Me ha gustado Volando van
(Anaya Touring) Antonio Sandoval y Carlos de Hita por razones
bien dispares y ya adelanto que publicar esta reseña en septiembre
no es casual.
La primera de las razones es porque soy un convencido
defensor del medioambiente. Sí que comulgo con la idea de que
provenimos evolutivamente de otra especie animal, por lo que un libro
como este llamó mi atención desde el primer canto.
Un segundo
motivo es que va de relatos, de relatos viajeros, además, donde
quienes viajan son las aves. Treinta seis historias de otras tantas
especies de aves capaces de proezas como atravesar continentes, año
tras año, a pesar de las adversidades, que no son pocas, algunas por
culpa de la mano del hombre.
Hay una tercera razón, y es la que me
ha llevado a elegir septiembre para traer este libro a Maleta de
libros. Soy un nostálgico y para mí septiembre era el principio de
un ciclo anual. La vuelta al cole marcaba un nuevo año escolar:
preparativos, nervios, anhelos. La vida son ciclos y en Volando van
se dan esos ciclos. Antonio Sandoval y Carlos de Hita han planteado
aquí una parte teórica, introductoria, junto a 36 historias en las
que por especies y meses acompañamos al cernícalo primilla en
septiembre, al chorlito gris en diciembre, a la garza imperial en
abril o al cuco común en junio, por poner cuatro ejemplos.
Hete aquí
que en septiembre, una de estas aves migratorias es el abejaruco
europeo. Recuerdo haberlo visto, a finales de mis vacaciones de
verano, en aquellos años de ir al pueblo, a la meseta ibérica. De
paso ellos, por la península; de paso este humilde juntaletras,
hasta regresar a la ciudad, a otro ciclo de estudiante. Hemos
convergido en este libro, donde he descubierto que muchos de estos
abejarucos vienen de Alemania, curioso; que su destino es cruzar el
Sáhara, hacia el sur de Gabón. Que su nombre se asocie a su
alimentación favorita, las abejas, no es nuevo; quizá sí que entre
su dieta estén las (pérfidas) avispas, incluidas las velutinas. Y lo comento
porque no concibo a quienes arramblan la naturaleza en cualquier
momento del año, pero más insidiosamente en verano, me refiero a
los incendios forestales provocados. Gente inculta e insensible que
no saben el dolor que provocan sus actos a las personas, pero también
a la fauna.

Las aves nos libran de molestos insectos, tanto para el
campo como para los urbanitas. Son el mejor antídoto frete a plagas,
sin necesidad de productos químicos a las cosechas que
irremediablemente llegarán a nosotros. Me he desviado quizá del
libro, pero como las protagonistas de Volando van regreso a él, a
sus páginas.
Treinta y seis historias para leer, para colgarse unos
prismáticos quizá y redescubrir a las golondrinas, a las gaviotas,
a los vencejos o a las tórtolas. Un libro interactivo porque sus
autores han tenido un nuevo acierto: una colección de sonidos de
cada una de estas aves, en forma de código QR. Podremos escucharlas,
lo cual no siempre es fácil con el ruido de fondo, el nuestro.
Un
libro en defensa de la fauna, del medioambiente y del espíritu libre
de unos seres capaces de volar, ese sueño del ser humano casi desde
los albores de su presencia en nuestro planeta. Hace miles de años,
quizá en un páramo de África, unos homínidos miraron extrañados
el cielo, una bandada de grullas en formación y desearon ser como
ellas... Hoy podemos seguir disfrutando de su vuelo, siglos y siglos
después, con el conocimiento y el respeto que se merecen. Volando
van y vienen, la vida no se detiene.
Volando van. Antonio Sandoval y Carlos. Anaya Touring