The Times y Daily Telegraph .También ha escrito varios libros, incluida una novela (Hotel Portofino, 2021), una celebración de la escritura de cartas y un análisis de los libros favoritos de David Bowie y las formas en que influyeron en su música (El club de lectura de David Bowie, 2019). Vive en el sur de Londres. Su especia preferida es el comino.


  El libro de las especias. John O´Connell. Debate. Trad.: Jofré Homedes, Marta Mabers y Laura Rins.

jueves, 16 de junio de 2022

Prolepsis. Miguel Ángel González

Me ha sorprendido gratamente Prolepsis (Alrevès), de Miguel Ángel González. Desde la sinopsis ya consiguió despertar mi atención por el planteamiento dramático de los personajes. 

  Por una parte, el narrador y, por otra, su padre. Una tarde cualquiera, quizá la última del segundo, el hijo va a verle a la residencia de mayores. A través de recuerdos iremos conociendo a Augusto, al padre, y cómo la vida le trató –a mi juicio– injustamente. El acierto de esta Prolepsis no solo recae en la solidez de sus personajes, también en el tono, en la narración misma dividida en tres partes. 

  Cuando el narrador tenía 9 años su padre acabó en la cárcel, un hecho que marcaría en mi opinión un antes y un después en la relación entre ellos. Incluso en lo más dramático de esos pasajes rememorados en un jardín artificial, junto a un lago igual de artificial, en la residencia hay lugar para la ironía, la esperanza, el cariño y la complicidad. 

  Prolepsis nos habla de las decisiones que tomamos en la vida, de las consecuencias, de la fe en nuestras convicciones y del amor a la familia. He querido ver en esa piscina de la portada una sutil metáfora del agua como elemento que fluye al igual que los recuerdos del protagonista junto a su padre. Y es que la mayoría de las veces no somos conscientes de que el presente es fugaz, que la verdad es un acuerdo, una construcción entre nuestros deseos y nuestras percepciones. 

  Quizá por eso el narrador de Prolepsis se hizo escritor aunque a sus 43 años se haya convertido en un docente de escritura. Porque su padre cometió aciertos y fracasos, pero siempre luchó por hacer creíble cada decisión afrontando sus consecuencias. “Lo difícil es vender el golpe”, solía decir Augusto. Quizá Prolepsis se nos antoje un largo epílogo o una suerte de panegírico precoz; o de unas Memorias de Adriano contadas por el hijo consciente de que el tiempo no se detiene y la vida se vive hacia delante aunque solo se entienda mirando hacia atrás. Por todos esos aciertos y alguno más Prolepsis ha sido galardonada con el XXV Premio de Novela Ciudad de Badajoz


  Miguel Á. González (Madrid, 1982) es narrador, poeta y dramaturgo. Publicó su primer relato en el año 2003; desde entonces intenta sobrevivir ejerciendo como cuentista, cumpliendo de forma estricta con las tres acepciones que emplea el diccionario de la Real Academia Española. Galardonado en algunos de los certámenes más prestigiosos del panorama nacional e internacional, en su obra destacan las novelas Todos los miedos (Siruela), premio Café Gijón 2015; Cariño (Alianza), elegido entre los diez mejores libros del 2018 por la revista Forbes; el texto autobiográfico Un nublao de tiniebla y pedernal (Comba), premio Ciudad de Alcalá 2020, o la novela negra Dios no está con nosotros porque odia a los idiotas (Menoscuarto). Como dramaturgo, ha sido merecedor del premio Fray Luis de León por la obra Aguantar la respiración (2017) y del premio Max Aub por la obra Modo avión (2019).


  Prolepsis. Miguel Ángel González. Ed. Alrevès.