martes, 12 de mayo de 2026

Fabulosos imperios

Llegó a mí, de nuevo, uno de esos libros que tienen un lugar especial en mi biblioteca, me refiero a Fabulosos imperios (Cátedra). Una edición de Mariano Martín Rodríguez, uno de los expertos de este género en el ámbito hispanohablante. 

Debería empezar por el principio, por la parte teórica que Martín Rodríguez antepone a los textos antologados. Pero lo haré al revés. Me sumergí primero en las historias, doce en total, de este libro, comprobando eso sí, que la variedad de autoras y autores aúna la diversidad de planteamientos, enfoques y temáticas incluso dentro de lo que en el mundo sajón se denomina fantasy o high fantasy. Reconozco que aunque sí había leído algo de varios de estos autores, léase Laura Gallego, José Ovejero o Pedro Ugarte, me ha sorprendido gratamente este registro, estas historias. Desde la breve o brevísima Trilce, de Sofía Rhei hasta la nouvelle de Una esfera perfecta de Eduardo Vaquerizo hay un mundo, dicho sea con un doble guiño. 

A lo largo de sus páginas esos territorios narrativos, esos imperios (qué grán acierto el del título) se erigen no solo en el papel, sobre este, sino que escalan a través del inconsciente colectivo y se erigen en nuestra mente de lectoras y lectores como si hubieran existido o aún permaneciesen tras las ignotas fronteras de ultramar. Como decía, desde esa fabulosa y opulosa Trilce como ciudad (a algunas les sonará del poemario de Cesar Vallejo), hasta la de Idhún y sus Oráculos, en El origen de los unicornios; desde el país de Nari, en el relato homónimo, pasando por la Ciudad-Estado del relato también homónimo de Pedro Ugarte, al continente austral de Opalestis, en el planeta Thámyris, del relato Leyenda de Avendroth, el devorador de sueños, por citar algunos de los escenarios, sus protagonistas nos sumergirán en historias casi legendarias, épicas, si se me permite caer en el tópico. 

Doce historias, ahora sí, precedidas por ese exhaustivo análisis del género de la fantasía épica con profundas reflexiones de la mano del docto Martín Rodríguez. Una invitación a traspasar las barreras de la ficción, a voltear las primeras páginas y deslizarnos por otros mundos, como en la cita de Paul Éluard, que están en este, como nos lo demuestra Fabulosos imperios.


Fabulosos imperios Antología de la fantasía épica española. Ediciones Cátedra.

viernes, 8 de mayo de 2026

Casilla vacía. Entrevista a Santiago Mazarrasa

En este mes de mayo, tan literario como el pasado mes de abril, me emociona compartir la entrevista que me concedió Santiago Mazarrasa (Santander, 1988) al hilo de su última novela Casilla vacía, que reseñé semanas atrás. Licenciado en Filosofía y Máster en la especialidad de Pensamiento Contemporáneo, vivió en Madrid, donde editaba fanzines y discos con Donato Fanzine y en Berlín, donde trabajó como cocinero de hamburguesas caras. Desde 2021, vive en Santander, donde edita la revista literaria MULE, que fundó junto a la artista Mina K., pasea a su perro, mima a su gato y contempla un Excel infinito. Ese año, participó en un concurso televisivo para pagar sus deudas. Ha publicado las novelas "El aspirante" (Ediciones Franz, 2021) y "Caníbal sin dientes" (2023). En 2024, en colaboración con la Fundación Gerardo Diego, estrenó la obra de teatro "Reflector en sombra", publicada posteriormente bajo el título "Poeta intrascendente".


P.: Alguien me comentó una vez que solemos tender a escribir más sobre lo que conocemos, en una especie de zona de confort, con sus honrosas excepciones, claro. Leyendo su biografía aparece Santander, donde nació y a donde regresó. También un trabajo en Alemania, como cocinero. Hay algo de ambos elementos en Casilla vacía, le tiendo este puente para que nos hable de este puzle de personajes y subtramas convergentes.

R.: Si hay algo de mi propia historia en la novela, lo hay como punto de partida o como sustrato del que se alimentan los temas que más me interesan. Uno de ellos, claro, es la experiencia del migrante y el retornado, pero no me interesa más que otras como la del obrero de la fábrica local, o la del empleado de banca, ni considero más importante una que otra. La novela no se construye sobre una experiencia personal, pero es cierto que puedo aprovechar narrativamente espacios, acontecimientos y conflictos que he conocido bien para darle forma al mundo desencantado en el que habitan los personajes. Si estos materiales con los que trabaja Casilla se transforman en literatura es, precisamente, porque trabajan juntos y son capaces de hacer emerger de sus particularidades una idea común o, mejor dicho, un estado de ánimo que creo que recorre nuestro tiempo y que no se ha nombrado todavía. No es, en resumen, un libro autobiográfico porque no habla de mí, pero es un libro que sí habla de mi época y de la historia compartida de mi generación. Al menos, eso creo.

P.: En uno de los capítulos se habla de los expats, los expátriados. En su novela alude a ciertos artistas y emprendedores del barrio donde vive uno de los personajes. Creo que algo de esa sensación también la comparten él y otros personajes de Casilla vacía, al menos, así me lo parece. ¿Es así?

R.: Es curioso porque el término se usa en la novela de una manera muy crítica. Es el personaje de Roto quien lo saca a colación para reírse de cómo se representan a sí mismos muchos de los personajes que lo rodean en el barrio de Berlín en el que viven, personajes que, más que expatriados, han elegido libremente salir de sus países para vivir algo que se asemeja más a la visita a un parque temático que a una experiencia traumática. No son migrantes por necesidad ni refugiados políticos y, sin embargo, estos personajes usan el término para cubrirse a sí mismos con una paradójica pátina moral, la de las víctimas del mundo, que no les corresponde.

A pesar de ello, es cierto que ninguno de los personajes de la novela se siente bien dónde está. Podría decirse de ellos que, a pesar de vivir en una ciudad por elección o en su ciudad de origen por necesidad, todos viven de algún modo desplazados, a la intemperie. Eso forma parte del estado de ánimo del que hablaba más arriba.

P.: Uno de los hilos argumentales se me antoja que es la culpa, sin dejar de lado la búsqueda de uno mismo, la identitaria, en una generación, quizá la suya, con muchos retos por delante, en especial, en el caso de Casilla vacía, cuando se produce un vacío, uno doloroso. ¿Nos lo comenta?

Más que un hilo argumental, la culpa sobrevuela la novela como la sombra o el reverso de todos esos asuntos que explora el libro: la búsqueda de la identidad en un mundo hiperacelerado, la falta de expectativas, la incapacidad para la comunicación etc. En lugar de buscar los motivos fuera, los personajes no evitan sentirse responsables de su propia situación, algo que, por supuesto, agrava el malestar. Creo que esto es un mal extendido de nuestra época: la confusión entre la situación personal y la responsabilidad individual, por eso me interesaba tanto que el sentimiento de culpa estuviera presente. En cierto modo, no podemos escapar a esta forma perversa de autopercepción, por eso me interesaba que el lector sí la tuviera presente.

P.: Nada le ocurre al todo que no afecte a cada una de las partes, leemos y, a continuación, Tampoco la muerte. Nos la comenta.

R.: El elemento común a todas las historias del libro es ese grupo de amigos de la infancia, que actúa, según creo, como un personaje más, en tanto que cada una de las historias particulares narra acontecimientos que influyen en su desarrollo y lo involucran como un agente más en la historia. De hecho, a menudo, es el grupo el que de forma más o menos explícita toma decisiones por cuenta de sus integrantes. Cuando llega la muerte, que es un acontecimiento central en la novela y una experiencia esencialmente individual, el grupo de amigos toma conciencia del estado real en el que se encuentra: ya no es un refugio, una totalidad cerrada y sin grietas, si no un conjunto en disolución. Quizá, esta es una pregunta que atraviesa el libro, ya lo fuera antes, pero es la muerte la que ha puesto este conflicto sobre la mesa. Así es como interpreto yo esta frase en el contexto de la novela, aunque no tengo claro que sea el más adecuado para hacerlo.

P.: He extraído, por si nos la comenta al hilo del argumento, esta frase: "La pena se hace hueco, aparece como el ojo negro de un desagüe, que se lleva el agua, pero deja el hedor".

R.: Creo que el desagüe era una buena imagen para expresar lo que conlleva una pérdida como la que sufren los protagonistas del libro: se produce un vacío repentino, pero esa ausencia permanece y es, en cierto modo palpable. La presencia fantasmal de este vacío como un hedor me resultaba muy interesante en tanto que aúna nociones en apariencia contradictorias que además conectan con la idea que expresaba el título de la novela.

P.: Otro de los grandes temas de su novela creo que se mueve bien con uno de los pasajes en el que leemos: Por ahí va Roto, con un plan para hoy, con un plan para mañana, con un plan, en general.

R.: El contexto en el que aparece esta frase la carga de ironía. Roto, en esa escena, no tiene realmente ningún plan, pero a su alrededor parece que todo el mundo lo tiene por eso el sigue adelante, porque asume que debe fingir que, como sus iguales, cree que hay un futuro por delante. Efectivamente, esa idea irónica de futuro planeable es uno de los grandes temas del libro y está presente también en la historia de otro de los protagonistas. En ambos casos, sin embargo, los planes de uno y otro no son más que ilusiones o, según quién los mire, delirios.

P.: Me gustaría preguntarle también por la parte formal de la novela. Por las voces narrativas, esa segunda persona, por un lado; por ese lirismo dándole hondura léxica y, ya puestos, por esa cita al principio del capítulo ocho, como un guiño, quizá, pues el resto se muestran desnudos de este.

R.: Para mí era muy importante construir la novela utilizando diferentes voces narrativas que tuvieran, sin embargo, elementos comunes. De este modo, la novela podía leerse no solo como la suma de sus partes si no como un todo con sentido que se dirige en una misma dirección. La cercanía psicológica del narrador a los personajes, la urgencia, los ritmos trabajan, creo, como un reflejo del estado anímico de nuestra época. La segunda persona que mencionas es un claro ejemplo: funciona como voz interior del personaje tanto como mecanismo acusador. A partir de esa idea se construyen el resto de las voces con sus particularidades.

En cuanto a la cita que abre el último capítulo, me parecía importante abrir una pequeña puerta, no sé si a la esperanza, pero sí a cierta forma de alivio posible. No creo que esa puerta se abra del todo, pero sí me parece que el personaje protagonista de este capítulo tiene la intención de ser, de algún modo, portador de un mensaje similar, aunque lo haga de una manera tan torpe que resulte ridícula. De hecho, en sus manos, la cita, tan bonita, resulta paródica.