lunes, 3 de junio de 2013

MAL INVIERNO, de Carmen Botello

La editorial valenciana El Nadir acaba de editar un libro de microrrelatos ilustrado bajo el título Mal invierno. Carmen Botello, su autora, ya había publicado varias colecciones de relatos y las novelas ‘¿Quién es Antigona?’ y ‘Un perro en las nubes’. Las ilustraciones vienes de la mano de Gerard Miquel, Adrian Bago, René Parra y César Sebastián.

   Este Mal invierno nos descubre una realidad salpicada, en ocasiones, por personajes claramente identificables. ‘Parrasio mira’, ‘Curva de morbilidad’, ‘Angela Nera’ o ‘El Sur’, son  ejemplo de este doble guiño.

   Una realidad hilvanada con precisión, entre las metáforas, la ironía o el sarcasmo dónde emergen como flores de invierno: precariedad, desocupación, calentamiento global, desempleo, conflicto climático, euro o prima de riesgo…

   La visión realista, hiperrealista, de los poderosos, de impostores; un invierno también de insumisión ante la fría impunidad de los ‘minotauros’.

   Os recomiendo la lectura de estos sesenta y cuatro microrrelatos cargados de ironía, a veces rozando el sarcasmo, y la complicidad con el lector; miradas a una sociedad bajo el rigor de un largo invierno a falta de que despertemos la primavera entre sus páginas y más allá.


Por Ginés Vera.

viernes, 31 de mayo de 2013

CÉSAR PÉREZ GELLIDA: «Los conejos de la chistera son una falta de respeto al lector».

Me entrevisto con  César Pérez Gellida en un céntrico hotel de Valencia y conversar acerca de su opera prima: Memento mori, un thriller con el que inicia una prometedora trilogía. Licenciado en Geografía e Historia y máster en Dirección Comercial y Marketing, ha desarrollado su carrera profesional en distintos puestos de dirección comercial, marketing y comunicación en empresas vinculadas con el mundo de las telecomunicaciones y la industria audiovisual hasta que en 2011 decidió trasladarse con su familia a Madrid para dedicarse en exclusiva a su carrera de escritor.

Ginés Vera: La novela tiene como escenario Valladolid, pero la gestación del mal no tiene patria.

César Pérez: Valladolid es una ciudad que conozco muy bien; me apetecía ubicarla aquí por ser la primera novela, porque viven mi familia, mis amigos, y porque he encontrado rincones dentro de la ciudad  que no son muy conocidos por los que la hemos habitado y que encajan bien con la novela negra.

G.V.: La fórmula del asesino corriente, entre comillas, y el inspector de policía cuarentón muy humano no es una formula nueva, pero estos personajes tienen algo nuevo, particular.

C.P.G.: Para el personaje de Augusto Ledesma siendo un sociópata narcisista, he tratado de vincular la dificultad que tienen los que sufren esta patología, la dificultad para empatizar con la sociedad, mediante dos vehículos de comunicación: la música, las canciones, y la poesía. Creo que eso es lo que hace que el lector no le etiquete desde el principio, sino que le dé a Ledesma el beneficio de la duda, ver qué camino ha recorrido para llegar a ser un sociópata y termine asesinando.
Con el de Ramiro Sancho he tenido la ventaja de contar con la colaboración de un inspector de policía del departamento de homicidios. Él me ha hecho ver la faceta humana que hay detrás de un investigador, que hay personas normales y corrientes con sus familias. Una realidad bien alejada del estereotipo del detective de la novela negra de los años 20 sajona que nos han ido contando: personas individualistas, profesionales en su trabajo y un fracaso en su vida personal.
Cuando me puse a perfilar la historia yo tenía en la cabeza lo que todos tenemos de lo que hemos visto en la pantalla o leído en los libros. La realidad, como digo, tiene muy poco que ver porque los procesos que siguen son muy arduos, muy manuales, muy artesanales y muy de andar por casa. El ordenador está ahí, pero es más papel y bolígrafo; cabeza, intuición y muchísima calle, están todo el día en la calle, todos los rangos del grupo de homicidios.
Este inspector me ha hecho ver el lado humano y decidir que desde luego es un trabajo que carece de glamour cuando se viste al investigador con este hálito de vida bohemia y envidiable; de envidiable tiene muy poco.

G.V.: Alicia Giménez Bartlett confesó que los lectores de la novela negra son de los más fieles. ¿Lo crees así, eres un asiduo al género? ¿Te has inspirados en los grandes escritores americanos y sajones?

C.P.G.: He leído novela negra y sí que es verdad que tienes unas influencias; sin embargo, yo con la novela negra me decepciono más que me ilusiono. A lo mejor es porque no he dado con el tipo de autor que me gusta. Cualquier cosa que cae de Chandler me lo leo. Jo Nesbø en literatura nórdica, me ha sorprendido muchísimo, he devorado todo lo que me ha caído. Y en España hay grandes autores que quizá no son tan conocidos o no han vendido tanto, pero si hablamos de Juan Madrid, que es un escritor estupendo, o el propio Lorenzo Silva o Juan Gómez-Jurado, tenemos tres nombres que son para mí autores de muchísimo nivel que han tenido la mala suerte de nacer en este país. Este tipo de autores en Estados Unidos…  

G.V.: Hubieran tenido más competencia, ¿no?

Aportan algo distinto que quizá no está tan visto en el modelo anglosajón de novela negra y que a mí me parece que aporta algo mucho más humano, más creíble.

G.V.: Háblanos de la fase de documentación, de las técnicas criminológicas.

C.P.G.: Ahí hay más labor de documentación que la verdadera base de investigación. Ha habido una etapa profunda de estudio, de la parte psicológica de los personajes, de la parte de criminología, sobre todo del grupo de los sociópatas, para dibujar el perfil de Ledesma.
La novela no la escribo siguiendo un argumento, siguiendo un guion o un chasis, si no que en la medida en la que la he ido haciendo la he ido escribiendo día a día. Entender muy bien cuál es el trabajo de investigación hace que el enfoque sea uno o sea otro.
En la parte de investigación prevalece el contacto con esta persona (el inspector de homicidios) que me ha ido contando y que he seguido en su día a día. Se ha volcado conmigo  como para ponerle de coautor del libro.

G.V.: Lo de construir la novela desde la técnica narrativa cinematográfica, ¿fue una decisión consciente o lo viste como una necesidad en la medida el público quiere más lo audiovisual, ese enfoque cinematográfico?

C.P.G.: Yo es que no sé enfocarlo de otra forma, ten en cuenta que yo la historia antes de escribirla la visualizo en la cabeza y la voy describiendo conforme me voy imaginando el transcurso de esa acción. El lenguaje es verdad que es muy cinematográfico y es lo que ayuda al lector a imaginarse el escenario y empatizar con lo que tú quieres transmitir.
Sí tiene una clara pretensión de ser llevada al cine, de hecho, los derechos audiovisuales son de Michael Robinson y ahí estamos avanzando con algunas conversaciones con productoras interesadas.

G.V.: Pregunta obligada, háblanos de la poética y la banda sonora que aparece en la novela.

C.P.G.: Parte de mi ADN está en todos los personajes; al de Ledesma le aporto el gusto por la música, no en todas las canciones,  ya que algunas las he escogido porque encajan dentro del perfil.
Hay grupos musicales que son de mi devoción y es difícil traer eso para el personaje; yo lo que quiero es que esas letras, esa música, explique al lector lo que yo no llego con la letras. Y luego la poesía es otro vehículo de comunicación que tiene la novela. Su función principal es la de la interpretación, son como imágenes que el lector interpreta en su cabeza y que le da un volumen y un sentido. Con estos dos vehículos de comunicación lo que quiero es que el lector empatice con Augusto Ledesma.

G.V.: Mememnto mori casi suena a un guiño irónico frente a un posible éxito, con una primera novela, ante el duro panorama editorial.

C.P.G.: Es una buena analogía, me parece muy acertada la pregunta. Es verdad que es francamente difícil moverse. Aquí jugamos con la ventaja de que la crítica ha sido muy positiva desde el principio; me interesaba también el punto de vista del lector y éste está facilitando mucho el boca oreja y que el libro tenga más vida en el punto de venta.
¿Qué es lo que sucede en el mundo editorial ahora? Que vas al punto de venta y ves en la exposición de novedades los grandes autores de best sellers, pero a los quince días viene otro y así sucesivamente. Luego hay otros autores que tienen una posición mucho más pequeñita. La forma de hacerse hueco es mediante la ayuda que nos proporcionáis los medios, que me parece fundamental, toda la labor que hacéis de la lectura. Porque al final nos movemos entre el exceso de información que nos llega, noticias, televisión... Tiene que haber un tamiz que al lector le ayude a decidir, no digo que vayas a prescribir el producto, pero si a decidir.

G.V.: Hay gente que ya no ve las noticias porque está harta de tanta barbarie, asesinatos y violencia, ¿no crees que introducir en el panorama literario más desazón, más sangre, es ahondar más, que la gente lo que busca es esperanza?

C.P.G.: Sí, ahora mismo la gente está muy crispada, pero creo –o quiero pensar– que lo que está buscando es entretenimiento. Yo creo que alguien que tiene dos horas para leer quiere esa desconexión con la realidad, lo que busca es una lectura ágil, una lectura en la que no se le haga denso, no se le haga bola. Ten en cuenta que hay libros que se nos hacen bola. Para leer libros densos hay que tener momentos propicios para ello. La soledad que tenemos en estos momentos con unos horarios lamentables, trabajando muchas horas, al final el tiempo que tienes para leer es escaso y en España, además, con el buen tiempo tienes otras muchas opciones. Al final tienes en internet todo lo que quieras, así que al lector que decide coger un libro y pasar páginas hay que tratarlo con muchísimo respeto. Yo lo he escrito con la intención de entretener y la de que el lector se haga su propia lectura si la quiere hacer.

G.V.: Planificación, procedimiento y perseverancia como fórmula infalible de Poldy, leo en la novela, pero ya has comentado que no te lo has aplicado para gestarla.

C.P.G.: No, no lo he seguido; porque yo sí tenía un objetivo y es que no quería un producto en el cual le fueras anticipando al lector lo que le vaya a pasar. Ahora el género negro es el que más se lee junto con la novela histórica y es muy difícil innovar. Parto de esa premisa, anticipar a un lector y que sepa la página treinta –como nos has ocurrido a muchos– quién es el asesino al final lo que hace es que el lector cierra el libro y lo tira.
Yo como no sigo ninguna planificación, va haciendo que el argumento vaya creciendo por sí solo, es la única forma que yo entiendo que hay de ‘engañarse’ a uno mismo y al lector. Yo me planto en la escena, la estoy imaginando, y me pregunto: “¿qué pasa aquí?, pues pasa esto”, pero no porque lo haya contado antes. Luego si, cuando termino el primer borrador, para que todo el argumento tenga sentido, para que no hayan huecos de argumentación. Si algo odio de la novela negra o de intriga son los conejos de la chistera, son una falta de respeto al lector y los hay. Eso me cabrea, o que al final te lo expliquen todo, como en algunos libros de Agatha Christie.

G.V.: Mi última pregunta también la extraigo de la novela: “Si no sabes cómo seguir, mejor no sigas.”

C.P.G.: Sí, yo creo que esto nos lo tenemos que aplicar mucho, no quiere decir que abandones, quiere decir que muchas veces nos tenemos que parar a reflexionar, respirar y luego continuar, en ese camino o en otro. Pero en este país somos muy de: “me ha tocado andar este camino y sigo, sigo, saltado piedras, luego un sendero, una autopista y ya veremos lo que viene”.  Yo creo que hay que pararse y reflexionar…


Por Ginés Vera.

lunes, 27 de mayo de 2013

ENTREVISTA A NOEMÍ SABUGAL: “la guerra es una muestra de la estupidez humana absoluta y completamente.”

Noemí Sabugal (Santa Lucía de Gordón, León, 1979) es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado para distintos medios de comunicación, cuya labor fue reconocida en 2005 con el Premio de Periodismo de Castilla y León Francisco de Cossío, modalidad de prensa. Con su primera novela ‘El asesinato de Sócrates’ resultó finalista del XI Premio de Novela Fernando Quiñones y con ‘Al acecho’, su segunda obra, ha conseguido la XXI edición del Premio de Novela Felipe Trigo.

Ginés Vera: Me ha llamado la atención la inclusión en la novela de pequeñas reproducciones de recortes de periódicos y revistas de la época.

Noemí Sabugal: Cuando me documenté con revistas y periódicos de la época me pareció interesante dar la oportunidad al lector de ver eso, no de una manera de ‘te lo meto y te lo lees’ sino que tiene que ver con lo que hacen los personajes, por ejemplo, que el personaje esté leyendo esa noticia. Son recortes auténticos, por supuesto. Son de una revista femenina, llamada Estampa, que era muy interesante. Sobre todo metí en la novela el de los senos perfectos en concreto porque  me hizo mucha gracia; era un anuncio de un aparato que endurecía los pechos, muy habitual en los periódicos de la época. Era una muestra de algo que, años después, no aparecería en los periódicos ni de broma. Con la dictadura este anuncio en los años 40 ó 50 hubiera sido impensable: un aparato para endurecer los pechos; la mujer no existía, la mujer era de cuello para arriba y de rodillas para abajo.
Y las portadas de periódicos porque me pareció curioso que la gente lo viera –aunque creo que es más interesante leer el propio periódico–, que viera los titulares de la época. Nos sorprenderíamos leer lo actuales que son, las críticas literarias sin cortapisas, críticas de novela sin censura. Si había censura por parte de la República, pero de otro tipo. Se intentaba eliminar aquellas noticias que pudieran provocar desórdenes sociales, se censuraba, pero se avisaba de esa censura. En la dictadura no se ponía ese aviso de censura, era mucho más sibilino.

G.V.: Y siguiendo con los medios de comunicación, ese apunte en el que menciona una columna creada en los periódicos llamada Héroes populares.

N.S.: En todas las guerras este tema militar siempre se ha intentado revestir de un aire mesiánico y de heroicidad cuando las guerras son humillación, son venganza, intereses, es lo más sucio del ser humano. Cuando quieres acoger chavales de dieciocho años para matarlos en las trincheras necesitas al menos ponerle ese estimulo de que serán héroes, que se lucha por una causa. Toda la parafernalia militar, la publicidad de las guerras siempre ha ido por ahí. Era también una forma de rendir homenaje, que no digo que no, a esos chavales que estaban dejándose la vida por una idea y por una patria. Todo eso entra dentro de ese enganche de las guerras. Había una columna que se llamo ‘Héroes populares’ que se dedicaba a recoger a los que se morían, era la columna de los muertos. Lo que se buscaba era compensar a las familias por esa pérdida tan grande incompensable. El ser  humano hace cosas tan ridículas como las guerras y luego encima lo intentamos de revestir de esa heroicidad cuando la heroicidad es la muerte, el héroe de guerra es el que cae en el campo de batalla. En todos los países y en todas las circunstancias se ha dado eso. Hay que engrandecer la guerra para que sea atractivo y los chavales se apunten. En USA cuando hay guerras en el exterior hay que ver qué intereses puede haber. Es muy complicado, todo lo que es la guerra es una muestra de la estupidez humana absoluta y completamente.

G.V.: Del personaje de Julián Fierro me he atrevido a seleccionar una frase: «Era como un ciego –refiriéndose al padre de Dolores– dando manotazos en la oscuridad, intentando comprender. Fierro lo entendía mejor que nadie, a él le pasaba lo mismo».

N.S.: El personaje es un tipo muy perdido, un tipo que tiene muchos conflictos personales, muchas contradicciones. Él intenta comprender y no comprende y a veces ni quiere. Porque es un descreído, una persona que no quiere implicarse en un momento complicado; no quiere comprometerse. Igual que no quiere comprometerse en su vida personal con Adela, con la mujer con la que tiene una relación, y que le cuesta un compromiso tener a su madre enferma porque es una carga de la que no puede escapar, igualmente le gustaría no comprometerse con lo que está ocurriendo, por que el compromiso es muy duro y puede costarte la vida. Se debate un poco entre eso. El caso de las niñas que es el que el investiga, la parte de novela negra que tienes la historia, ahí sí que se compromete, pero intenta olvidar lo que ocurre en España cuando le va a llegar igual; le van a llegar los atentados, le van a llegar las luchas de los chavales en la calle, los enfrentamientos entre la UGT y la CNT, como policía que es le va a llegar. Intenta comprender y no se comprende ni a sí mismo.

G.V.: Hay una carga poética no solamente visual en la novela, en el inicio hallamos un poema de Miguel Hernández, también uno de Salinas…

N.S.: Hay varios poemas, de hecho, de Machado también. De alguna manera quería rendir homenaje, esta época que fue una de las más importantes después del Siglo de oro. Teníamos a Luis Cernuda, a Juan Ramón Jiménez, a Vicente Aleixandre, después Lorca. Todo eso quedo completamente dispersado por la guerra. Cuando a Juan Ramón Jiménez  le dieron el Premio Nobel él estaba en Puerto Rico y casi fue más celebrado en Puerto Rico que aquí. Como aquí celebramos el de Vargas Llosa por hacer un poco esa comparación. También quería rendir un homenaje que a esos poetas que estaban saliendo; por ejemplo, el poema de Salinas es de un libro que se editó tres años antes. El golpe de estado y la guerra elimino todo eso, García Lorca podía haber escrito grandes cosas y no desarrolló todo lo que podía. Es una tragedia. Hago un guiño a esos grandes escritores poetas que hubo esos años.

G.V.: Siguiendo con la poesía, leo: «Alonso era un poeta y como tal nunca invitaba y además no había sido incluido en ningún grupo o grupúsculo de moda». Tiene sabor a La Colmena.

N.S.: A mi Cela me gusta, Cela me parece un gran renovador del estilo literario en España. Después hay otras cosas de Cela que no son tan de mi agrado, muchas. Hay muchos que dicen que Cela eran un gran escritor y un mal novelista. Cela era un poco comprensivo con sus personajes, porque los caricaturizaba, los hacía con una imagen un poco fría. Pero eso que refieres de mi novela es una ironía; ya se sabe que los escritores, en general el arte, nunca ha dado para grandes dispendios. Entonces que el poeta nunca invite es una ironía, porque está canino. Y lo de los grupos o grupúsculos siempre se ha dado, sobre todo en la poesía mucho más que en la novela; siempre ha habido grupos. Con este personaje poeta también lo que quiero es hacer un personaje que tiene su gracia como también sus contradicciones, p. ejem. cuando surge la guerra escribe poemas de guerra, cuando él no tiene ni idea de la guerra, y él hace esos versos como yo digo inflamados y hercúleos. El poeta es un personaje muestras de aquellas personas que viven por y para el arte, al margen de la vida, de la vida real, de las cosas materiales. Duerme cuando le parece, de hecho no duerme por la noche porque dice que es cuando van a visitarle las musas; es un personaje enfrentado a la realidad de las cosas. Hay un contraste ahí muy grande.

G.V.: De la infancia, portada del libro incluida, leo: «Sus llantos también eran de miedo porque ahora sabían que también podía ocurrirles a ellas sin haber recibido uno de esos besos de película».

N.S.: Esto lo dicen las compañeras de clase de la primera niña, Margarita, cuando ésta muere. Las niñas que mueren son un poco un símbolo de esa España que desaparece, la niñas pierden la oportunidad de tener una vida. Es un poco es símil de lo que pasaba en el interior y en el exterior, o lo que el individuo y la colectividad. Un individuo es asesino de la misma manera que una colectividad se mete en una guerra. Porque al final la sociedad somos nosotros, cada uno individualmente. Cuando decimos: ‘es que la gente es muy…’, y yo, ¿cómo soy?, porque yo soy parte de la gente. Y esa visión de la adolescencia o infancia, esa cosa de ¿cómo es posible que muera una niña de catorce años o de dieciséis años?, ¿cómo es posible que la muerte le toque a alguien así? Es una de las mayores muestras de injusticia que puede haber, que muera un crio, eso no es natural; sí, bueno, es natural, pero no es justo. También es una muestra de lo que pasaba en España, no era bueno, ni era justo para nadie. Quitando a cuatro la guerra no le vino bien a nadie. Tener a un país en la miseria, el racionamiento, los bombardeos, la tisis, no fue beneficioso nada más que para cuatro.

G.V.: Otro personaje es Madrid, sin duda: «La ciudad no dejaba de crecer y cada día los trenes traían cientos de nuevos seres para reemplazar a sus víctimas».

N.S.: Las grandes ciudades tienen esta fuerza centrípeta, vamos a decir, y también centrifuga. Igual que hay gente que se puede ir agotado de vivir en una gran ciudad, y Madrid lo era. Madrid tenía esa atracción del trabajo, pero a la vez muchos problemas de vivienda. Decías antes de Cela, en sus novelas o en las novelas de la gente de la época aparece la figura de la patrona pues había mucha gente que alquilaba su vivienda. Había mucha gente que necesitaba un hueco donde vivir y también necesidad de dinero, lo que se hacía era que si tenias tres cuartos alquilabas dos y vivías en el tercero, en un cuarto llegaba a vivir una familia entera, hacinada. Había mucha gente del campo que se iba a Madrid a trabajar, a Madrid, a Barcelona, a Valencia… lo cual  a veces suponía también una pérdida de vida importante. Hay que recordar, y se vio mucho en la posguerra y un poco ahora, que en la ciudad las piedras no se comen, y entonces, cuando hubo problemas económicos, cuando alguien perdía su trabajo en la ciudad estaba realmente fastidiado. En cambio, para la gente que vivía en el campo, y eso lo sabe bien la gente que vive en el campo, siempre había algo para comer. Se podía pasar hambre y se podía pasar necesidad de otras cosas, pero en el campo siempre había algo que comer.
La hambruna de Madrid cuando fue sitiada fue terrible. La gran ciudad es la atracción del trabajo, pero a veces los alquileres, la vida puede ser mucho más complicada en una gran ciudad que en un pueblo.

G.V.: ¿Qué supone haber ganado con su segunda novela la XXXI edición del Premio Felipe Trigo?

N.S.: Una satisfacción porque  en Villanueva de la Serena lo cuidan muchísimo, hay un jurado muy amplio que va eligiendo las novelas. Yo cuando recogí el premio me encontré a lectores, gente que la había leído y lo había defendido escalón a escalón hasta arriba. Es un premio muy importante, un premio muy bueno, muy limpio, muy honesto y que creo que en Villanueva le dan un cariz muy especial, lo tienen como algo muy suyo y lo cuidan; es un orgullo.

Gracias Noemí, mucha suerte.

Por Ginés Vera.

viernes, 24 de mayo de 2013

EUROPESADILLA, de Aleix Saló

Me arriesgo con otro libro de la categoría 'cómic'. Y digo que me arriesgo porque veo que son los libros de esta sección los que gozan de un menor número de visitas. Todo no van a ser premios Planeta o sombras eróticas, en mi humilde opinión.

   En este caso, me reí y me gustó especialmente este 'EUROPESADILLA, alguien se ha comido a la clase media' de Aleix Saló. No había leído ningún libro anterior, lo reconozco, y creo que voy a ir a devorar alguno visto el efecto nutricio de este que traigo aquí.

   ¿Qué puedo decir sobre este libro? En el punto de mira Europa, la crisis, la globalización, pero sobre todo eso: Europa y la clase media devorada por unos monstruitos muy tiernos vistos bajo el arte cómico de Saló. Tuve oportunidad además de entrevistarle, por lo que pronto habrá una entrada en Maleta de libros con la conversación que mantuvimos. 

   Os recomiendo este libro aunque ya estéis un poco hartos del mismo tema: la crisis, los bancos, Alemania, y toda la pantomima mediática que ha hecho que casi cualquier hijo de vecino sepa lo que es el euribor o la prima de riesgo. 

   Es un libro en que se ve un poco de esto, pero desde el humor, con ironía y reflexión. Además de aprender un pelín de historia, lo justo, a la par que se nos invita a reírnos de nosotros mismos... porque Europa también cae más allá de los Pirineos. 

   Le pregunté si el verde de la portada era verde esperanza y Aleix fue contundente: 'No, es verde moco'. 

   Solo espero que por añadir hoy aquí este chascarrillo no disminuyan aún más las visitas a esta entrada (como ya advirtiera Stephen W. Hawking en el prólogo de su La historia del tiempo), ni al blog.

Por Ginés Vera.