En este convulso siglo XXI en el que la sociedad se enfrenta a nuevos retos identitarios de afiliación, pertenencia e individualismos colectivizados, de nuevos roles interfamiliares, recordar los valores que nos hacen mejor persona es casi un acto de rebeldía. La familia en Las tres familias concatena varias historias con personajes principales separados en el espacio y el tiempo, aparentemente sin mucho en común. Pero ese camafeo que lleva Hueso, gran protagonista central es solo el extremo del hilo de Ariadna que las conecta. Desde el vil y horrendo crimen cometido en España, por un noble creyéndose impune, en el siglo XVI, a mediados del siglo XX. Tres hermanos entonces que huyen, que hundirán por separado sus raíces en una isla mediterránea, pero que ni la distancia ni el aislamiento conseguirán borrar lo más importante, los valores que dan valor a las personas, el valor de la familia.
El contrapunto en Las tres familias potencia una trama de sucesos en los que el valor, la amistad, la perseverancia, el honor y la lealtad, incluso si solo has conocido la miseria en un orfanato vertebran las historias que como afluentes alimentan el rio de esta novela. Hay espacio para la emoción, para el amor, para experimentar el deseo de justicia incluso hasta sus últimas consecuencias. Creo que también González ha querido dejar ante nuestros ojos que tras la palabra mafia se ha intentado volcar más oprobio y crimen sistémico del que por origen le corresponden a tras familias italianas de origen español, como descubriremos aquí. En resumen, Las tres familias es un viaje al pasado, un salto en el tiempo hasta el final de la segunda gran guerra para conocer la génesis de un sentimiento, de unos valores que quisieron mantenerse y se mantienen en la actualidad a pesar de la mala fama y los garbanzos negros. Porque seamos honestos, en todas las familias hay de todo, pero pase lo que pase los lazos están ahí. Las personas vienen y van, su legado si es honesto y comprometido, perdurará en las siguientes generaciones.
Miguel Ángel González (Madrid, 1982) es novelista y dramaturgo, facetas con las que ha obtenido numerosos galardones y el aplauso de la crítica. Compagina la escritura con la dirección de la escuela literaria Club de Escritores. En 2016 publicó Todos los miedos, ganadora de la 65.ª edición del Premio Café Gijón. Más tarde escribió Cariño (2018), que fue elegida como una de las diez mejores novelas del año por la revista Forbes; Un nublao de tiniebla y pedernal (2021), con la que obtuvo el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa, y el thriller Dios no está con nosotros porque odia a los idiotas. En 2022 vio la luz Prolepsis, y en 2024 publicó Perder el equilibrio nominada a mejor novela en los premios Valencia Negra 2024. En 2025, reunió una selección de sus mejores cuentos en la antología El chico que ganaba todos los premios, su poemario ¿Qué harías si yo muriera? fue distinguido con el Premio Ciudad de Badajoz. Como dramaturgo, ha sido reconocido con el Premio Fray Luis de León, el Premio Max Aub y el Premio Born y sus obras se han representado en escenarios de España, Argentina, México y Estados Unidos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario