Gayo toma ese hecho verídico para componer una historia de ficción, en esa ciudad, con varios personajes convergiendo en un curioso triangulo pasional. Narrada en contrapunto, asistiremos a un reencuentro entre dos amigos que amaron a una misma mujer. La fatalidad se cruzó en sus caminos, no solo la moral, también la que acompaña a nuestra existencia mundana y finita.
El Tunche como título alude a una criatura mitológica de la selva andina, de donde es también Flor María, un cuarto personaje clave en toda la trama. Solo que ese Tunche demoníaco y selvático parece traspasar la distancia, lo folclórico, para merodear por Sevilla. El Tunche avisa, silba y, si tiene ocasión, devora a sus víctimas.
La novela se articula en capítulos afluentes donde los encuentros y desencuentros de Bruno y José, con su amada Sara, revelarán que la vida nos pone a prueba, que el destino puede llegar a ser cruel, que el incluso lo que está por suceder tiene un componente ajeno a la voluntad humana. Pero otra parte no. El Tunche roza la tragedia porque el amor puede ser un pasatiempo y una tragedia, como dijo Isadora Duncan.

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