lunes, 26 de junio de 2017

Harkaitz Cano: “Algo me dice que la compra del libro ha sustituido a su lectura”.

Esta semana me concede una entrevista el escritor Harkaitz Cano que acaba de publicar ‘El turista perpetuo’ (Seix Barral), un libro de relatos muy acorde con estos calores y esta estación estival.

Los relatos incluidos en ‘El turista perpetuo’ parecen moverse en espacios muy vinculados al agua, en su mayoría: la playa, el río o la piscina como telón de fondo. ¿Hasta qué punto se apoya en esos escenarios a la hora de plantear los conflictos y las tramas, por ejemplo, en estas catorce historias?

Sin duda el agua invoca por sí misma esa doble vertiente: purifica y relaja por una parte, pero puede también ser una amenaza latente. Es fuente de placer, pero también de peligro. He tratado de buscar ese contraste entre la temperatura solar de muchos de los relatos y la tensión que los atraviesa, a veces inquietante, a veces oscura. Escenarios y clima pueden contrastar con las tramas o reforzarlas, pero es cierto que una situación de calor extremo puede llegar a desenmascarar; la canícula, por ejemplo, puede llevarnos a saltarnos las fórmulas de cortesía y hacer que nos mostremos más irritables, impacientes o rudos. Tal y como somos en realidad. Y es ahí cuando un escritor pulsa la tecla REC y comienza a grabar.  

La imagen de la portada sobreviene del relato final, ‘Aullad, estrellas’, lo tomo para preguntarle por sus medusas metafóricas, por sus raptos de inspiración, si los tiene.

Así es, las medusas aparecen en el primer relato y en el último y cumplen dos funciones muy dispares, tal y como hablábamos antes al referirnos al agua: en el primer caso representan el miedo y el peligro, mientras que en el último encontramos a un escritor aparentemente supersticioso que cree en el veneno inspirador de las picaduras. En mi caso tengo comprobado que el mejor momento para escribir coincide con las primeras horas del día. No son muchas, solamente un par de ellas. A partir de ese momento es puro reciclaje: puedo releer o avanzar a trompicones, pero ya no es lo mismo. Las dos primeras horas son de puro quirófano, después queda la ronda médica en planta, una parte del trabajo necesaria, pero no tan intensa.

Me quedo con una frase de este mismo relato para preguntarle por ese boom de publicadores, de escritores: se editan ingentes cantidades de libros, pero se lee. La frase es de Bidarte cuando afirma que: ‘No son escritores lo que necesitamos, sino lectores.’

Es algo a lo que doy muchas vueltas, francamente. Nos empeñamos en publicar nuestros libros, pero… ¿no debería ser uno de los trabajos del escritor rescatar las perlas ocultas en ese magma de texto inabarcable y darle un nuevo contexto? Leer a los clásicos y recontextualizar, más que empeñarnos en crear algo “nuevo y original” (¡como si tal cosa existiese!). Algo me dice que la compra del libro ha sustituido a su lectura. Uno compra el libro y ya lo da por leído.

Hay una abundante profusión de personajes con nombres vascos, imagino que es un recurso buscado, que es una forma de dotar de verosimilitud a las historias y, de paso, acercarlas a su realidad más cercana no solo como autor de ficción.

Hay una apuesta por crear historias que suceden aquí y ahora, en mi entorno más próximo, en este rincón de Europa en el que me ha tocado vivir, y en una época muy cercana, que es la que mejor conozco. Si se les aplicase la prueba del carbono-14 a estos relatos en el futuro se podrían datar fácilmente… Creo que durante años ha habido cierto complejo por parte de algunos escritores vascos –entre los que me incluyo– a la hora de utilizar con naturalidad nuestros nombres y hemos buscado otros nombres más “homologables” y neutros como Nora, Laura, Santi, etc. Es un tema curioso.

A pesar del título de estos relatos, nada tan perpetuo como la trama de ‘Boeing 767’, ese monólogo interior, a lo Ulyses de Joyce, que se convierte en un uróboro.

En efecto, me encanta que cites esa figura, porque es exactamente lo que es. Siempre se habla del tópico de que en el momento de su muerte uno puede llegar a ver su vida resumida en una ráfaga de imágenes… Y digo yo, ¿por qué esperar al momento de la muerte si podemos hacer lo mismo con un relato? La hipótesis de este relato, quizá el más experimental del libro, es poder leer el último pensamiento de cada uno de esos viajeros del avión cuando la tragedia parece inevitable y construir, mediante la técnica del zapping, un loop con ese flujo de consciencia colectivo.

‘El Danubio mecánico’ se antoja una metáfora satírica de una realidad demasiado conocida y quizá por ello admite la distancia narrativa de poder fabular y reírnos, en cierto modo, de sus consecuencias.
Es un homenaje a “La autopista del sur” de Julio Cortázar, pero trayendo aquel enorme atasco de tráfico a hoy en día. Se trata de licuar de forma muy subjetiva muchos de los tópicos de la vieja Europa, un intento de poner sobre el tapete sus virtudes y sus complejos, pero también sus miserias, que son las nuestras. También podría interpretarse como una versión steam-punk de “El rapto de Europa” en el que se plantea nuestra identidad líquida… Aunque tiene apariencia fantástica, en el fondo es un relato muy realista, con una protagonista cuyo nombre coincide con el de la canciller alemana y cuyo subconsciente desatado cabalga de modo casi lisérgico.

¿Cree que a veces ocurre que al lector se le encasilla, quizá por el éxito de una primera novela o de una saga, como ha sucedido, por ejemplo, a algunos actores o músicos? Lo comento porque en el relato ‘El velero’ leemos que ‘convenía tener más cuidado con lo que uno hace bien; de lo contrario se corre el riesgo de no hacer otra cosa el resto de tus días.’

Creo que hay que ser consciente de las limitaciones de cada uno. Por ejemplo: a todos nos gustan una serie de escritores, pero no necesariamente nos parecemos a ellos. Está bien conocer los puntos fuertes de uno y sacarles partido, pero a veces me gusta jugar fuera de casa, practicar  disciplinas cuyas reglas desconozco, moldear la propia vocación trabajando a contracorriente u obligándome a sentirme incómodo con el género, el tono o el personaje que he elegido. Eso que decían ciertos pintores sobre atarse la mano diestra y tratar de volver a aprender a dibujar con la otra.

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Harkaitz Cano (Lasarte, Guipúzcoa, 1975)  se licenció en derecho por la UPV de San Sebastián, comenzando su andadura literaria con la creación del colectivo Lubaki Banda, en 1993. Publicó su primer libro de poesía, Kea behelainopean bezala en 1994, al que le siguieron las novelas Beluna jazz (1996) y Pasaia blues (1999); una antología de cuentos publicada en castellano que reúne los mejores relatos del autor, Enseres de ortopedia inútil (2002), y El puente desafinado (2003), un libro de crónicas literarias de Nueva York. Actualmente es colaborador habitual de varios periódicos del País Vasco, así como guionista de radio y televisión.


lunes, 19 de junio de 2017

Paula Izquierdo: «Toda la novela tiene su intención, su razón de ser.»


Esta semana comparto esta entrevista a la escritora Paula Izquierdo. La disfruté, la entrevista, entré en complicidad y risas enseguida con Paula, me sorprendió cuando me dijo que la chica de la portada era ella leyendo otra novela anterior suya. Gracias Paula.
Lo primero darle la enhorabuena por el premio, y máxime al coincidir con un hecho más que significativo, que haya sido Ud. la primera mujer en ganar este premio literario tras diez ediciones.

Gracias. En efecto, lo he ganado yo, mujer, este año, en su décima edición, pero ha dado esa casualidad, cuando yo estaba escribiendo esta novela no estaba pensando en que fueran a darme un premio ni nada.

Vamos, que no pensó en Logroño cuando escribió o mandó su novela a concurso.
No pensé en Logroño aunque me gusta el Rioja.

Hay ciertas coincidencias entre usted como autora y la protagonista, en muchas novelas los autores dejan parte de si, la pregunta que me hago es ¿qué hay de Ud. como autora en esta novela de una manera menos visible?
Viendo la portada ya ves que soy yo, la realidad es la siguiente. En todas las novelas los escritores nos dejamos la piel en el sentido literal del término, pero también en el sentido de que todas las experiencias, o muchas de las experiencias, podemos volcarlas de forma disfrazada en los libros. Lo menos visible de mi es lo más visible en la novela y es el interrogante que me supone la condición humana, el ser humano como tal, en concreto yo me he fijado en dos aspectos que son: supeditarse por amor al talento del hombre en una relación de hombre y mujer, aunque ahora ya da igual, hay varias, y también me ha interesado mucho ahondar en el aspecto del mal, por eso el compañero de Mirna, de doctorado, está intentando hacer un trabajo de doctorado sobre si el mal es adquirido o si bien es hereditario, sobre todo cuando se trata de un mal gratuito que no conduce sino a una pequeña fijación que tiene que volver a repetirse, a los asesinos en serie.

El personaje protagonista de ‘El callejón de los silencios’ es también una mujer, Mirna, háblenos de ella como exponente, en cierto modo, del papel de la mujer en la sociedad actual.
Mirna es una mujer que, en cierta medida, analiza la conducta de las mujeres que han sido precedidas por sus parejas, sus maridos, sus amantes; tiene que hacer un trabajo de psicología social, está haciendo el doctorado, y pretende hacer  el trabajo sobre las mujeres exiliadas y cómo ellas, con el tiempo, han sido diluidas como escritoras y como poetas, y en cambio sus maridos han tenido cierta fama.
Hablamos, por ejemplo, de Alberti o Juan Ramón Jiménez, y de muchos otros; lo cierto es que ella pretende analizar cuál el motivo que les ha llevado a eclipsarse y a dejar su talento al margen, precisamente para ayudar a sus maridos y realmente, a lo largo de la novela, uno se va dando cuenta de que ella se va tiñendo de ese mismo comportamiento, por eso ubico la novela en los años 89 y 90 cuando no había móviles.

Otro aspecto importante de esta novela es lo que vamos descubriendo por parte del narrador omnisciente y por parte de los personajes en un contexto histórico en el que no había teléfonos móviles ni mensajería instantánea ni teléfonos con internet.
¿Por qué es un narrador omnisciente? Precisamente porque el lector sabe mucho más de lo que los personajes saben de sí mismos y ellos de los otros dentro del trió amoroso. Todo y nada es visible en esta novela sobre quién soy yo.
Y claro, es que precisamente para poder contar lo que quería contar tenía que ocurrir cuando no había teléfonos móviles, precisamente por eso. Toda la novela tiene su intención, su razón de ser, cada una de las escenas y cada una de las cosas que aparecen; era imprescindible que en ese momento no hubiera en España teléfonos móviles, la comunicación a través de internet con los móviles tampoco, de modo que la comunicación se hacía en directo, como se hacía antes  sacando la información de un ordenador para llevarlo a otro.

Paula Izquierdo (Madrid, 1962), psicóloga de carrera, lleva quince años dedicada a la escritura. Entre sus ensayos se encuentran “Picasso y las mujeres” (Belacqua) y “Sexoadictas o amantes”. Ha publicado las novelas “La falta”, (Alianza), finalista del VI Premio Fernando Quiñónes, “El hueco de tu cuerpo”, (Anagrama) y “La vida sin secreto”, (Plaza & Janés); el libro de relatos “Anónimas” (Seix Barral) y la traducción de “Bubu de Montparnasse”, de Charles-Louis Philippe (Trama Editorial). Además de su tarea como narradora, ensayista y traductora, colabora en ABC y en distintos medios escritos.  Pertenece a la junta directiva de la ACE y ha coordinado, antologado y participado en el libro de relatos, “Cada vez lo imposible” (Alianza). Actualmente pertenece al Consejo Editorial y colabora en la revista Texturas.

lunes, 12 de junio de 2017

Luis Goytisolo: «Tres cuartas partes se lo dedico a la preparación y una parte a la redacción.»

La vida está llena de coincidencias y, quizá por ello, esta semana traigo a Maleta de libros una entrevista un poco especial. Fue una coincidencia el hecho de que el autor me la concediera y no he querido dejar pasar más tiempo, coincidiendo con el final ayer de la Feria del Libro de Madrid, para que viera a la luz. De esto de los tiempos y de coincidencias sabe mucho Luis Goytisolo, quien estuvo promocionando su última obra, 'Coincidencias' (Anagrama) en la Feria del Libro de Valencia. Más allá de preguntarle por su libro, por estas 'Coincidencias', quise aprovechar la oportunidad de conversar con un escritor de la talla de Goytisolo (no en balde es miembro de la Real Academia Española desde enero de 1995), y que me contase qué opinaba sobre sus lectores, sobre la propia feria del libro o cómo fomentar la lectura en este país donde tanto se publica y se lee tan poco. Un último apunte: en la foto hay otra divertida coincidencia, al fondo puede verse al conocido presentador de televisión y escritor Cristian Gálvez.  

 «Este último libro procede de una veta literaria que vengo cultivando desde finales de los años 60 comienza a contarme cuando le pregunto por el origen de 'Coincidencias', paralela a la de mis novelas. Mis novelas, en general, tienen un humor de carácter cervantino o anglosajón, es decir, humor, lo que se entiende por humor irónico; este libro, en cambio, procede, de unas piezas que yo llamé fábulas, que iba escribiendo paralelamente, publiqué tres libros de fábulas. Recientemente publiqué un relato, una narración, que titulé ‘El atasco’ que encabeza la reedición de todas estas fábulas.»
 »Recientemente se me ocurrió convertir este tipo de humor más bien disparatado, que no es ironía si no es en apariencia disparatado, tiene toda la coherencia del mundo, en novela. Entonces, a partir de ahí, confeccioné una novela; esto es una novela, hay diversos hilos temáticos que se van entretejiendo hasta formar una estructura realista completamente.»

Viendo que esa veta literaria arranca en los años 60, quise saber si ‘Coincidencias’ le había llevado mucho tiempo escribirlas. Curiosamente me respondió algo sumamente interesante sobre todo para quienes además de leer, escriben. Goytisolo me desveló en parte su método literario, al comentar:
Lo que me lleva tiempo siempre es la preparación, de las cuatro partes o más que puede durar o que puede tomarme una novela -temporales, me refiero-, del tiempo que me toma escribir una novela, tres cuartas partes se lo dedico a la preparación y una parte a la redacción. Siempre es así, sea corta o larga. La preparación incluye notas sobre la estructura, de forma que cuando empiezo la novela sé el número de capítulos que habrá, el contenido de cada capítulo, el desarrollo argumental, en fin… incluso también el lenguaje en el que está escrito, frases enteras para pillarle el tono exacto. La estuve preparando un par de años y me he tomado tres meses redactarla.

Imagino que habiendo empezado tan joven a publicar, y ganando premios, uno sentirá de manera distinta el primer libro a este, las sensaciones serán muy diferentes. ¿Cómo se ve el hecho de estrenar obra ahora que lleva tantos años publicando?
A mí lo que me preocupa es ver si la impresión coincide con el lector, si no he metido la pata o algo así, y siempre tengo la desgracia de abrirlo y encontrar una errata, esto me pasa con mucha frecuencia…

Pero ¿a qué se refiere?, ¿cómo abre el libro y encuentra esa pertinaz errata, al principio, al medio…?
No, no, en la primera página, es abrir así, bum, ¡y ahí está! Luego resulta que afortunadamente hay muy pocas.

Entre pregunta y pregunta se acercan al stand de la feria lectores de Goytisolo a que les dedique este último libro pero también otros, lo noto y, al retomar las preguntas, se lo comento.
Querría preguntarle por los lectores, por alguna novela o novelas que sus lectores recuerden o le refieran cuando tiene la oportunidad de hablar con ellos.

Siempre es ‘Antagonía’. Hay mucha gente que me sigue trayendo ejemplares de ‘Las afueras’, el primer libro que terminé a los 23 años, empecé a  escribir a los 20. Y yo no estoy satisfecho, no conseguí lo que quería, pero le dieron el premio Biblioteca Breve y tal, y viene gente que le encanta, que le sigue encantando más que a mí, seguramente; ejemplares de las 20 o 30 ediciones que puede haber habido, buscando sobre todo las más antiguas.
Y estando en la Feria del Libro de Valencia también le pregunté qué le parecen las ferias del libro, en general y la de Valencia, como iniciativa cultural quizá para que se reencuentren autores y lectores

Me he llevado una sorpresa con la de Valencia, que está en el esquema de la de Madrid, que es lo que me parece interesante: que sean varios días, que esté en un lugar tranquilo y que la gente venga tranquilamente. Por otra parte, los puestos que corresponden a las librerías especializadas en el género que buscan me parece muy bien. Esto del esquema de Barcelona que ha salido a la calle es intransitable.
En esa línea quise formularle una última pregunta, no quería robarle más tiempo ni a él ni a sus lectores, precisamente para que reflexionase sobre cómo cree que debería fomentarse que se lea más, pues según las estadísticas se lee poco en España. En definitiva,  ¿qué hay que hacer para que la gente lea más?

El trayecto es muy largo, hay que empezar en los planes de enseñanza, habituar al niño a que no se limite al móvil, a enviar cosas, por pequeños que sean, mostrarle de algún modo el atractivo que tiene un relato largo pero ellos se están habituando, además, al mensaje, a abreviarlo todo, a la amplitud de lo que tiene un relato largo, bien hecho, que te envuelve. En cambio el mensaje este te hace saber algo, nada más. Me parece un error tremendo esta tendencia a ir suprimiendo las letras, esto es habituarle, habituar al joven a lo que es cultura o lectura, vamos.

Luis Goytisolo (Barcelona, 1935) con su primera novela, Las afueras, ganó el Premio Biblioteca Breve en 1958. Es autor de numerosas novelas, entre las que destaca Antagonía, Estela del fuego que se aleja (Premio de la Crítica) o Naturaleza de la novela (Premio Anagrama de Ensayo). Ha obtenido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura, y Premio Nacional de las Letras 2013. Es miembro de la Real Academia Española.

lunes, 5 de junio de 2017

Antonio Iturbe: «Para mí la literatura siempre ha sido fuente de grandes alegrías».


Me concede una entrevista el escritor Antonio Iturbe (Zaragoza, 1967) en la Feria del Libro de Valencia. Lo primero, darle la enhorabuena por haber obtenido el premio Biblioteca Breve 2017 con su novela ‘A cielo abierto’ (Seix Barral). A continuación, la simpática entrevista.
Si os gusta ‘El Principito’ o simplemente queréis conocer mejor la vida de su creador, Antoine de Saint-Exupèry, no os perdáis ‘A cielo abierto’ ni esta entrevista.

Creo que le interesa la literatura que se pregunta, que busca respuestas, la literatura del asombro de vivir frente a la del escepticismo.

Efectivamente, para mí la literatura siempre ha sido fuente de grandes alegrías, de grandes satisfacciones, me ha multiplicado la vida, por tanto, yo lo que quiero hacer cuando escribo es justamente es trasladar esa fascinación y ese asombro por la literatura, por tanto, ese tipo de libros que ahondan en la nausea, en lo disfuncional, en la derrota sobre la derrota, pues están bien y tienen su interés, pero me interesa más un tipo de literatura un poco más de trampolín, de catapulta.

En los cuatro años que estuvo construyendo esta novela seguro que hubo momentos de luz y de desanimo, de dudas, en eso quizá se parezca a su tocayo y protagonista de A cielo abierto, ¿qué más comparte con Antoine de Saint-Exupèry?

Esa para empezar, el tema de la duda, de la incertidumbre, efectivamente; al cabo de los años si sigues escribiendo te planteas si vas bien, si no vas bien, si tiene sentido, después comparto también el sentido que él tiene de mirar las cosas, que se trasluce en sus libros, ese sentido en el cual él quiere la literatura para contar historias y para que nos preguntemos cuál es nuestro lugar en el mundo y, sobre todo, nuestro lugar en el mundo respecto a los demás, cómo nos relacionamos con los demás, como son los hilos que tendemos, esa idea suya que me gusta mucho de que al final el mundo es un nudo de relaciones, de que nosotros al final somos hilos y, al final, lo que importa es como cosemos ese tapiz entre todos, ese sentido humanista de Saint-Exupèry me interesa mucho.

Vemos en los protagonistas una tierna dualidad, cuando están en el aire respecto a cuándo lo están en tierra, quizá sea otro paralelismo con los escritores, cuando están escribiendo y cuando no hasta que alzan el vuelo con el siguiente libro

Bueno, si desde luego, las personas somos múltiples y no somos de una sola pieza, no somos de bronce, tenemos contradicciones, tenemos momentos, igual que Saint-Exupèry efectivamente, podía ser por un lado un piloto muy aguerrido, valiente, alguien que se sube a esos aviones de papel de la época, y luego alguien muy frágil interiormente, alguien también muy poético y con un sentido casi místico de la humanidad, pero cuando ponía un pie en el suelo le encantaba beber champan, comer ostras y se subía a una mesa a cantar la Marsellesa, era muy noctámbulo y muy despilfarrador. Todos estamos hechos de muchas cosas y el escritor, naturalmente también, tienes tu momento de trascendencia cuando te pones detrás del ordenador, en tu mesa, y te pones a escribir, y luego no dejas de ser una persona con tus defectos, mundana, que a veces te tienta quedarte a ver el partido de fútbol del Barça en vez de ponerte a escribir y, bueno, uno es así siempre, poliédrico entre el cielo y el suelo.

Hay abogados que han escrito novelas sobre abogados y médicos sobre el mundo de la medicina, ¿cómo se planteó una novela con tanta aventura en el aire, en la cabina de un avión, sin haber pilotado una aeronave?

Yo he vivido muchas aventuras aéreas leyendo, yo soy un piloto de sofá que me han gustado mucho las historias de pilotaje; yo he volado mucho desde el salón de casa, pero sí que es verdad que llegó un momento en el que me planteé que para escribir un libro así tenia que experimentar como mínimo un poco sensaciones, un poco notar la vibración del momento y, bueno, aunque yo tengo un poco de vértigo y soy poco amigo de volar, pensé que debía hacerlo. Busqué y encontré una fundación que tiene en uso tres aparatos Bücker de los años 30, me hice socio de esta fundación aérea y volé en uno de esos aparatos y pude experimentar. Podría decirse que piloté durante dos minutos, el piloto iba atrás, son estos aparatos descabinados en los que va uno delante y uno detrás, me dijo por los cascos: ‘toma el mando’, que es una palanca, una palanca muy básica, y fue una experiencia estupenda, aviones muy ligeros, tocabas la palanca y el avión se ladeaba enseguida, prácticamente se mecían con las corrientes de aire, era como una cometa. Fue una experiencia bonita, muy corta, por mi cobardía no creo que repita muchos más vuelos, pero sí que creo que fue importante para escribir la novela.

Antonio Iturbe ha publicado las novelas Rectos torcidos (2005), Días de sal (2008) y La bibliotecaria de Auschwitz (2012), ganadora del Premio Troa «Libros con valores» y publicada en once países. Es autor de la serie de libros infantiles Los casos del Inspector Cito, traducida a seis lenguas y de la serie La Isla de Susú. Como periodista cultural, ha trabajado en El Periódico, en Fantastic Magazine y en Qué Leer, revista de la que fue director durante los últimos siete, y ha colaborado en radio y en publicaciones como Fotogramas o Avui. Actualmente es director de la revista Librújula, colaborador en Cultura/s, El País, Heraldo de Aragón y Mercurio, e imparte clases en la Universitat de Barcelona y en la Universidad Autónoma de Madrid. Su novela ‘A cielo abierto’ (Seix Barral) ha merecido el premio Bibloteca Breve 2017.

 

sábado, 3 de junio de 2017

Juan Pérez Chorro: «La ficción es, por supuesto, más interesante que la realidad.»

En esta ocasión traigo a Maleta de libros a un entrevistado muy especial, pues la novela sobre la que me concede la entrevista lo es sin duda para mí. Juan Pérez Chorro ha publicado recientemente su primera novela con la plataforma Amazon-KDP, no es su primera novela escrita aunque sí se puede decir que es la primera que rompe cierta barrera con el gran público. Más que detallar la biografía de Juan, por amistad me permito este tuteo aquí, prefiero dejar la entrevista y que esta hable por si misma del autor y su obra.

Siendo esta novela tan pictórica, la primera pregunta que se me ocurre es ¿cómo definiría en tres o cuatro trazos al protagonista de “Kandinsky como excusa”, a John Malevich?

John Malevich es profesionalmente un número uno: Buen pintor, estupendo docente y el mejor especialista sobre Kandinsky, pero su obsesiva dedicación al trabajo le ha hecho fracasar como persona, como marido y como padre. Conciliar el trabajo y la vida familiar ha sido  históricamente difícil y sigue siendo hoy un reto para la sociedad.

En esta novela tiene cierto coprotagonismo la figura del pintor ruso Wassily Kandinsky, ¿de dónde surgió la idea de esta historia precisamente con este artista?

En el año 2013, expuse en el Complejo Cultural de Abastos de Valencia mi tercera muestra individual de pintura con el título “El color de la música”. Todas las obras hacían referencia a la abstracción y el gran maestro ruso era el hilo conductor de la exposición. De hecho la portada del libro corresponde a un cuadro de ese evento.
Estudié todo lo que encontré sobre Kandinsky. Lo que él mismo dijo de su obra y lo que otros críticos interpretaron sobre su pintura. Guardé tanta documentación sobre el tema que ello me dio pie para escribir la novela.

Veo que hay varias tramas en la novela, una actual y, en cierto modo, un pasado que regresa con fuerza a John y que tiene relación con Rusia, la patria de Kandinsky. Cuéntenos sin desvelar en exceso.

 Efectivamente, el protagonista es hijo de una española y de un ruso pero, en la novela, el padre nunca ha contado su vida anterior a su llegada a España y esa incógnita se irá desvelando en su estancia en Moscú.

No sabría decir si “Kandinsky como excusa” es una novela de aventuras con toques de realidad o dejar que sea usted, como autor, quien nos lo diga a los lectores.

La novela tiene mucho de vivencias personales, de realidad, lo que ocurre es que las he transformado y exaltado de tal modo para que parezcan ficción, porque la ficción es, por supuesto, más interesante que la realidad. Dentro de este juego me parece que el lector disfrutará con las conversaciones que mantiene John Malevich, el protagonista, con Kandinsky en una especie de flashback abstracto en el que el factor tiempo importa menos que lo que se cuenta.

También hay toques de humor muy entretenidos, en especial con un personaje llamado Pepe el Crack; no desvelaré más, aunque sí que me gustaría que nos dijera de dónde han surgido algunos de los personajes de esta historia.

Las personas de mi generación en España, cuando pensamos en detectives, disfrutábamos con la película de José Luis Garci ‘El Crack’ o con Pepe Carvalho, el personaje creado por Manuel Vázquez Montalbán. Así que, queriendo romper la seriedad de algún capítulo pensé en situar a un policía valenciano en el barrio del Carmen y ponerle el apodo de Pepe El Crack. Un pequeño homenaje a lo nuestro, a lo cercano.

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Entre sus aficiones están, además de la escritura, la pintura, no solo porque me consta que lleva años pintando y exponiendo sus obras en distintas galerías y eventos, como ya nos ha comentado antes, también por la portada del libro que es suya original. Le habrá sido fácil así narrar la parte pictórica, la del oficio del pintor, aunque me consta también que ha sido meticuloso con el proceso de documentación para ciertos detalles técnicos, ¿es así?

Cierto. La portada pertenece a un cuadro expuesto en la exposición “El Color de la Música”. Sigo pintando y ahora  mismo estoy preparando una nueva muestra para los próximos meses, aún no tengo decidida la galería pero será en Valencia.
Al tratar los temas pictóricos es donde más he tenido que documentarme, no podía fallar ante mis profesores de la facultad de Bellas Artes… si alguno leía esta novela.

Como en un gran tres en raya podríamos decir que la novela, con John como protagonista, viaja entre dos continentes y tres países: América y Europa; Argentina, España y Rusia. Siento curiosidad no tanto por Rusia o España sino por qué eligió como tercer escenario Argentina.

Se lo explico. España es el país del protagonista y Valencia, los barrios del Carmen y de Ruzafa, su lugar de trabajo, su hogar. Rusia, Moscú, es el sitio de nacimiento de su padre y necesitaba utilizarla para que el lector pudiera descifrar algunas incógnitas que se plantean durante los primeros capítulos. Y Argentina, es desde hace 17 años un lugar a donde viajo cada año para saludar a unos amigos, degustar buenos vinos, comprar libros de jóvenes autores argentinos y visitar el MALBA -El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires-. Conozco muy bien el país y guardo cuadernos con lugares, fechas, dibujos o acuarelas personales, correspondiente a cada viaje. Era lógico que usara esta documentación en favor del protagonista y del futuro lector.

Si le pidiéramos a John que nos recomendase: un buen libro sobre Kandinsky, un buen restaurante y un buen vino argentino, ¿que respondería?

Les aconsejaría que lo mejor para conocer a Kandinsky es leer lo que él dice sobre sus proyectos y sobre su obra, básicamente sus dos libros clásicos: ‘El Punto y la Línea Sobre el Plano’ y ‘De lo Espiritual Sobre el Arte’. Y para distraerse, que lean “Kandinsky como excusa…”  El restaurante y el vino son fáciles. Que pueda estar mirando el Mediterráneo y que me sirvan unas gambas de Denia y un buen arroz de marisco, maridado con un blanco de la bodega Argenceres-Mendoza-Argentina.

Mucha suerte a Juan Pérez Chorro con su novela, en este caso os dejo el enlace donde podéis adquirirla en Amazon, pinchando aquí

lunes, 29 de mayo de 2017

Julio Cesar Cano: «La literatura es y debe ser una herramienta hacia la igualdad».


Me concede de nuevo una entrevista el escritor Julio César Cano al que le pregunto por la tercera entrega de la serie de novela negra  de su inspector Monfort. Concretamente me refiero a ‘Ojalá estuvieras aquí’ (2017), continuación de Asesinato en la plaza de la Farola y Mañana, si Dios y el diablo quieren, las tres publicadas con la editorial Maeva.
 En ‘Ojalá estuvieras aquí’ plantea al lector una historia que evoluciona en realidad por dos tramas aparentemente sin relación. ¿Por qué se decidió por este recurso para esta novela?
Es un estilo de escritura que siempre me ha atraído, ya lo había hecho con anterioridad en otras novelas como ‘Hojas de otoño’, que no tiene nada que ver con estos casos de novela negra, y escribir dos tramas paralelas a la vez, una en un presente y pasado más actual, y la otra en el pasado es algo que siempre me ha gustado. Me ha gustado como lector de novelas de otros autores. Yo creo que en casi todas mis novelas hay estos pequeños puntos aunque creo que en ‘Ojala que estuvieras aquí’ lo he desarrollado un poco más, es simplemente por el gusto como lector. Cuando encuentro una novela que está escrita de esta manera para tiene como un plus más de atractivo.

A la luz de los personajes femeninos que aparecen en esta novela, y en sus anteriores, no me resisto a dejar pasar la oportunidad de preguntarle si la literatura ha de reflejar la realidad asimétrica de la sociedad, si la novela negra puede ser una herramienta de algún modo para la construcción de una sociedad igualitaria.
Es y debe ser una herramienta hacia la igualdad, has dado completamente en el clavo. Creo que en estos géneros donde antiguamente, y no tan antiguamente, ha estado un poco manido el tema del policía un poco con un pasado turbulento, con unas adicciones, y con tramas de este tipo… Si echamos atrás en el tiempo y leemos a Hammett, leemos a Chandler, a Conan Doyle, incluso a Edgar Allan Poe, siempre los protagonistas han sido absolutamente hombres. En mis novelas el personaje principal es obviamente el inspector Monfort, pero el que sepa leer entre líneas verá que hay un segundo personaje que es Silvia Redó, que no solamente ella va a su lado, sino que poco a poco le va como ganando el terreno. Mi futuro y mi anhelo como escritor de esta serie de los casos del inspector Minfort sería que este personaje de Silvia Redó no solo se pusiera al lado del inspector Monfort sino que lo jubilara y ella tomara un poco su relevo. Yo creo que los que escribimos tenemos un poco que dejar paso de alguna manera a esta amplitud de miras, da lo mismo que el protagonista sea una mujer o no, pero es verdad que en la literatura hay géneros como en la novela negra en la que debemos desterrar un poco todo esto de la figura masculina.

Siendo la tercera entrega de las peripecias del protagonista, el inspector Monfort, se ha preocupado de que los recién llegados puedan seguir la novela sin necesidad de leerse previamente las dos anteriores. Siendo así, qué van a encontrar los lectores fieles a Monfort.
Atreverse a escribir una serie como esta por ejemplo que presumiblemente no se quedará en tres libros y que continuará, lo que no puedo pretender como autor es obligar de alguna manera al lector a que se tenga que comprar todos los libros de esa serie. Yo creo que si algo para mi es importante es el bolsillo del lector, el cuidar al lector, yo hago también un esfuerzo muy grande porque en cada novela se pueda leer de forma separada. De hecho, las tres se pueden leer de forma absolutamente por separado, yo me encargo de hacer todo lo posible para que ese lector que se enganche de nuevo, conozca a esos personajes que no conocía antes y también para que ese lector que ha leído los libros anteriores no le sea pesado leer todas las descripciones de todas los protagonistas.

¿Qué supone haber obtenido con esta novela el galardón Letras del Mediterráneo de la Diputación de Castellón?
Conseguir este galardón para mí es como un premio por partida doble porque me da la satisfacción, por supuesto, de recibir un galardón, recibir un reconocimiento al trabajo hecho, y después la constatación de que lo que hago tiene algún sentido. Mis tres novelas sobre el inspector Monfort están pensadas desde el primer momento en que empecé a escribir sobre esto para dar a conocer lo que es la Comunidad Valenciana y concretamente la provincia de Castellón, y más concretamente el interior de la provincia de Castellón, al resto de la gente del país. Mi forma de escribir tiene una vocación realmente de literatura de viajes, en lo que yo me formé de jovenzuelo, es lo que me gustaba leer y en lo que siempre me hubiera gustado escribir, y creo que es la clave del género negro para poder escribir sobre los lugares en los que he estado o que he conocido.

 Julio César Cano (1965, Capellades, Barcelona) que saca nueva entrega de su serie de novela negra ‘Ojalá estuvieras aquí’ (Maeva) trabajó en el negocio familiar hasta que el mundo de la música llamó a su puerta. Durante varios años ejerció como músico y mánager de grupos. Actualmente se dedica a la publicidad, actividad que compagina con la escritura. Como autor, es conocido tanto por sus ensayos y artículos sobre gastronomía y viajes, como por sus novelas y relatos, entre ellos Cocina, carretera y manta y Hojas de otoño. Ojalá estuvieras aquí es la tercera investigación del inspector Monfort, que sigue a Mañana, si Dios y el diablo quieren y Asesinato en la plaza de la Farola. Reside junto a su familia en La Pobla Tornesa, provincia de Castellón, donde transcurre la serie del inspector Monfort.
La entrevista que me concedió con motivo de su anterior novela, aquí

lunes, 22 de mayo de 2017

Gabi Martinez: «Las grandes novelas, las que me han fascinado, son las que han ofrecido toda la ambigüedad que está dentro de nosotros».


Esta semana comparto la entrevista que me concediera días atrás el escritor Gabi Martínez de promoción con su novela ‘Las defensas’ (Seix Barral).
Esta historia, al parecer, está basada en hechos reales, creo que surgió en una firma de libros en Barcelona. Háblenos de ello, de esa primera idea y del proceso de documentación que siguió.
La historia surge mientras estoy firmando en Sant Jordi, aparece un señor y me dice: «Tengo una historia buenísima que veo protagonizada por Goorge Clooney, en el cine». Yo le dije: «Ya, pero es que yo tengo que cambiarme de sitio de firmas, no tengo mucho tiempo,…» Entonces el señor me resume. «Yo soy neurólogo -me dice-, me encerraron en un siquiátrico por una enfermedad mental que no me supieron diagnosticar y estuve un año como fuera del mundo.»
A partir de ahí veo a una persona que, además, me habla de que es un gran lector, que ha leído a Philip Roth, a Proust, y el desarrollo de la historia que me hace me interesa lo bastante como para quedarme a tomar un café y profundizar. Veo que la historia que me cuenta, su enfermedad, tiene que ver con el estrés, es un detonante de lo que él padeció. A partir de ahí veo que es un argumento perfecto, el estrés, para adentrarme en Barcelona y contar -en una ciudad del primer mundo en realidad- a qué presión tan grande están sometidos los ciudadanos de a pie en las ciudades del primer mundo como para que pueda desarrollar un estrés que te vuelva literalmente loco.
Y ahí emprendo por otra parte también una investigación que pasa por leer varios libros que tienen que ver, por una parte, con la neurología, por otra que tiene que ver con la fisiología humana, a leer libros como ‘Memorias de Adriano’, por ejemplo, que se escriben en primera persona pero se cuentan en tercera persona, no el protagonista -en el caso de Adriano era imposible-, una tercera persona escribiendo sobre otra. Y también investigo el entorno sanitario de ciertos hospitales, hablo con neurólogos, hablo con enfermeros, con doctores de otras disciplinas, con el entorno doméstico del personaje real para tomar también muchos datos, y así es como me informo.
Háblenos del contexto histórico en el que se desarrolla la novela, sobre todo sobre al hilo de lo que ha comentado, cuando el ictus era la segunda causa de muerte en nuestro país, quizá a causa del estrés de patológico que sufrimos en nuestra sociedad occidental.

El espacio temporal va desde el principio de la Transición prácticamente hasta antes de ayer, hasta que se da que un médico español, que está investigando en Pennsylvania, descubre una enfermedad que el protagonista relaciona con la suya y va a resultar que es la enfermedad de la niña de El exorcista, que no estaba poseída sino que tenía una enfermedad mental. A lo largo de esta historia, tú ves como una persona evoluciona como individuo, es alguien que tiene unas expectativas, unos sueños, es alguien que se dedica por completo a su profesión, piensa que la familia le va a proteger, piensa que la autoridad es justa, y él ha crecido con esas defensas, de ahí el título de las defensas. Es lo que cree que tiene ante el mundo para defenderle y son valores seguros. Con el paso del tiempo va a descubrir que todas esas defensas se le van a caer. Desde el principio ve que las ilusiones no tienen una recompensa, o no la que él querría, que la familia no siempre está ahí para protegerte, o que la autoridad no es sinónimo de justicia ni mucho menos. Y a partir de ahí se tiene que reformular.
El libro lo que pretende es que cada individuo se plantee hasta que punto él no podría ser el protagonista del libro. Porque todo el libro, aparte de los momentos en los que él brota, y los brotes son de locura, se desarrolla en una línea que es en la que vivimos nosotros a diario. Tú vas a ver a alguien que de repente no a va conseguir sus sueños y entra en un malestar que le lleva, por ejemplo, a tener problemas familiares, le lleva a buscarse amantes, a entrar en Meetic, y todo eso le lleva en una situación en paralelo, con un contexto histórico que pasa con atentados, vamos a ver el 11-S, el atentado del 11-M, manifestaciones por el Estatut de Autonomia, por ejemplo, la crisis de 2008…, y vas viendo como tanto el espacio interior como el exterior se juntan para ir lanzando una presión cada vez mayor sobre el protagonista.

Es una historia en realidad cotidiana, pero en la cual podemos tener una percepción de la presión que tenemos.
Oyendo esto casi podría decirse que es un libro de autoayuda.

Es mucho más que un libro de autoayuda, es un libro en el que también habla de superación personal.
¿Podría afirmarse que ‘Las defensas’ es una novela de amor, lucha y resurgimiento no solo de su protagonista, del doctor Camilo Escobedo, sin rayar en la heroicidad ni el victimismo?
Bueno, a mi las grandes novelas, las que me han fascinado, son las que han ofrecido toda la ambigüedad que está dentro de nosotros.
El ser humano es un ser contradictorio.
De eso está hecho para mí la gran literatura y la vida, y entonces sí que lo que se propone en el libro es apuntar hacia ese punto, con un espíritu crítico, constante, que no deja de ser curioso, y protagonizado por un loco. Aparte, yo he hecho muchos libros de viajes y llego aquí tras un recorrido largo que me ha llevado a atreverme a afrontar ahora mi cotidianidad, después de haber hablado sobre la de China o la de Australia ahora vuelvo a mi país y ahora voy a hablar de cómo es este país.

Gabi Martínez nació en Barcelona en 1971. Su obra narrativa incluye Ático (2004), por el que fue seleccionado por la editorial Palgrave/MacMillan como uno de los cinco autores más representativos de la vanguardia española de los últimos veinte años; Sudd (2007), que fue adaptado al cómic; Los mares de Wang (2008), Mejor Libro de No Ficción del año según Condé Nast Traveller; Sólo para gigantes (2011), galardonado con el Premio Continuará de TVE y seleccionado como Mejor Libro de No Ficción por Qué Leer; En la Barrera (2012), nuevamente elegido como el Mejor Libro de No Ficción por Qué Leer, y Voy (2014).

jueves, 18 de mayo de 2017

Tomás Navarro: «Podemos hacer muchas más cosas de las que nos imaginamos.»


Me concede una simpática entrevista el psicólogo y coach Tomás Navarro. Ya lo hizo hace un par de años en aquella ocasión con motivo de la publicación de su libro ‘Fortaleza emocional’. En este caso le agradezco que abra unos minutos en su apretada agenda profesional para contestarme acerca de ‘Kuntsokoroi’ (Zenith, 2016). Una guía inspiradora que nos enseña que las dificultades puedes ser oportunidades para convertirnos en personas más fuertes y bellas.
Además del término japonés kuntsukoroi (que da título al libro), asociado al arte de recomponer lo que se ha roto, descubrimos otros conceptos de aquel país, como son el ikigai (la razón de vivir o de ser) y el mottainai. ¿Nos los comenta en el contexto de este libro?
Podemos aprender mucho de las diferentes culturas del bello planeta tierra. Mi mejor consejo es que nos mostremos receptivos a aquello que nos pueda ayudar a expandir nuestra mente, sea de la cultura que sea… y con el ejemplo predico ya que esto mismo es lo que he hecho al incorporar estos términos en el libro.
Ikiagai es una palabra que ilustra a la perfección un concepto clave en el libro. A menudo, cuando la adversidad y el dolor golpean duro, la vida pierde sentido y, sin darnos cuentas, nos encontramos vagando cual zombies, dejando pasar los días o incluso pensando en que la vida no tiene ningún sentido.
Pero es justo en la adversidad, cuando más necesitamos de nuestra fortaleza emocional para poder darle un sentido a nuestra vida y que nos impulse a levantarnos de la cama y superar nuestro dolor.
Ikiagai hace referencia la sentido de nuestra vida, al motivo por el que nos tenemos que levantar cada mañana, la resorte que nos va sacar de la cama de un salto y que nos va a permitir afrontar el día a día y por ende, la adversidad que tenemos ante nosotros.
Podemos tener más de un ikiagai. No hace falta que sean grandes motivos, pero si que han de ser lo suficientemente intensos como para sacarnos de ese estado de letargia y noqueo en el que nos encontramos.
Siempre hay alguna motivación para seguir adelante. Por uno mismo, por los hijos, por lo vivido o por lo que queda por vivir. Busca tu Ikiagai y, si no encuentras ninguno, aquí te doy yo uno… Levántate de la cama y lucha ya que el mero hecho de hacer algo que te va a ayudar a estar mejor. Invierte en ti y lucha por ti.
En el libro también encontramos, como muy bien señalas, el término Mottainai. Mottainai tiene que pronunciarse acompañado de una exclamación,  como enfadado, incluso. ¡Mottainai! La traducción al español de Mottainai sería algo así como… ¡Pero qué estás haciendo alma cándida desaprovechando algo tan importante como es… En este caso la experiencia vivida. Mottainai tiene el origen en tiempos más míseros que vivió Japón, tiempos en los que no se podía desaprovechar nada ya que todo era valioso dada la escasez de recursos.
En kintsukuroi utilizo el término Mottainai para animarte a que no desperdicies algo tan valioso como ha sido tu experiencia, la experiencia del dolor sufrido y superado. La adversidad es una gran escuela, así que ningún dolor habrá sido en vano si somos capaces de aprender de lo ocurrido.
Pero me permito ir todavía un poco más allá ya que tu experiencia es válida para ti pero también para las personas que te rodean. Comparte lo vivido y estarás ayudando a muchas personas a que no pasen por lo mismo que tú has pasado, a que encuentren alternativas para gestionar la adversidad y a que se sientan apoyadas y acompañadas en su lucha.
Leemos en la introducción que los casos y situaciones incluidos, recopiladas en su práctica laboral, pretenden ser una guía para que nos ayude a nosotros mismos, si nos encontramos en esta tesitura, o si queremos ayudar a otros a recomponer su vida. Quizá sea más fácil poder ayudar a otros, tomar perspectiva, que aplicarse uno mismo estos consejos sobre todo si uno está de lleno en la difícil situación de recomponerse, ¿me equivoco?
En absoluto, tienes toda la razón. ¿Cuántas personas conocemos que ayudan a sus amigos, pero que son incapaces de ayudarse a ellos mismos? La clave está en la perspectiva, siempre, sin duda. El problema es que cuando estamos sufriendo, cuando estamos en plena guerra, la activación emocional es tan fuerte en forma de miedo, ansiedad, dolor, etcétera, que se hace muy difícil ver las cosas claras, o por lo menos, con cierta perspectiva.
No obstante, la buena noticia es que podemos recuperar la perspectiva en cualquier momento, eso sí, no sin esfuerzo. Existen algunos recursos para recuperar la tan preciada perspectiva. Uno por ejemplo, es comunicarte y hablar con otras personas. Una de las principales funciones de la tristeza es la de generar empatía en las personas que tienes cerca para poder así, contar con su ayuda, con su punto de vista, en definitiva, con su perspectiva.
Otro de los recursos de los que disponemos es el de tomar cierta distancia ayudándonos de un recurso tan efectivo como sencillo: la actividad física en el medio natural. Hay paseos por la playa que han salvado vidas, excursiones por un valle, ascensiones a montañas o paseos por el parque que han dado más perspectiva que determinados profesionales de la salud.
Sal, sal a pasear, correr, pedalear o nadar. Cánsate, agótate, deja toda tu rabia y tu ira en el camino. Pasea, relájate, distráete y enriquece tu experiencia y verás que la inspiración en forma de perspectiva te vendrá a visitar.
Todavía existe un tercer recurso. Transciende a tu experiencia y trata de imaginarte que lo que te está pasando a ti, en realidad le está pasando a tu mejor amigo. Un amigo que está a miles de kilómetros de ti, un amigo con el que solo puedes comunicarte mediante el correo. Escríbele una carta a tu amigo explicándole todo lo que podría hacer, aconsejándole, ayudándole a interpretar lo que está viviendo y lo que está sufriendo. Cierra esa carta, ponla en un sobre y escribe en él tu propia dirección. Procede a salir de casa, comprar un sello y depositarla en el correo, para que cuando te llegue puedas leerla y recuperar esa perspectiva que has perdido.
Es importante que te la envíes. En ese momento justo no serás capaz de llevar a la práctica los consejos que acabas de escribir, pero verás que, pasados unos días, cuando te llegue la carta, tendrás una actitud más receptiva y abierta y recuperarás la perspectiva que tanto necesitas.
Me ha gustado el concepto del impulso de reparación, y sobre el que me gustaría que nos hablase un poco más.
El impulso de reparación es un mecanismo de adaptación fisiológico. Cuando nos hacemos un corte, nuestro cuerpo activa una serie de complejos mecanismos y funciones que nos van a permitir curarnos y cicatrizar esa herida. De la misma manera tenemos un impulso de reparación psicológico que nos va a permitir gestionar ese dolor emocional. El problema es que a veces interferimos en el proceso y no permitimos que la herida sane. Permíteme que comparta un ejemplo. Cuando andamos o corremos, nuestro cerebro coordina a la perfección lo que nuestros ojos perciben con lo que nuestro cuerpo tiene que hacer; ahora bien, cuando tenemos miedo, introducimos un extra de atención y de distracción a la vez en este complejo proceso de tal manera que estaremos provocando una interferencia que muy posiblemente acabe provocando que tengamos un traspiés.
De la misma manera interferimos en el proceso de sanación emocional, impidiendo que la herida emocional cicatrice. Solemos interferir cuando nos precipitamos en nuestras conclusiones, cuando nos autoengañamos creyendo que no es tan importante lo que nos ha pasado, cuando utilizamos el dolor para llamar la atención, cuando no nos permitimos un retiro para analizar lo ocurrido o cuando creemos que nosotros solitos podremos salir de esta, entre otras muchas cosas.
Finalmente, de la misma manera que ocurre con las grandes heridas físicas, algunas heridas emocionales no pueden ser sanadas a pesar del impulso de reparación y requieren de la ayuda de un profesional. Existen los desequilibrios bioquímicos, los trastornos mayores y las situaciones altamente complejas, situaciones, todas ellas, que escapan la control del impulso de reparación.
Podemos hacer muchas más cosas de las que nos imaginamos, pero no podemos controlarlo, gestionarlo o curarlo todo. Cuanto antes nos demos cuenta, antes podremos pasar a la acción, aquella que sea más apropiada e indicada.
Gestionar la adversidad junto al resto de fortalezas emocionales, indica que debería, en su opinión, enseñarse en las escuelas. ¿Por qué lo cree así y a partir de qué edades tendría que incluirse este conocimiento en los planes de estudio?
Desde el primer día de escuela. Es una materia tan importante que no puede quedar relegada a la buena voluntad de un profesor. La fortaleza emocional debería enseñarse de manera sistemática en todos los colegios a todas las edades. ¿De qué nos sirve un ingeniero brillante si no es capaz de relacionarse adecuadamente con otras personas? ¿De qué nos sirve un político si no es empático y compasivo? ¿De qué nos sirve un médico si no es capaz de gestionar su ego? ¿Para qué queremos MBAs que no saben gestionar el sesgo que provoca el deseo en las decisiones que tienen que tomar? Podría seguir así un buen rato, créeme. Además, trabajar la fortaleza emocional es súper sencillo ya que se puede hacer de manera transversal con diferentes contenidos y unidades didácticas adaptadas a la edad de cada alumno.
Llegará un día en el que nos daremos cuenta que tenemos que trabajar nuestras fortalezas emocionales de la misma manera que lo hacemos con las físicas. Llegará un día en el que nos daremos cuenta de que la salud emocional es tan importante como la física. Y ese día llegará cuando nos demos cuenta de que la salud mental del adulto se puede empezar a trabajar en el colegio. Si todavía albergas alguna duda de la importancia que tiene, trata de imaginarte cómo hubiera sido tu vida si te hubieran enseñado a amar, o a tomar decisiones, o a analizar a las personas, o tener una buena autoestima…
A menudo tratamos de tapar el dolor con medicación o autoengaños, leo también en Kintsukoroi. ¿Cree que se dispensan demasiados medicamentos para paliar enfermedades que podrían curarse acudiendo a especialistas en psicoterapia? ¿Se abusa de la farmacología?
La medicación en sí misma no es buena o mala. Una medicación bien indicada, monitorizada y con una dosis adecuada te puede permitir trabajar muchas cosas a nivel psicológico. A veces necesitamos remontar una situación, controlar unos pensamientos delirantes, equilibrar una deficiencia bioquímica transitoria o crónica o ayudar a paliar unos síntomas y no tenemos otro modo de hacerlo que con medicación.
Pero es bien cierto y frecuente, que se administra medicación sin control, sin monitorización y sin analizar la dosificación adecuada. Médicos generales cargados de buenas intenciones, presionados por un sistema que penaliza las derivaciones, sobrevalorando sus conocimientos de Psicofármacos o atreviéndose a (mal) diagnosticar trastornos mentales; dispensan cantidades ingentes de medicación que no procede, lo que supone un gran riesgo ya que el paciente se queda con la sensación de que se está tratando su problema, pero en realidad tan solo se están tratando algunas de las consecuencias de su problema, sin incidir lo más mínimo en el origen del problema.
Por ejemplo, en muchas ocasiones el médico de familia receta ansiolíticos cuando en realidad el paciente necesita aprender a tomar decisiones ya que la ansiedad que siente y padece es la consecuencia de las decisiones que toma o deja de tomar. En ocasiones un cambio de trabajo, una separación o una mudanza, son los mejores ansiolíticos del mundo.
Por otro lado, y esto lo he vivido en primera persona, el médico de cabecera, me recetó ansioliticos y antidepresivos para relajar mi estado ‘nervioso’ que estaba provocando problemas digestivos… Problemas que no fueron otros que un virus o bacteria que me infectó en una de mis expediciones y una hernia de hiato secundaria a mis intensos entrenamientos después de haber comido durante mi juventud.
Si no llego a dedicarme a lo que me dedico, posiblemente hubiera muerto lentamente, eso sí, relajado y feliz.
Así que como conclusión dos grandes reflexiones. La primera es una llamada de atención a los profesionales de la salud, a los diagnósticos que realizan y los fármacos que recetan. La segunda, a veces hay que tomar medicación sí o sí. De la misma manera que una persona diabética necesita insulina, algunos trastornos necesitan del tratamiento con un Psicofármaco; pero para el resto de casos, nunca dejéis de incidir en el origen del trastorno, en la causa del desequilibrio, en el problema en sí mismo. No te resignes a tratar unos síntomas cuando puedes incidir en el origen de los mismos.
Leo que nuestro cerebro no soporta bien las lagunas de información, el tener que hacer frente a situaciones con un elevado impacto emocional. Parece que ante ese horror vacui tendemos a completar esa información de manera poco eficaz para nuestra salud mental, ¿es cierto?
Nuestro cerebro no soporta bien la incertidumbre y solicita respuestas rápidas aunque incurra en riesgo de error. Nuestra mente prefiere una respuesta incierta, una construcción precipitada o una conclusión parcial y sesgada a unos breves instantes de inseguridad.
Pero en esta carrera al sprint por rellenar el vacío, nuestra mente comete errores, muchos errores. Algunos de ellos son viejos conocidos como por ejemplo la famosa culpa. Algunas cosas no tienen ninguna explicación, algunas cosas pasan por simple mala suerte y algunas cosas sin que tengamos la más mínima opción a hacer alguna cosa.
Pero si nuestra conclusión es que ha pasado por culpa nuestra, nuestro cerebro ya tiene una explicación y se quedará tranquilo, a pesar de que, sin saberlo, generará un error, un sesgo que condicionará la interpretación que hagamos de lo ocurrido.
Cuando estamos sufriendo, lo mejor que podemos hacer, es no precipitarnos en nuestras conclusiones. A veces tenemos que dejar pasar el tiempo y evitar recurrir a una explicación distorsionada, irreal, culpabilizadora o sesgada. Créeme, es mejor nadar en la incertidumbre que tener una aparente seguridad. Cuando sufrimos nuestra mirada tiene que estar enfocada en el largo plazo. Saldremos hacía adelante, sin duda, pero no tengas prisa, ya que la prisa es mala consejera.
Una de las claves de esta guía, al parecer, es que seamos capaces de analizar correctamente lo que podemos cambiar de lo que no para poder tomar mejores decisiones y gestionar así eficientemente la adversidad. Parece más fácil en la teoría que en la práctica, ¿no le parece?
Ciertamente no es fácil, pero tampoco es tan difícil. En cualquier caso, querido Ginés, lo que no podemos hacer es dejarlo de hacer porque sea difícil. Vamos por partes, en mi primer libro, fortaleza emocional, describo un método que nos va ayudar a conseguir este propósito. El primer paso, sin duda, es el de ganar perspectiva, el de ver con cierta distancia lo que nos está pasando, lo que estamos sintiendo, lo que estamos viviendo. Aquí está la clave, ya que con esa perspectiva podremos analizar mucho mejor. La perspectiva se gana haciéndose uno una pregunta de manera recurrente: ¿Qué sentido tiene lo que estoy haciendo? No hace falta más… Eso sí, trata de responder en clave de sinceridad, con la mayor honestidad posible.
De la respuesta a esta pregunta nace el segundo paso. Si la respuesta es que no tiene sentido, o que tiene sentido para otra persona pero no para mi, tenemos que plantearnos una nueva pregunta… ¿Qué voy a hacer para darle sentido o para dejar de hacer algo sin sentido? Pero hay que ser muy valiente para formularse esta pregunta ya que de su respuesta pueden surgir muchas consecuencias. Lo que no hacemos no nos duele, o creemos que no nos duele, pero en realidad nos está limitando.
Empieza a pensar diferente, teniendo en cuenta las consecuencias a medio y largo plazo de aquello que estás haciendo ahora mismo y desterrando el miedo y la comodidad de tu vida. Tan solo de esta manera podrás pasar al tercer paso, pasar a la acción y tomar una decisión.
De todas maneras, en muchas ocasiones, el problema no es que no sepamos discriminar aquello en lo que podemos incidir de lo que no. El problema suele ser que no queremos cambiar algunas cosas por miedo o por comodidad y de esta manera nos autoengañamos y nos distraemos tratando de cambiar cosas que no pueden ser cambiadas.
Párate, detente y dedica tu energía a cambiar aquello que puede ser cambiado y que no quieres aceptar. A medio plazo tu salud te lo agradecerá.
Aunque es un tema delicado, sobre todo con esas estadísticas tan terribles sobre el maltrato de género, quería preguntarle por una relación causal que incluye en su libro. Esa en la que nos comenta que donde hay ira hay culpabilidad, y donde hay culpabilidad, hay castigo y maltrato. ¿Qué se puede hacer para romper esta cadena, esta dañina interrelación?
No sabemos gestionar nuestras emociones, la ira incluida. La ira en sí misma no es mala si somos capaces de leerla y entenderla. Recuerdo un enfado monumental que tuve en una ocasión en la que mi jefe, hace muchos años, me dijo que esperaba más de mí. Me enfadé, me enfadé mucho, pero a pesar de que el origen de mi enfado fue mi jefe, él no era el responsable del mismo, sino que era yo. Mi jefe tenía razón. Podía hacerlo mejor y eso fue lo que hice. Transforme toda mi ira en energía y estuve toda la noche trabajando en el informe que me había denegado. Toda la culpa de ese enfado era mía y solo mía… Pero qué es lo que suele ocurrir, pues que en vez de gestionar adecuadamente ese enfado, solemos enfadarnos con el mensajero, es decir con mi jefe en este caso, de tal manera que él tendrá la culpa de habernos roto una idea, nuestra imagen o cualquier expectativa poco realista y, claro, de esta manera el maltrato, la agresividad y la violencia ya tienen un objetivo claro.
Enfadarse no es malo, en absoluto; explotar, culpabilizar y castigar a una persona sí que lo es. La clave está en interpretar adecuadamente ese enfado, identificando correctamente el origen del mismo e incidir de una manera constructiva en él. Los enfados suelen responder a frustraciones, desengaños y decepciones. Si aprendemos de lo ocurrido, nadie saldrá herido, al revés, tú mismo saldrás reforzado, más bello y más sabio.
Detrás de la mayor parte de enfados con nuestra pareja hay una frustración de cariz profesional, detrás de muchos enfados en el trabajo hay una insatisfacción vital, detrás de muchas conductas hostiles no hay más que inacción ante una vida que no nos gusta.

Tomás Navarro reparte su tiempo entre la escritura técnica y de novela, la formación, la consultoría, las conferencias y los procesos de asesoramiento y coaching personal y profesional. Empezó trabajando con niños en un hospital, desde una perspectiva clínica y educativa. Más tarde decidió dar un giro a su carrera profesional y se dedicó a ayudar a las personas a trabajar y vivir más felices. Fundó así una consultoría especializada y años más tarde un centro de bienestar emocional con el mismo objetivo. Publicó en 2015 el libro ‘Fortaleza emocional’ en Zenith, por el que también me concedió una entrevista. Podéis consultarla aquí.