martes, 1 de junio de 2021

Dios juega a los dados. José Ángel Martín Gago

Tras la novela que reseñé la semana pasada, esta semana le toca el turno a Dios juega a los dados (Verbum), de José Ángel Martín Gago. Curiosamente, hay un “elemento” argumental en común entre ambas, entre la de Martín Gago y La tetera de Russell. Quizá uno tan pequeño como la propia tetera postulada por B. Russell sobre la que toma el título la novela de Sebastiá Tirado

  En cuanto a  Dios juega a los dados, me ha parecido una novela muy sólida y bien trazada, quizá por mi afición al género breve, a los relatos. Y es que Dios juega a los dados es quizá un juego de historias en apariencia sin conexión entre sí. Solo en apariencia. En la introducción presenciamos una escena inquietante entre dos hermanos en una carnicería. En la siguiente no aparece ninguno de ambos y lo mismo ocurre en la tercera. Habrá que internarse entre sus páginas para retomar el hilo de Ariadna en este particular laberinto sin Minotauro... O quizás sí. 

  Los personajes fluyen en estos relatos capitulares construyendo una narración de situaciones a veces insólitas y otras no tanto, aunque el azar parece unirla a todas. Justo como lo harían si la vida se rigiese por una tirada de dados. Decisiones. 

  ¿Somos los verdaderos protagonistas de nuestros actos o están regidos por una entidad superior que nos hacer creer que es de ese modo? Esa reflexión nos acompañará como lectoras y lectores. Acompaña el azar en Dios juega a los dados a un policía, un adolescente, un jugador de póker profesional o al propietario de la carnicería, entre otros, donde arranca esta novela. 

  Que el azar no decida ir a adquirir este libro sino el firme propósito de unirse a él, como lectores; a este juego de Martín Gago de relatos novelados con un final abierto y cerrado a la vez. Quizá Einstein se equivocó al afirmar "Dios no juega a los dados con la humanidad" y cuanto sucede en este y el otros Universos podría estar regido por el azar.


  José Ángel Martín Gago (Zamora,1964) es doctor en ciencias físicas por la Universidad Autónoma de Madrid y profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde dirige un grupo de investigación relacionado con la nanociencia y la nanotecnología. Su trayectoria profesional se completa con una intensa actividad de divulgación científica, que incluye la impartición de conferencias para público general, la publicación de artículos y entrevistas en medios de comunicación nacionales o la coordinación de cursos. Ha publicado El nanomundo en tus manos (2014) y en 2011 fue finalista del concurso de novela de ficción científica “Sirius” con su obra Advent, las puertas de un nuevo mundo.

  Dios juega a los dados. José Ángel Martín Gago. Verbum editorial.


jueves, 27 de mayo de 2021

La tetera de Russell. Pablo Sebastiá Tirado

Tuve la suerte de haber leído un relato de Pablo Sebastiá Tirado antes de llegar a La tetera de Russell (Reino de Cordelia). Quizá por ello me sumergí de lleno en esta obra ingeniosa y reflexiva a un tiempo. Tal vez porque tiene algo de ciencia y de ficción especulativa. Algo de metafísica y filosofía junto a una divertidísima puesta en escena. 

  Y digo escena porque el escenario es España, en 2072, cuando nuestro país se ha convertido en una potencia científica mundial. La protagonista de  La tetera de Russell no es una tetera, aunque convendría no perder de vista el título para entender la trama. La joven científica Hipatia de la Cierva dirige el proyecto Deus ex Machina en Madrid, en el Centro Tecnológico de Plaza de Castilla. Algo tan aparentemente sencillo y ambicioso a la vez como pretender comunicar un mensaje en tiempo cero con cualquier parte del universo, dará como resultado un hallazgo mucho mayor y más desconcertante. 

  Cada uno de los treinta y un capítulos de La tetera de Russell se corresponden con citas o aforismos del filósofo, matemático y escritor británico Bertrand Russell. El título, como decía, no es casual, pues recoge el guante lanzado por el premio Nobel británico, en 1952, cuando este plantease en forma de símil a quién le correspondía en puridad demostrar si existe o no dios, si a los creyentes o a los ateos. La novela firmada por Sebastiá Tirado es así un juego de espejos con toques de ironía, de ciencia ficción, también guiños al mejor pulp y a cuestiones matemáticas o metafísicas sin desdeñar el thriller

  Hipatia de la Cierva es una mujer que se debatirá entre lo racional en su trabajo, incluso cuando los resultados del proyecto arrojen conclusiones intrigantes, y la pasión desenfrenada por un hombre muy peculiar, un inmigrante de Germania llegado a España en busca de libertad, huyendo del integrismo cristiano ortodoxo que ha embrutecido a este país. 

  La tetera de Russell se lee como una utopía divertida, hilarante, filosófica y reflexiva que sin duda hará las delicias de los fans de B. Russell. Luego, al cerrar el libro, podrá creerse o no en la existencia de dios o de una pequeña tetera de cerámica orbitando alrededor del sol... tan pequeña que ni el telescopio más potente del mundo podría captarla. Ver para creer. 


  Pablo Sebastiá Tirado (Castellón de la Plana, 1973) Es escritor y periodista. Licenciado en Derecho por la Universitat Jaume I, ha trabajado en varios medios de comunicación, tanto audivisuales como de prensa escrita y ha publicado las novelas El último proyecto del doctor Broch (2007), La agenda Bermeta (2008), El último grado (2010), Secreto de estado (2011), La sonrisa de las iguanas (2014) y Reikiavik (2018). Es miembro del comité organizador del certamen internacional de crimen y ficción Castelló Negre y forma parte, a su vez, del colectivo 12 Plumas Negras.

La tetera de Russell. Pablo Sebastiá Tirado. Reino de Cordelia.

lunes, 24 de mayo de 2021

Agitación. Entrevista a Jorge Freire

Hace unos días compartía la reseña del libro Agitación (Páginas de espuma), de Jorge Freire. En esta ocasión es la entrevista que tan amablemente me concedió. Desde aquí mi agradecimiento al autor y, además, a Juan Casamayor, de la editorial Páginas de espuma.

  P.: Este ensayo “sobre el mal de la impaciencia”, leemos como subtítulo, se pregunta acerca de los principales síntomas de la agitación tanto del Homo agitatus como de la sociedad agitada. Creo que también se invita al lector a encontrar en la filosofía una suerte de medicina del alma en este Agitación. Háblenos sobre ello.

  R.: Deleuze decía en su libro sobre Spinoza que el filósofo es como un anacoreta. Yo he tratado de ser más bien un etólogo. Me he paseado por las calles, por los bares, por los mercados, y me he puesto a reflexionar acerca de una serie de conducta que me llamaban la atención. Me interesa mucho el concepto griego de pharmakon. La filosofía no sana por sí misma; más bien ayuda a que uno aprenda a sanarse por su cuenta. Pero el filósofo no es un chamán ni un hombre medicina, sino un monje que se pasea de puntillas por un mundo que no es el suyo. Hay que desconfiar de los catartas profesionales que van prometiendo curar las heridas del alma. Platón los retrata con claridad en el segundo libro de la República, y parece que esté hablando de escritores de autoayuda. 

  P.: Me ha interesado una reflexión acerca de que los pueblos -dicho en un sentido genérico- se rigen por la misma cultura: la cultura de la agitación y que “cuando la masa se vuelve una recua indiferente de borregos complacientes, innecesario es gobernarla con mano dura.” ¿Nos lo comenta?

  R.: Es célebre el temor que expresaba Tocqueville en el primer tomo de La democracia en América hacia una mayoría impetuosa que arrastrase al conjunto de la sociedad. Menos conocido es el miedo que expresaba en el segundo tomo, escrito cinco años después, al repliegue cívico y la atomización. Es evidente que quien no sabe gobernarse pide ser gobernado. Por eso la agitación lleva a la anomia. Respecto a la cultura de la agitación, cabe hacer notar que disfraza de diversidad su carácter homogeneizador. Por eso los identitarismos, que remiten a aquello que Freud llamó el narcisismo de la pequeña diferencia, son su más genuina creación. Solo hay una cultura, aunque uno se la pinte con barnices locales.

  P.: Hablaba del periodismo pero también en Agitación leemos que “El homo agitatus piensa que la lectura le hará mejor, equivocadamente.” También que “Nuestro tiempo obliga a elegir entre el conocimiento y la información.” Me ha recordado a la cita de Unamuno: Cuanto menos se lee más daño hace lo que se lee. ¿Nos lo comenta?

  R.: Pensar que leer mucho te va a volver más listo, más guapo y más alto es una idiotez. Detesto el bovarismo convertido en preceptiva ética. Decía Karl Kraus que la cultura termina cuando los bárbaros se introducen en ella, y este es un buen ejemplo. Si contase con la potestad de manumitir a un lector, como antiguamente podía otorgarse la libertad a un esclavo, lo eximiría del oneroso lastre de leerse mil páginas de Murakami y le diría que se fuese al bar. Mienten los beatos de la cultura cuando atribuyen a los libros cualidades soteriológicas. Ni los libros te salvan ni te hacen mejor persona. Puestos a elegir, preferiría ser un analfabeto redondo y asolerado que un compulsivo deglutidor de novelas al que se sigue notando el pelo de la dehesa. No se trata de leer mucho, sino de leer bien. Inteligencia viene de inter legere, que significa saber leer entre líneas de ese libro que es el mundo. O sea, separar el grano de la paja. Como Juan Carlos Buzón, “no es el libro, es el lector”.

  P.: En cuanto a posibles soluciones al mal de la impaciencia, al de la agitación, leemos que alberga dudas de “que baste con somníferos para acabar con la agitación”. También que “de lo que se trata en realidad es de aprender a aburrirse.” ¡Qué curioso! Quizá nos valdría con recordar acaso esa cita de Epicuro incluida en Agitación: “mientras estés vivo no coincidirás con la muerte, y cuando mueras no la sentirás porque ya estarás muerto”. ¿Cuál es la verdaera cura al mal del Homo agitatus?

  R.: No hay cura contra la agitación. Pero poner una cierta distancia siempre viene bien. Se trata de hacer un gesto de alejamiento que nos permita dominarnos, en lugar de que nos dominen. No tenemos que reír todos los chistes ni que embestir todos los capotes. Si eso hace que nos motejen de cascarrabias o de aguafiestas, pues miel sobre hojuelas, porque así en lo sucesivo no habrá que dar explicaciones. Fíjate que el aguafiestas es hoy una figura tan extemporáneo como en tiempos idos era la de la bruja, la loca del desván o el ateo del pueblo. Hay, por un lado, una cuestión ínsita en la naturaleza humana, que es la dificultad de estar a solas y en silencio en una habitación, por decirlo con la célebre frase de Pascal. Pero también hay una serie de manías propias de la sociedad hedonista, en la que el goce e incluso la transgresión se han vuelto obligatorios. Quiero decir que no es un carnaval más o menos espontáneo, sino de una liturgia colosal que cuenta con su escuadrón de antifoneros y de cantollanistas. No participar en ella es hacer mucho.

  P.: Leemos que “Quizá una de las armas secretas de la sociedad euforizante sea la esperanza.” Euforizante y hedonista, como ya se mencionó, con paradoja incluida, me temo. Lo digo a la luz de una reflexión en la que comenta que “Por paradójico que resulte, para que cese el sufrimiento es necesario dejar escapar el dolor.” Es más, apostilla que mientras la sociedad de la agitación siga haciendo oídos sordos a esta verdad de perogrullo, “seguirá huyendo de Escila para caer en Caribdis.” Háblenos de esa huida hacia delante que menciona en su Agitación.

  R.: El sueño de la libertad total es una pamema. Ser libre no significa ser anárquico sino, por decirlo con Santayana, íntima, exacta e irremediablemente gobierno. La agitación, en último término, es una variante de la acrasia, que no es sino blandura de carácter. Esto, naturalmente, nada tiene que ver con la acracia. Los acráticos son los que niegan cualquier tipo de autoridad y los acrásicos son sencillamente incontinentes, como el niño que se mea encima. Solo es libre quien ha aprendido a dominarse.

  P.: Agitación ha obtenido el XI Premio Málaga de Ensayo. ¿Qué supone para un libro recibir el respaldo de un premio en estos tiempos tan convulsos y, más concretamente, para uno de ensayo. ¿Es una forma de incentivar que se lea más no ficción frente a la hegemonía de la narrativa y el auge de la poesía?

  R.: La no ficción sigue ocupando un espacio muy exiguo en las librerías. Así que todo empujón ayuda. Este libro ha tenido un éxito resonantísimo, y estoy convencido de que contar con la plica del Premio Málaga ha ayudado sobremanera a su difusión.

  Agitación. Jorge Freire. Páginas de espuma.

Podéis seguir la entrevista aquí y leer la reseña que publiqué en este blog pinchando aquí.

Foto: (c) Amparo Freire


viernes, 21 de mayo de 2021

Rehenes. Nina Bouraoui

En su brevedad, Rehenes (Seix Barral), de Nina Bouraoui, las y los lectores hallarán una profunda y conmovedora novela social. Un contundente relato en primera persona de su protagonista, Sylvie. Divorciada, con dos hijos, abnegada empleada en la empresa en la que trabaja, un día despertará de la diaria obediencia y la alienación. 

  Rehenes es una historia sobre el amor y la violencia, narrada con una voz que siendo ajena se nos irá manifestando página a página tan real y próxima como si nos enfrentase a un espejo. Porque Bouraoui nos habla de la represión de la mujer, la sufrida por el proletariado, la de quien sufrió en la infancia creyendo haber cicatrizado heridas... 

  Rehenes es una obra de ficción demasiado real, es casi un manifiesto como lo fuera Indignez-vous!, de Stéphane Hessel. Podría ser una crónica de sucesos viendo la luz en un medio de comunicación actual. El mundo de Sylvie se desmadeja, nos lo cuenta en forma de diario, asumiendo que solo le quedaba una única huida hacia delante, que solo el acto de secuestrar a su jefe podía ser la solución no solo para ella. 

  Rehenes grita susurrando, agita conciencias y palpita en este relato individual, en el monólogo poderoso señalándonos que la resistencia pasiva al sistema también tiene sus delgadas líneas rojas. Quien abra este libro, quienes lean Rehenes con la mentalidad abierta harán un descubrimiento, un autodescubrimiento sobre quiénes somos y quiénes queremos ser, libres, liberados, liberadas: forjando la primera piedra hacia la era de la auténtica revolución de este siglo XXI.

  Rehenes. Nina Bouraoui. Seix BarralTraductor: Adolfo García Ortega.

  Nina Bouraoui es compositora además de escritora. Es autora de quince novelas de extraordinaria acogida entre el público y la crítica franceses, entre ellas La voyeuse interdite (premio Inter), Garçon manqué, Mes mauvaises pensées (premio Renaudot) o Tous les hommes désirent naturellement savoir, seleccionada para los premios Femina y Medicis. De padre argelino y madre francesa, sus primeros catorce años de vida transcurrieron en Argel, Zurich y Abu Dhabi. En la actualidad vive en París y en 2018 recibió la distinción de Comendadora de la Orden de las Artes y las Letras de Francia en reconocimiento a su carrera.