lunes, 13 de julio de 2015

XAVIER GUTIERREZ: «He intentado en toda la novela tratar la muerte con el máximo respeto».



Hace poco entrevisté a Xavier Gutiérrez, pero no por temas de cocina, sino literarios pues según confiesa cuando hace mal tiempo también le gusta cocinar novelas del género negro. Para servir el entrante a esta entrevista me permito ir a la alacena de su web donde escojo estos ingredientes: De profesión es Escritor-psicologo-cocinero-pensador. Vive y sobre todo se divierte en Donostia-San Sebastián, donde trabaja, en el Restaurante Arzak, y en algún sitio más. Sus películas favoritas son ‘La plaza de la musica’, ‘La naranja mecánica’, ‘El día de la bestia’, ‘Birdman’, ‘Batman’, y ‘Vértigo’. Tiene diecisiete libros publicados con anterioridad. El caso es que en febrero publicó la primera novela negra del serial de cuatro, titulada ‘El aromas del crimen’, por la que le entrevisto. 

Que la novela esté ambientada en San Sebastián, ¿es un homenaje en cierto modo a su ciudad natal, un guiño a los paisajes y gentes de Donosti? ‘En esta tierra siempre está presente la cocina’, reflexiona el protagonista, Vicente Parra.

Si, me apetecía que en un marco tan incomparable como el de San Sebastián, que hay veces que pueda pecar de excesivamente, como si estuviera anclado en Suiza, donde todo parece perfecto, hay una historia humana, de sentimientos, donde hay violencia y donde hay mucha ambición por conseguir muchas de las cosas que cuento en la trama, eso era una cosa que estaba cantada y ¿dónde?, pues en la meca de la gastronomía, en San Sebastián. La cultura gastronómica la tenemos tan arraigada, en toda España, pero allí aún más; en ningún momento dudé de ella, es decir, enclavarla en San Sebastián cono eje principal de toda la historia y de todos los personajes.
Yo me encuentro muy cómodo en San Sebastián, vivo allí desde hace mucho tiempo, toda mi vida la he pasado allí y me apetecía mucho que la historia pasase en mi ciudad. Era, digamos, como una sensación de hablar con conocimiento de causa de que es lo que pasa en la ciudad aunque la trama de que sucediese en San Sebastián es un poco anecdótica, el hilazón de la historia es la gastronomía: los cocineros, los camareros, los proveedores… todas la gente que interviene, pues al fin y al cabo, todos estamos relacionados con la cocina.

Claro, porque se podía haber ubicado en Nueva York, por ejemplo, pero no sería lo mismo.

Pero necesitaba un sitio con cultura gastronómica, de hecho, el oficial instructor al principio de la novela es una persona que vive por sobrevivir, vive por supervivencia y nada más; solo que tiene una mujer que es francesa, que es un guiño a la cocina francesa, que le está haciendo recapacitar sobre todo eso; tiene un hijo, muy joven, que está estudiando cocina y que entre los dos le van a volver loco, además de toda la trama que hay allí de la novela, pero en lo más profundo de él; pero no en lo de adivinar quién es o no el asesino, sino en lo de reflexionar qué es la gastronomía, lo que significa la gastronomía para los humanos y el interiorizar la actividad de la cocina en el ser humano.

 ‘La muerte tiene las maneras de esos malos invitados que aparecen de improviso’. Es una frase de Carmen a Racos Mendizabal que me sirve para preguntarle ¿cómo hay que tratar un tema tan serio como un asesinato y sus víctimas en una novela para no caer en tópicos o frivolizarlo?

¡Guau! Yo no he intentado nunca frivolizarla, el tema de la violencia en nuestro país y, en nuestra zona concretamente, es un tema que hay que cogerlo con mucho cuidado. Hay muchos extremos que pueden quedarse tocados por una lectura así; yo en todo momento he contado una historia de entretenimiento donde no he intentado banalizar en absoluto la muerte. Hay dos muertes y un asesinato muy claro, que es a acuchilladas, en su casa, al principio de la novela y luego hay otro en la que la madre está convencida de que su hijo no ha muerto por causas naturales. Yo he intentado en toda la novela tratar la muerte con el máximo respeto.
Yo tengo un discurso muchas veces que pueda ser digamos amable, jocoso, informal, pero en ningún momento he intentado banalizar el tema de la muerte, porque creo que es un asunto que requiere cierta seriedad, se puede tratar con humor, en algunos momentos me permito algunas pinceladas de humor, pero creo que no, cuando suceden casos como estos frivolizamos, si, entretenemos, pero creo que en la base hay un respeto bastante importante.
Yo creo que la parte más profunda de la novela es cuando llegan por fin a la conclusión de que probablemente uno de los muertos ha sido asesinado, no ha muerto por causas naturales, y van a desenterrar el cadáver, y hay una frase al final de un capitulo que dice que ‘la tierra lloraba’, lloraba porque no podía recoger todas las tristezas que estábamos plasmando. Incluso digo esto porque en el siguiente capítulo intento aligerar la carga de profundidad que tiene el capítulo anterior cuando la tierra llora porque se ha acostumbrado al cadáver y al cabo de un mes lo vuelven a desenterrar.

¿Qué ingrediente literario le costó más de trabar?

Hombre, yo creo que el ingrediente que más costo fue hilar todo, creo que es la primera vez que hacia una novela negra, no me importa reconocerlo porque es verdad, mi primera novela, y hubo un momento, cuando me puse a escribir, que dije: “otras, esto es más difícil de lo que parece a primera vista”. Yo creo que el hilazón fue el ingrediente más difícil. Creo que lo conseguí y estoy satisfecho de cómo ha quedado, pero si es verdad que fue ese momento de asomarme al abismo… 

¿Al horror vacui?

Sí, sí, y decir: “¿esto lo puedes hacer?” Y fue ahí cuando me dije: “sí, sí, tira para adelante”. Yo intento creer mucho en mí mismo, hay veces que flojeo pero intento creer mucho en mí mismo.

En plan, Aupa Xavi, aupa…, imagino. Y, ¿cuál ha sido el tiempo de cocción de esta novela?

Yo te voy a hablar del tiempo, pero no del cronológico sino del meteorológico, las cuatro novelas están escritas entre octubre y marzo abril; necesito oscuridad, necesito poca luz, necesito tiempo gris, ahora empiezo a entender a los nórdicos porque escriben tan bien la novela negra. Yo como un día de sol como este me sería muy difícil trabajar. Si hace bueno me gusta mucho pasear y andar en moto, en cambio me es muy difícil sentarme. Estaba el otro día escribiendo la cuarta y estuve escribiendo cosas sin mucha base, dejando pinceladas para luego poder retomarlas para cuando empiece el mal tiempo. 

¿El tiempo de setas?

Bueno no, porque en verano también hay setas.

Me gusta otra parte de la novela en la que Arantxa se justifica al respecto de unos clientes se han quejado de unos perdigones en la becada en salsa, aunque temo que en la realidad no es así, al igual que al cocinar una novela, un perdigón puede molestar a un lector (o a muchos) de paladar fino, sobre todo en este género noir con tantos resortes y detalles.

Yo he tirado mucho de intuición, si es verdad la anécdota de los perdigones en un gourmet, pues bueno, le hará decir un par de exabruptos, pero es una cosa habitual. En la literatura pasa lo mismo, yo cuando escribía de concina, pero no recetas, tengo libros de recetas, muchos, pero también escribía de estética culinaria, sabía dónde meter la pata, esa lección la tenía aprendida, lo cual no quiere decir que haya habido algunos perdigones, pero gracias a la labor maravillosa que ha hecho Destino de este tipo de erratas, que no son erratas gramaticales sino conceptuales, me ha sabido llevar por el buen camino.

Para terminar, ¿cómo se le ocurrió este maridaje, el del género negro con toques gastronómicos?

Bueno, yo tenía muchos libros escritos y, bueno, tenía la sensación de que tenía que cambiar de chip y después de haber hecho muchas cosas en gastronomía, la historia que yo tenía detrás era una historia potente de novela negra, con un inspector de la Ertzaintza, ya que sabes que en Euskadi no investiga la Policía Nacional sino la Ertzaintza todo este tema de asesinatos; esta era la historia que me llamaba desde mi campo, que es un campo muy sensitivo como es el de la comida. Maridarlo con asesinatos, con novela negra, era una cosa que estaba cantada y que tenía que funcionar. Tú no puedes pretender escribir de cocina si al final no terminas contado una historia donde la cocina está dentro; yo a la gastronomía lo considero arte, es el arte más primitivo que existe y el arte que interiorizas, el único arte que interiorizas, porque tú puedes ver por ejemplo la Piedad de Miguel Ángel, pero solo puedas ver, posiblemente no la puedas tocar, no la puedes comer, ni la puedes chupar…

Claro, imagínese que todo el mundo fuera a chupar la Piedad, sí… (Risas).

Muchas gracias y mucha suerte, Xavier.

Por Gines J. Vera

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