lunes, 31 de octubre de 2016

ANTONIO PEREZ: «Mi abuelo está en el origen de mi vocación literaria»



Entrevisto a Antonio Pérez Henares. Ha publicado otras novelas históricas, pero quizá su faceta más conocida es la de periodista y colaborador habitual en televisión como comentarista político. Reviso mis preguntas sobre su reciente novela ‘El Rey Pequeño’ (Ediciones B, 2016), pero rápidamente nos ponemos a hablar sobre Historia y otros derroteros antes y tras la entrevista.
Una novela  con casi setecientas páginas, notas a pie y algunos planos al final del libro. Como alude la contraportada, es 'una gran novela sobre Alfonso VIII' que se desarrolla en el siglo XII, época de la Reconquista, una etapa clave que culminó con las Navas de Tolosa, ¿quién no ha oído hablar de esta batalla aunque sea de recuerdos escolares? Por eso le pregunto por su decisión por este siglo y por la Reconquista para ambientar este novelón. Sonríe y comienza a contarme que, de alguna manera, ha nacido en esta novela, en esa época. 

«Te explico: yo nací en un pueblo que se llama Bujalaro, que aparece además en la novela, es más, hay guiños continuos: mi abuelo se llamaba Valentín y es uno de los que repueblan Bujalaro. Su hermano se llamaba Julián, que es el abuelo de los primos estos de los que te hablo. Provenían del común de la tierra de Atienza como nosotros… ». Pérez hace una pausa antes de continuar. «Vamos a ver, mi abuelo está en el origen de mi vocación literaria, es el mejor narrador que he conocido, el ‘Romance de la loba parda’ es un romance que yo me sabía de memoria cuando tenía ocho años, cuando luego lo leí a los quince cerraba el libro y aún lo seguía recitando. Es un romance del XIII o del XIV, un romance medieval castellano de la trashumancia. Entonces, el paisaje en el que yo me criado es un paisaje donde un castillo es parte de ese paisaje, en donde hay leyendas… El sitio donde no haya una cueva mora es que no existe. Encima de mi casa hay un sitio que se llamaba ‘El castillo’ y creíamos que nunca había habido un castillo, pero los últimos estudios topográficos desde el aire han confirmado que sí, que esto se llama ‘el castillo’ porque había una torre, la torre del Albujalar y de ahí el nombre del pueblo, de buj, torre».  

Aquí asiento y le comento que conocía lo de buj o burj por la proximidad a Valencia de un municipio, Burjasot, y cuyo topónimo podría provenir de burj y asoto, (siendo burj, en árabe, torre o castillo, y asoto del último rey musulman de València, Aben-Zeyan, conocido por Asoto). 
Le pido que continúe.

«Pero mucho más que eso soy de las gentes. Cuando digo he nacido ahí es que la clave de la novela no son tanto los hechos, el personaje me resulta profundamente atrayente, sino las gentes, porque la epopeya para mí de esa conquista castellana es la gente de a pie, la gente del común, la gente que hubo de vivir en esa frontera y eligió vivir en esa frontera. Una frontera en la que estabas al alcance de la caballería ligera de los árabes en una noche, que esa noche podías perder tú la vida, tu familia la vida o no y la esclavitud, el cautiverio; en el mejor de los casos tus cosechas quemadas, tu ganado robado, tus árboles talados. Y claro, tenías que vivir con una mano en el arado y con otra en la lanza, sí, pero tenías fueros y eras libre, ya no dependías de un señor, ya no eras un siervo, aunque no fueras un siervo como lo eras antes ya no tenías que trabajar para un señor  y tal, eras dueño de tu hacienda y de tu vida. Y además frente al rey, que era el único ante el que respondías, tenías el fuero. Eso significaba que en ese atrio, en esa iglesia románica elegías tu juez y tu alcaide, y si además tenías un caballo y armas ibas a la batalla a la defensa o a la caza, porque tú hacías lo mismo con los otros. En las incursiones a una rafia se respondía con una daga. Elegías eso, eras lo que no me ha hecho falta ir a los textos.»

Claro, pienso al escucharle, no habrá tenido que ser fácil documentarse para pergeñar este gran libro, o quizás sí. Como si me leyera el pensamiento añade:

«Se nota que yo me documento muchísimo porque me apasiona, pero es que no me ha hecho falta, es que yo sé exactamente qué dignidad se consigue con eso, yo no soy más que nadie pero tampoco menos que ninguno. Y eso estoy seguro que alguno de mis ancestros se lo han dicho a algún conde que aquí a Alarcos: Hemos ido los dos, que ha muerto tu mesnada y la mía y allí en las Navas hemos combatido los dos. Yo me siento heredero en ese sentido, yo no tengo sentido de la tierra como propiedad sino al revés, eso para mí es muy recurrente. Cuando yo digo ‘esta es mi tierra’ lo que quiero decir es que yo formo parte de ella.»
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Antonio Pérez Gómez, más conocido como Antonio Pérez Henares o simplemente "Chani"  nació en Bujalaro, Guadalajara en 1953. Comenzó su labor profesional como periodista en el diario Pueblo. Ha trabajado después como redactor jefe en Mundo Obrero, y como redactor político en las revistas Tiempo y El Globo, y en la Cadena SER. Ha sido director de la revista Tribuna, desde 1989, durante 10 años, y colabora habitualmente en diversos programas de radio y televisión, y en la agencia Fax Press. A los quince años obtuvo el 2º Premio Nacional de Literatura Juvenil, al que siguieron el "Plaza Mayor" de París y el "Emilio Hurtado" de cuentos, así como el "Tigre Juan" y el "Flor de Nieve de los Pirineos" de novela. Es autor de más de una docena de libros, entre los que destacan sus obras de narrativa: ‘La piel de la tierra’, ‘Las bestias’, ‘La cruzada del perro’, e investigación sociológica: ‘El poder militar en España’, ‘La conducta sexual de los españoles’, ‘Nobles y plebeyos’, ‘Los nuevos señores feudales’ y ‘Así será España’. En enero de 2000 inició su trilogía sobre la vida de los primitivos pobladores de la Península Ibérica  con: ‘Nublares’, la segunda parte de esta novela, fue  ‘El Hijo de la Garza’ en 2002 y en 2008 completó la trilogía con ‘El último Cazador’ (Premio de Novela Histórica Ciudad de Cartagena). En 2010 publicó: ‘Cuaderno de Memorias del Perro Lord’ y "La mirada del lobo", y en 2014 la novela histórica "La Tierra de Alvar Fáñez”.

lunes, 24 de octubre de 2016

EVA GARCÍA SÁENZ DE URTURI: «Me gusta mucho ir a los detalles, ir a la realidad.»



Entrevisto de nuevo a Eva García Sáenz de Urturi, en el hotel céntrico de costumbre, en su gira promocional de ‘El silencio de la ciudad blanca’ (Planeta, 2016). Curiosamente una de las cuestiones que le comento al saludarnos es eso, que ya nos conocíamos de su anterior novela ‘Pasaje a Tahití’ y que recordaba que en aquella solo figuraba en la portada Eva García Sáenz. Su segundo apellido parece evocar raíces vascas (ella es de Vitoria) y, precisamente en Álava y Vitoria se desarrolla esta novela. Otra curiosidad, ésta más reciente, es que Atresmediacine ha comprado los derechos para poder llevar al cine esta novela. Ya dentro de las preguntas, destaco otra, sin saberlo; le pregunto indirectamente por las autoras del género negro que han irrumpido con fuerza en nuestro país desde el norte, quizá la más conocida sea Dolores Redondo con su Trilogía de Bazán, quien ha recibido hace unos días el premio Planeta de novela.
Os dejo la entrevista y, para los más curiosos, el enlace a la que ya le hiciera acerca de su novela histórica ‘Pasaje a Tahití’.

¿Cómo surgió la idea de escribir esta novela? 

Pues me apetecía escribir algo ambientado en Vitoria, en el norte, y últimamente todo lo que leía era novela negra más que novela histórica, porque con ‘La saga de los Longevos’ y con ‘Los hijos de Adán’ y ‘Pasaje a Tahití’ siempre había escrito histórica. Pero yo, como lectora, últimamente solo leía negra, entonces la trama que me salió, que me surgió era negra, tan sencillo como eso.

Es una novela negra, pero que tiene además una serie de pinceladas entre lo místico y lo esotérico, ¿es así?

Sí, tiene una parte que es la de la mitología vasca, quería darle un poso histórico y un poso también de un poco de la tierra, de las raíces y demás, que estuviera ambientada en el presente pero que se le notase también el poso histórico de la tierra, de Álava, de Vitoria… Vitoria es una ciudad que tiene toda la almendra medieval, está muy presente en las calles esa parte medieval y demás. Los asesinatos ocurren todos en lugares históricos, primero de Álava y luego de Vitoria, es una especie de cronocrímenes que van avanzando en la edad de las víctimas: 0, 10, 15, 20 y también la edad de, digamos, las ruinas de la tierra: de un dolmen prehistórico se pasa a la etapa celta, luego a la etapa romana, luego a la muralla medieval, es decir, que va avanzando con cada crimen con la tierra.

De hecho iba a preguntar por este personaje implícito que es la propia ciudad de Vitoria y, sobre todo, también Álava como provincia que acoge un montón de tradiciones y que evidentemente en la novela se refleja, no sé si un poco al hilo de lo que están haciendo ya alguna autoras también de novela negra, no sé si para que los lectores conozcan que la novela negra es la parte más sangrienta, sino que también se aprovecha con este tipo de novelas los entornos, los espacios, para dárselos a conocer a los lectores.

No es tanto que la escriba con esa intención, pero sí que es cierto que en todas las novelas cuando eliges donde las vas a ambientar dependes de ti como autor hasta donde llegues con la documentación y con los detalles y demás, pues sin esa documentación puedes hacer una novela en Londres, una novela generalista que no reconozca nadie o que pueda dar igual Londres, Edimburgo que París. Pero a mí me gusta mucho ir a los detalles, ir a la realidad. Si estoy en 2016 y esa persona queda con quien sea a cenar pues yo prefiero llenarlo de detalles y decir exactamente dónde va a cenar, cómo es la sala, porque todo eso también ambienta y en el fondo no deja de ser como en una película o en una serie, donde todo lo audiovisual sí que acaba reflejándose en el capítulo importante. No es lo mismo escribir un capítulo en una escena abierta que están en el campo que en un bosque tenebroso, o que, no sé…, en una discoteca, porque todo está oscuro hay mucho ruido y tal; todo ese ambiente influye en la novela y en este caso es muy omnipresente dónde están exactamente, influye mucho.

Eva García Sáenz de Urturi (Vitoria, 1972). Se diplomó en Óptica y Optometría y durante una década ocupó varios puestos de dirección en el sector óptico. En la actualidad vive y trabaja en la Universidad de Alicante, además de impartir ponencias y cursos de redes sociales. Durante tres años se dedicó a documentarse y escribir su primera novela: ‘La saga de los longevos’ que autopublicó en 2012 en Amazon. Pronto se convirtió en un fenómeno literario tanto en las redes sociales como de ventas y crítica siendo traducida al inglés y publicada con gran éxito en Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia. En 2014 publicó la continuación ‘Los hijos de Adán’ y la novela ‘Pasaje a Tahití’ (Espasa).

Entrevista a la autora por su anterior novela: aquí.

lunes, 17 de octubre de 2016

CLARA SANCHEZ: «Aparte de estos viejos nazis hay otra gente que te aporta luz en la vida».

Entrevisto a Clara Sánchez en el hotel habitual de Valencia en su gira promocional con su novela ‘Cuando llega la luz’ (Destino, 2016). Al saludarla le comento que ya nos conocemos de una vez anterior, concretamente de otra visita a Valencia, en 2013, promocionando su novela galardonada con el Premio Planeta. Segundas partes que se dan también en este caso con esta novela continuación de ‘Lo que esconde tu nombre’ publicada en 2010 y merecedora de otro premio sustancioso, el Nadal. Con todo, la primera pregunta va un poco en esa línea.

¿Cómo han de leer los lectores que no hayan leído ‘Lo que esconde tu nombre’ esta nueva novela?
La pueden leer perfectamente porque, claro, arrastra algunos personajes secundarios de la novela anterior y las voces principales son las mismas, porque yo no me puedo separar de esta pareja, Sandra y Julián, pero aparecen otros nuevos personajes que le van a dar muchísima intriga, muchísima acción a la historia. Lo que pasa es que yo me temo, como ya me han dicho algunos lectores de ‘Cuando llega la luz’, que esta novela les va a incitar a volver a leer la primera, porque algunos dicen: ah, pero, ¿cómo era antes Sandra? ¿Cómo era antes Julián? Pero el que no quiera leer la primera no tiene porqué, porque quien lea esta va a quedar bastante satisfecho.

La historia fundamentalmente la cuentan alternándose las dos voces protagonistas, las de Sandra y Julián.
Bueno, también entra una nueva, no desde el principio sino desde la segunda parte que es Luci. A mí Luci es un personaje que me ha gustado mucho escribir porque es un personaje de una chica que refleja un carácter que yo veo a veces en chicas por ahí que me encantan, es una mezcla de candor y de sabiduría; esta chica provoca un triángulo amoroso entre Sandra, Santi, que es su expareja, y ella, pero de una manera muy atípica y sobre todo porque Luci con esa mezcla que decía antes de sabiduría y de candor va a arrojar una luz muy intensa sobre toda la novela.

¿Teme que, como ya hizo ‘Lo que esconde tu nombre’, esta novela pueda despertar nuevos odios al introducir personajes inspirados en nazis reales?
Er, pues yo espero que no, la verdad. No quiero ni tocar ese tema. En la novela anterior fue algo muy desagradable que interrumpió el proceso que yo quería seguir de escribir una segunda parte, por eso queda un poco abierto el final de ‘Lo que esconde tu nombre’ y ahora creo que ya todo el mundo sabe de qué van mis novelas y espero que no suscite ningún tipo de reacción. Ya la suscitó, ya está bien, ya con eso lo dejamos.

Sandra dice en un momento de ‘Cuando llega la luz’ que nunca se sabe en qué consiste la felicidad, ¿quizá consista, en parte, en ir cerrando capítulos vitales, en escribir segundas partes como lo es esta novela?
Bueno, a mí me ha dado mucha felicidad esta novela también muchos quebraderos de cabeza, como todas las novelas, porque es una novela que tiene una estructura que es complicada de escribir para que al lector le resulte muy fácil, que ni siquiera se fije en ella, yo quiero que el lector vaya por la novela como sentado en un Mercedes, de estos que no hacen ruido, pero que claro, el motor a mí me ha llevado mucho tiempo pero me he sentido muy bien, muy a gusto, y sobre todo te diré que he disfrutado mucho viendo como Julián ejecutaba su venganza, como Sandra era capaz de sacar de ella una fuerza que pensaba que no tenía, y como hay personas en la vida aparte de estos viejos nazis y la gente retorcida y los que nos roban y de toda esa gentuza que expolian que nos hacen sentirnos… ¿cómo es la palabra?... en manos de los demás, que hay otra gente que te aporta generosidad, en fin, que te aporta luz en la vida.  (Veo que Sánchez medita, que busca la palabra que se le resistió un poc antes) ¿Cómo era esa palabra? Cuando nos sentimos… Impotente, eso era.

Clara Sánchez nació en Guadalajara en 1958. Pasó su infancia en Valencia y acabó estableciéndose en Madrid. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, tras desempeñar otros trabajos, enseñó en la universidad y participó en distintos medios. En 1989 publicó la novela ‘Piedras preciosas’, pero el reconocimiento le llegó con ‘El Palacio Varado’ a la que siguieron, entre otras: ‘Últimas noticias del paraíso’ (Premio Alfaguara de Novela 2000), ‘Presentimientos’ (2008). Obtuvo el Premio ILCH de Westminster a su trayectoria literaria. Ha publicado diversos artículos y relatos y cuentos en periódicos y revistas y prologado libros de Yukio Mishima, entre otros. Con ‘Lo que esconde tu nombre’, obtiene en 2010 el Premio Nadal de Novela y en 2013 obtiene el Premio Planeta 2013 con ‘El cielo ha vuelto’.

viernes, 14 de octubre de 2016

VALERIA CORREA FIZ: «La empatía es una especie de ejercicio de imaginación».


Foto cortesia Editorial Páginas de espuma.
Ha estructurado estas doce historias agrupándolas en secciones correspondiendo a los 4 elementos de la naturaleza o del budismo temprano: Tierra, Aire, Fuego y Agua.
Creo que como consecuencia natural de la posmodernidad, el caos se asume como el nuevo modelo formal. La idea del arte como promotor del orden y de la armonía está un poco deslegitimada. Sin embargo (quizá porque soy abogada y estoy habituada a la sistematización que es propia del Derecho), sigo creyendo, como Rilke, que la creación del artista es una puesta en orden.
Mi intención fue darle al libro una estructura fuerte que condujera al lector hacia una cierta intensidad, como lo hace la música sinfónica. Y para ello, era absolutamente indispensable el orden, la armonía y la proporción. En esta concepción, cada uno de los cuentos debe funcionar de modo individual, pero también tiene que suponer un plus de emoción respecto del relato anterior y, a la vez, ser la base, el sustrato emocional del relato sucesivo.
Además de ese orden, los cuentos de La condición animal están divididos en cuatro secciones: tierra, fuego, aire, agua. Mientras buscaba un orden para el libro, reparé en que cada uno de los relatos tenía como núcleo alguno o algunos de estos elementos. Recordé, entonces, que ciertos filósofos griegos presocráticos consideraban estas sustancias como el arché, el elemento primigenio del cual estarían hechas todas las cosas del universo; se me ocurrió que yo también podía jugar con esta idea. Así concebí un orden que avanza desde lo sólido hasta llegar al agua que es, como sabemos, el principal componente del cuerpo humano.

Al final del libro confiesa que fue Clara Obligado quien de alguna manera la animó a lanzarse a la publicación, ¿podemos saber qué le preguntó Obligado en aquella pizzería milanesa hace 3 años?
Coordino un club de lectura en el Instituto Cervantes de Milán. Luego de la reunión (debatimos El libro de los viajes equivocados), Clara Obligado me dijo: “pero ¿tú escribes?”. Le dije que sí, que lo hacía para mí, porque me divertía. Y Clara contraatacó: “está muy bien, si crees que tener los cajones llenos de historias cuando tengas ochenta años te hará feliz”.
No respondí, pero al día siguiente rebusqué en mis cajones. Comencé a leer todo lo que tenía guardado y me di cuenta de que tenía un libro.

He querido ver en cierto modo hilos comunes: se nutren de recuerdos, hay algo salvaje, visceral y, quizá muy osado por mi parte, algo de los siete pecados capitales sin olvidarnos de la Muerte, así, con mayúsculas.
Lo salvaje está ya en el título que nuclea los doce relatos y remite a la génesis y naturaleza del mal. ¿El mal es una zoología errada, un recurso a la naturaleza, violaciones al código ético-normativo-moral que compartimos como sociedad? Lo visceral, en cambio, tiene que ver con una elección estética, que nace desde la dimensión ética. ¿Por qué retratar al mundo menos cruel de lo que es o de lo que yo creo que es? ¿Por qué voy a embellecerlo?
Me encanta que haya visto lo de los siete pecados capitales. El libro, que como dije es una larga interrogación acerca del mal, busca ocupar no sólo la dimensión ético-normativa sino también el campo religioso. No nos olvidemos que la Teodicea ha dado a luz a las teorías más enjundiosas sobre la naturaleza y origen del mal.

¿Tiene alguna afinidad especial por los dinosaurios, dígame si es casual que aparezcan en dos de los relatos, seguro que no es un guiño a Monterroso?
 Me encantan los dinosaurios, es verdad. Tengo una especie de nostalgia de lo no vivido por esos animales. Me maravillan sus dimensiones, su poder destructor. Todo lo vinculado a esa etapa histórica es, confrontado con la dimensión humana, excesivo, dionisíaco.
 El pterodáctilo de La vida interior de los probadores busca encarnar la conciencia primitiva, la de los más bajos instintos. El dinosaurio de Deriva es, efectivamente, un guiño a Monterroso. De hecho, cuando el personaje del cuento, que es guionista y se llama Tito M., se despierta el Brontosaurio todavía está allí, en la escena inacabada del guion, a la espera de su destino.

 He destilado de estas historias, algunas frases por si quiere comentárnoslas. ‘Nunca entendemos el dolor del otro sino en la parte que se parece al propio’ (Lo que queda en el aire).
 Esta afirmación pertenece al campo empírico. Todo arte es el arte de escuchar, dice la escritora argentina Hebe Uhart. Yo he sido testigo, más de una vez, de cómo la gente interrumpe a alguien que está contando una situación dolorosa para afirmar: “sí, a mí me pasó algo similar”. Y que luego la charla derive hacia la anécdota de quien interrumpió la conversación, aunque se trata de una experiencia más liviana, menos dolorosa.
Por otra parte y más allá de la observación empírica, la empatía es una especie de ejercicio de imaginación. Y la imaginación, según la neurociencia, tiene sus límites.

 ‘La avaricia es la condena de este continente, reflexionó Daniel’. (Leviatán).
En mi visión política, desde la Conquista de América hasta el presente, quienes ocuparon y ocupan los espacios de poder político de Sudamérica piensan más en sus intereses económicos que en el de los países que gobiernan.  

‘El horror también puede ser una costumbre’. (Criaturas).
La verdad es que me gusta confiar en la hospitalidad del azar. Me gustaría vivir más en el asombro, porque pienso que en esas fisuras de lo cotidiano se encuentra lo que vale la pena ser vivido. Pero, como todos, tengo más costumbres que asombros. Vivimos en el horror de la costumbre y en la costumbre del horror también, tolerando la injusticia, la corrupción, la pobreza y un largo etcétera de miserias.

‘Hay momentos que son puro agujero sin fondo, una fosa en las Marianas, diría Cousteau, y no se acaban nunca’. (Criaturas).
 Todos somos conscientes de que hay una distancia entre la palabra y el objeto nombrado. Pero hay ciertos momentos, las experiencias más dolorosas que refieren a la muerte, por ejemplo, que se acercan al campo de lo prácticamente indecible. Para esas situaciones inefables, suelo utilizar una imagen. Los elementos particulares de la imagen no pierden su carácter concreto y singular, pero a la vez expresan, por proximidad, por oposición, etc., una realidad, un desgarramiento escondidos en las palabras.
En el relato Criaturas, el personaje vive en un mundo chapoteante, infectado de anfibios, fue fanático de Jacques Cousteau y del mundo marino en su infancia y está ahora atravesando una dura crisis existencial; de ahí que, dentro de la lógica del cuento, su dolor pueda ser comparable a un agujero sin fondo, a una fosa en las Marianas.

Valeria Correa Fiz nació y creció en Rosario (Argentina), a orillas del río Paraná. Aunque hace más de diez años que vive en el extranjero (siempre en ciudades que empiezan rigurosamente con la letra eme: Miami, Milán, Madrid), todavía conserva el humor turbio y sedicioso que le legaron las aguas del río. impartió talleres de escritura creativa en las ciudades norteamericanas de Miami y Weston y coordinó el Grupo de Lectura en Español para la cadena de librerías norteamericanas Barnes & Noble durante cuatro años. Posteriormente estuvo a cargo del club lectura de la Librería Melting Pot (Milán) durante cinco años. Desde el año 2012 hasta la fecha, coordina los talleres de escritura creativa y traducción y los clubes de narrativa y poesía en el Instituto Cervantes de Milán, Italia. Es autora del poemario “El álbum oscuro” (I Finalista Premio de Poesía Manuel del Cabral 2015) y del libro de relatos La condición animal,  publicado en 2016 por Páginas de Espuma.

jueves, 13 de octubre de 2016

'La ciencia en la sombra', de J. M. Mulet



He celebrado la lectura de este libro desde el doble enfoque de mi formación en ciencias y mi pasión literaria. Añádase a ello el tono desenfadado con el que J. M. Mulet ha confeccionado este ‘La ciencia en la sombra’ y el resultado es un libro para leer y releer. Es más, de entrada, antes de apuntalar contenido o razones para lectores dubitativos, quiero recomendarlo a quienes sean afines a series televisivas de intriga, thriller o género negro, casi tanto como a quienes, además o no, cultiven el oficio de la escritura creativa. Porque ‘La ciencia en la sombra’ deja a la luz la trastienda no solo científica de la investigación criminal actual. Encontramos ejemplos, detalles, referencias e incluso experiencias de propio autor en campos como la ciencia forense y las técnicas policiales para la resolución de crímenes. Una huella dactilar, un insecto, unos huesos o el ADN se vuelven casi casi protagonistas de estas páginas narradas con humor a veces y con rigor científico siempre advirtiéndonos como el propio J.M Mulet indica si alguien, antes o después de leer este libro, pretende cometer un delito: no existe el crimen perfecto, los detalles más ínfimos puedes dar mucha más información de la que sospechamos. No descarto que quienes lean este estupendo libro se aficionen aún más a las series que mencioné o, por el contrario, se queden algo decepcionados al descubrir los fallos que suelen colarse desde el punto de vista de la realidad científica.
Si eres una persona curiosa y te gusta la ciencia, en especial la ciencia policial y forense no dejes pasar la oportunidad de disfrutar de este libro con guiños a los crímenes más célebres de la historia.
J. M. Mulet (Denia, 1973) es licenciado en química y doctor en bioquímica y biología molecular por la Universidad de Valencia. Profesor de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia, dirige una línea de investigación en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas que trata de desarrollar plantas tolerantes a la sequía o al frío. También dirige el Máster en Biotecnología Molecular y Celular de Plantas. En su faceta de divulgador científico, ha publicado los libros ‘Los productos naturales ¡vaya timo!’, ‘Comer sin miedo’ (Premio Prismas 2014 al mejor libro de ciencia editado en castellano) y ‘Medicina sin engaños’. Además, es autor de la sección «Ciencia sin ficción» en El País Semanal, del blog ‘Tomates con genes’ y tuitero compulsivo.

La ciencia en la sombra, de J. M. Mulet. (Destino, 2016)  ISBN: 9788423350926

miércoles, 12 de octubre de 2016

ANDRÉS PÉREZ: «Cada uno de los personajes representa un poco un aspecto de la sociedad».


Foto: Tomada del blog del autor
Entrevisto a Andrés Pérez a colación de su última novela que tiene el sugerente título de ‘Los dioses cansados’ (Alianza, 2016), me parece que es un buen punto de arranque para preguntarle, ese título y, en especial, esos dioses cansados.
‘Los dioses cansados’, no te desvelo nada importante de la trama si te digo que el protagonista de la novela, el inspector Nicolás Gallardo, en un momento dado piensa que, si Dios o los dioses existen, dice: yo no sé si Dios o los dioses existen, pero si existen a estas alturas deben de estar muy cansados de los hombres y por eso parece que miran para otro lado, eso resume un poco el espíritu de la novela.

Ya que Pérez menciona al inspector Nicolás Gallardo le propongo que nos hable un poco más de este personaje central de la historia.
El inspector Nicolás Gallardo es un policía que vuelve a Sevilla después de un periodo, de pasar siete años fuera, cuatro en Madrid y tres en la embajada de España en Berlín y viene sobre todo para arreglar su vida personal , para volver a la ciudad en la que nació que ama profundamente a pesar de no participar en muchas de las tradiciones autóctonas de la ciudad como le pasa por lo menos a la mitad de los sevillanos entre los que me incluyo y para que se vaya aclimatando le encargan que investigue la muerte, no se sabe si el suicidio o el asesinato, de un político jubilado Y bueno, el instinto del inspector le lleva enseguida a darse cuenta de que ahí hay algo más de lo que parece y todo se va complicando, tiene mucho que ver con la crisis inmobiliaria con el pelotazo que hubo anteriormente, y con hechos complicados que sucedieron décadas atrás.

Vamos, que ve Gallardo sospecha que ahí hay, como se suele decir, gato encerrado.
Ahí hay gato encerrado, en el fondo la trama policiaca no es más que una excusa para que el lector vaya pasando las páginas y se entretenga un poco como el ‘The Man Who Knew Too Much’ de Hitchcock, todo eso me sirve como digo para que el lector se entretenga, porque una novela entre otras muchas cosas ha de ser entretenida , debe emocionar también, debe tener una cuestión sobre la que reflexionar pero también debe entretener, pero a mí lo que me interesa sobre todo es radiografiar el mundo, contar el mundo como es ahora desde mi punto de vista que puede ser equivocado, pero es el mío.

Al menos, imagino, radiografiar una parte concreta del mundo.
Si, el mundo que estamos viviendo, ¿no? La crisis… no solo inmobiliaria sino de valores, y como eso nos va afectando a cada uno eso se refleja muy bien en el personaje de Nicolás Gallardo y en todos los personajes de la novela La novela es una novela coral y cada uno de los personajes representa un poco un aspecto de la sociedad. Están los arribistas, los que a pesar de la crisis han prosperado, están los que la crisis les ha sacudido para siempre porque han comprado más de lo que podían pagar y les ha pasado por encima con el paso cambiado cuando todo este tinglado se ha venido abajo y va tocando un poco todos estos palos aunque el hilo conductor de la novela es la mirada del inspector Nicolás Gallardo, es a través de la cual el lector va a ver la historia.
Cuando el inspector Nicolás Gallardo regresa a Sevilla después de pasar siete años fuera y le encargan el caso de Leopoldo Barrena, poco puede imaginar que tras el suicidio del político retirado, en apariencia rutinario, se esconde una turbia trama de abusos, chantajes y angustia. Un accidente tuerce los planes de un sencillo robo. Desde ese momento, las tinieblas del pasado, como heridas no restañadas, emergen de manera imparable, llevándose por delante a quienes pretenden ocultar la verdad o, peor aún, medrar a su costa. Paso a paso, mientras trata de sobrevivir a su propia biografía personal, el inspector Gallardo dará sentido a la violencia que le rodea. El resultado de su investigación ofrece un panorama desolador: un misterioso orfanato, la vida rota de una joven y la tragedia de unos niños infelices... Novela coral, repleta de personajes profundamente humanos, en "Los dioses cansados" escuchamos, entre el silencio culpable de los verdugos, el desesperado grito de sus víctimas que, incapaces de perdonarse a sí mismas por pecados que nunca cometieron, más que venganza claman silencio.

Andrés Pérez Domínguez (Sevilla, 1969) es un escritor de narrativa breve y novelas además de colaborador en prensa escrita y radio. Ha ganado numerosos galardones tanto por su obra de ficción como periodística. Entre la primera destacar: el Premio Iberoamericano de Novela Corta La Espiga Dorada 2009 (Salón del Libro Iberoamericano) por ‘Los perros siempre ladran al anochecer’ o el Premio Ateneo de Sevilla 2009 por ‘El violinista de Mauthausen’ con la que también resultó finalista del Premio Espartaco de Novela Histórica en la Semana Negra de Gijón 2010. Su última novela es ‘Los dioses cansados’ (Alianza, 2016).

martes, 11 de octubre de 2016

CARLOS RÍOS: «Es una constante en mis libros la aparición de personas que escriben o dibujan en soportes portátiles».


Foto: Clara Ríos (c)
Lo primero que llama la atención del lector, al abrir este libro, es encontrarse su novela ‘Manigua’ de manera fragmentada, no tanto como un diario fechado sino como la propia memoria o como estrofas en prosa. Destaco también la ruptura de alguna convención narrativa, por ejemplo, a la hora de intercalar las voces narrativas de la tercera persona a la primera protagonista. ¿Es un gesto buscado también aludiendo al propio título de la novela?

Los dos asuntos -el de la fragmentación en brevísimas totalidades y el de la alternancia de voces-, más que buscados, fueron hallazgos en el transcurrir de la escritura. Casi siempre, mis relatos no poseen una delimitación anterior a sus desarrollos; me siento mejor cuando escribo una página y desconozco que pasará en la siguiente. Ese modo de composición intrincado y hasta confuso -siguiendo al significado del término “manigua”-, un modo cuya modulación esencial consiste en nunca desatender la respiración poética y sus rarezas pertinentes, permite incorporar los ritmos de la vida cotidiana, las errancias de sentido y cualquier asunto que al no planificarse, cobra una dimensión simbólica inesperada.

El protagonista reconstruye una narración oral para su hermano enfermo en un hospital a la espera de la muerte. Hay algo de oralidad ancestral, de mito, quizá de retorno al origen por estar aparentemente emplazada en África, cuna de leyendas y del propio ser humano. Creo que con todo, a pesar de la presencia de la muerte, las miserias humanas, la enfermedad, la desolación… la historia mira al futuro sin pesimismo, casi como una leyenda para iluminar a quien camina, no en vano el final brinda ese aliento de seguir, de no estar solo.

Son ciertas tus apreciaciones, cuando escribí Manigua tuve esa sensación. No hay pesimismo; en medio del desastre siempre habrá un impulso vital que nos dirija hacia un futuro mejor que éste presente. Nuestra condición humana así lo exige. Ir hacia un mundo colectivo que destierre las inequidades, que pudiera integrarse de manera creativa y solidaria, un mundo regido por los afectos, que no sea subsidiario del lado más siniestro de las economías mundiales.

La novela ‘Manigua’ se acompaña del relato ‘El artista sanitario’, ¿por qué lo eligió para esta edición conjunta en España?

Esto sucede gracias a la lectura generosa y atenta de los editores, quienes encontraron entre los dos libros una serie de conexiones profundas que ligan con fuerza las dos historias. Baste como ejemplo: hay una escena en Manigua donde el cerco terrible de la guerra es roto por cierta escena que decanta como una performance más o menos voluntaria. De un modo similar, en El artista sanitario la inclinación del protagonista por un trazo pictórico diferente a la hora de pintar sus cuadros se origina en una escena no exenta de violencia, con un dramatismo amplificado por la representación de un ritual campestre, la matanza de animales. Los dos libros oponen, a su modo, hechos artísticos a cualquier acontecimiento que se derive en un cauce beligerante y subhumano. El arte, en las historias de este libro, se obstina en llevar adelante una misión redentora. 

Como en la novela,  ‘El artista sanitario’ también participa de la fragmentación, aunque el emplazamiento de la historia se presiente casi en lo opuesto a África, la leyenda y la memoria, ¿qué voluntad ha construido con este relato poliédrico y hasta cierto punto experimental?

Es cierto, podríamos decir que mientras Manigua se mueve por un territorio de asperezas cálidas, El artista sanitario hace lo propio en terrenos más fríos. La voluntad que anima en el último relato es la de un artista cuyos desplazamientos sólo son posibles al escaparse del cerco de las normativas. Este escape, de alguna manera, pasa al suministro de palabras, regula la emoción controlada de las palabras. Es inevitable el magnetismo entre lo que se cuenta y las palabras que dan cuenta de las historias. En tal sentido, en esas transacciones más o menos esquivas que ocurre entre lo real y su construcción discursiva, siempre anida un esquema experimental, aunque a veces aparezca revestido de puras convenciones. En mi caso, la operación es inversa: se trata de revestir con la experimentación un relato común, estandarizado, lo que todos conocen, hasta volverlo otro, una materia desconocida, el rumor de algo que conocíamos al detalle y hoy se nos escapa.

Me gustaría que nos comentase de ‘El artista sanitario’ dos pinceladas, una es esa frase en latín ‘A furare normannorum libera nos Domine’; la otra, la presencia de esa libreta Moleskine del narrador.

La frase en latín es un pedido de protección, escrito en la piedra. Es el testimonio vivo de una amenaza latente: hay grandes furias que recorren un largo camino para llegar hasta nosotros. En el libro, la súplica en latín es parte del juego de fuerzas, bárbaras y religiosas, asimiladas a otras que tienen que ver con tradiciones reales e inventadas y que modelan la vida del artista sanitario. El terror es un cerrojo que lo impulsa a cruzar el océano y la frase emerge en el libro como una reposición en el presente de peligros antiguos.
Respecto a la libreta Moleskine, es una constante en mis libros, la aparición de personas que escriben o dibujan en soportes portátiles. Ellos también alimentan con su escritura las historias de sus libros y necesitan las palabras para construir mundos o como mediaciones indispensables. No se trata de un juego de intertextualidades; se trata, más bien, del surgimiento de distintas amalgamas que van fundiéndose en el conjunto de una obra.

Carlos Ríos (Santa Teresita, 1967) es un poeta y novelista argentino. Ha publicado poemas sueltos y libros de poemas y una novela editada en 2009. Obtuvo diversos premios literarios por su obra poética y cuentística. Fue declarado Visitante Distinguido por el Ayuntamiento de Huejotzingo, estado de Puebla, México. En Puebla vivió entre 2002 y 2009. Actualmente coordina talleres de lectura y escritura en cárceles bonaerenses y es coeditor de la editorial platense El Broche. Ha publicado: ‘Media romana’ (El Broche, 2001),  ‘La salud de W.R.’ (dársena, 2005), ‘La recepción de una forma’ (Bonobos, México, 2006), ‘Manigua’ (Entropía, 2009), ‘Cuaderno de Pripyat’ (Entropía, 2012) y en España de la mano de la editorial Ediciones Contrabando un volumen con su novela ‘Manigua’ y el relato ‘El artista sanitario’ este 2016.

lunes, 10 de octubre de 2016

II Premio Internacional de Novela SOLAR DE SAMANIEGO


Vieja madera para arder, viejo vino para beber,
viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
Francis Bacon.


Octubre es un mes otoñal que parece invitar desde su meteorología al recogimiento y, por qué no, a tardes de lectura. También es otoño el mes elegido por la editorial Algaida y el grupo Solar de Samaniego para poner el broche de su Premio Internacional de Novela Solar de Samaniego. En esta ocasión, en su segunda edición, la cita con los medios de comunicación fue el pasado 6 de octubre. Esa noche tuvo lugar en el municipio alavés de Laguardia la gala de entrega en un ambiente bien maridado por los caldos riojanos y los libros. Durante el acto se dio a conocer la obra premiada, ‘La maldición de los Montpensier’ del escritor y periodista  sevillano Francisco Robles. Entre los miembros del jurado, además de grandes personalidades de la cultura se encontraba el ganador de la I edición de este premio, Luis del Val, cuya entrevista podéis leer al final de esta reseña.
En el caso de Francisco Robles, es filólogo y profesor de literatura, además de autor de una veintena de títulos literarios, destacando entre las novelas de corte histórico ‘El aguador de Sevilla’, una novela de intriga histórica sobre la figura del genial Velázquez.
No es casualidad que este premio se libre en Laguardia pues es allí donde el grupo Solar de Samaniego enraíza y marida la cultura del vino y la literaria con proyectos como el Beber entre líneas. Tampoco lo es que la editorial sevillana Algaida patrocine este premio literario pues dentro de su catálogo y compromiso con la literatura la encontramos en premios de novela tan prestigiosos como el Ateneo de Sevilla, el Ateneo de Valladolid o el Ciudad de Logroño.
Como decía, acompaño esta entrada con la entrevista que me concedió Luis del Val el año pasado, a la espera de que Francisco Robles me conceda también una este otoño en su gira promocional por Valencia con su novela ‘La maldición de los Montpensier’ (Algaida, 2016) que ya puede adquirirse en las librerías, quizá para estas tardes otoñales, quizá para leerla con una copa de vino cerca.

miércoles, 5 de octubre de 2016

SAMUEL SEBASTIÁN: «Los personajes reflejan conflictos que no se tienen demasiado en cuenta».



Esta semana entrevisto al escritor y director de cine valenciano Samuel Sebastián. Tuve la oportunidad de vivir parte de las sensaciones del rodaje de su última obra en las playas de Valencia. He aquí sus impresiones a unas preguntas acerca del proyecto ‘Esperando a Europa’.

¿Cómo surgió la idea de contar esta historia?

Desde hace bastantes años trabajando como voluntario en CEAR me he encontrado con muchas historias de mucha gente migrante, que ha llegado aquí de muchísimas maneras, muchos jugándose la vida, entonces te preguntas qué es lo que pasa con todas estas historias quién las guarda, parece que como son tantas y se repite una detrás de otras les quitamos importancia, lo que quería era reflejar en una película todos esos matices que existen, todas no, evidentemente, pero sí una gran parte de todas esas historias que luego quedan completamente olvidadas, y de hecho el que la parte central de la película transcurra en una isla desierta que refleja a Europa es bastante simbólico sobre lo que pretendo contar. 

¿Por qué ese toque de humor negro para contar algo tan trágico?

El humor nos genera esa distancia, nos da la libertad de decir cosas que a lo mejor de una manera seria no las podríamos decir, el uso del humor a mí me permitía construir una historia que a lo mejor de otra forma me hubiera sido bastante difícil de entender por la gente, el humor genera esa distancia pero por otro lado es una forma suave de poder entender otras muchas cosas aunque el trasfondo sigue siendo igual de trágico. 

¿Pretende ser una crítica social como la obra de Samuel Beckett (tocayo, además) de la que parece tomar parte del título?

Es cierto que sobre todo las primeras versiones del guión eran mucho más parecidas a Esperando a Godot, y el título nació de casualidad, alguien dijo esperando a Europa, y dijimos, es un buen título, y es verdad que los orígenes están en el teatro desde el clásico, desde la tempestad hasta el contemporáneo de Beckett, Beckett tenía la habilidad de que realmente si la obra de Beckett se trasladara a la situación actual como eran las primeras versiones pienso que se censuraría, sería demasiado fuerte. Partiendo de esas premisas surrealistas poco a poco me fui distanciando más hasta generar o crear un estilo propio que es el que más me interesaba pero nunca perdiendo de vista que forma parte de nuestro bagaje cultural, este tipo de teatro incluso ese tipo de humor. 

Háblenos de los personajes de ‘Esperando a Europa’, de sus orígenes en busca de esa mítica isla llamada Europa.

Son personajes diversos en el sentido de que reflejan conflictos que no se tienen demasiado en cuenta en el mundo hoy en día. Evidentemente África es el continente olvidado, en el sentido de que dentro de África hay decenas de guerras, en la actualidad, y no se tienen en cuenta, Colombia hasta la guerra de Siria era el país con más refugiados internos, China, y por supuesto, Siria. Son países que para mí, aunque en ellos no hablen de sus conflictos, pero el hecho de pertenecer a esos países tiene esa carga simbólica.

 ‘Esperando a Europa’ es una producción que se va a ir rodando y proyectando en diversos lugares del mundo, en Valencia podremos verlo el 11 de octubre a las 19h. en la sede de la SGAE y el 14 de octubre a las 18h. en 'La fábrica de hielo'.

Samuel Sebastian licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental ‘El primer silencio’ (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips. Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por ‘La Moma’ (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por ‘Las migrantes’ (2009). Como documentalista social ha trabajado desde 2006 con diferentes ONGs e instituciones europeas como CEAR, Xarxa Europea Contra l'Exclusió Social, Forum of European Rroma Young People, Caritas, Alanna, la Universitat de València y Brisas Interculturales entre muchas otras. Igualmente, colabora con el Ministerio de Exteriores de Ecuador para la difusión mundial de la situación de las personas migrantes. Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por ‘La ciudad de la luz’ (2005), segundo premio en el certamen La Nau-Universitat de València por ‘Un invierno sin Vera’ (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por ‘Les cartes de Lilit’. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por ‘Les habitacions tancades’ (2008).