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martes, 23 de junio de 2026

Bajamares. Antonio Tocornal

¿Quién es el verdadero protagonista de la novela Bajamares (Sloper), de Antonio Tocornal? Conforme nos vamos deslizando por sus páginas, parece evidente que lo es el habitante del islote Roque Espino. Ese joven que se presentó voluntario, décadas atrás, para hacerse cargo del faro. Labor que ha desempeñado a la perfección, sin haber regresado jamás a tierra firme. Su contacto con el mundo exterior es a través de un barquero que cada quince días le trae las provisiones. 

Tocornal podría haber escrito un relato, uno breve o, quizá, algo más extenso; pero con sabiduría marinera, dirige la proa de la narración a un puerto seguro entre paisajes y voces. Porque el protagonista de Bajamares no está solo. Y no me refiero a los lagartos del islote, ni a los que descansan en paz, en el cementerio de marineros muertos que trajo la bajamar al islote. Está su otro yo. Conocemos más de la historia del guardafaros y de su existencia a través de una sucesión de voces narrativas. Las del barquero, las del narrador omnisciente, la de la madre... Suma no de una voz, sino de una serie de aportes, de documentos, para que la unión de las partes nos descubra la historia casi como ese buque que entre la niebla aparece silencioso, imponente. Niebla y silencio. Curioso traer aquí estos dos conceptos. Porque hay algo de neboluso, de onírico, de somnolencia e imaginación en estas voces. Como también hay silencios, no podía ser menos en una isla semihabitada; no obstante, el lenguaje atrapa, se aferra al lector en forma de imágenes y metáforas. 

Palabras que leemos en un elemento no menos curioso. Y es que el guardafaros, temiendo perder el lenguaje, encarga a tierra firme que le traigan a Roque Espino un gran diccionario enciclopédico ilustrado. Esa enciclopedia será su único vínculo con el resto del mundo más allá del contacto quincenal con el barquero; estudiará los tomos durante toda su vida. Vida. Otra palabra que en el tono casi reflexivo de esta novela, adquiere un significado simbólico, si unimos, como lectores, las imágenes iniciales y las finales. Acaso como el perímetro de esa isla. Como un mar primigenio donde se hace la luz para arrojar a las tinieblas, donde a diario vivimos con nuestro yo presente y nuestro yo del pasado en una conversación con la sana intención tal vez de no alejarnos en exceso de tierra firme, esa a la que indefectiblemente regresaremos cuando baje la marea.

Bajamares mereció el primer Premio de Novela de la Diputación de Córdoba en 2018, Sloper la reedita este 2026 con un prólogo de Nadal Suau.


Bajamares. Antonio Tocornal. Editorial Sloper

viernes, 8 de mayo de 2026

Casilla vacía. Entrevista a Santiago Mazarrasa

En este mes de mayo, tan literario como el pasado mes de abril, me emociona compartir la entrevista que me concedió Santiago Mazarrasa (Santander, 1988) al hilo de su última novela Casilla vacía, que reseñé semanas atrás. Licenciado en Filosofía y Máster en la especialidad de Pensamiento Contemporáneo, vivió en Madrid, donde editaba fanzines y discos con Donato Fanzine y en Berlín, donde trabajó como cocinero de hamburguesas caras. Desde 2021, vive en Santander, donde edita la revista literaria MULE, que fundó junto a la artista Mina K., pasea a su perro, mima a su gato y contempla un Excel infinito. Ese año, participó en un concurso televisivo para pagar sus deudas. Ha publicado las novelas "El aspirante" (Ediciones Franz, 2021) y "Caníbal sin dientes" (2023). En 2024, en colaboración con la Fundación Gerardo Diego, estrenó la obra de teatro "Reflector en sombra", publicada posteriormente bajo el título "Poeta intrascendente".


P.: Alguien me comentó una vez que solemos tender a escribir más sobre lo que conocemos, en una especie de zona de confort, con sus honrosas excepciones, claro. Leyendo su biografía aparece Santander, donde nació y a donde regresó. También un trabajo en Alemania, como cocinero. Hay algo de ambos elementos en Casilla vacía, le tiendo este puente para que nos hable de este puzle de personajes y subtramas convergentes.

R.: Si hay algo de mi propia historia en la novela, lo hay como punto de partida o como sustrato del que se alimentan los temas que más me interesan. Uno de ellos, claro, es la experiencia del migrante y el retornado, pero no me interesa más que otras como la del obrero de la fábrica local, o la del empleado de banca, ni considero más importante una que otra. La novela no se construye sobre una experiencia personal, pero es cierto que puedo aprovechar narrativamente espacios, acontecimientos y conflictos que he conocido bien para darle forma al mundo desencantado en el que habitan los personajes. Si estos materiales con los que trabaja Casilla se transforman en literatura es, precisamente, porque trabajan juntos y son capaces de hacer emerger de sus particularidades una idea común o, mejor dicho, un estado de ánimo que creo que recorre nuestro tiempo y que no se ha nombrado todavía. No es, en resumen, un libro autobiográfico porque no habla de mí, pero es un libro que sí habla de mi época y de la historia compartida de mi generación. Al menos, eso creo.

P.: En uno de los capítulos se habla de los expats, los expátriados. En su novela alude a ciertos artistas y emprendedores del barrio donde vive uno de los personajes. Creo que algo de esa sensación también la comparten él y otros personajes de Casilla vacía, al menos, así me lo parece. ¿Es así?

R.: Es curioso porque el término se usa en la novela de una manera muy crítica. Es el personaje de Roto quien lo saca a colación para reírse de cómo se representan a sí mismos muchos de los personajes que lo rodean en el barrio de Berlín en el que viven, personajes que, más que expatriados, han elegido libremente salir de sus países para vivir algo que se asemeja más a la visita a un parque temático que a una experiencia traumática. No son migrantes por necesidad ni refugiados políticos y, sin embargo, estos personajes usan el término para cubrirse a sí mismos con una paradójica pátina moral, la de las víctimas del mundo, que no les corresponde.

A pesar de ello, es cierto que ninguno de los personajes de la novela se siente bien dónde está. Podría decirse de ellos que, a pesar de vivir en una ciudad por elección o en su ciudad de origen por necesidad, todos viven de algún modo desplazados, a la intemperie. Eso forma parte del estado de ánimo del que hablaba más arriba.

P.: Uno de los hilos argumentales se me antoja que es la culpa, sin dejar de lado la búsqueda de uno mismo, la identitaria, en una generación, quizá la suya, con muchos retos por delante, en especial, en el caso de Casilla vacía, cuando se produce un vacío, uno doloroso. ¿Nos lo comenta?

Más que un hilo argumental, la culpa sobrevuela la novela como la sombra o el reverso de todos esos asuntos que explora el libro: la búsqueda de la identidad en un mundo hiperacelerado, la falta de expectativas, la incapacidad para la comunicación etc. En lugar de buscar los motivos fuera, los personajes no evitan sentirse responsables de su propia situación, algo que, por supuesto, agrava el malestar. Creo que esto es un mal extendido de nuestra época: la confusión entre la situación personal y la responsabilidad individual, por eso me interesaba tanto que el sentimiento de culpa estuviera presente. En cierto modo, no podemos escapar a esta forma perversa de autopercepción, por eso me interesaba que el lector sí la tuviera presente.

P.: Nada le ocurre al todo que no afecte a cada una de las partes, leemos y, a continuación, Tampoco la muerte. Nos la comenta.

R.: El elemento común a todas las historias del libro es ese grupo de amigos de la infancia, que actúa, según creo, como un personaje más, en tanto que cada una de las historias particulares narra acontecimientos que influyen en su desarrollo y lo involucran como un agente más en la historia. De hecho, a menudo, es el grupo el que de forma más o menos explícita toma decisiones por cuenta de sus integrantes. Cuando llega la muerte, que es un acontecimiento central en la novela y una experiencia esencialmente individual, el grupo de amigos toma conciencia del estado real en el que se encuentra: ya no es un refugio, una totalidad cerrada y sin grietas, si no un conjunto en disolución. Quizá, esta es una pregunta que atraviesa el libro, ya lo fuera antes, pero es la muerte la que ha puesto este conflicto sobre la mesa. Así es como interpreto yo esta frase en el contexto de la novela, aunque no tengo claro que sea el más adecuado para hacerlo.

P.: He extraído, por si nos la comenta al hilo del argumento, esta frase: "La pena se hace hueco, aparece como el ojo negro de un desagüe, que se lleva el agua, pero deja el hedor".

R.: Creo que el desagüe era una buena imagen para expresar lo que conlleva una pérdida como la que sufren los protagonistas del libro: se produce un vacío repentino, pero esa ausencia permanece y es, en cierto modo palpable. La presencia fantasmal de este vacío como un hedor me resultaba muy interesante en tanto que aúna nociones en apariencia contradictorias que además conectan con la idea que expresaba el título de la novela.

P.: Otro de los grandes temas de su novela creo que se mueve bien con uno de los pasajes en el que leemos: Por ahí va Roto, con un plan para hoy, con un plan para mañana, con un plan, en general.

R.: El contexto en el que aparece esta frase la carga de ironía. Roto, en esa escena, no tiene realmente ningún plan, pero a su alrededor parece que todo el mundo lo tiene por eso el sigue adelante, porque asume que debe fingir que, como sus iguales, cree que hay un futuro por delante. Efectivamente, esa idea irónica de futuro planeable es uno de los grandes temas del libro y está presente también en la historia de otro de los protagonistas. En ambos casos, sin embargo, los planes de uno y otro no son más que ilusiones o, según quién los mire, delirios.

P.: Me gustaría preguntarle también por la parte formal de la novela. Por las voces narrativas, esa segunda persona, por un lado; por ese lirismo dándole hondura léxica y, ya puestos, por esa cita al principio del capítulo ocho, como un guiño, quizá, pues el resto se muestran desnudos de este.

R.: Para mí era muy importante construir la novela utilizando diferentes voces narrativas que tuvieran, sin embargo, elementos comunes. De este modo, la novela podía leerse no solo como la suma de sus partes si no como un todo con sentido que se dirige en una misma dirección. La cercanía psicológica del narrador a los personajes, la urgencia, los ritmos trabajan, creo, como un reflejo del estado anímico de nuestra época. La segunda persona que mencionas es un claro ejemplo: funciona como voz interior del personaje tanto como mecanismo acusador. A partir de esa idea se construyen el resto de las voces con sus particularidades.

En cuanto a la cita que abre el último capítulo, me parecía importante abrir una pequeña puerta, no sé si a la esperanza, pero sí a cierta forma de alivio posible. No creo que esa puerta se abra del todo, pero sí me parece que el personaje protagonista de este capítulo tiene la intención de ser, de algún modo, portador de un mensaje similar, aunque lo haga de una manera tan torpe que resulte ridícula. De hecho, en sus manos, la cita, tan bonita, resulta paródica.

martes, 24 de marzo de 2026

El Tunche. Miguel Gayo

 
La novela El Tunche (Vencejo), de Miguel Gayo, arranca con un hecho tomado de la realidad. Se cumplen diez años de la muerte violenta de una joven, en un parque sevillano, a manos de un hombre perturbado y desalmado que acabó con su vida aprovechando su indefensión para agredirla, además, sexualmente. 

Gayo toma ese hecho verídico para componer una historia de ficción, en esa ciudad, con varios personajes convergiendo en un curioso triangulo pasional. Narrada en contrapunto, asistiremos a un reencuentro entre dos amigos que amaron a una misma mujer. La fatalidad se cruzó en sus caminos, no solo la moral, también la que acompaña a nuestra existencia mundana y finita. 

El Tunche como título alude a una criatura mitológica de la selva andina, de donde es también Flor María, un cuarto personaje clave en toda la trama. Solo que ese Tunche demoníaco y selvático parece traspasar la distancia, lo folclórico, para merodear por Sevilla. El Tunche avisa, silba y, si tiene ocasión, devora a sus víctimas. 

La novela se articula en capítulos afluentes donde los encuentros y desencuentros de Bruno y José, con su amada Sara, revelarán que la vida nos pone a prueba, que el destino puede llegar a ser cruel, que el incluso lo que está por suceder tiene un componente ajeno a la voluntad humana. Pero otra parte no. El Tunche roza la tragedia porque el amor puede ser un pasatiempo y una tragedia, como dijo Isadora Duncan.


El Tunche. Miguel Gayo. Vencejo ediciones.

sábado, 28 de febrero de 2026

Las tres familias. Miguel Ángel González

Llegó a mi casa, por sorpresa, la novela Las tres familias (Ediciones B), de Miguel Ángel González. El propio autor me pidió que me lo leyese tranquilo, sin prisa, que lo disfrutase. Procuré no leerme antes la sinopsis, por aquello de no sugestionarme a la hora de ir descubriendo los conflictos y los giros argumentales. Pronto descubrí que la palabra -o el concepto, más bien-, que se repetía con fuerza estaba en el título. La familia. 

En este convulso siglo XXI en el que la sociedad se enfrenta a nuevos retos identitarios de afiliación, pertenencia e individualismos colectivizados, de nuevos roles interfamiliares, recordar los valores que nos hacen mejor persona es casi un acto de rebeldía.

La familia en Las tres familias concatena varias historias con personajes principales separados en el espacio y el tiempo, aparentemente, sin mucho en común. Pero ese camafeo que lleva Hueso, gran protagonista central, es solo el extremo del hilo de Ariadna que las conecta. Desde el vil y horrendo crimen cometido en España, por un noble creyéndose impune, en el siglo XVI, a los sucesos narrados a mediados del siglo XX. Tres hermanos, entonces, que huyen, que hundirán por separado sus raíces en una isla mediterránea, pero que ni la distancia ni el aislamiento conseguirán borrar lo más importante: los valores que guían a las personas, como el de la familia. 

El contrapunto en Las tres familias potencia una trama de sucesos en los que la amistad, la perseverancia, el honor y la lealtad -incluso si solo has conocido la miseria en un orfanato-, vertebran las dos historias que como afluentes alimentan el río de esta novela. Hay espacio para la emoción, para el amor, para experimentar el deseo de justicia, incluso hasta en sus últimas consecuencias. Creo que también González ha querido dejar ante nuestros ojos que tras la palabra mafia se ha intentado volcar más oprobio y crimen sistémico del que por origen le corresponden a tres familias italianas de origen español, como descubriremos aquí. 

En resumen, Las tres familias es un viaje al pasado, un salto en el tiempo hasta el final de la segunda gran guerra, para conocer la génesis de un sentimiento, de unos valores que quisieron mantenerse -y se mantienen en la actualidad- a pesar de la mala fama y los garbanzos negros. Porque seamos honestos, en todas las familias hay de todo, pero pase lo que pase, los lazos están ahí. Las personas vienen y van, pero si su legado si es honesto y comprometido, perdurará en las siguientes generaciones.


Miguel Ángel González (Madrid, 1982) es novelista y dramaturgo, facetas con las que ha obtenido numerosos galardones y el aplauso de la crítica. Compagina la escritura con la dirección de la escuela literaria Club de Escritores. En 2016 publicó Todos los miedos, ganadora de la 65.ª edición del Premio Café Gijón. Más tarde escribió Cariño (2018), que fue elegida como una de las diez mejores novelas del año por la revista Forbes; Un nublao de tiniebla y pedernal (2021), con la que obtuvo el Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa, y el thriller Dios no está con nosotros porque odia a los idiotas. En 2022 vio la luz Prolepsis, y en 2024 publicó Perder el equilibrio nominada a mejor novela en los premios Valencia Negra 2024. En 2025, reunió una selección de sus mejores cuentos en la antología El chico que ganaba todos los premios, su poemario ¿Qué harías si yo muriera? fue distinguido con el Premio Ciudad de Badajoz. Como dramaturgo, ha sido reconocido con el Premio Fray Luis de León, el Premio Max Aub y el Premio Born y sus obras se han representado en escenarios de España, Argentina, México y Estados Unidos.


Las tres familias. Miguel Ángel González. Ediciones B

martes, 10 de febrero de 2026

Epifanía. Israel Merino

Un libro crudo, directo e inquietante, este Epifanía (Temas de Hoy) de Israel Merino. El autor toledano nos traslada a un pequeño pueblo manchego para sumergirnos que pequeños dramas entrelazados. Unos de jóvenes, otros de los adultos, todos interconectados porque aquí se cumple el dicho de pueblo pequeño infierno grande

Surgen de fondo temas como la especulación inmobiliaria, la xenofobia o las rencillas familiares, en lo más individual. El peso de familia, como un nudo corredizo, la falta de oportunidades o la miseria cotidiana llevada hasta ese punto de violencia, soterrada o no, convergen en esta novela con aire de thriller. Porque Epifanía nos saluda con un crimen, el atropello mortal de una pareja de jóvenes, a las afueras de la localidad. ¿Fue un accidente o premeditado? ¿Quedará impune con la connivencia de los vecinos y la policía local o la venganza destapará la costra sobre una herida mal cicatrizada? 

Página a página, capítulo a capítulo, Merino va dándonos las piezas de un puzle rural, descarnado, frenético e introspectivo porque la sociedad es el reflejo de los individuos que la componen. ¿Qué somos capaces de hacer cuando sabemos que la culpa y la moralidad tienen los linderos suavemente definidos? Epifanía evocará a algunos a El Gatopardo por aquella frase mítica sobre cambiar para que todo siga igual o a la crudeza del realismo crítico de Rafael Chirbes. Un pulso firme a una realidad que no siempre grita, ni sale en los medios de comunicación, pero está ahí, latiendo en la España profunda de este siglo XXI.


Israel Merino (Toledo, 2000) es periodista y escritor. Ha trabajado como reportero para medios como El Español o CTXT, y ha sido comentarista político en programas de La Sexta, Radio 3, Catalunya Radio o Carne Cruda. Actualmente, es columnista en Público y El Confidencial, y escribe sobre música en 20Minutos. Ha publicado la novela Subura (2021) y la crónica literaria Más allá de la noche (2022).


Epifanía. Israel Merino. Temas de Hoy. 

martes, 21 de octubre de 2025

¿Qué pasa con Baum? Woody Allen

Sentí curiosidad de leer ¿Qué pasa con Baum? (Alianza), de Woody Allen, no solo porque es la primera novela del polifacético escritor, director y actor estadounidense. O quizás sí. Ya desde la portada nos asomamos a la icónica ciudad de New York, no solo a Central Park y sus alrededores. De algún modo, creo que Allen ha transformado la ciudad en un personaje más, muy a su estilo, para quienes conozcan otras facetas artísticas del autor. 

El protagonista de ¿Qué pasa con Baum?  Bien podría ser un alter ego de Allen, algo más joven, acaso, evocándome así, salvando las distancias, al autor y peripecias del protagonista de On the road (En el camino), de Kerouac. 

Asher Baum es un escritor judío que tras tres matrimonios nos cuenta y se cuenta a sí mismo ese discurrir por los años, no exento de humor, ironía y los conflictos personales propios de un artista que se tiene por tal. Lo que nos hace ir devorando las páginas de ¿Qué pasa con Baum? No es querer saber más de Allen, sino de Baum, con su descarnado humor, con esas excentricidades y sus complejos de culpa o hipocondría, entre otras lindeza. Su mujer Connie, el hijo de esta Thane, sus pocos amigas e incluso su editor van tejiendo a su alrededor una telaraña de simpáticas anécdotas bien hiladas invitándonos a ponernos a veces en los zapatos de Baum. Por cierto, la escena de la portada, por así decirlo, aparecerá en un pasaje de la novela, como curiosidad. 

Dos apuntes más que me han parecido interesantes, sobre todo, para quienes quieran leer la novela desde otros zapatos, para escritoras y escritores en potencia o con recorrido. Es esta una novela sin capítulos, como un largo viaje sin escalas al corazón y la mente de su protagonista, evocándome así a esa De profundis de Wilde, por ejemplo. Además, para no romper esa continuidad, algunas notas se han llevado al final del libro, para aclarar algunos guiños de Allen, o de Baum, sin perturbar la continuidad de su lectura. Hay mucho Allen en Baum, o quizás no, esa cuestión la dejo a consideración de quienes se acerquen a  ¿Qué pasa con Baum?


WOODY ALLEN es escritor, director y actor. A los quince años empezó a escribir gags para la prensa y posteriormente trabajó como humorista de monólogos. Es autor de varios libros de relatos con la ciudad de Nueva York como escenario de sus enredos. Es un ferviente apasionado del jazz y un entusiasta de los eventos deportivos. Vive en la zona del Upper East Side de Manhattan con su esposa, Soon-Yi, con quien lleva casado más veinte años, y sus dos hijas, Manzie y Bechet. 

¿Qué pasa con Baum? Woody Allen. Alianza editorial. Trad.: Manuel de la Fuente Soler.


lunes, 1 de septiembre de 2025

Gris, más bien, plomo. Entrevista a Elga Reátegui

De regreso tras las merecidas vacaciones, es un verdadero honor hacerlo con esta entrevista. Elga Reátegui y yo nos conocimos hace años, por un libro suyo, además. El tiempo lo podemos contar por libros publicados, por anécdotas y por recuerdos en común. Agradecido, solo queda dejaros aquí esta entrevista y mi recomendación para que os acerquéis a “Gris, más bien, plomo" (La Rueca).


P.: Si hubiera dos clases de novela, de trama y de personaje, creo que coincidiríamos en que "Gris, más bien, plomo", es de personaje: el de Chela Vargas en el centro de la historia. Y si te preguntase cinco rasgos que definen a la protagonista de tu novela, ¿cuáles elegirías y por qué?

R.: El lector posee plena facultad en cuanto a cómo quiere ver o enfocar el contenido de la historia, en eso no tengo el control, obviamente. Sin embargo, lo que sí está en mis manos es, quizá, usar a mi personaje para abordar temas que para mí son de vital importancia o que merecen un mayor foco de atención. En cuanto a Chela Vargas, debo admitir que es un personaje complejo y polémico. Al que puedes detestar de comienzo a fin o prodigarle algo compresión paulatinamente, pero sin llegar a empatizar con ella jamás. 

Sobre sus rasgos de personalidad, Chela Vargas se acepta tal cual es, está comprometida consigo, ama su libertad, sabe lo que quiere y acepta sus limitaciones. Me quedo con su capacidad de quererse, pese a ser consciente de sus egoísmos. No se juzga ni claudica. Es así y ya está. 

P.: Junto a Chela orbitan otros personajes y eso que Chela es brava y muy independiente. No quiero dejar pasar la oportunidad de que nos cuentes ese delicado triángulo de Chela con su primo Samir y con su amor, Nuria.

R.: No creo que exista ese triángulo amoroso tal como lo enfocas. Descarto que sea así. Sin embargo, acepto que existe un fuerte vínculo afectivo de modo individual, es decir, Chela respecto a Samir y viceversa,  y, algo similar, también ocurre con Nuria. Además del cariño, que es patente, hay mucha necesidad por parte de ellos. Tal vez, ni sea afecto, sino apego lo que sostiene sus relaciones. Samir y Nuria se hallan en plena búsqueda de alguien o algo que los saque su vacío, que les indique que son indispensables en la vida del otro, en este caso, de Chela. Es ella la que les prodiga ese nutiente, por tanto, alimenta su alicaída autoestima y da sentido a sus existencias. 

P.: En cierta ocasión comentamos que no has caído, como algunos autores, en darle excesivo protagonismo a las descripciones paisajísticas, a los decorados profundos exteriores. Y, sin embargo, Lima está muy presente con sus calles, sus rincones, hospitales incluidos, o  el cementerio de perros de  Huachipa. Háblanos de esa Lima y de ese no coprotagonismo secundario de una ciudad que conoces bien.

R.: Nunca me he prodigado en descripciones, por tanto, tampoco he incurrido en el error de caer en excesos en pos de hacer los escenarios más reales. Hubiese sido un despropósito que el paisaje devorara la historia. No caigo en ese tipo de tentaciones. Doy lo justo y lo necesario para que se den una idea del entorno. 

Mi Lima, pese a sus cambios urbanísticos y la inmigración de los últimos tiempos, en esencia sigue siendo y, probablemente, continuará siendo la misma. Es una dama sensible, ingeniosa, huachafa, coqueta y muy nostálgica. Quien conozca Lima por haber nacido allí o haberla visitado alguna vez resaltará su casi perenne cielo de tono “panza de burro", ese gris de todos los matices que nos acompaña durante gran parte del año. Dicen los entendidos que esa condición climática marca o influye en el alma del limeño tornándolo nostálgico hasta algo tristón. No lo desmiento, tal vez, sea cierto. 

P.: Por alguna razón, propia o ajena, me ha venido a la mente el personaje griego de Penélope. Diferencias aparte, veo que ambas tejen y destejen hilos, con recuerdos, con personajes, con deseos y, ambas, en el fondo, esperan con paciente impaciencia. Lo hilvano con una pregunta delicada, si crees que van a empatizar más con esta historia los lectores, pero sobre todo las lectoras, que hayan pasado por el mal trago de Chela.

R.: El cáncer. La historia se desarrolla a partir de la aparición de dicha enfermedad que sorprende a Chela Vargas lanzándola a unas sesiones de quimio que enfrenta como puede. Y todo ocurre mientras ella atraviesa ese duro proceso, llena de miedo, incertidumbre y un transcurrir de tiempo en en el no que sabe qué esperar. 

La novela está basada en un hecho real. Un buen porcentaje de lo que cuenta la historia ocurrió en verdad. Es la experiencia de mi madre y de lo que yo viví con ella durante ese período. 

P.: Personalmente creo que no es casual que Chela Vargas sea periodista, que trabaje en un medio de comunicación. Algo de Chela hay en ti o al revés. Quizá te ha servido para contar, entre la ficción, experiencias o recuerdos personales. Nada nuevo, me temo, para quienes somos asiduos a tu narrativa novelada. ¿He acertado?

R.: Sí, a veces las historias parten de algún suceso vivido durante el desempeño de mi carrera periodística. Aproveché un par recuerdos de mi paso por algunos medios de comunicación para retratar el paisaje humano, los quehaceres propios y el ambiente habitual en dichos hábitats. 

La incertidumbre de la venta del canal y los despidos arbitrarios con listas que salían a diario fueron sucesos que vivieron mis compañeros, en una televisora, a finales de la década de los `80, tal como le ocurre a Chela Vargas. Yo me marché antes, no estaba dispuesta a padecer esa tortura.  

P.: Si antes comentaba que no has dado un gran rol coprotagonista a la ciudad de Lima, me atrevo a decir que sí se lo has otorgado al amor en "Gris, más bien, plomo". El amor casi con mayúsculas, desde el amor a uno mismo, en forma de autoconocimiento y autoconcepto, pasando por el amor a los demás, ya romántico ya de parentesco. De hecho, creo que lo que salva a muchos de tus personajes de sufrir un fin injusto es precisamente el amor, en una direción o bidireccional. Por si quieres hablarnos de ello, no nos olvidemos de Natusha, ¿sí?

R.: No es novedad afirmar que siempre buscas a alguien a quien amar. En cuanto a Chela, ella elige amarse a sí misma, anteponiéndose a los suyos, y es válido, por supuesto. Aunque también, vemos que depositó gran parte de su cariño en Natusha, su perrita, a la que, según ella, quiso de veras y sin expectativas. 

El amor es capaz de realizar milagros internos y externos, pero no se halla fuera, debes encontrarlo dentro de ti, reconocerlo y vivir de acuerdo a sus dictados. El amor no es ciego ni tonto, dejemos de subestirmalo o confundirlo. El amor es sabio, justo e incondicional. Pero, lamentablemente, hoy en día el romanticismo cruel, grosero y egoísta lo suplanta en las relaciones humanas produciendo sufrimientos inútiles y vacíos existenciales. 


Elga Reátegui nació en Lima (Perú) y desde hace años reside en Valencia (España). Es periodista y escritora. Laboró en diversos medios de comunicación de la capital peruana. Produce y conduce dos espacios literarios: VíaLibros (reseñas) y Reunidos (entrevistas). También es creadora  del programa Háblame de tu libro, del autor al lector. Todos se difunden en su revista digital La ardilla literaria, en YouTube y en las redes sociales. Ha publicado nueve poemarios y cinco novelas, entre los que destacan En mi piel,  El vals de la gata, A este lado y al otro e Y te diste la media vuelta. En 2020 obtuvo un International Latino Book Awards (primer puesto) por su libro La fugacidad del color, en la categoría Best Collection of Short Stories (Estados Unidos). En junio de 2022 su libro Tari, la tortuga que vino del espacio (Lastura 2021), su primer libro infantil, obtuvo una mención honorífica en los International Latino Books Awards (categoría Best Illustrated Children's Book). Es miembro de la Directiva la Asociación Escritores y Críticos Literarios de Valencia (CLAVE) y la Comisión de Escritoras PEN Club Internacional del Perú. Está afiliada a la Unión de Periodistas Valencianos y a la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Administra el blog de entrevistas La ardilla literaria que publica reseñas y entrevistas de colaboradores. Asimismo es fundadora del club de lectura homónimo a la revista, en la ciudad de Valencia, donde realizan talleres de escritura y presentaciones de libros, entre otras actividades.

Gris, más bien, plomo. Elga Reátegui. Editorial La Rueca.

https://elgareategui.com/

martes, 3 de junio de 2025

El patio. Thomas Korsgaard

Deliciosa lectura la que traigo esta semana a Maleta de libros con El patio (Random House) de Thomas Korsgaard. Lo primero comentar que el protagonista indiscutible de esta novela es Tue, un chaval de 13 años que vive en una granja danesa con su familia. También decir que la familia y sus amigos van a conformar un pequeño universo a su alrededor, una telaraña de vivencias algunas rozando lo dramático, otras lo cómico. 

La entrada en la adolescencia es una etapa de la vida que en ocasiones nos marcará de por vida. Quizá por eso, Korsgaard ha planteado esta novela como una primera entrega de la Trilogía de Tue. Sorprende el pulso narrativo del autor en El patio, por la mirada y sencillez aparente a la hora de contar los conflictos generacionales, las pequeñas miserias humanas cotidianas y, sobre todo, la profundidad de la construcción de los personajes con esa cotidianidad en la granja o en el colegio. 

De algún modo, El patio nos habla del amor, de los silencios cómplices, del valor de la familia y de algunos temas más que se sucederán con las siguientes entregas de la trilogía. Por ultimo, quizás destacar esos dos grandes temas que se dan la mano como un oxímoron: la vida y la muerte. Porque ya dije que Tue, el protagonista tiene trece años, una edad en la que aprender a asumir la muerte o el significado de la vida es como una pieza a encajar en nuestro acervo de valores personales.


Thomas Korsgaard (Viborg, Dinamarca. 1995). Inició sus estudios en Filología y Literatura Nórdica en la Universidad de Aarhus. Debutó en 2017 con El patio, inicio de una trilogía que sigue con La ciudad y Paraíso. En 2021 recibió dos de los mayores premios daneses: el De Gyldne Laurbaer y el Otto B. Lindhart.

El patio. Thomas Korsgaard. Random House

Trad.: Blanca Ortiz Ostalé

martes, 29 de abril de 2025

El jardín del diablo. Iván Repila

Siempre es un lujo acercarse a una obra como esta, de la entidad literaria de El jardín del diablo (Seix Barral) de Iván Repila. Será porque ya le he leído antes, porque tuve el placer de entrevistarle años atrás, en Valencia. 

Sea como fuere, su nueva novela es un canto a la esperanza en forma de carta. La de Volva a su hija, a su pequeña búfala. La sinopsis no alcanza a descubrir lo que atesoran sus páginas, su rico y sombroso lenguaje; su pulsión, la mirada desde el corazón y el fermento al acabar de completar el viaje del protagonista. Volva vive en el Jardín, en un lugar lejos del lugar al que cada año, un emisario, alguien del Jardín viaja para compartir el conocimiento con el exterior. Este año será Volva. Es la historia de ese viaje desde ese Jardín, con su corazón alegre, esperanzado en búsqueda de una realidad que le irá transformando. Porque el exterior es más diferente que cualquier idea que llevara. La ciudad es un sitio donde el consumismo y las prisas imperan y devoran el respeto, la armonía con la naturaleza. 

Repila nos sumerge en una fábula moderna, en un viaje de dentro a afuera, en una mirada desde dos jardines, el de la sociedad gris y deshumanizada frente a la de unos pocos aislados donde se vive interconectados y respetando a sus semejantes y a sí mismos como parte un todo en delicado equilibrio. El jardín del diablo sigue la estela del particularísimo estilo literario de Repila, quienes ya le hemos leído con anterioridad, lo sabemos y lo apreciamos. 

El jardín del diablo es una distopía o una carta no solo de un padre a su hija, sino de un hijo humano a otros humanos que perdieron la memoria acerca de qué somos y por qué estamos aquí. Hay una metáfora en la novela, muchas, en realidad, pero una gran metáfora enraíza con el lugar de origen. Origen, destino, viaje y esperanza. No me resisto a incluir un párrafo de este libro: "Todo lo que somos es el resultado de una suma de esfuerzos colectivos, de aciertos y errores, y la naturaleza nos ha provisto de herramientas para hacerlo mejor, para convivir mejor, para escucharnos."


Iván Repila (Bilbao, 1978) es escritor, editor y gestor cultural. Ha trabajado para diversos organismos e instituciones nacionales e internacionales en la producción, coordinación y dirección de congresos, encuentros y festivales de teatro, música y danza. Es autor de las novelas Una comedia canalla, El niño que robó el caballo de Atila, Prólogo para una guerra y El aliado.

lunes, 24 de febrero de 2025

Chaval. Nacho Herranz Farelo

Esta semana, me he decidido a compartir esta reseña de la novela Chaval (Vencejo ediciones), de Nacho Herranz Farelo. Si caí en su lectura, lo admito, fue por el planteamiento argumental. 

El protagonista es Claudio, un cincuentón con un trabajo monótono pero estable. Casado, con dos hijos y cierta morriña por aquellos años adolescentes que sabe que se fueron y ya no volverán. Pero a veces uno tiene que tener cuidado con lo que desea, incluso con los deseos en sí. Por mediación de un videojuego, su vida va a cambiar drásticamente. Ese deseo de regresar a aquella juventud no solo se hará realidad, sino que descubrirá que puede ser un premio envenenado, metafóricamente, claro. A Herranz Farelo le sirve esta especie de cuento clásico modernizado sobre viajar a nuestro pasado para poner frente al lector grandes temas de nuestra naturaleza humana. 

Desde la brecha generacional a las relaciones paternofiliares pasando por el autoconocimiento personal. Chaval tiene algo de crítica social, de reflexión, de espejo filosófico y de humor, por descontado. Habrá quien la lea de un tirón, no llega a las 200 páginas, buscando distraerse, divertirse y olvidarse de los problemas del día a día. Pero también habrá quien le saque punta, quien vea en ese regreso de alguien de cincuenta a la veintena una metáfora de la importancia de saber madurar, por no decir disfrutar, en cada etapa de nuestra existencia, sin añorar nada si uno es fiel a sí mismo, a sus principios. Poco más que añadir, salvo animar a que la leáis si sentís curiosidad por descubrir en Chaval esa pregunta que en alguna ocasión nos hemos hecho: ¿qué haría si volviera a tener veinte años?


Nacho Herranz Farelo (Madrid, 1972) es un narrador, antipoeta, humorista gráfico y redactor publicitario. Autor de cuentos, una novela corta y varios guiones para cortometrajes, en 2016 publicó su primera novela Sangre de bellota. También es autor de La Movida vista por los jinchos o Jobs ha muerto: La mayor herejía de la historia de la religión digital.


Chaval. Nacho Herranz Farelo. Vencejo ediciones.

lunes, 17 de febrero de 2025

Mejor que muerto. Fidel Moreno

El título de esta novela Mejor que muerto (Random House), de Fidel Moreno, es una sensación que llega a experimentar Julio, el protagonista. En el centro de esta historia con tientes de crítica social, está él, Julio, casado con Casilda, en Madrid. 

Concretamente, ambos cohabitan en un piso en el pintoresco barrio de Lavapiés. Y lo comento así porque entre los diversos temas que palpitan en la novela, por ejemplo, hallamos el de la especulación inmobiliaria. No es de extrañar así, que otro de los personajes clave en Mejor que muerto sea una okupa, la joven Sara, en ese mismo edificio. El cuarentón de Julio vive sin muchas preocupaciones, y eso a pesar de estar en paro; esa precaria aunque feliz existencia, se verá levemente truncada cuando es nombrado presidente de la comunidad de propietarios. 

Como decía, hay mucha realidad en esta novela en apariencia cómica pero trágica a la vez. Porque una lectura más allá de lo superficial, nos evocará, por ejemplo, a aquellos meses de confinamiento domiciliario a causa de la Covid-19 o la nueva normalidad posterior que nos sorprendió a todos. El triángulo asimétrico: Julio, su mujer y la atractiva okupa -con la que compartirá algo más que tardes de hierba- es parte de las teselas del mosaico de nuestra sociedad actual. La crisis de la masculinidad a los cuarenta, la inmigración irregular, el hartazgo de la clase política o la precariedad laboral serás las otras piezas de ese damero, metafóricamente representado en la portada de Mejor que muerto

Regreso al centro de la historia, al perezoso y hedonista Julio, para compartir uno de sus pensamientos en forma de pasaje de la novela: "No había que renunciar a la vida con Casilda, la vida múltiple permitía el refugio y la intemperie, el confort y la aventura."


Fidel Moreno (Huelva, 1976) es escritor, periodista y músico. Fue coordinador de El Estado Mental y actualmente es director de la revista Cáñamo. Es autor del ensayo ¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones (Debate, 2018) y anteriormente publicó dos libros-disco y un disco como El Hombre Delgado. Da clases de escritura en la escuela SUR y ha impartido cursos sobre la historia cantada de España. Ha sido colaborador radiofónico en la SER y en la COPE, y ha escrito en diferentes medios, como El País.


Mejor que muerto. Fidel Moreno. Random House

lunes, 28 de octubre de 2024

Árida. Antonio Tocornal

Con la mirada puesta en el último día de octubre, víspera de la festividad de Todos los santos, traigo a Maleta de libros esta lectura. En Árida (Traspiés) de Antonio Tocornal, nos sumergimos desde las primeras líneas en un paisaje árido, como indica el título. Un lugar extremo, asfixiante, angustioso y polvoriento. 

Un cementerio con una cruz oxidada sobre la puerta, vórtice telúrico con una gran carga simbólica. Nada parece habitar Árida, salvo la narradora, la guardesa; ella nos va a contar una historia, pespunteada, la historia de Árida y de algunos de los personajes; estos también se irán asomando, intercalados, con voz propia. La estructura de esta novela corta, relato de relatos, merecedora del I Premio Internacional de Novela Corta Francisco Ayala, nos invita a armar una suerte de juego de piezas: los personajes que narran junto a la guardesa sus historias cruzadas. 

El paisaje, como decía, es marco e hilo conductor. La llanura desértica, el polvo, el incesante estridular de las chicharras y la impercepción del tiempo que a veces se antoja una imagen metafórica del interior de un reloj de arena. El tiempo pasa y no. Los personajes rozan el umbral entre la vida y la muerte, o no. La guardesa entra y sale pegada a ese galgo escuálido, casi acompañándonos a nosotros, ambos, a un viaje que acaba como todos los viajes, con ganas de regresar, en este caso, a Árida. Bienhallados a Árida.


Antonio Tocornal (San Fernando, Cádiz. 1964). Cursó estudios de Bellas Artes en Sevilla. Sus cuentos han sido premiados en numerosos certámenes. Ha publicado las novelas “La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie” (XXII Premio de Novela Vargas Llosa 2017), “Bajamares” (XIX Premio de Novela Diputación de Córdoba 2018), “Pájaros en un cielo de estaño” (Premio València de Narrativa en Castellano Alfons el Magnànim 2020), “Malasanta” (XLI Premio de Novela Felipe Trigo 2021 y finalista del XXIX Premio Andalucía de la Crítica 2022) y “Árida” (I Premio Internacional de Novela Corta Francisco Ayala 2024). También ha publicado el libro de relatos «Cadillac Ranch», con el que obtuvo el XXX Premio Andalucía de la Crítica 2023.


Árida. Antonio Tocornal. Ediciones Traspiés.

lunes, 21 de octubre de 2024

El odio mueve el mundo. Arnau Blanch

Hacía tiempo que no me reía leyendo un libro como con El odio mueve el mundo (Roca editorial), de Arnau Blanch. Primera novela del excomponente del grupo musical Arnau Griso, por cierto. Y lo comento porque las primeras novelas parece que siempre pecan de esa inexperiencia, de esa suerte de novatada narrativa a la hora de conectar con los lectores. 

Os aseguro que Blanch ha superado la prueba. La trama de esta desternillante  El odio mueve el mundo gira en torno a un viaje, al principio solo, por parte de su protagonista, Ado, Adolfito para los más allegados. Luego se le unirá Cletus, aunque este es un “apelativo cariñoso” que le concede Ado. Hay ironía no solo en su escudero (y no pongo esta palabra al albur), sino en toda la novela. 

Supuestamente por amor, Ado recorrerá en bicicleta la nada despreciable distancia que le separa desde Barcelona a China. En bicicleta, repito, y eso teniendo en cuenta que el deporte no es lo suyo. A lo largo de ese viaje quijotesco le irán aconteciendo una serie de peripecias a cual más desaforada y divertida. Ya se sabe, como decía Woody Allen, tragedia más tiempo, comedia. 

El odio mueve el mundo tiene algo de comedia, de road novel, de crítica social mordaz y muy lúcida. Junto a Ado y Cletus nos harán esbozar una sonrisa y darle al coco otros personajes secundarios a la altura de la pareja protagonista. Felicitar a Blanch por su debut y recomendar a los lectores que se acerquen a esta novela, sobre todo si quieren pasar unas horas divertidas. Para deprimirse ya está la caja tonta. Con permiso de Blanch, y al hilo de ese electrodoméstico perverso, recordar aquella supuesta cita de Groucho Marx“La televisión es muy educativa, en el momento en el que alguien la enciende, yo me voy a leer un buen libro”. Que alguien vaya a encender un televisor, el libro ya lo tenéis...


El odio mueve el mundo. Arnau Blanch. Roca editorial.


Arnau Blanch (Barcelona, 1993). Blanch estudió Comunicación Audiovisual, fundó la productora Stupendastic Films, apartando el proyecto para crear el duo vocal Arnau Griso, en 2011, junto a Eric Griso. El odio mueve el mundo es su primera novela.

lunes, 14 de octubre de 2024

Retrato robot. Fernando García Maroto

Hacía tiempo que no me sumergía en una novela como Retrato robot (Vencejo), de Fernando García Maroto. Narrada casi en su totalidad por el protagonista, pronto entramos en una cámara isocórica donde el presente y el pasado vibran en la trama con un tono armónico. 

Descubrimos así que el protagonista es un profesor de dibujo en una casa en Capital que va a dejar para mudarse a una ciudad pequeña, cerca de la costa, llamada Villa. Lo hará motivado por una ausencia, la de su mujer, en extrañas circunstancias. O no tan extrañas. García Maroto repartirá las teselas de la historia de narrador para ir configurando el rompecabezas. Porque en el pasado reciente, el profesor de dibujo aceptó un pequeño trabajo, por las tardes, en un Centro de Inserción Social. Allí conoció a tres personajes, a tres hombres con un pasado que imaginará y de algún modo dejará plasmado en sus propios dibujos. El Mafioso, el Músico y el Mecánico. Tres apodos, tres individuos peculiares con los que entablará una peligrosa relación a pesar de las advertencias. 

La desaparición de su mujer, tras la puesta en libertad de esos tres atípicos alumnos de su taller de dibujo no parecerá casual. La búsqueda de la verdad, de la mujer, de esa posible relación se antojará parte de una sueño o una pesadilla en la que Retrato robot nos atrapa a los lectores como los hilos de una telaraña a los insectos.


Fernando García Maroto (Madrid, 1978) es licenciado en Ciencias Matemáticas por la Universidad Complutense de Madrid, y actualmente trabaja como profesor de enseñanza secundaria, actividad que lleva desempeñando desde el año 2004 y que compagina con la escritura. Ha publicado cuatro novelas: La geografía de los días (2010), La distancia entre dos puntos (2011; reedición por LcLibros, 2014), Los apartados (Editorial Eutelequia, 2012), esta última galardonada con el Premio Eutelequia de Novela, convocado en el año 2011 por dicha editorial, Que se enteren las raíces (Triskel Ediciones, 2015) y La carga (Malbec Ediciones, 2019). También ha publicado hasta la fecha cuatro libros de cuentos: La vida calcada (Editorial Paroxismo, 2013), Arquitectura del miedo (UnoYCero Ediciones, 2016; reedición LcLibros, 2020), La persistencia del frío (Maclein y Parker, 2017) y, el más reciente, Aceleración de la realidad (Maclein y Parker, 2021). Asimismo, forma parte de la plataforma literaria digital Escritores Complutenses 2.0, donde constantemente aparecen publicadas todas las novedades relacionadas con su obra, y ha colaborado con sus artículos para la revista cinematográfica digital Miradas de Cine, donde ha escrito sobre temáticas tan diversas como actualidad, el cine del maestro sueco Bergman, la música de Miles Davis o las adaptaciones del director argentino Manuel Antín sobre textos de Julio Cortázar. También ha colaborado con el fotógrafo Eugenio Recuenco, para quien ha escrito un relato incluido en uno de sus catálogos fotográficos.

Retrato robot. Fernando García Maroto. Vencejo ediciones.

lunes, 9 de septiembre de 2024

Cinco horas con RENFE. Miguel Ángel Pérez

Regresamos de vacaciones, regreso a Maleta de libros y lo hago con un libro muy especial, Cinco horas con RENFE (Hades), de Miguel Ángel Pérez García. El título me evoca a otro de otro Miguel, quizá no sea casualidad. Me refiero a Miguel Delibes y su Cinco horas con Mario

No haré una comparativa entre ambas obras, dado que las casualidades acaban ahí, salvo que algún lector agudo quiera ver algo de luctuoso y tétrico en las infraestructuras ferroviarias que transitan Cinco horas con RENFE. Más allá de eso, Pérez nos embarca en un viaje, “Un viaje y un ferrocarril interminables”, parece añadir el autor como subtítulo. Aunque lo inicia en Oviedo para recorrer la distancia que separan la otrora Vetusta literaria de Clarín con la capital, con Madrid. 

Y es este un viaje actual con pinceladas del pasado. Porque el protagonista, el propio autor, evoca no solo en el primer capítulo un viaje forzado en su infancia, con mismo inicio y final de recorrido. La nostalgia se cuela en su maleta de viaje, como también el sentido del humor, irónico y divertido. Un humor asturiano, como el autor, a modo de elemento del paisaje, describiendo a sus compañeros de compartimento o sus opiniones sobre el desarrollo del ferrocarril en el último medio siglo. 

Que nadie se me descarrile de la idea que me he llevado al leer Cinco horas con RENFEMe ha parecido un libro muy ágil, entretenido y por momentos reflexivo. Porque Pérez se nos revela un apasionado del universo ferroviario. Descubriremos detalles sobre locomotoras, trazados, tiempos de recorrido y el paisaje desde el Atlántico a la capital, al Madrid de Paco Umbral y su “Mataburras”. 

Una novela, como digo, de gran recorrido si tenemos en cuanta que en nuestra sociedad de mensajería instantánea y prisas muy pocos harían este viaje en tren, soportando cinco horas entre raíles y traqueteos. Justo a ese juego, a esas dulces incomodidades, a esa magia que aún conservan los viajes en tren apela Pérez en Cinco horas con RENFE. Oviedo, Gijón, León, Valladolid… Ciudades grandes y pequeñas, de ida y de vuelta, porque Pérez también ha querido cerrar el círculo, todo viaje en parte lo es. 

“… Hubo una época en la que uno de cada cinco trenes que circulaban en España lo hacía en Asturias.” Una razón de más para sentir la llamada de la naturaleza, la naturaleza viajera que nos impulsa no solo en verano a viajar. En este caso, a conocer Asturias y su paisaje desde el tren, con el tren. Con Cinco horas con RENFE, al menos; porque leer también es viajar, es un viaje infinito. Antes de apearme, añadir que el libro viene con numerosas ilustraciones (dibujos a mano y gráficos), en blanco y negro, como pequeñas ventanas desde el vagón, como postales de recuerdo de este viaje tan entretenido como reflexivo. 


Miguel Ángel Pérez García (Mieres, 1962) es Doctor Ingeniero Industrial por la Universidad de Oviedo y profesor de esa misma universidad, donde desarrolla sus labores docentes e investigadoras desde 1987. Como escritor de obras técnicas y científicas, ha publicado cuatro libros y ha traducido varios del inglés, además de haber publicado dos centenares de comunicaciones científicas en diversos congresos y revistas internacionales. Como escritor de ficción, ha publicado entre otros: Adagio, Cinco horas con RENFE, ¿Estarás conmigo pasado mañana? o La muerte de Islero. Con Una fina capa social recibió en 2020 el Premio Internacional de ensayo Pensando el Siglo XXI.

martes, 4 de junio de 2024

El ruido de las llaves. Philippe Claudel

Esta semana, comparto la reseña de la novela El ruido de las llaves (Bunker Books) de Philippe Claudel. De este escritor francés ya había leído un libro de relatos, editado también por la misma editorial cordobesa. 

Dos al menos son las coincidencias que he descubierto entre Inhumanos y El ruido de las llaves. Por una parte, el estilo narrativo; Claudel hace gala de la precisión narrativa, del lenguaje ágil y directo, junto a la ironía y el humor negro, en ocasiones. La crítica social está muy presente en ambas obras, como también la brevedad. Si en Inhumanos se acrisolaba en forma de relatos cortos, en El ruido de las llaves es a través de pequeños párrafos con un nexo común, de ahí el considerarla una novela por ese todo, ese hilo argumental atando la confesión del narrador. Un narrador en primera persona que quizá tenga algo de alter ego de Claudel. Porque El ruido de las llaves recoge una particular visión del mundo carcelario donde el autor francés tiene experiencia como docente. Justo ese el personaje que narra, un profesor que tras su jubilación parece evocar situaciones vividas dentro o fuera, todas alrededor de la cárcel. 

Historias sobre presos, en su mayoría, sobre sus guardianes, algunas sobre familiares, jueces o abogados. La edad, condición social o nivel cultural de esos personajes, aquí, en la novela, van a salpicar de ternura o drama contenido esas breves narraciones como un archipiélagos de vivencias sin capítulos. Leer El ruido de las llaves es recorrer celdas, pasillos, salas de espera, comedores y patios donde el significado de la libertad y la esencia de la naturaleza del ser humano privado de ella nos hará reflexionar sobre nuestro comportamiento y el sentido de las instituciones penitenciarias. 

Un viaje narrativo breve, pues esa concisión de Claudel que refería, se condensa en las apenas noventa páginas de lectura de El ruido de las llaves


Philippe Claudel (Nancy, 1962) ha sido profesor, director y guionista de cine y televisión. Dedicado fundamentalmente a la literatura, se ha hecho valedor del Premio Goncourt des Lycéens 2007 por su libro El informe de Brodeck. Su prosa, lírica por momentos y sosegada, ahonda en las aristas más oscuras del ser humano. Considerado uno de los mejores escritores franceses de su generación, desde 2016 es miembro de la Real Academia de la Lengua y Literatura Francesa de Bélgica.


El ruido de las llaves. Philippe Claudel. Bunker Books. Trad.: Mercedes Pacheco.


martes, 23 de abril de 2024

El viejo. Entrevista a Guillermo Anguera

Mi entrevistado esta semana es Guillermo Anguera Ortiz (Barcelona, 1991). Se graduó en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona y cursó sus estudios de máster en la UNED. Escritor y boxeador aficionado, ha trabajado vendiendo perritos calientes y otra comida basura, ejerciendo también de librero y editor de mesa en distintas editoriales. A finales de 2022 publica El miserable.  A continuación, comparto la entrevista que me concedió por El viejo (BunkerBooks), su primera novela. También os dejo el enlace a la reseña que subí a Maleta de libros.


P.: Leemos en su biografía que es boxeador aficionado, también que esta es su primera novela. ¿Cómo ha sido la experiencia de subirse al metafórico ring de este género tan exigente?

R. Ha sido un proceso largo, bonito y tedioso a partes iguales y extenuante en muchos sentidos. Terminé la primera versión del manuscrito hará unos seis o siete años. Tardé otros tres en dar con Borja, editor de Bunker, y para entonces el manuscrito ya había acumulado bastante polvo. Borja planteó una serie de cambios que tenían todo el sentido y yo me puse a trabajar con la idea de que aquel libro tenía que convertirse en algo totalmente distinto. No fue escribir una novela de cero, pero tampoco fue una corrección al uso. Al final quedó un híbrido curioso que contiene partes de aquel escritor que se propuso escribir una primera novela un tanto precoz y aquel otro, más maduro, que ha sido capaz de detectar todos los errores del primero. Ahora podría escribir otra vez la novela y seguro que quedaría un tercer libro muy diferente, pero en algún momento hay que ponerse a trabajar en otras cosas.

P.: Tres son los coprotagonistas y, además, tres son las partes en las que ha dividido esta novela. Pero no para darle a cada uno su visión del drama, del poliedro del nudo gordiano que les pone a prueba. Háblenos de las bambalinas de la creación de El viejo. De lo invisible que es mucho y muy metafórico, sospecho, en esta trama de descubrimiento e introspección para el lector.

R. O todas las novelas son autobiográficas o ninguna lo es. Compartí un piso muy parecido al de los protagonistas de esta historia. En los cinco años que estuve en él, conviví con más de treinta personas. Es difícil generar una convivencia estable cuando hay tanta fluctuación, y con cada persona o grupo de personas se crean dinámicas distintas. Me pareció divertido ir cambiando la incógnita de la ecuación, hacer un casting de personajes literario y ver en qué medida se construía una nueva historia.

P.: En un pasaje de El viejo hay un curioso guiño, creo, a aquella mítica frase de El Gatopardo. La de de la paradoja de que si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. ¿Quizá es una buena académica palanca para situar al viejo, como ente en el vórtice de la trama?

R. El viejo es otro de los coprotagonistas de la trama. No hace nada en toda la historia, pero funciona como catalizador de todos los miedos e inquietudes de los compañeros de piso. Me gusta hacerme la pregunta de cómo se hubieran desarrollado todos estos personajes si él no hubiera entrado en sus vidas, y tiendo a creer que, de algún modo, sus miserias se hubieran manifestado en algún punto de sus biografías. El viejo solo lo precipita todo, es un acelerador. No tenía en mente El Gatopardo cuando escribí la novela, pero me parece una relación bien encontrada. 

P.: ¿Podría decirse que en El viejo hay elementos de esoterismo, de ciencia ficción e incluso de vanguardismo con toques de ese surrealismo fronterizo del teatro de Beckett?

R. No sé si es una novela que pueda leerse en clave de género. Sí contiene algunos elementos propios, pero creo que si algún lector de, por ejemplo, ciencia ficción, se topa con el libro, puede sentirse algo decepcionado. El viejo funciona como Macguffin, pero más allá de esta aparición mágica, la novela se desarrolla en un plano realista. Aunque por supuesto tampoco hay que minimizar el hecho de que el viejo ha aparecido como una invocación, en ese sentido sí hay elementos esotéricos o de ciencia ficción.

P.: Háblenos de la crítica social, no sé si velada, en El viejo. Lo comento porque en un pasaje se habla de ese binomio del amor y la energía como poder para influir en las personas, como “consigna de una época. Todo sensación y emoción. Sin profundidad”. Susana reflexiona acerca de que es algo así como un mismo cáncer aunque se le ponga una corbata a Jesucristo.

R. Leyendo el periódico parecería que la gente ya no cree, que somos una sociedad secularizada, racional y cientifista. Lo único que ha cambiado es que ya nadie nos dice en qué creer, y disponemos de una oferta ilimitada de opciones. Ojo, no tengo nada en contra de la espiritualidad, creo que es una parte natural de lo que significa ser humano, pero estamos en un punto en el que muchas personas aceptan cualquier cosa. Es una espiritualidad vacía de contenido, que sirve para justificar cualquier cosa. Teodoro representa esta tendencia en la novela, pero no es difícil encontrarse con otros Teodoros en la vida real. 

P.: Por último, quería preguntarle por el concepto de esfericidad que ya apuntase el gran Edgar Allan Poe, para el relato -y tanto gustaba a Cortázar, añado-; aunque, en el caso de El viejo, como novela, creo que funciona a la perfección, como un mecanismo de relojería para no defraudar las expectativas generadas en los lectores.

R. Este es un concepto que me gusta y que quería explorar en el libro. La idea nietzscheana del eterno retorno de lo mismo. Creo que cualquier historia debe dejar un espacio abierto a la imaginación, cuanto más grande mejor. A algunos lectores no les ha gustado y han llegado a preguntar si tenía pensada una segunda parte, creo que Netflix puede tener mucho que ver con su concepción de la ficción. En mi caso, me interesa dejar la pregunta abierta, en ningún momento tuve la intención de cerrar cuestiones como el origen del viejo. Nadie se pregunta qué llevó a Gregorio Samsa a convertirse en cucaracha, lo importante es lo que le sucede después. La idea que subyace El viejo es esta misma, y pretende invitar al lector a preguntarse ¿qué harías tú si se te apareciera a ti?


El viejo. Guillermo Anguera. BunkerBooks.

Puedes leer la reseña de este libro aquí.

jueves, 22 de febrero de 2024

El panadero que horneaba historias. Carsten Henn.

Me dejé seducir rápidamente por El panadero que horneaba historias (Maeva), de Carsten Henn. Quizá porque ya conocía al autor de su anterior novela publicada bajo el mismo sello hace dos años. Me refiero al éxito internacional El hombre que paseaba con libros. Creo que comparto la fascinación que siente Henn no solo por los libros, sino también por la gastronomía. 

En esta novela, hay dos claros protagonistas alrededor del obrador de la panadería del pequeño pueblo donde viven. Sofía era una bailarina del ballet, pero habrá de dar un giro a su vida laboral, una vez supere el vértigo del final de un ciclo, algo no siempre fácil. Así, casi de casualidad, conocerá al panadero  Guiacomo Botura. Un calabrés de 53 años con más de la mitad viviendo en Alemania. Él parece conocer muy bien el oficio, al punto de transmitirle a Sofía ese gran secreto: si sabes hacer buen pan has entendido qué ingredientes necesitas para vivir una vida feliz. Henn nos sumerge en esta novela con el corazón y los sentidos: el olor a pan recién hecho, el color de la corteza, el sabor de su masa   aún caliente... La felicidad es como hacer pan o viceversa, eso es lo que irá aprendiendo Sofía, aunque no será fácil, porque en ocasiones, para aprender hay que desaprender. ¿Hay algo menos parecido entre bailar ballet y trabajar como panadera? Quizás no solo Sofía sino los lectores de El panadero que horneaba historias se sorprenderán de la respuesta. Como también que cada pan tiene su personalidad y como los libros hay un pan para cada momento... 

Paso a paso, Henn va amasando los capítulos de esta historia que nos llega tierna y dulce, lista para paladearla esbozando una sonrisa al asentir con la emotiva filosofía de Giacomo o sus guiños a las canciones de su admirado Domenico Modugno


Carsten Henn (Colonia, 1973) trabaja como escritor y periodista especializado en enología y como crítico gastronómico. Es autor de varios libros de no ficción y de tres exitosas series de novela negra. El hombre que paseaba con libros (Maeva, 2022) supuso el inicio de una prometedora carrera internacional. 


El panadero que horneaba historias. Carsten Henn. Maeva ediciones.