martes, 1 de septiembre de 2026

Volando van. Antonio Sandoval y Carlos de Hita

Me ha gustado Volando van (Anaya Touring) Antonio Sandoval y Carlos de Hita por razones bien dispares y ya adelanto que publicar esta reseña en septiembre no es casual. 

La primera de las razones es porque soy un convencido defensor del medioambiente. Sí que comulgo con la idea de que provenimos evolutivamente de otra especie animal, por lo que un libro como este llamó mi atención desde el primer canto. 

Un segundo motivo es que va de relatos, de relatos viajeros, además, donde quienes viajan son las aves. Treinta seis historias de otras tantas especies de aves capaces de proezas como atravesar continentes, año tras año, a pesar de las adversidades, que no son pocas, algunas por culpa de la mano del hombre. 

Hay una tercera razón, y es la que me ha llevado a elegir septiembre para traer este libro a Maleta de libros. Soy un nostálgico y para mí septiembre era el principio de un ciclo anual. La vuelta al cole marcaba un nuevo año escolar: preparativos, nervios, anhelos. La vida son ciclos y en Volando van se dan esos ciclos. Antonio Sandoval y Carlos de Hita han planteado aquí una parte teórica, introductoria, junto a 36 historias en las que por especies y meses acompañamos al cernícalo primilla en septiembre, al chorlito gris en diciembre, a la garza imperial en abril o al cuco común en junio, por poner cuatro ejemplos. 

Hete aquí que en septiembre, una de estas aves migratorias es el abejaruco europeo. Recuerdo haberlo visto, a finales de mis vacaciones de verano, en aquellos años de ir al pueblo, a la meseta ibérica. De paso ellos, por la península; de paso este humilde juntaletras, hasta regresar a la ciudad, a otro ciclo de estudiante. Hemos convergido en este libro, donde he descubierto que muchos de estos abejarucos vienen de Alemania, curioso; que su destino es cruzar el Sáhara, hacia el sur de Gabón. Que su nombre se asocie a su alimentación favorita, las abejas, no es nuevo; quizá sí que entre su dieta estén las (pérfidas) avispas, incluidas las velutinas. Y lo comento porque no concibo a quienes arramblan la naturaleza en cualquier momento del año, pero más insidiosamente en verano, me refiero a los incendios forestales provocados. Gente inculta e insensible que no saben el dolor que provocan sus actos a las personas, pero también a la fauna. 

Las aves nos libran de molestos insectos, tanto para el campo como para los urbanitas. Son el mejor antídoto frete a plagas, sin necesidad de productos químicos a las cosechas que irremediablemente llegarán a nosotros. Me he desviado quizá del libro, pero como las protagonistas de Volando van regreso a él, a sus páginas. 

Treinta y seis historias para leer, para colgarse unos prismáticos quizá y redescubrir a las golondrinas, a las gaviotas, a los vencejos o a las tórtolas. Un libro interactivo porque sus autores han tenido un nuevo acierto: una colección de sonidos de cada una de estas aves, en forma de código QR. Podremos escucharlas, lo cual no siempre es fácil con el ruido de fondo, el nuestro. 

Un libro en defensa de la fauna, del medioambiente y del espíritu libre de unos seres capaces de volar, ese sueño del ser humano casi desde los albores de su presencia en nuestro planeta. Hace miles de años, quizá en un páramo de África, unos homínidos miraron extrañados el cielo, una bandada de grullas en formación y desearon ser como ellas... Hoy podemos seguir disfrutando de su vuelo, siglos y siglos después, con el conocimiento y el respeto que se merecen. Volando van y vienen, la vida no se detiene.

Volando van. Antonio Sandoval y Carlos. Anaya Touring