lunes, 18 de diciembre de 2023

El problema final. Arturo Pérez-Reverte

Leí hace unos meses, no muchos, la última novela de Arturo Pérez-Reverte, me refiero a El problema final (Alfaguara). Me gustó, eso de entrada. Quizás me generé dos grandes expectativas; una por el autor, a quien muchas y muchos conoceréis sobradamente. Creo que es al escritor al que más he leído. 

La segunda, por el género literario al que pertenece este El problema final. Para quienes no os hayáis asomado al libro, os diré que el protagonista es un actor de cine, Hopalong Basil, que vive en Antibes, en la costa mediterránea. Un caballero inglés de porte distinguido que nos revelará, en primera persona, unos hechos ocurridos años atrás, todo y que la novela nos ubica alrededor de 1960. El cine va a estar muy presente, como también la literatura, la de misterio, pues de eso se alimenta esta novela. 

Basil llegará a una pequeña isla del Mediterráneo occidental y, a causa de un temporal, se verán aislados en un hotel. Y digo verán porque Pérez-Reverte, toma el recurso que popularizó Gaston Leroux con El misterio del cuarto amarillo. El del enigma del cuarto cerrado. Doble atractivo para quienes disfrutamos del género policial, porque al concentrar a los personajes nos motiva a convertirnos en detectives a lo largo de sus páginas. Y, como segundo atractivo, el de sus personajes. 

Basil es actor, no detective, cuenta con su intuición y un ayudante, otro de los huéspedes del hotel, para ir tirando del hilo con curiosos guiños a un hipotético lector, como si de algún modo Pérez-Reverte quisiera jugar a romper la metafórica cuarta pared teatral. Muy a lo Agatha Christie, no ya por obras como La ratonera o Asesinato en el Orient Express, por si alguien va a incidir en lo obvio, sino por esa habilidad narrativa de hacernos creer que todos los personajes pueden ser sospechosos, culpables, en realidad. No puedo dejar de mencionar ni a Sherlock Holmes ni a su padre literario, a sir Arthur Conan Doyle; por Basil, dado que este lo interpretó en la gran pantalla, y de ahí las circunstancias de verse en la tesitura de llegar al final del enigma. 

Como tampoco puedo dejar en el tintero el final de El problema final, valga la redundancia, el que nos ha preparado Pérez-Reverte en esta novela. Si recordáis mis expectativas generadas, mencionadas en líneas precedentes, al llegar al clímax he de admitir que esperaba otra cosa, no sé qué exactamente. En cualquier caso, a buen seguro no defraudará ni a los habituales del cartagenero y académico de la RAE ni a los del género policial. 

Un buen libro para leer estos días que nos vienen, también muy de encierros, reuniones tediosas y estrés, como en la novela; o para regalar, que no sé dónde he leído que uno de cada cuatro libros que se venden en España son para regalo. Mientras se lea, bienvenido sea, seguro que en eso sí coincido con el autor de El problema final. No es casual, si lo buscáis, que ya haya otro libro homónimo, aunque eso os lo dejo para vuestro disfrute. 

Felices fiestas señor Pérez-Reverte. 


El problema final. Arturo Pérez-Reverte. Alfaguara.

jueves, 14 de diciembre de 2023

Sala de espera Entrevista a Iván de Cristóbal (segunda parte)

Comparto la segunda parte de la entrevista que me concedió Iván de Cristóbal, tras la publicación de su novela Sala de espera (Alrevés). 


P.: Las protagonistas de Sala de espera son dos mujeres, ambas esperan, de ahí el título. Entrecruza sus historias en un delicado contrapunto. ¿Se inspiró en alguien conocido para darles vida? ¿Cómo ha sido la experiencia de meterse bajo la piel de ambas? 

R.: Con cincuenta años, son muchas las personas con las que me he cruzado, de las que he aprendido, y que me han inspirado. Ni Lucía ni Mariona están basadas en alguien en concreto sino en vivencias de varias mujeres. Aunque pueda sonar a tópico, concebir a las dos, por decirlo de alguna manera, y moldear su carácter, sus anhelos o sus temores ha supuesto un proceso tan gratificante como inmersivo y natural. 

P.: Sin duda, además del toque de suspense, hay un poso de crítica o reflexión social. Es curioso que en una sociedad que se abre al lenguaje inclusivo, a nuevas formas de amarse entre les persones..., aún haya grados o barreras de tolerancia entre colectivos sociales como el que aparece en la novela. ¿Nos lo comenta? 

R.: Quizás lo único inclusivo que tenemos sea el lenguaje, porque, en mi opinión, estamos en un proceso de polarización que nos lleva a tomar partido en bandos cada vez más radicalizados. Todos somos hijos de nuestro entorno, y alcanzamos solo una porción pequeña de la información a la que llamamos “la verdad absoluta”. Cuando alguien nos reta con opiniones contrarias a la nuestra, nos cuesta poco tacharlo de imbécil, ignorante o majadero. Nos da pereza escuchar, entender que su verdad parte de otra parcela de información diferente pero complementaria a la nuestra, y aprender de la misma. Sería un proceso enriquecedor para todos, al que damos la espalda en pro de la negación y el insulto. 

P.: El séptimo arte tiene su pequeño rol en Sala de espera. A lo largo de la trama y en el epílogo, con ese simpático listado. No es casual, ¿verdad? 

R.: En absoluto es casual; tanto en mi faceta de cineasta de cortometrajes como en la de cinéfilo empedernido, siempre he considerado el séptimo arte un formato maravilloso para compartir historias. Además, y al contrario que con la novela, el cine, siendo tan joven, ha evolucionado de forma prodigiosa, década tras década, y sigue haciéndolo, con nuevas variantes artísticas y técnicas que, lejos de canibalizar las anteriores, confieren al formato una capacidad de asombro constante. 

P.: Mencioné el contrapunto y, como esta novela tiene algo de luz y sombra, al aparecer el ajedrez, he sonreído por lo simbólico, lo metafórico; además de por el hecho curioso que revela y que, personalmente, desconocía. ¿Hay algo de partida de ajedrez en la novela, acaso fuera de ella, en nuestro palpitar diario? 

R.: El ajedrez, como la vida, es un juego de anticipación. Para tomar la mejor decisión tienes que viajar tres movimientos al futuro. 

P.: Extraigo una frase de Sala de espera por si quiere comentárnosla al hilo de la crítica social ya referida. Me refiero a: “En España, si tienes bienes inmobiliarios, un banco te presta dinero aunque sea para fabricar petardos con olor a pistacho”. 

R.: La mayoría de proyectos empresariales nacen de un sueño, de una ilusión que queremos contagiar a quien necesitamos que nos eche una mano. Dicen que vendemos (y compramos) por la emoción, y en parte es cierto. Elegimos coche, casa, pareja, o la ropa que vestimos por criterios emocionales. Pero los bancos no entienden de emociones, solo de riesgos y rendimientos. Da igual cuán original, disruptivo o social sea tu proyecto, ellos solo lo medirán por el riesgo que conlleva y el rendimiento que puedan sacar. 

P.: Regresando a su paso al frente en el mundo de la literatura, preguntarle por sus lecturas, por sus referentes. Lo haré de la mano de uno de los míos, inmodestamente, dado que aparece en Sala de espera la obra El proceso, de Franz Kafka

R.: Sea por falta de tiempo y capacidad de atención, nunca me he considerado un gran lector, aunque albergo el sueño de poder, un día, disponer del tiempo suficiente para leer todo lo que atesoro en mi librería, con unas dimensiones más acorde a mis ambiciones que a la realidad. No obstante tengo mis favoritos, algunos muy recientes como Benjamin Labatut, Yuval Noah o David Foenkinos, como algunos que me han acompañado desde siempre como Javier Cercas, o Raymond Chandler


Iván de Cristóbal Miras nació en Barcelona en 1972. En la actualidad dirige una agencia de publicidad que trabaja con marcas líderes de sectores como el deportivo, el tecnológico o el energético. Economista licenciado por la Universidad de Barcelona y la Copenhaguen Business School, Iván es también profesor de comunicación en la Universidad de la Salle desde hace diez años y ha escrito artículos sobre estrategia de marca en diferentes medios de comunicación, así como varios guiones de cortometrajes de ficción, algunos premiados en diversos festivales independientes. 

Sala de espera. Iván de Cristóbal. Alrevés editorial.

lunes, 11 de diciembre de 2023

La mejor persona. Xavi Puig

¿Quién es Antonio Camuñas? Obviamente, el protagonista de la primera novela de Xavi Puig, La mejor persona (Temas de Hoy). Pero, mi pregunta va más allá. 

Según nos vamos sumergiendo en la historia y gracias al propio testimonio de Camuñas, iremos descubriendo sus miedos, sus inseguridades, sus motivaciones y su delicada relación con quienes le rodean. Aunque el suceso detonante de sus conflictos actuales, especialmente en su trabajo, fue un ataque de ira, nada sucede por casualidad. 

Como terapia le aconsejan que lleve un diario y, gracias a él, dirigido a Natalya, el hilo de Ariadna nos revelará lo escondido bajo lo visible. Porque, en el fondo, Antonio Camuñas es un ser sensible, quiere caer bien a la gente, tener amigos, incluso mantener una relación sentimental con alguien a quien todavía no ha visto. Un poco de neurosis aquí, otro poco de paranoia por allá, con su falta de autoestima no le ayudarán, al menos que suceda algo que no voy a contar. 

El personaje de Natalya, narrativamente hablando, me ha encantado por el juego de espejos con el que Puig construye La mejor persona al punto de crear dos tramas casi paralelas, una para cada uno, destinataria y remitente: ella y Antonio. No quiero hacer de menos a otros personajes que también aportan al puzzle su original enfoque e incluso moraleja acerca de las relaciones personales, de nuestra fragilidad interior. Desde su hermana  Virgi a la doctora Toro pasando por Juanma o Julián. 

En definitiva, La mejor persona es una hermosa  novela del debutante Puig para asomarse por un agujerito, como decían las madres, a la vida de ese amigo o amiga, compañero o compañero al que en su ausencia llamamos “el rarito" o "la rarita”; quizá como decía Freud: “Hay una historia detrás de cada persona. Hay una razón por la que son lo que son. No es tan solo porque ellos lo quieren. Algo en el pasado los ha hecho así, y algunas veces es imposible cambiarlos”. 

Quienes se atrevan a conocer al Volao, quiero decir, a Antonio Camuñas, que se acerque a La mejor persona. Y si además os gusta la música de Rosana, miel sobre hojuelas.


Xavi Puig (Barcelona, 1980) es licenciado en Filosofía y en Comunicación Audiovisual. Lleva veinte años escribiendo comedia y se le conoce principalmente por ser, junto a Kike García, el fundador y director del medio satírico El Mundo Today. Precisamente ambos son coatores de una recopilación de noticias en el libro El coño de la Bernarda es declarado Patrimonio de la Humanidad (2016). Puig es guionista de televisión y radio y ha trabajado para la prensa escrita. Colabora con las revistas digitales poesiacompleta.com y ratachillona.com. En esta última publicó el relato «Amiga famosa», que se convirtió en el germen de La mejor persona, su primera novela.


La mejor persona. Xavi Puig. Temas de Hoy.

jueves, 7 de diciembre de 2023

Sala de espera Entrevista a Iván de Cristóbal

Esta semana quiero compartir con vosotros la entrevista que me concedió Iván de Cristóbal, al hilo de la publicación de su última novela Sala de espera (Alrevés). Y como de esperar va la historia que narra su autor, me voy a permitir una licencia por esta vez. La segunda parte de esta entrevista quedará a la espera de aparecer la próxima semana. Sin más preámbulos, os dejo esta primera parte.


P.: Las protagonistas de Sala de espera son dos mujeres, ambas esperan, de ahí el título. Entrecruza sus historias en un delicado contrapunto. ¿Se inspiró en alguien conocido para darles vida? ¿Cómo ha sido la experiencia de meterse bajo la piel de ambas? 

R.: Con cincuenta años, son muchas las personas con las que me he cruzado, de las que he aprendido, y que me han inspirado. Ni Lucía ni Mariona están basadas en alguien en concreto sino en vivencias de varias mujeres. Aunque pueda sonar a tópico, concebir a las dos, por decirlo de alguna manera, y moldear su carácter, sus anhelos o sus temores ha supuesto un proceso tan gratificante como inmersivo y natural. 

P.: En un pasaje de la novela se alude a que la profesión de médico es la mejor valorada del mundo. Los médicos, el personal sanitario en general, tuvieron un papel importantísimo en los años duros de la pandemia. Y, a pesar de ello, la profesión médica también ha tenido -y tiene- sus sombras, su contrapunto. Quizás también de ello ha querido hablar en esta obra. 

R.: Varios son los aspectos que le confieren al médico una aura especial; su sacrificio, su vocación y que ambas cosas están a disposición de salvar vidas. También es cierto que algunos médicos han abusado de su autoridad, una minoría, y han carecido de cierta empatía, algo más corriente. Tengamos en cuenta que el bienestar parte del cuerpo y de la mente, y que una dolencia puede aliviarse o agravarse con aspectos tan relevantes, pero a la vez tan poco cuidados, como la forma en la que te la comunican. 

P.: He querido ver varios temas fluyendo por las páginas de Sala de espera. Además de los comentados, añadiría el de la resiliencia. He evocado el poema If, de Rudyard Klipling, pero mejor le cedo la palabra por si quiere comentárnoslo. 

R.: En mi opinión, la resiliencia es la capacidad de relativizar. De entender que nada es tan grave y nada es eterno. No quiero decir que todas las crisis tengan solución, porque muchas veces la solución del problema está en saber convivir con el propio problema. Estamos viviendo una crisis de resiliencia. Solo hay que ver la escalada de depresiones diagnosticadas, e incluso de suicidios, entre los más jóvenes. Magnificamos cualquier contratiempo, persiguiendo un concepto de felicidad que nunca ha existido. Como sociedad estamos obligados a corregir esta situación, a explicar a los que nos siguen que la vida no es perfecta, y en esa imperfección está su magia. Que la felicidad no nace de un estado de satisfacción completo y continuo, sino de pequeños momentos de triunfo, de reconocimiento, de paz, de amor. Que sin el llanto no se entiende la risa, y sin el sacrificio, el orgullo es inexistente. Pero hay demasiada gente dando demasiadas lecciones por demasiados canales. Ahora mismo, yo soy uno más. 

P.: Leemos en un pasaje que no es lo mismo la vocación que el propósito, le preguntaría habiendo publicado ya una novela, y la segunda en el horno, cuál es su vocación y cuál su propósito. 

R.: Mi vocación es la de contar historias, mi propósito es que lleguen a la gente y, de alguna manera, les mejore su vida. 

P.: Hay un interesante toque de humor, de ironía, incluso, a lo largo de estas páginas. Un ejemplo: en la diferencia entre el sistema jurídico estadounidense y el nuestro. No se si quiere apostillar algo a “si en un tribunal español Tom Cruise gritase «¿Ordenó usted el código rojo?» a Jack Nicholson, muy probablemente el juez le acabaría lanzando la campanilla a la cabeza? "

R.: Norteamérica es el país del espectáculo y lo trasladan a todo lo que hacen, incluso a los juicios. Nosotros somos más de la fiesta, que no es exactamente lo mismo. Ellos dramatizan cada gesto, nosotros buscamos la forma de esquivarlo para bajar a desayunar. 

P.: Por último, no sé si será muy atrevido tentarle a hablarnos de un elemento metafórico de su novela. Correré el riesgo. Me refiero al conejo marrón pescando en el lago. 

R.: Es atrevido, como todo lo que merece la pena. Pero tengo que declinar la oferta, porque lo que pueda aportar ahora, se lo quitaremos al lector. 


Iván de Cristóbal Miras nació en Barcelona en 1972. En la actualidad dirige una agencia de publicidad que trabaja con marcas líderes de sectores como el deportivo, el tecnológico o el energético. Economista licenciado por la Universidad de Barcelona y la Copenhaguen Business School, Iván es también profesor de comunicación en la Universidad de la Salle desde hace diez años y ha escrito artículos sobre estrategia de marca en diferentes medios de comunicación, así como varios guiones de cortometrajes de ficción, algunos premiados en diversos festivales independientes. 

Sala de espera. Iván de Cristóbal. Alrevés editorial.