A Amador le conocemos en Santiago, donde como policía ha cometido algún que otro error por su temperamento. Quizá por su ruptura sentimental aún no superada, por beber demasiado... Suspendido de empleo y sueldo, un compañero de la brigada le presta una casita apartada, cerca del mar, para que reflexione y encauce su vida. Las reflexiones de Amador me han evocado más recuerdos, porque el aprendizaje, la forja de nuestro carácter, creo que dura toda la vida. A menudo tomamos decisiones a la ligera, impulsivas, equivocadas. Y queda perdonar y perdonarse para seguir avanzando. Emulando a Amador, agradecido a Ameixeiras, estos días he retomado el saludable hábito de salir a hacer footing. Las y los lectores de El ultimo gimlet, descubrirán el paralelismo.
Paisaje y paisanaje, el protagonista se tropezará con una curiosa pareja formada por Lola e Ismael. Los tres protagonizarán a partir de ese encuentro una relación marcada por el deseo, el amor, la pasión y, como ese punto ácido en el cóctel que da título a la novela, la desesperación y el crimen. Porque Ameixeiras ha gestado en estas casi doscientas páginas una novela negra casi homenaje a la más pura y clásica tradición del noire. El entorno natural, el carácter del protagonista y las pasiones a flor de piel confieren a esa historia una fortaleza adictiva, la mejor manera de atrapar a las y los lectores que se zambullan entre sus páginas. Aunque como en el caso de la agreste marejada atlántica, habrá que tener precaución con las mareas y los vientos para no sucumbir si no se sabe nadar o si el peso de la conciencia nos lastra hasta el abismo de las profundidades marinas. Asciendo para apostillar que El ultimo gimlet es también un sorbo "sencillo y elegante. Dos virtudes que conducen a la sabiduría", parafraseando a Lola en esta novela.

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