viernes, 29 de septiembre de 2017

Va por ti, José Manuel

Ayer, por esos misterios de Internet en el que buscando una cosa encuentras otra, llegué a una noticia. Una noticia de cultura. Sentí una pena extraña, como cuando uno sale de casa con la sensación de haber olvidado algo sin saber bien qué. En mi caso, ayer, creo que lo que me pasó es que sentí no haber disfrutado más de alguien a quien conocí. Y cuando digo disfrutar, he de aclarar, porque en Internet hay gente de todo pelaje y condición.

En invierno del año pasado conocí en Valencia a José Manuel Sánchez Rodriguez. Aunque firmaba sus obras con el seudónimo Manuel Sánchez-Sevilla.

Tuve oportunidad no solo de poder preguntarle por la novela que promocionaba, en la entrevista que me concedió en el hotel Astoria. También de departir con él sobre lo humano y lo divino. Recuerdo la forma en la que contaba cada frase, cada recuerdo, uno en concreto. Cuando me contó cómo se hizo escritor. 

La anécdota me pareció encantadora y emotiva. Un profesor suyo, muchos años atrás, les obligaba a pasarse la hora de clase sin hacer 'nada', en realidad les dejaba un paquete de folios en una mesa y les 'aconsejaba' que empleasen la hora escribiendo una historia. Y así lo hizo José Manuel. Cogía folios y se ponía a escribir, a contar historias. 

Ojalá hubiera tenido a un profesor así, me parece que muchos deberíamos haberlo tenido. Sobre todo viendo algunos libros que se publican. No es el caso de José Manuel. No lo era. Porque la noticia que leí ayer es que por otro de esos misterios, este nada que ver con Internet, José Manual, Manuel Sánchez-Sevilla, nos dejó. Falleció de repente. Sus libros se han quedado huérfanos, una novela a medias. 

Estoy seguro que allá arriba, en una estupenda mesa, con toda la tranquilidad del mundo, si el que mande allí le deja un paquete de folios, escribirá esa historia inacabada, y otras muchas, porque Manuel, José Manuel, era, es un escritor y eso, amigos, nada podrá quitárselo. Descanse en paz. Nos vemos allá arriba, maestro... Guárdame unos cuantos folios.

Como el que se ha emocionado escribiendo estas lineas soy yo, desde aquí comparto la entrevista que me concedió a título de respeto, admiración y dedicatoria.

Va por ti, José Manuel.


Fotos: Herme Cerezo (c)

lunes, 4 de septiembre de 2017

Las princesas olvidadas, de Antonio Tomasio.

En esta ocasión vengo a hablaros de una novela que llegó a mí hace unos meses. Su autor, Antonio Tomasio, se mete en la piel no de una sino de siete mujeres para reunirlas en esta novela: ‘Las princesas olvidadas’ (Amazon-KDP).

Amigas desde niñas, Susana, Isabel, Amparo, Mónica, Patricia, Sabrina y María del Carmen han perdido el contacto con los años. Un hecho trágico las reunirá de nuevo en casa de una de ellas. Sus personalidades son muy diferentes, algo que pronto, como lectores, vamos a ir descubriendo en capítulos donde se alterna la mirada de los personajes, de estas ‘princesas’.

Siete mujeres que han tenido que sobreponerse a una sociedad machista y, por tanto, ‘Las princesas olvidadas’ es un prisma a través del cual vemos una realidad ficcionada solo en parte. Bien puede ser el testimonio de siete mujeres actuales, de sus miedos, sus anhelos y cómo han tenido que superarlos a menudo disimulando. Porque si a veces los hijos son el resultado de la educación de los padres la forma de reaccionar puede ser muy diferente.

Las princesas tendrán una oportunidad en esa reunión tras años separadas de quitarse las máscaras y confesar sus problemas personales. Esa confesión individual de cada una será la manera de afianzar los lazos de su amistad incluso tras la pérdida de una de ellas.

La novela tiene un principio sutil antes de ir avanzando con pulso firme y giros dramáticos de tanto en tanto. Además de la mirada psicológica a la realidad de la mujer, destacar el papel del personaje secundario de la madre de Isabel y la sensibilidad puesta en juego entre las protagonistas.

Como bien subraya Tomasio en la portada del libro, es una novela donde la amistad se pone a prueba con una fuerza narrativa emotiva y con una clara invitación a la reflexión. 




Sobre el autor.

Antonio Tomasio es Consultor Empresarial, Coach, Autor y Conferencista. Profesor universitario. Dicta regularmente conferencias y seminarios; contribuye en forma continua en varias publicaciones. Economista por la Universidad Católica de Santa Maria, en Arequipa (Perú). Posee la Licenciatura en Economía y es doctorando en Turismo, por la Universidad San Martin de Porres, Lima, Perú. Aparte del castellano domina el inglés y alemán, A lo largo de su carrera profesional ha trabajado y viajado por más de 40 países. Divide su tiempo entre su nativa Perú, República Dominicana y España.
Además de Las princesas olvidadas, es autor de: 'Wayra de los Andes', 'Mi hijo, mi maestro' (junto a  Frieda Holler), 'UNO (yo)', 'Historias de Arequipa', y 'Cuentos: De la A a la Z'.

viernes, 28 de julio de 2017

Elga Reátegui entrevistada por Isabel Alamar

ENTREVISTANDO A ELGA O 14 PREGUNTAS PARA ELGA

Elga Reátegui Zumaeta
Sé que una de las grandes pasiones de Elga es escribir, otras quizá sean: viajar, el yoga, el contacto con la naturaleza… Pero ¿por qué le gusta tanto a Elga escribir? Y háblanos también un poco de tus otras grandes pasiones.

Sí, me la he pasado escribiendo para mí y para otros casi toda mi vida. Ya de adolescente les redactaba  las composiciones a mis a compañeras de clase en el colegio  o corregía (o mejoraba la prosa) de los discursos o trabajos monográficos de mis amigos y conocidos que cursaban la universidad.  Luego, en la Facultad Comunicaciones, fue más de lo mismo, y cuando entré como redactora a mi primer medio de comunicación siendo tan solo una estudiante, el círculo se amplió, comencé a escribir para varias revistas y periódicos, pero sin cobrar un céntimo. Eso de “apóyame, coleguita”, no ha permitido que llene mis arcas y hoy viva de mis rentas, ja,ja,ja…

El primer viaje internacional que realicé fue a Machala (frontera con Ecuador). Lo hice con salvoconducto. En esos tiempos era imposible ir más allá debido a la severa crisis económica y el accionar terrorista que se había apoderado de mi país, y que nos impedía soñar con un futuro distinto. No había dinero para ‘despilfarrar’ en esas cosas, lo prioritario era dar de comer a los tuyos, sacar a familia adelante como sea. El resto, quizá con el tiempo.

Mi gran oportunidad vino con el nuevo siglo, a través de una invitación de la UNEAC para celebrar el natalicio del poeta Nicolás Guillén en La Habana. Recuerdo que mientras aterrizaba el avión lloraba recordando los románticos boleros y alegres guarachas que había escuchado en casa desde pequeña. Fue un momento mágico.

Ese fue mi primer viaje internacional, pensé que iba a ser el último, pero de allí se han presentado muchos otros de especial significación para mí, como por ejemplo, el realizado a Egipto. Le doy importancia porque nunca pensé contemplar aquellos magníficos lugares que solo vi en las fotos de mis libros de Historia Universal. Nunca lo soñé, sin embargo, fue posible muchísimos años después.

Debo decir que nací y crecí en la ciudad, en un distrito de la populosa y caótica Lima, pero mis raíces están en la selva amazónica peruana. Mis padres yurimagüinos (Loreto), se fueron dejaron su pueblo en busca de mejora a la capital, pero añoraron su tierra por siempre.  A mis viejos les gustaba las plantas y los animales, y la azotea de mi casa asemejaba a una granja: criábamos pollos, patos, cuyes, conejos,  además de gatos y un perro que se coló, y que mantuvimos oculto hasta que mi padre lo descubrió y tuvo que irse (no le agradaban). Era nuestro rancho bonito hasta que un vecino nos denunció, y tuvimos que decirle adiós a nuestro paraíso. Solo las plantas aún sobreviven, mi madre les habla y ellas responden dándole flores y frutos. Deberías ver lo contenta que se pone mi Bruja (la llamo así de cariño), cuando cosecha sus fresas de maceta. Le salen grandes y dulces. 

Elga Reátegui con Isabel Alamar.
Mi hermano Adler es el que se dedicó a los bichos y plantas, profesión que quería mi padre para mí. No era lo mío. Me ganó la Comunicación y la Literatura. Él es ingeniero agrónomo, y trabaja en sanidad agraria.

No fui jamás una gran deportista. En vano me ponían a jugar vóley. Cerraba los ojos y la pelota caía donde sea. Me gustó siempre la gimnasia rítmica. Mi grupo destacaba a la hora de las exhibiciones. Lográbamos las mejores notas. Luego me decanté por el aeróbic, las pesas y los aparatos. Más tarde asocié el movimiento a la espiritualidad y practiqué taichí, falum dafa, yoga y pilates. Hoy por cuestiones de salud (las rodillas) cumplo con una tabla de gimnasia suave en piso y agua, pesas y pelota suiza. Disfruto mucho de esos instantes porque además los combino con mantras y Ho’oponopono.

Disfruto de mi soledad, pero hay momentos en que la busco la música para elevar mi nivel de energía. Me alegra la vida, me llena, evade, invita al recuerdo…Mis gustos en este sentido son variados. Aquí las combinaciones pueden resultar poco convencionales: boleros, baladas (viejas), valses peruanos, ritmos negros, huaynos, salsa, cumbia, rock en español e inglés (70, 80 y algo de los 90), pop, bossa nova y algunos instrumentales. Y si suena la música, de hecho, hay que mover el esqueleto. Los pies se me van…

Ahora que lo pienso, la escritura me halló y tuve que obedecer. Creo que hay personajes e historias que deben contarse. Están circulando por ahí, chocan conmigo, se presentan y me dicen: “Elga, escucha”,  y se ponen a hablar hasta por los codos. Pero cierto es que también viven dentro de mí y pugnan por salir. Entonces cedo, y les doy vía libre.

Y… ¿qué otros tipos de arte que no sea la escritura también admiras sobre todo en los demás?

Admiro mucho a los artistas que se pueden expresar a través de los colores, formas y texturas. No entiendo con el intelecto las pinturas, pero me dejo llevar por las sensaciones. No todos me conmueven está claro,  y hasta puedo no estar de acuerdo con que esto o aquello sea o se considere arte, sin embargo ahí radica la diversidad, qué bien que no todos sintamos o pensemos igual. Es estupendo contar con una amplia variedad de creadores. Por citar unos nombres respeto el trabajo de Yorik y Xavier Vela.

Me parece que tienes una forma peculiar de vivir y entender la vida, cuéntame cuál es y de dónde crees que te viene, ¿cuándo crees que nace y cómo va creciendo y configurándose tu personalidad a raíz de ello?

¿Eso crees? Tras una larga lucha por la supervivencia teniendo cuenta la época en que nací (breve gobierno democrático, un año), ser criada, y educada (en dictadura,  la transición democrática, el caos económico y la subversión), y luego tomar las riendas de mi vida, todavía afectada por la secuela de tanta crisis económica, política y el terrorismo, esto sumado a la cultura machista, mágica y esfuerzo pleno que heredaste y  a tus experiencias personales (dolor, decepción, fracaso, que no sé por qué más pesan), que obviamente también suma o influye en el tipo de ser humano casi hecho y derecho que ya eres, pues menuda combinación, ¿no? ¿Qué sale de eso?  

Soy una mujer guerrera, que siempre ha luchado, se ha esforzado por cumplir con sus objetivos y metas. No siempre han salido las cosas como he querido (casi nunca), pero que no se ha quejado, resentido o amargado por eso. Tengo las cicatrices de mis batallas perdidas en el alma. Algunas todavía duelen, pero me recuerdan quien soy. Lloro a mis muertos, aunque sé que están en mí. Les hablo y les sigo preguntando el porqué de un sinfín de cosas. Creo que hay vida en otros planetas, en los ángeles, en fantasmas, que existen pequeños seres que cuidan de mi cuerpo por dentro, en el karma, las vidas pasadas, el poder de la oración, la buena vibra y en que todo da vueltas.  

Respeto los lazos de sangre, y doy el trato de familia a mucha gente que quiero. Valoro el espíritu de superación de la gente, la consecuencia en sus valores y convicciones.

Pinto mandalas como forma de centrarme, buscar armonía y  hallar comunicación conmigo misma.

Eres una persona vitalista, trabajadora, amistosa, que sabe siempre ver el lado bueno de las cosas y sabe extraer lo mejor de las personas. ¿Siempre ha sido así? ¿De dónde y de quiénes aprendiste este gran secreto de la felicidad de dar por el placer de dar y no esperar recibir nada a cambio?

Mis padres fueron gente muy generosa, amable y dada en ayudar a los demás. Recuerdo mi casa llena de parientes, amigos y recomendados viviendo años en mi hogar por estudio, enfermedad o porque no tenían adónde estar. Tenían poco que ofrecer en cuestiones materiales, pero no les faltaba una cama, qué comer y cariño. A veces mi madre era criticada por ser ‘mano abierta’. “Le quitas el pan de la boca a tus hijos por otros”, reprochaban. Sin embargo, ella sonreía y contestaba “algún día mis hijos o descendientes” serán bien recibidos donde sea”. Sé que no lo hacía a la espera de nada. La cuestión es simple lo que das de corazón retorna multiplicado. Se ha cumplido en muchas oportunidades lo que decía.  En mi caso particular,  siempre he hallado gente dispuesta a echarme una mano cuando lo he necesitado sin importar el lugar.

Hasta el momento has escrito más novelas que poesía, pero empezaste con la poesía y nunca la has abandonado, ¿siempre ganará la prosa a la poesía en cantidad pero no en calidad?, y ¿a qué ritmo más o menos crees que podremos ir disfrutando de tus obras?

¿Calidad y cantidad? Creo que las trabajo con igual esmero y honestidad. Que guste más o menos una u otra, ya es criterio del lector. Escapa a mi control.  Soy bastante exigente conmigo y sería incapaz de publicar algo que no sea decente (por lo menos) por más que me guste. Quizá de joven era más atrevida y solo me fiaba de mí (en poesía), y podía caer en errores y cometer horrores, pero aun así puedo afirmar que he sabido detenerme mucho a meditar a la hora de publicar.

No tengo los tiempos programados para la salida de mis libros. Entre la primera novela y la segunda creo que pasaron tres años, y los casos de la tercera y la última un año. Ellas deciden cuando están listas, y me dejo llevar.  Esto no significa que no haya material. Siempre tengo temas que tratar, y lo ratifican las seis obras que tengo en el cajón.

¿Cómo definirías tu manera de escribir? ¿Hacia dónde va tu escritura? ¿Qué metas o logros te gustaría todavía alcanzar? Y ¿cuáles son algunos de los que ya has alcanzado y te sientes especialmente orgullosa de que así haya sido?

¡Ay, las definiciones!  Solo sé que escribo como Elga Reátegui, y que retrato las relaciones humanas en toda su dimensión, lo que le pasa a la gente en su día a día, sus conflictos con el pasado, lo que aspira o sueña, pero también muestro adonde le conducen sus decisiones o destino. No siempre hay un final feliz o de acuerdo a lo que esperan los lectores, pero, como en la vida real, ocurre porque tenía que ser así, aunque no lo entendamos.

Ignoro hacia dónde va mi escritura. Cada libro es distinto tanto en tema como en el modo narrativo. Se plantea un camino y hay que seguirlo.

Publicar y salir a promocionar una obra es un privilegio. Llevo cuatro novelas (sin incluir los poemarios), y me siento orgullosa de haber llegado tan lejos. No fue planeado. Yo no soñé con ser escritora. Lo mío era escribir poesía para mí. Más tarde me junté con otros poetas, y los fines de semana acudíamos a recitales donde compartía lo escrito. Era puro disfrute. Sin expectativas de un futuro literario. De allí mi sorpresa de verme ahora escribiendo y siguiendo la ruta de mis novelas. Tal como me aconsejó un vidente en Lima “Ve adonde te lleven tus libros”.

Me alegra haber podido iniciar mi carrera de escritora, aquí, en España, donde desde el comienzo apoyaron mi carrera. Fue un honor presentar mi primera novela en la Biblioteca Valenciana. Ese fue mi primer éxito.  También recuerdo con enorme satisfacción las dos presentaciones de mis novelas en la Feria Internacional de Guadalajara (México), la última en diciembre del año pasado.  

¿Qué es lo que más le preocupa a Elga en la vida? ¿Cuáles son los grandes temas que la motivan a seguir luchando y que quizá aparecerán una y otra vez en sus novelas y quizá también en su poesía porque los considera fundamentales?

Me preocupa la felicidad de los míos, pero entendida como sentirse a gusto consigo mismos o con lo que escogieron hacer en esta vida. Dependiendo cómo se enfoque entran a tallar mi hijo, esposo y madre. Deseo que mi hijo tenga un satisfactorio futuro, se lo está trabajando y sé que es feliz, en cuanto a mi amor, siempre está en paz y gozando de sus quehaceres, y en lo que se refiere a mi Bruja linda, aspiro a que tenga una buena vejez, y hago todo lo posible porque así sea.

Mis novelas, aunque no quiera, dicen mucho de mí y de lo que le tocó vivir a mi generación. Mi amiga Sandra afirma que somos sobrevivientes y estamos condenados a trabajar toda la vida. Es verdad, somos veteranas de guerra, con mucho por sanar y ávidos por compartir nuestra experiencia. Cada uno lo hace con el mejor de sus talentos y  cómo mejor le sale. Ella en su rol de periodista  sensibibilizando en educación y yo escribiendo historias de cosas que vi, viví o me contaron con una buena dosis de recreación para quien tenga ganas de leerme.

Me parece que te han hecho algún dibujo, una muñequita que se te parece… Cuéntanos, ¿te ha hecho ilusión recibir esos regalos?, ¿qué otros detalles curiosos has recibido de tus lectores y de los amigos que te quieren y demuestran su afecto?

La muñeca fue un regalo de cumpleaños de mi querida amiga Maribel, quien además es la editora de mi espacio Momentos. La mandó a hacer especialmente para mí. Quedé encantada.

Y algo que me llenó de emoción fue recibir un pañuelo bordado de una señora al finalizar la presentación de mi libro en México. Dijo que le había gustado lo que compartí en una entrevista que me hicieron en la radio, y que se animó a ir a conocerme en persona. Me hizo muy feliz.

Si no hubieras sido periodista y escritora, qué hubieras sido, con qué otras profesiones hubieras estado a gusto y hubieras seguido creciendo como persona y hubieras dejado también tu impronta en el mundo.

De niña me encantaba bailar y cantar. Soñaba con ser una especie de Rafaella Carrá. Imposible serlo con el padre que me tocó, ja,ja,ja…No le gustaba para nada la idea  de tener una hija ‘bataclana’. Luego se metió la onda mística, y por un momento,  pasó por la cabeza ser religiosa, quizá por influencia de mi amiga Sor Rosa Salas, la monja que se encargaba de la catequesis. La veía tan en paz y alegre, que me motivaba a seguir por esa senda. Duró poco, el baile y la música ejercieron más poder sobre mí. Por otro lado, estaba claro que me gustaba socializar, hablaba con la gente y me interesaba por sus problemas. Tal vez de no haber hecho el curso de locución, me hubiese inclinado por la sicología o el derecho, pero la balanza se inclinaba hacia las comunicaciones, por eso, estudié Ciencias de la Comunicación, y me licencié en Periodismo. Era una forma de ayudar a la gente. Me comprometí con muchas campañas de sensibilización social.

Tu programa de entrevistas Momentos tiene muchísimo éxito, ¿cuáles crees que son las claves de su éxito? Por mi parte, creo que su formato desenfadado, alegre, cercano… pero ¿qué más crees que le llama la atención a la gente y cómo te vino la idea de crear este programa?

No lo sé, y también depende de lo que cada quien entiende por éxito. Siempre quise tener un espacio que me permitiera unir mis dos amores: el periodismo y la literatura, y a la vez -y considero que es el fin fundamental del programa-, darle escaparate a los escritores, artistas y gente vinculada a las comunicaciones. Es complicado encontrar medios que te hagan caso a la hora de promocionar tu libro, disco u otra iniciativa artística, de allí, la idea de contribuir de alguna manera a hacerles visibles y que a través de la entrevista puedan darse a conocer y hablar de su obra. Pero no solo me intereso por su trabajo literario o artístico, me aseguro que también el público conozca a la persona, su mundo interior y filosofía de vida. Me gusta Momentos porque hago lo que quiero sin límite de tiempo, si la entrevista da para más, pues se alarga y no pasa nada.

Si gusta o llama la atención es porque se ocupa del ser humano dentro del escritor o artista, y por el nivel de diálogo que se establece entre  invitado y entrevistador. Hay respeto, confianza y gentileza. A veces se crea un ambiente de distensión, humor y complicidad, pero sin caer en la chabacanería u ofensas a terceros.

Si tuvieras que nombrar solo a diez escritores de cualquier género que te gustaran mucho entre clásicos y modernos, ¿cuáles serían?

Wilde
Maupassant
Unamuno
Saramago
Milan Kundera
Julio Ramón Ribeyro
Isabel Allende
Ángeles Mastretta
Alfredo Bryce
Gabriel García Márquez

Tu última novela ha sido Y te diste la media vuelta. Y me consta que has estado mucho tiempo y por diversos países promocionándola y que te ha ido muy bien. ¿Qué destacarías de las presentaciones, entrevistas…?  Cuéntanos cómo ha sido la acogida. ¿Cuáles han sido algunas de las experiencias más llamativas que has vivido y que han contribuido a reafirmarte como escritora?

Siempre quedo impresionada con los debates que se arman a partir de la novela. Resultan reveladores y sacan chispas. Hay mucho de qué hablar sobre la mujer y su rol de madre. También de aquellas que no quieren serlo. Cunde la polémica por los prejuicios y la poca tolerancia. Sobre todo me quedo de piedra con las interpretaciones que hacen sobre tales o cuales situaciones o las motivaciones de los personajes. Se va más allá de la historia e incluso es motivo para que muchas de las asistentes compartan  sus experiencias personales. Es cuando nos hermanamos y nos vemos reflejadas unas en otras.

Recuerdo que una chica en Madrid me llamó la atención diciendo “que no debería expresarme mal de las mujeres”, y a continuación pasó a contar públicamente su historia de violencia de género. Al final, terminamos abrazadas, y le dije “que nadie sabe lo de nadie, por tanto, no debería juzgar”.

Y en Lima, si mal no recuerdo, un periodista me preguntó qué problema tenía con la S. Hasta ese momento, no me había dado cuenta que casi todos mis personajes llevaban nombres con esa letra, jajaja…

Otra bonita experiencia fue el mensaje que me dejó un pescador que escuchó la entrevista que me hicieron en Radio Nacional del Perú en medio del océano. Me pareció maravilloso.

Relléname los huecos:

ELGA ES…. Disciplinada. 
Y ELGA NO ES… Irresponsable. 
Y A ELGA LE GUSTARÍA TAMBIÉN SER… Música.

Y termino la entrevista con una pregunta totalmente abierta, háblame de tus proyectos más inmediatos y de lo que quieras, de aquello que no te he preguntado, pero que te gustaría también que se supiera. El final de la entrevista es tuyo.

Me decanto por hablar de cosas concretas, aunque puedo decir a grandes rasgos que preparo nueva gira de mis dos más recientes novelas A este lado y al otro e Y te diste la media vuelta. Pensé que ya había acabado con el periplo promocional, pero una promotora cultural me ha ofrecido a organizarme una serie de actos al sur de España, y no he podido negarme a esta oportunidad. Hay otros proyectos, pero prefiero estar segura y hablar cuando todo esté en marcha.

Si desean saber más de la autora o su obra pueden pinchar los siguientes enlaces:

lunes, 24 de julio de 2017

Sonsoles Ónega: "La novela es una invitación a que el lector descubra qué hay después del amor."

Esta semana voy a compartir con vosotros la entrevista que me concediese la periodista y escritora Sonsoles Ónega a raíz de la publicación de su novela 'Después del amor' (Planeta, 2017). Premio de Novela Fernando Lara 2017. Curiosamente al terminar la entrevista me recordó que estuvo también de promoción en Valencia con su anterior novela en 2015. Asentí porque 'coincidimos' en la Feria del Libro de Valencia justamente hace dos años. El entrecomillado es debido a que no nos vimos, ella promocionaba 'Nosotras que lo quisimos todo' (Planeta) en tanto este servidor hacía lo propio con 'El escritor impaciente' (ADD).

A continuación lo que comparto no es la entrevista íntegra, como en otras ocasiones, si un par de enlaces además del oficial de la editorial. En ellos podréis leer las preguntas y respuestas y, como digo, en el de la editorial, el primer capítulo de la novela.

Se aceptan comentarios y sugerencias respecto a este nuevo formato de compartir la entrevista.



jueves, 6 de julio de 2017

Ángel A. Svoboda: «Grandes artistas fueron un desastre en su vida.»

Entrevisto a Ángel A. Svoboda aprovechando su visita a Valencia para presentar su última publicación. Tuve la oportunidad de leer el libro días antes, al proponerme la librería moderar la presentación de ‘Damned Writers’ (Editorial Bululú) junto al autor. Coincido con él, con Ángel y con más lectores no solo en la calidad del libro, escrito e ilustrado por él. También en la convicción de que puede ser un buen libro para los jóvenes lectores, en los centros educativos, para acercarse de una manera diferente a los escritores que aparecen en este libro.

Lo primero que le pregunto es cómo surgió la idea de escribir este libro. «Como todo, surge de la necesidad.», confiesa, antes de explicarme como había estado trabajando en proyecto en los que había desarrollado un estilo propio con personajes conocidos como Marx, Bakunin, Dalí o Picasso… «Enseguida me vino a la cabeza dibujar escritores a los que venero.» También me cuenta que indagó un poco en la vida de esos autores  y que «reunir un grupo de autores de ambos sexos con vidas trágicas y contar las desgracias que les tocó vivir me pareció la mejor manera de rendirles un justo homenaje.» No cabe duda de que es un merecido homenaje, como indica, incluso añade que «ya que nos han dado tanto con su legado literario, qué menos que poner de relevancia su aciaga vida para que los lectores se metan en su piel y disfruten cada palabra de sus obras con conciencia.»

Como en el libro aparecen 23 autores, le pregunto el porqué de este 23, y si hay alguna anécdota detrás de esta elección.

La idea era pensar en una cifra redonda, mitad mujeres y mitad hombres para ser justos. 20 fue el número escogido (10 hombres y 10 mujeres). Pero por el camino apareció John Kennedy Toole, autor de “La conjura de los necios”, quien se quitó la vida al no convencer a ningún editor de que publicara su obra. Y fue su madre, Thelma, quien peleó sin parar hasta conseguir la publicación del manuscrito de su hijo. A Pablo (el editor) y a mí nos pareció un buen nexo de unión entre hombres y mujeres. Por tanto nuestro título cambió de 20 a 21. Y cuando casi estaba terminado el libro caímos en la cuenta de que las hermanas Brontë son tres, aunque aparezcan en la misma ilustración, y de nuevo cambiamos el número por el 23 definitivo.

Otra curiosidad por la que le pregunto es que con tantos autores en el interior no aparezcan unas líneas acerca de él como autor, dentro o fuera.

Es algo que ni siquiera me había planteado. Los importantes son los protagonistas del libro. Ellos tienen calidad demostrada y millones de admiradores en todo el mundo y son los que se merecen todo el protagonismo. Yo me limito a tratar de hacer un libro bonito (como ilustrador) y que haga pensar a los lectores (como escritor) para que intenten entender a estos genios que fueron víctimas de sí mismos, de las circunstancias que les tocó vivir o de diferentes enfermedades mortales.

Sé que una pregunta fácil sería la de su autor maldito favorito, pero prefiero que me dé su opinión acerca de lo que tienen en común estos 23 malditos. Esa visión que nos presenta con esta obra, sobre cómo vemos a estos personajes desde la admiración, la veneración o el respeto pero que no lo tuvieron nada fácil, a menudo gozaron de vidas cortas y desgraciadas.

Esta relación da mucho que pensar. Es una terrible coincidencia que grandes figuras artísticas hayan sufrido tormentos en vida. Ya sea por amor (o desamor), por su vida disoluta o por las convenciones sociales de la época que les tocó vivir, especialmente en el caso de las mujeres. Muchas veces da la sensación de que, cuanto peor está un artista mejores obras hace. Creo que esto ocurre en todos los sectores artísticos. Pintura, música, cine… Mi teoría es que todas las personas con habilidades artísticas tienen tan desarrollada esa parte del cerebro que sufren carencias en el resto, lo que produce un desorden de diferentes magnitudes. Grandes artistas fueron un desastre en su vida. Es la típica mentalidad bohemia desordenada y excesiva. Esta es mi teoría, pero desde luego yo no estoy en posesión de la verdad absoluta. Esto es, claro, en circunstancias de su comportamiento. Pero hay otras circunstancias como comentaba antes que, simplemente, les tocaron en suerte como una maldición. En cualquier caso, me parece una terrible circunstancia común.
Por cierto, mi autor favorito es Lovecraft.

Imagino que en algún momento has pensado, le digo, en la vertiente didáctica de esta obra. Se perfila la bendición y maldición de los personajes incluidos, pero con la intención de que los lectores no se aburran, que busquen más información en caso de que estén interesados en uno en concreto.

Eso es. El libro tiene una clara vocación docente que trata de huir del aburrimiento. La intención es acercar a los neófitos, en mucho casos adolescentes que empiezan a aficionarse a la lectura, a grandes figuras de la literatura, haciéndolas cercanas al contar cómo fueron sus vidas. Creo que en ese sentido el libro es una recopilación resumida de autores indispensables de la literatura que puede servir de ayuda a muchos profesores para hacer más amenas e interesantes sus clases. Siempre he pensado, sobre todo en los últimos años, que en la adolescencia, al menos mi generación, “padecimos” una enseñanza aburrida, basada en clases magistrales en las que se vomitaba una gran cantidad de información de una manera que te resulta difícil establecer conexiones sociales y temporales. A todos nos gusta que nos cuenten historias ¿Por qué entonces nos aburrimos en clase? Es algo que da mucho que pensar. Hace falta una reforma en el modelo educativo, que ya empieza a vislumbrarse en algunos centros con resultados muy positivos.
Con esta información breve que doy de cada autor y por la manera en que la cuento, espero suscitar el interés por la investigación de todos los pormenores de su vida y obra. Si consigo que alguien se aficione a la lectura me parecerá un triunfo y me sentiré tremendamente orgulloso.

Ángel, para terminar, ¿tienes en mente una secuela con más escritores o quizá con otros artistas malditos?

La verdad es que es muy tentador llevar el concepto del libro a otros terrenos que también me interesan como la música, la pintura o la ciencia, por citar sólo unos casos. Esperemos que funcione bien este libro para poder hacer más y ampliar la colección.



Ángel A. Svoboda (Alicante, 1973) Ávido lector de cómics desde temprana edad, se inicia en el mundo "fanzineroso" como colaborador de "Zoom". Se formó en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Alicante, en la especialidad de Gráfica Publicitaria, e influido por figuras internacionales (David Carson, The Designers Republic, Buro Destruct...), colaboró en la revista "Mala Impresión", y poco después fundó su propia agencia ‘I am, I can’, y más tarde retomar el mundo del cómic rescatando y replanteando un antiguo proyecto: Secretos Arcanos. También trabajó para la desaparecida revista Mister K, y más tarde en Amaniaco, antes de publicar Secretos Arcanos.

lunes, 26 de junio de 2017

Harkaitz Cano: “Algo me dice que la compra del libro ha sustituido a su lectura”.

Esta semana me concede una entrevista el escritor Harkaitz Cano que acaba de publicar ‘El turista perpetuo’ (Seix Barral), un libro de relatos muy acorde con estos calores y esta estación estival.

Los relatos incluidos en ‘El turista perpetuo’ parecen moverse en espacios muy vinculados al agua, en su mayoría: la playa, el río o la piscina como telón de fondo. ¿Hasta qué punto se apoya en esos escenarios a la hora de plantear los conflictos y las tramas, por ejemplo, en estas catorce historias?

Sin duda el agua invoca por sí misma esa doble vertiente: purifica y relaja por una parte, pero puede también ser una amenaza latente. Es fuente de placer, pero también de peligro. He tratado de buscar ese contraste entre la temperatura solar de muchos de los relatos y la tensión que los atraviesa, a veces inquietante, a veces oscura. Escenarios y clima pueden contrastar con las tramas o reforzarlas, pero es cierto que una situación de calor extremo puede llegar a desenmascarar; la canícula, por ejemplo, puede llevarnos a saltarnos las fórmulas de cortesía y hacer que nos mostremos más irritables, impacientes o rudos. Tal y como somos en realidad. Y es ahí cuando un escritor pulsa la tecla REC y comienza a grabar.  

La imagen de la portada sobreviene del relato final, ‘Aullad, estrellas’, lo tomo para preguntarle por sus medusas metafóricas, por sus raptos de inspiración, si los tiene.

Así es, las medusas aparecen en el primer relato y en el último y cumplen dos funciones muy dispares, tal y como hablábamos antes al referirnos al agua: en el primer caso representan el miedo y el peligro, mientras que en el último encontramos a un escritor aparentemente supersticioso que cree en el veneno inspirador de las picaduras. En mi caso tengo comprobado que el mejor momento para escribir coincide con las primeras horas del día. No son muchas, solamente un par de ellas. A partir de ese momento es puro reciclaje: puedo releer o avanzar a trompicones, pero ya no es lo mismo. Las dos primeras horas son de puro quirófano, después queda la ronda médica en planta, una parte del trabajo necesaria, pero no tan intensa.

Me quedo con una frase de este mismo relato para preguntarle por ese boom de publicadores, de escritores: se editan ingentes cantidades de libros, pero se lee. La frase es de Bidarte cuando afirma que: ‘No son escritores lo que necesitamos, sino lectores.’

Es algo a lo que doy muchas vueltas, francamente. Nos empeñamos en publicar nuestros libros, pero… ¿no debería ser uno de los trabajos del escritor rescatar las perlas ocultas en ese magma de texto inabarcable y darle un nuevo contexto? Leer a los clásicos y recontextualizar, más que empeñarnos en crear algo “nuevo y original” (¡como si tal cosa existiese!). Algo me dice que la compra del libro ha sustituido a su lectura. Uno compra el libro y ya lo da por leído.

Hay una abundante profusión de personajes con nombres vascos, imagino que es un recurso buscado, que es una forma de dotar de verosimilitud a las historias y, de paso, acercarlas a su realidad más cercana no solo como autor de ficción.

Hay una apuesta por crear historias que suceden aquí y ahora, en mi entorno más próximo, en este rincón de Europa en el que me ha tocado vivir, y en una época muy cercana, que es la que mejor conozco. Si se les aplicase la prueba del carbono-14 a estos relatos en el futuro se podrían datar fácilmente… Creo que durante años ha habido cierto complejo por parte de algunos escritores vascos –entre los que me incluyo– a la hora de utilizar con naturalidad nuestros nombres y hemos buscado otros nombres más “homologables” y neutros como Nora, Laura, Santi, etc. Es un tema curioso.

A pesar del título de estos relatos, nada tan perpetuo como la trama de ‘Boeing 767’, ese monólogo interior, a lo Ulyses de Joyce, que se convierte en un uróboro.

En efecto, me encanta que cites esa figura, porque es exactamente lo que es. Siempre se habla del tópico de que en el momento de su muerte uno puede llegar a ver su vida resumida en una ráfaga de imágenes… Y digo yo, ¿por qué esperar al momento de la muerte si podemos hacer lo mismo con un relato? La hipótesis de este relato, quizá el más experimental del libro, es poder leer el último pensamiento de cada uno de esos viajeros del avión cuando la tragedia parece inevitable y construir, mediante la técnica del zapping, un loop con ese flujo de consciencia colectivo.

‘El Danubio mecánico’ se antoja una metáfora satírica de una realidad demasiado conocida y quizá por ello admite la distancia narrativa de poder fabular y reírnos, en cierto modo, de sus consecuencias.
Es un homenaje a “La autopista del sur” de Julio Cortázar, pero trayendo aquel enorme atasco de tráfico a hoy en día. Se trata de licuar de forma muy subjetiva muchos de los tópicos de la vieja Europa, un intento de poner sobre el tapete sus virtudes y sus complejos, pero también sus miserias, que son las nuestras. También podría interpretarse como una versión steam-punk de “El rapto de Europa” en el que se plantea nuestra identidad líquida… Aunque tiene apariencia fantástica, en el fondo es un relato muy realista, con una protagonista cuyo nombre coincide con el de la canciller alemana y cuyo subconsciente desatado cabalga de modo casi lisérgico.

¿Cree que a veces ocurre que al lector se le encasilla, quizá por el éxito de una primera novela o de una saga, como ha sucedido, por ejemplo, a algunos actores o músicos? Lo comento porque en el relato ‘El velero’ leemos que ‘convenía tener más cuidado con lo que uno hace bien; de lo contrario se corre el riesgo de no hacer otra cosa el resto de tus días.’

Creo que hay que ser consciente de las limitaciones de cada uno. Por ejemplo: a todos nos gustan una serie de escritores, pero no necesariamente nos parecemos a ellos. Está bien conocer los puntos fuertes de uno y sacarles partido, pero a veces me gusta jugar fuera de casa, practicar  disciplinas cuyas reglas desconozco, moldear la propia vocación trabajando a contracorriente u obligándome a sentirme incómodo con el género, el tono o el personaje que he elegido. Eso que decían ciertos pintores sobre atarse la mano diestra y tratar de volver a aprender a dibujar con la otra.

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Harkaitz Cano (Lasarte, Guipúzcoa, 1975)  se licenció en derecho por la UPV de San Sebastián, comenzando su andadura literaria con la creación del colectivo Lubaki Banda, en 1993. Publicó su primer libro de poesía, Kea behelainopean bezala en 1994, al que le siguieron las novelas Beluna jazz (1996) y Pasaia blues (1999); una antología de cuentos publicada en castellano que reúne los mejores relatos del autor, Enseres de ortopedia inútil (2002), y El puente desafinado (2003), un libro de crónicas literarias de Nueva York. Actualmente es colaborador habitual de varios periódicos del País Vasco, así como guionista de radio y televisión.


lunes, 19 de junio de 2017

Paula Izquierdo: «Toda la novela tiene su intención, su razón de ser.»


Esta semana comparto esta entrevista a la escritora Paula Izquierdo. La disfruté, la entrevista, entré en complicidad y risas enseguida con Paula, me sorprendió cuando me dijo que la chica de la portada era ella leyendo otra novela anterior suya. Gracias Paula.
Lo primero darle la enhorabuena por el premio, y máxime al coincidir con un hecho más que significativo, que haya sido Ud. la primera mujer en ganar este premio literario tras diez ediciones.

Gracias. En efecto, lo he ganado yo, mujer, este año, en su décima edición, pero ha dado esa casualidad, cuando yo estaba escribiendo esta novela no estaba pensando en que fueran a darme un premio ni nada.

Vamos, que no pensó en Logroño cuando escribió o mandó su novela a concurso.
No pensé en Logroño aunque me gusta el Rioja.

Hay ciertas coincidencias entre usted como autora y la protagonista, en muchas novelas los autores dejan parte de si, la pregunta que me hago es ¿qué hay de Ud. como autora en esta novela de una manera menos visible?
Viendo la portada ya ves que soy yo, la realidad es la siguiente. En todas las novelas los escritores nos dejamos la piel en el sentido literal del término, pero también en el sentido de que todas las experiencias, o muchas de las experiencias, podemos volcarlas de forma disfrazada en los libros. Lo menos visible de mi es lo más visible en la novela y es el interrogante que me supone la condición humana, el ser humano como tal, en concreto yo me he fijado en dos aspectos que son: supeditarse por amor al talento del hombre en una relación de hombre y mujer, aunque ahora ya da igual, hay varias, y también me ha interesado mucho ahondar en el aspecto del mal, por eso el compañero de Mirna, de doctorado, está intentando hacer un trabajo de doctorado sobre si el mal es adquirido o si bien es hereditario, sobre todo cuando se trata de un mal gratuito que no conduce sino a una pequeña fijación que tiene que volver a repetirse, a los asesinos en serie.

El personaje protagonista de ‘El callejón de los silencios’ es también una mujer, Mirna, háblenos de ella como exponente, en cierto modo, del papel de la mujer en la sociedad actual.
Mirna es una mujer que, en cierta medida, analiza la conducta de las mujeres que han sido precedidas por sus parejas, sus maridos, sus amantes; tiene que hacer un trabajo de psicología social, está haciendo el doctorado, y pretende hacer  el trabajo sobre las mujeres exiliadas y cómo ellas, con el tiempo, han sido diluidas como escritoras y como poetas, y en cambio sus maridos han tenido cierta fama.
Hablamos, por ejemplo, de Alberti o Juan Ramón Jiménez, y de muchos otros; lo cierto es que ella pretende analizar cuál el motivo que les ha llevado a eclipsarse y a dejar su talento al margen, precisamente para ayudar a sus maridos y realmente, a lo largo de la novela, uno se va dando cuenta de que ella se va tiñendo de ese mismo comportamiento, por eso ubico la novela en los años 89 y 90 cuando no había móviles.

Otro aspecto importante de esta novela es lo que vamos descubriendo por parte del narrador omnisciente y por parte de los personajes en un contexto histórico en el que no había teléfonos móviles ni mensajería instantánea ni teléfonos con internet.
¿Por qué es un narrador omnisciente? Precisamente porque el lector sabe mucho más de lo que los personajes saben de sí mismos y ellos de los otros dentro del trió amoroso. Todo y nada es visible en esta novela sobre quién soy yo.
Y claro, es que precisamente para poder contar lo que quería contar tenía que ocurrir cuando no había teléfonos móviles, precisamente por eso. Toda la novela tiene su intención, su razón de ser, cada una de las escenas y cada una de las cosas que aparecen; era imprescindible que en ese momento no hubiera en España teléfonos móviles, la comunicación a través de internet con los móviles tampoco, de modo que la comunicación se hacía en directo, como se hacía antes  sacando la información de un ordenador para llevarlo a otro.

Paula Izquierdo (Madrid, 1962), psicóloga de carrera, lleva quince años dedicada a la escritura. Entre sus ensayos se encuentran “Picasso y las mujeres” (Belacqua) y “Sexoadictas o amantes”. Ha publicado las novelas “La falta”, (Alianza), finalista del VI Premio Fernando Quiñónes, “El hueco de tu cuerpo”, (Anagrama) y “La vida sin secreto”, (Plaza & Janés); el libro de relatos “Anónimas” (Seix Barral) y la traducción de “Bubu de Montparnasse”, de Charles-Louis Philippe (Trama Editorial). Además de su tarea como narradora, ensayista y traductora, colabora en ABC y en distintos medios escritos.  Pertenece a la junta directiva de la ACE y ha coordinado, antologado y participado en el libro de relatos, “Cada vez lo imposible” (Alianza). Actualmente pertenece al Consejo Editorial y colabora en la revista Texturas.

lunes, 12 de junio de 2017

Luis Goytisolo: «Tres cuartas partes se lo dedico a la preparación y una parte a la redacción.»

La vida está llena de coincidencias y, quizá por ello, esta semana traigo a Maleta de libros una entrevista un poco especial. Fue una coincidencia el hecho de que el autor me la concediera y no he querido dejar pasar más tiempo, coincidiendo con el final ayer de la Feria del Libro de Madrid, para que viera a la luz. De esto de los tiempos y de coincidencias sabe mucho Luis Goytisolo, quien estuvo promocionando su última obra, 'Coincidencias' (Anagrama) en la Feria del Libro de Valencia. Más allá de preguntarle por su libro, por estas 'Coincidencias', quise aprovechar la oportunidad de conversar con un escritor de la talla de Goytisolo (no en balde es miembro de la Real Academia Española desde enero de 1995), y que me contase qué opinaba sobre sus lectores, sobre la propia feria del libro o cómo fomentar la lectura en este país donde tanto se publica y se lee tan poco. Un último apunte: en la foto hay otra divertida coincidencia, al fondo puede verse al conocido presentador de televisión y escritor Cristian Gálvez.  

 «Este último libro procede de una veta literaria que vengo cultivando desde finales de los años 60 comienza a contarme cuando le pregunto por el origen de 'Coincidencias', paralela a la de mis novelas. Mis novelas, en general, tienen un humor de carácter cervantino o anglosajón, es decir, humor, lo que se entiende por humor irónico; este libro, en cambio, procede, de unas piezas que yo llamé fábulas, que iba escribiendo paralelamente, publiqué tres libros de fábulas. Recientemente publiqué un relato, una narración, que titulé ‘El atasco’ que encabeza la reedición de todas estas fábulas.»
 »Recientemente se me ocurrió convertir este tipo de humor más bien disparatado, que no es ironía si no es en apariencia disparatado, tiene toda la coherencia del mundo, en novela. Entonces, a partir de ahí, confeccioné una novela; esto es una novela, hay diversos hilos temáticos que se van entretejiendo hasta formar una estructura realista completamente.»

Viendo que esa veta literaria arranca en los años 60, quise saber si ‘Coincidencias’ le había llevado mucho tiempo escribirlas. Curiosamente me respondió algo sumamente interesante sobre todo para quienes además de leer, escriben. Goytisolo me desveló en parte su método literario, al comentar:
Lo que me lleva tiempo siempre es la preparación, de las cuatro partes o más que puede durar o que puede tomarme una novela -temporales, me refiero-, del tiempo que me toma escribir una novela, tres cuartas partes se lo dedico a la preparación y una parte a la redacción. Siempre es así, sea corta o larga. La preparación incluye notas sobre la estructura, de forma que cuando empiezo la novela sé el número de capítulos que habrá, el contenido de cada capítulo, el desarrollo argumental, en fin… incluso también el lenguaje en el que está escrito, frases enteras para pillarle el tono exacto. La estuve preparando un par de años y me he tomado tres meses redactarla.

Imagino que habiendo empezado tan joven a publicar, y ganando premios, uno sentirá de manera distinta el primer libro a este, las sensaciones serán muy diferentes. ¿Cómo se ve el hecho de estrenar obra ahora que lleva tantos años publicando?
A mí lo que me preocupa es ver si la impresión coincide con el lector, si no he metido la pata o algo así, y siempre tengo la desgracia de abrirlo y encontrar una errata, esto me pasa con mucha frecuencia…

Pero ¿a qué se refiere?, ¿cómo abre el libro y encuentra esa pertinaz errata, al principio, al medio…?
No, no, en la primera página, es abrir así, bum, ¡y ahí está! Luego resulta que afortunadamente hay muy pocas.

Entre pregunta y pregunta se acercan al stand de la feria lectores de Goytisolo a que les dedique este último libro pero también otros, lo noto y, al retomar las preguntas, se lo comento.
Querría preguntarle por los lectores, por alguna novela o novelas que sus lectores recuerden o le refieran cuando tiene la oportunidad de hablar con ellos.

Siempre es ‘Antagonía’. Hay mucha gente que me sigue trayendo ejemplares de ‘Las afueras’, el primer libro que terminé a los 23 años, empecé a  escribir a los 20. Y yo no estoy satisfecho, no conseguí lo que quería, pero le dieron el premio Biblioteca Breve y tal, y viene gente que le encanta, que le sigue encantando más que a mí, seguramente; ejemplares de las 20 o 30 ediciones que puede haber habido, buscando sobre todo las más antiguas.
Y estando en la Feria del Libro de Valencia también le pregunté qué le parecen las ferias del libro, en general y la de Valencia, como iniciativa cultural quizá para que se reencuentren autores y lectores

Me he llevado una sorpresa con la de Valencia, que está en el esquema de la de Madrid, que es lo que me parece interesante: que sean varios días, que esté en un lugar tranquilo y que la gente venga tranquilamente. Por otra parte, los puestos que corresponden a las librerías especializadas en el género que buscan me parece muy bien. Esto del esquema de Barcelona que ha salido a la calle es intransitable.
En esa línea quise formularle una última pregunta, no quería robarle más tiempo ni a él ni a sus lectores, precisamente para que reflexionase sobre cómo cree que debería fomentarse que se lea más, pues según las estadísticas se lee poco en España. En definitiva,  ¿qué hay que hacer para que la gente lea más?

El trayecto es muy largo, hay que empezar en los planes de enseñanza, habituar al niño a que no se limite al móvil, a enviar cosas, por pequeños que sean, mostrarle de algún modo el atractivo que tiene un relato largo pero ellos se están habituando, además, al mensaje, a abreviarlo todo, a la amplitud de lo que tiene un relato largo, bien hecho, que te envuelve. En cambio el mensaje este te hace saber algo, nada más. Me parece un error tremendo esta tendencia a ir suprimiendo las letras, esto es habituarle, habituar al joven a lo que es cultura o lectura, vamos.

Luis Goytisolo (Barcelona, 1935) con su primera novela, Las afueras, ganó el Premio Biblioteca Breve en 1958. Es autor de numerosas novelas, entre las que destaca Antagonía, Estela del fuego que se aleja (Premio de la Crítica) o Naturaleza de la novela (Premio Anagrama de Ensayo). Ha obtenido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura, y Premio Nacional de las Letras 2013. Es miembro de la Real Academia Española.

lunes, 5 de junio de 2017

Antonio Iturbe: «Para mí la literatura siempre ha sido fuente de grandes alegrías».


Me concede una entrevista el escritor Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967) en la Feria del Libro de Valencia. Lo primero, darle la enhorabuena por haber obtenido el premio Biblioteca Breve 2017 con su novela ‘A cielo abierto’ (Seix Barral). A continuación, la simpática entrevista.
Si os gusta ‘El Principito’ o simplemente queréis conocer mejor la vida de su creador, Antoine de Saint-Exupèry, no os perdáis ‘A cielo abierto’ ni esta entrevista.

Creo que le interesa la literatura que se pregunta, que busca respuestas, la literatura del asombro de vivir frente a la del escepticismo.

Efectivamente, para mí la literatura siempre ha sido fuente de grandes alegrías, de grandes satisfacciones, me ha multiplicado la vida, por tanto, yo lo que quiero hacer cuando escribo es justamente es trasladar esa fascinación y ese asombro por la literatura, por tanto, ese tipo de libros que ahondan en la nausea, en lo disfuncional, en la derrota sobre la derrota, pues están bien y tienen su interés, pero me interesa más un tipo de literatura un poco más de trampolín, de catapulta.

En los cuatro años que estuvo construyendo esta novela seguro que hubo momentos de luz y de desanimo, de dudas, en eso quizá se parezca a su tocayo y protagonista de A cielo abierto, ¿qué más comparte con Antoine de Saint-Exupèry?

Esa para empezar, el tema de la duda, de la incertidumbre, efectivamente; al cabo de los años si sigues escribiendo te planteas si vas bien, si no vas bien, si tiene sentido, después comparto también el sentido que él tiene de mirar las cosas, que se trasluce en sus libros, ese sentido en el cual él quiere la literatura para contar historias y para que nos preguntemos cuál es nuestro lugar en el mundo y, sobre todo, nuestro lugar en el mundo respecto a los demás, cómo nos relacionamos con los demás, como son los hilos que tendemos, esa idea suya que me gusta mucho de que al final el mundo es un nudo de relaciones, de que nosotros al final somos hilos y, al final, lo que importa es como cosemos ese tapiz entre todos, ese sentido humanista de Saint-Exupèry me interesa mucho.

Vemos en los protagonistas una tierna dualidad, cuando están en el aire respecto a cuándo lo están en tierra, quizá sea otro paralelismo con los escritores, cuando están escribiendo y cuando no hasta que alzan el vuelo con el siguiente libro

Bueno, si desde luego, las personas somos múltiples y no somos de una sola pieza, no somos de bronce, tenemos contradicciones, tenemos momentos, igual que Saint-Exupèry efectivamente, podía ser por un lado un piloto muy aguerrido, valiente, alguien que se sube a esos aviones de papel de la época, y luego alguien muy frágil interiormente, alguien también muy poético y con un sentido casi místico de la humanidad, pero cuando ponía un pie en el suelo le encantaba beber champan, comer ostras y se subía a una mesa a cantar la Marsellesa, era muy noctámbulo y muy despilfarrador. Todos estamos hechos de muchas cosas y el escritor, naturalmente también, tienes tu momento de trascendencia cuando te pones detrás del ordenador, en tu mesa, y te pones a escribir, y luego no dejas de ser una persona con tus defectos, mundana, que a veces te tienta quedarte a ver el partido de fútbol del Barça en vez de ponerte a escribir y, bueno, uno es así siempre, poliédrico entre el cielo y el suelo.

Hay abogados que han escrito novelas sobre abogados y médicos sobre el mundo de la medicina, ¿cómo se planteó una novela con tanta aventura en el aire, en la cabina de un avión, sin haber pilotado una aeronave?

Yo he vivido muchas aventuras aéreas leyendo, yo soy un piloto de sofá que me han gustado mucho las historias de pilotaje; yo he volado mucho desde el salón de casa, pero sí que es verdad que llegó un momento en el que me planteé que para escribir un libro así tenia que experimentar como mínimo un poco sensaciones, un poco notar la vibración del momento y, bueno, aunque yo tengo un poco de vértigo y soy poco amigo de volar, pensé que debía hacerlo. Busqué y encontré una fundación que tiene en uso tres aparatos Bücker de los años 30, me hice socio de esta fundación aérea y volé en uno de esos aparatos y pude experimentar. Podría decirse que piloté durante dos minutos, el piloto iba atrás, son estos aparatos descabinados en los que va uno delante y uno detrás, me dijo por los cascos: ‘toma el mando’, que es una palanca, una palanca muy básica, y fue una experiencia estupenda, aviones muy ligeros, tocabas la palanca y el avión se ladeaba enseguida, prácticamente se mecían con las corrientes de aire, era como una cometa. Fue una experiencia bonita, muy corta, por mi cobardía no creo que repita muchos más vuelos, pero sí que creo que fue importante para escribir la novela.

Antonio Iturbe ha publicado las novelas Rectos torcidos (2005), Días de sal (2008) y La bibliotecaria de Auschwitz (2012), ganadora del Premio Troa «Libros con valores» y publicada en once países. Es autor de la serie de libros infantiles Los casos del Inspector Cito, traducida a seis lenguas y de la serie La Isla de Susú. Como periodista cultural, ha trabajado en El Periódico, en Fantastic Magazine y en Qué Leer, revista de la que fue director durante los últimos siete, y ha colaborado en radio y en publicaciones como Fotogramas o Avui. Actualmente es director de la revista Librújula, colaborador en Cultura/s, El País, Heraldo de Aragón y Mercurio, e imparte clases en la Universitat de Barcelona y en la Universidad Autónoma de Madrid. Su novela ‘A cielo abierto’ (Seix Barral) ha merecido el premio Bibloteca Breve 2017.

 

sábado, 3 de junio de 2017

Juan Pérez Chorro: «La ficción es, por supuesto, más interesante que la realidad.»

En esta ocasión traigo a Maleta de libros a un entrevistado muy especial, pues la novela sobre la que me concede la entrevista lo es sin duda para mí. Juan Pérez Chorro ha publicado recientemente su primera novela con la plataforma Amazon-KDP, no es su primera novela escrita aunque sí se puede decir que es la primera que rompe cierta barrera con el gran público. Más que detallar la biografía de Juan, por amistad me permito este tuteo aquí, prefiero dejar la entrevista y que esta hable por si misma del autor y su obra.

Siendo esta novela tan pictórica, la primera pregunta que se me ocurre es ¿cómo definiría en tres o cuatro trazos al protagonista de “Kandinsky como excusa”, a John Malevich?

John Malevich es profesionalmente un número uno: Buen pintor, estupendo docente y el mejor especialista sobre Kandinsky, pero su obsesiva dedicación al trabajo le ha hecho fracasar como persona, como marido y como padre. Conciliar el trabajo y la vida familiar ha sido  históricamente difícil y sigue siendo hoy un reto para la sociedad.

En esta novela tiene cierto coprotagonismo la figura del pintor ruso Wassily Kandinsky, ¿de dónde surgió la idea de esta historia precisamente con este artista?

En el año 2013, expuse en el Complejo Cultural de Abastos de Valencia mi tercera muestra individual de pintura con el título “El color de la música”. Todas las obras hacían referencia a la abstracción y el gran maestro ruso era el hilo conductor de la exposición. De hecho la portada del libro corresponde a un cuadro de ese evento.
Estudié todo lo que encontré sobre Kandinsky. Lo que él mismo dijo de su obra y lo que otros críticos interpretaron sobre su pintura. Guardé tanta documentación sobre el tema que ello me dio pie para escribir la novela.

Veo que hay varias tramas en la novela, una actual y, en cierto modo, un pasado que regresa con fuerza a John y que tiene relación con Rusia, la patria de Kandinsky. Cuéntenos sin desvelar en exceso.

 Efectivamente, el protagonista es hijo de una española y de un ruso pero, en la novela, el padre nunca ha contado su vida anterior a su llegada a España y esa incógnita se irá desvelando en su estancia en Moscú.

No sabría decir si “Kandinsky como excusa” es una novela de aventuras con toques de realidad o dejar que sea usted, como autor, quien nos lo diga a los lectores.

La novela tiene mucho de vivencias personales, de realidad, lo que ocurre es que las he transformado y exaltado de tal modo para que parezcan ficción, porque la ficción es, por supuesto, más interesante que la realidad. Dentro de este juego me parece que el lector disfrutará con las conversaciones que mantiene John Malevich, el protagonista, con Kandinsky en una especie de flashback abstracto en el que el factor tiempo importa menos que lo que se cuenta.

También hay toques de humor muy entretenidos, en especial con un personaje llamado Pepe el Crack; no desvelaré más, aunque sí que me gustaría que nos dijera de dónde han surgido algunos de los personajes de esta historia.

Las personas de mi generación en España, cuando pensamos en detectives, disfrutábamos con la película de José Luis Garci ‘El Crack’ o con Pepe Carvalho, el personaje creado por Manuel Vázquez Montalbán. Así que, queriendo romper la seriedad de algún capítulo pensé en situar a un policía valenciano en el barrio del Carmen y ponerle el apodo de Pepe El Crack. Un pequeño homenaje a lo nuestro, a lo cercano.

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Entre sus aficiones están, además de la escritura, la pintura, no solo porque me consta que lleva años pintando y exponiendo sus obras en distintas galerías y eventos, como ya nos ha comentado antes, también por la portada del libro que es suya original. Le habrá sido fácil así narrar la parte pictórica, la del oficio del pintor, aunque me consta también que ha sido meticuloso con el proceso de documentación para ciertos detalles técnicos, ¿es así?

Cierto. La portada pertenece a un cuadro expuesto en la exposición “El Color de la Música”. Sigo pintando y ahora  mismo estoy preparando una nueva muestra para los próximos meses, aún no tengo decidida la galería pero será en Valencia.
Al tratar los temas pictóricos es donde más he tenido que documentarme, no podía fallar ante mis profesores de la facultad de Bellas Artes… si alguno leía esta novela.

Como en un gran tres en raya podríamos decir que la novela, con John como protagonista, viaja entre dos continentes y tres países: América y Europa; Argentina, España y Rusia. Siento curiosidad no tanto por Rusia o España sino por qué eligió como tercer escenario Argentina.

Se lo explico. España es el país del protagonista y Valencia, los barrios del Carmen y de Ruzafa, su lugar de trabajo, su hogar. Rusia, Moscú, es el sitio de nacimiento de su padre y necesitaba utilizarla para que el lector pudiera descifrar algunas incógnitas que se plantean durante los primeros capítulos. Y Argentina, es desde hace 17 años un lugar a donde viajo cada año para saludar a unos amigos, degustar buenos vinos, comprar libros de jóvenes autores argentinos y visitar el MALBA -El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires-. Conozco muy bien el país y guardo cuadernos con lugares, fechas, dibujos o acuarelas personales, correspondiente a cada viaje. Era lógico que usara esta documentación en favor del protagonista y del futuro lector.

Si le pidiéramos a John que nos recomendase: un buen libro sobre Kandinsky, un buen restaurante y un buen vino argentino, ¿que respondería?

Les aconsejaría que lo mejor para conocer a Kandinsky es leer lo que él dice sobre sus proyectos y sobre su obra, básicamente sus dos libros clásicos: ‘El Punto y la Línea Sobre el Plano’ y ‘De lo Espiritual Sobre el Arte’. Y para distraerse, que lean “Kandinsky como excusa…”  El restaurante y el vino son fáciles. Que pueda estar mirando el Mediterráneo y que me sirvan unas gambas de Denia y un buen arroz de marisco, maridado con un blanco de la bodega Argenceres-Mendoza-Argentina.

Mucha suerte a Juan Pérez Chorro con su novela, en este caso os dejo el enlace donde podéis adquirirla en Amazon, pinchando aquí