Porque los cuadros pueden esconder misterios si se mira con atención. Otras veces, la enfermedad es clara, visible, aunque sorpresiva a nuestros ojos del siglo XXI por la forma en la que la vivían o la trataban en su época. A lo largo de la historia de la humanidad, paralela a la del arte, este ha tratado de representar una realidad cuanto menos fascinante. La enfermedad plasmada en las pinceladas -unas veces a color, otras con oscuridad o vacío- revela, a menudo, grandezas y miserias de quienes las vivieron (y padecieron), pero también de quienes las interpretaron (y sufrieron) desde este lado del pincel. Una joven se toca un pecho en 1518 sin saber, acaso, lo que ese pezón retraído significa. ¿Qué nos transmite la mirada de don Sebastiánde Morra en el cuadro de Diego Velázquez? ¿Fue más cruel la enfermedad con Carlos II o Juan Carreño al pintarlo? ¿Qué extraían en verdad los médicos en los pacientes como el que se nos muestra en la imagen de la portada del libro?
Como avancé, particularmente interesante me ha parecido, a la hora de destacar algún capítulo, el llamado Eso podría haberlo pintado un niño. Nuevamente, Carmona tira de ironía para hablarnos de algunas patologías de grandes maestros de la pintura. Porque ahora sabemos -o creemos saber- que la enfermedad y su arte se dieron la mano como reflejo imborrable de la fragilidad humana desde los tiempos de las primeras manifestaciones artísticas en cuevas por nuestros antepasados.
La sordera de Goya, la artritis de Miguel Ángel o Degas, sin olvidarnos del intenso dolor reflejado por Frida Khalo son ventanas abiertas a nuestra mirada, conscientes de que la pintura es mucho más que arte si se sabe observar. Sucede así con Le seré sincero, no pinta bien. Es un libro, pero también un viaje y una invitación a ponernos delante de pinturas expuestas en los museos ¿o de nuestras propias fotografías? Quizá tras leer este libro descubramos detalles nuevos y comencemos a percibir cómo la luz, la imagen y los colores han moldeado nuestra historia o fueron el refugio de quienes vivieron con la enfermedad trascendiéndola en sus obras.
Álvaro Carmona (Sevilla, 1990) es bioquímico por la Universidad de Sevilla y doctor en Medicina Molecular. Obtuvo una beca internacional de doctorado en la Universidad de Roma, La Sapienza (2016-2020). Su recorrido como investigador atraviesa la neurociencia y patología molecular del cáncer, es docente universitario y divulgador de ciencia en redes sociales, radio, televisión y prensa. Ha trabajado en La Universidad La Sapienza, el Institut Català D’Oncología y las Universidades Alfonso X El Sabio y Loyola de Andalucía. Actualmente coordina asignaturas del Grado en Enfermería en la Universidad Loyola Andalucía. Ha diseñado proyectos docentes donde el arte se convierte en herramienta para enseñar medicina y empatía clínica.
Le seré sincero, no pinta bien. Álvaro Carmona. Editorial Crítica.

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