miércoles, 31 de octubre de 2012

TOKIO YA NO NOS QUIERE, de Ray Loriga.

Si os interesa el asunto de la memoria la novela de Ray Loriga es vuestro libro. Ese es el tema sobre el que se arma la historia: la memoria. Aparentemente desde una posición crítica, pero sólo aparentemente. Siendo unos personajes desmemoriados, descabezados, prácticamente muertos vivientes, los que la critican, esa crítica llega al lector en forma de todo lo contrario, en forma del mayor de los homenajes posible. Ese es el efecto mágico que consigue el mago Ray Loriga. Bajo el simulacro de la crítica nos está dando a entender lo vital que es la memoria. El autor saca de la chistera este truco magistral y nosotros los lectores no podemos sino quitamos el sombrero. Chapó.
    Por supuesto que no obvia la pesada carga que supone una presencia excesiva del pasado, pero una vez puestos los pros y los contras en la balanza, ésta se vuelca hacia la defensa de la memoria, porque cae por su propio peso. Por tanto la crítica de verdad, la que está de fondo, va dirigida precisamente a las sociedades que no cuidan la memoria, a las sociedades inconscientes que no miran hacia atrás y que ni siquiera miran hacia delante, lo cual no es de extrañar, puesto que lo uno tiene mucho que ver con lo otro. A dónde vamos y de dónde venimos, este es el tipo de preguntas que no se hacen en sociedades así, en sociedades como la descrita por Ray Loriga, donde tampoco son muy conscientes del tiempo presente, ocupada como está la gente en hacer lo posible por no pensar, distrayendo sus sentidos con lo primero que pillan. Concretamente el futuro próximo en el que se desenvuelve como pez en el agua el personaje protagonista se trata de una sociedad drogodependiente y sexodependiente, un mundo que además conserva lo peor de cada casa, como es el caso de la pena de muerte en EEUU, a lo que también pone de vuelta y media el autor, aunque literariamente, es decir: con estilo.
    El protagonista es un antihéroe, todo lo hace mal, sin remedio. Pero hacia él la crítica es compasiva, no se ceba. Al fin y al cabo es una víctima. Es un tipo solitario y triste que olvida todo y a todos para no estar aún más triste. Vive cada semana como si fuera la última. Va de aquí para allá, de hotel en hotel. No tiene un hogar.
    Al principio se mueve por los estados norteamericanos fronterizos con México, luego se desplaza al sudeste asiático. No para, tampoco sabría cómo hacerlo. Allí por donde va el sexo es libre, no entiende de número ni de género, lo mismo da hacerlo con un hombre, una mujer o con los dos a la vez. Y cualquier momento es bueno, sea con quien sea. Barra libre de sexo y de drogas. Por algo es vendedor de química para olvidar, drogas no le faltan. Todo vale mientras se pueda olvidar al día siguiente. Así es el futuro en el que se mueve, un tiempo al que el protagonista alude con la lapidaria frase: “ya no hacen muchas canciones hoy en día”.
    Respecto al estilo narrativo, está muy influenciado por la literatura norteamericana. Es de fraseo corto, a veces tan acentuado que las frases podrían considerarse versos, sobre todo al comienzo, donde la voz del narrador es entrecortada y triste, un hilo de voz que marca de inicio el carácter del protagonista pero que enseguida va tomando cuerpo. El tono bajo perdurará toda la novela, en combinación con un ritmo dinámico en el que escenas de gran variedad se suceden una tras otra, aunque bien es cierto que sin que la conexión directa entre ellas sea lo importante. En este sentido, en el de la conexión interna del texto, el autor emplea un recurso muy de moda en los últimos años, el de ser eco de uno mismo pasado el tiempo suficiente. Este recurso consiste en retomar la situación de una escena anterior y aludir a ella para concluir en pocas palabras la escena en curso. Es tan sencillo como efectivo, puesto que transmite cohesión y sentido por más que a menudo detrás de ese recurso sólo esté el sonido del eco.
    Si hubiera que achacar algo en contra del estilo narrativo de Tokio ya no nos quiere quizás sería que en el afán de emular el lenguaje sencillo de los autores norteamericanos se está al borde una o dos veces de utilizar un lenguaje ya no sencillo sino simple. Otro punto flaco podría ser en ocasiones el vocabulario, no tanto por los americanismos como por cierto vocabulario ochentero de uso habitual para la generación a la que pertenece Ray Loriga pero que no debería serlo tanto en una historia futurista, por muy próximo que sea ese futuro.
    Pero dicho esto, porque tampoco había motivos para no decirlo, seré claro y tajante: Si queréis paladear literatura de la buena no dejéis de leer este libro. Hay fases del libro que son de auténtica obra maestra, página por página. El autor se revela como un extraordinario observador del mundo que nos rodea y nos sirve porciones del mismo a través de escenas tremendamente originales rematadas con reflexiones de idéntica originalidad. Un atracón de suculenta literatura.
    Lástima que no sea así durante todo el libro. En la fase que se desarrolla en el sudeste asiático hay un momento en que decae. Da de lado la originalidad y cae en un bucle. Se repite. Se repite hasta el punto de correr el riesgo de transformarse en un cliché existencialista de drogas, sexo y rock and roll. Hay novelas que ganan con el paso de las páginas y otras a las que les ocurre lo contrario. En ese punto ésta sería de las otras. Menos mal que pasado el ecuador del libro hay un notabilísimo punto de giro argumental que revive la novela y que supone también un salto de calidad con el que el autor vuelve por sus fueros.
    Tras ese punto de giro el protagonista no es capaz de guardar ningún recuerdo. Los bolsillos de su memoria están rotos. Nada de lo que entre hoy en su memoria seguirá ahí mañana. Está en una clínica bajo un tratamiento con el que el paciente “debe atarse los zapatos del recuerdo y salir andando por encima de sus propias huellas”.
    Finalmente, como brillante colofón, nuestro personaje protagonista y narrador se entrevista con el creador de la química para olvidar. Y qué ironía, porque el creador nunca ha recurrido a su propia creación. Es más, él cuidó su memoria e incluso tomó las medidas necesarias para que le sobreviviera más allá de la muerte física. La entrevista es con su memoria virtual, que habla valiéndose de un monitor. También está “instalada” en la mente de una niña. Fijaos si se preocupó por su memoria. Nada que ver con lo que se preocupó por la memoria de los demás, que fue cero.
    Lamentablemente para él todos los esfuerzos encaminados a que su memoria perviviera son en vano, puesto que la niña en la que ha depositado su memoria decide olvidarlo, y con el olvido de ella él muere definitivamente. Justo como sucede en la vida real. Morimos cuando muere nuestra memoria, cuando las nuevas generaciones prefieren olvidar. ¿Os suena de algo?
Por Ricardo Guadalupe.

martes, 30 de octubre de 2012

Entrevista, ANIKA LILLO.


ML: Anika entre Libros es un referente nacional de la crítica de libros en internet, más de quince años, y aunque me tienta preguntarte por los sinsabores empiezo por las alegrías, ¿algún momento destacado que te venga a la mente?
A.L.: En realidad hay muchos, pero tan destacado como para que ni yo misma me lo creyera podría ser cuando vinieron a hacerme un reportaje para televisión la primera vez. Y sobre todo cuando volvieron a pedírmelo pero para TVE. Eso era llegar a mucha más gente, y de hecho tanto de uno como de otro me llegaron nuevos lectores a la web.
ML: Entre tanto libro leído y reseñado ¿de dónde sacas el tiempo para todo lo demás?
A.L.: Soy de la teoría que  dice: “no lee quien no quiere”.. El tiempo que dedico a la web es como el que dedica cualquier persona a su trabajo, y luego hay que hacer lo demás (casa, hijos…) Leo especialmente de noche y si me tengo que robar horas las robo al sueño. Y luego hay días que estoy más presionada y otros que tengo más libertad (esos días pongo dos o tres lavadoras de golpe y ¡hala! A seguir)
ML: ¿Eras una buena estudiante? ¿Te escaqueabas a veces de hacer los deberes de matemáticas para leer a escondidas?
A.L.: Era una mala estudiante, principalmente porque tenía dos problemas: hablaba mucho (eso significa atender poco y no enterarte), por lo tanto me reñían a menudo, y no me costaba estudiar nada que tuviera que ver con letras (era leerlo y aprenderlo) así que no le dedicaba mucho esfuerzo, sin embargo no entendía nada que tuviera que ver con números. Hoy se habrían dado cuenta de que mi problema tenía nombre y quizás hubieran sido más comprensivos, pero en mi época se llevaba otro sistema: nunca olvidaré a la señorita Julia de 5º de EGB golpeándome en la cabeza con el nudillo de su mano repetidas veces diciendo “tooooooorpe”.
En mi defensa decir que me puse a trabajar a los catorce años y a los dieciocho años decidí volver a estudiar, y con esa mentalidad más adulta las notas eran muy distintas: notables y sobresalientes.
De lo que me escaqueaba era de poner la mesa. Cuando en casa llegaba la hora de comer yo nunca estaba. Me escondía en el cuarto de baño, decía que estaba ocupada y me dedicaba a leer. Luego seguía leyendo en la mesa mientras comía (leía y escribía más que comía, la verdad)
M.L: ¿Qué echas de menos de cuando empezaste a leer y reseñar?
A.L.: Pues no te sabría decir… Disfruto con lo que hago aunque a veces acabe hecha polvo, agotada y preguntándome por qué no me habría dedicado a algo que me diera de comer, pero no echo de menos nada. Ahora tengo mejores libros, de hecho. Antes, si tenía dinero, sólo podía acceder a libros de bolsillo en grandes superficies –y no solían ser títulos muy acertados (también es cierto que antes había menos variedad e incluso cantidad)- y en las bibliotecas a las que acudí no encontré grandes títulos. Hoy tengo tanto para leer que me siento afortunada. Echo de menos otras cosas que no tienen que ver con el tiempo que dedico a leer y reseñar. De hecho lo que me deja agotada y me hace sentir presionada no es leer ni reseñar, si no editar la web y dirigirla. Gracias a las estrellas tengo a Pilar Alonso que me ayuda con la parte de prensa y selección de libros.
M.L.: He oído muchas veces que las modas en las mesas de los libreros las imponen las editoriales, que siguen ciclos: guerra civil, vampiros, zombis, novela histórica… ¿qué opinas?
A.L.: Que en cuanto a modas mandan los americanos principalmente. Si ellos ponen de moda al vampiro nuestras librerías se llenan de títulos de vampiros, previa compra de libros del estilo por parte de prácticamente todas las editoriales. Y así con todo. Lo de la Guerra Civil estará siempre ahí, forma parte de nuestra historia y siempre se vuelve a ella, una y otra vez. Como con la época nazi. Siempre habrá una historia que contar y en alguna ocasión te pueden sorprender. Confieso que prefiero una de terror que una de la Guerra Civil pero también que prefiero una de la II Guerra Mundial que una de vampiros.
 ML: Tres cosas que te llamen la atención de un libro (del que no te han hablado) para que te decidas a comprarlo.
    A.L.: La portada, el título y el argumento. En ese orden, pero luego, a la hora de elegir comprarlo o no, definitivamente será el argumento, después el nombre del autor, y a la portada ya ni le daré importancia porque es la que me sirve de faro, la que llama mi atención, pero no la que decide si leo el libro o no lo leo. Nota: si conozco al autor y no me gusta directamente no leo los argumentos de sus libros. Pero eso es de lógica ¿no?
ML: Tengo más amigos poetas que narradores, he asistido a más sesiones y jam poéticas que tertulias de prosistas, ¿es verdad que la poesía en España es la cenicienta del mercado editorial?  Y el teatro, ¿se lee/compran libros de teatro o es la verdadera cenicienta?
A.L.: Oigo muchas quejas acerca de esa cenicienta, pero los poetas tienen suerte si se comparan con los autores de teatro. Cada vez hay más editoriales que publican poesía – no nos olvidemos que se consume menos, por lo tanto tiene su lógica que el resto de géneros sean los hermanos mayores-, sin embargo el teatro, que fue tan importante en España, es lo que menos se lee. Y el teatro mola, por cierto. Casi todas las reseñas que hay en “Anika Entre Libros” de teatro son mías.
ML: Hablemos de tópicos, por un lado que en época de crisis se lee más porque es barato, por otro que ellas leen más que ellos, ¿es así?
A.L.: En época de crisis se recurre a libros más baratos o a menos libros. El lector lee dependiendo de lo que posea en ese momento. De sus posibilidades. Pero el cine es más caro en relación a la duración del tiempo que pasas ante la pantalla que el que pasas ante un libro, así que si tienes que elegir entre ambas cosas, te gustan las dos, pero sabes que te durará más el libro, es posible que el que pierda sea el cine porque a la larga leer sí es más barato. El libro dura más. Y en crisis hay que mirar el bolsillo.
Respecto al tópico hombre-mujer… Hubo un tiempo en el que creí tener la respuesta observando quién participaba más en la web con sus comentarios, pero hoy, entre la web y las redes sociales donde me muevo –al menos la gente que se relaciona conmigo por la literatura- hay tanto hombres como mujeres.
ML: Las editoriales tienen mala prensa sobre todo entre los autores noveles que quieren meter cabeza en el mercado, tú te llevaras bien con ellas, presumo, pero ¿qué opinas de esta tendencia sobre todo en crisis a arriesgar menos por los nuevos y asegurar ventas con los consolidados?
A.L.: Lo creas o no la veo lógica. La crisis también les afecta a ellos así que tienen que asegurarse la supervivencia de la empresa. Carlos Ruiz Zafón es una apuesta segura así que si llega la Navidad y tienen un libro suyo sacarán más ejemplares y reducirán el presupuesto para los demás. Si esto pasa con x autores, habrá otros muchos especialmente noveles que no tendrán ni oportunidad de meter esa cabecita porque no hay ni presupuesto para los conocidos. Pero estamos hablando de grandes editoriales y en el 2010 se supo que entre editoriales privadas y organismos públicos que también editan había casi tres mil quinientas editoriales sólo en España. Casi tres mil eran privadas. Casi dos mil cuatrocientas eran editoriales pequeñas. Este último año de crisis leí que habían cerrado un montón pero curiosamente había abierto otro montón de editoriales nuevas equilibrando la balanza de nuevo.
Y luego está la librería: el librero también tiene que asegurarse el negocio para poder comer, de modo que seguirá el mismo juego que la editorial: comprará más best Sellers esperados y menos novedades de autores menos conocidos. Yo admiro a los libreros que se arriesgan, por ellos se pueden encontrar joyitas literarias, pero les pasa lo mismo con las facturas y la mayoría compra a Ruiz Zafón y similares (sobre todo porque les compran también los que leen poco).
Lo que sí hacen algunas editoriales es apostar sobre seguro con algunos autores para poder publicar a otros y así equilibrar la balanza. Lo que tengo entendido es que otras, que publican mucho autor extranjero, vienen con packs (si quieres a X te debes llevar a Y, Z y Q) por eso puedes leer un título muy esperado y otros cinco bastante cutres que están quitando espacio a nuevos escritores posiblemente mejores que estos extranjeros. Me gustaría saber cuánto de verdad y cuánto de leyenda urbana hay en esto, pero si se parece mínimamente al negocio de la televisión, deduzco que será verdad.
ML: ¿Qué se necesita para formar parte de tu equipo de colaboradores además de gustarte leer?
A.L.: Eso ha ido por fases a lo largo de estos casi dieciséis años. Hoy hacemos casting porque así nos aseguramos que las reseñas sean buenas –con esto no me refiero a que sean positivas, si no a que se sepa reseñar un libro-. Pero además de eso hace falta un compromiso muy grande porque cuanto más lees más quieres leer, es un vicio delicioso, y debes cumplir con tus compromisos. “Anika Entre Libros” publica de treinta a cuarenta y pico reseñas semanales: muchos libros y en realidad una plantilla que no está entera del todo activa, siempre somos los mismos los que más leemos y más reseñamos. No creas que es tan fácil seguir nuestro ritmo.
ML: ¿Te han ofrecido algo un poco extraño o a lo que has dicho que no de parte de algún escritor, agente o editorial? Di el pecado, no el pecador.
A.L.: Lo que me piden siempre es que me haga agente o editora, o que haga la revista online en papel. A todo he dicho que no pero nada suena raro. Lo más raro ha sido ofrecerme llevar la web para sacarle partido económico y al leer la letra pequeña descubrir que yo podía enfrentarme a un juicio si no les pagaba religiosamente cierta cantidad estipulada mientras que ellos no tenían ninguna norma que les obligara a cubrir cierta cantidad para hacerles ese pago. Bueno, más que raro yo diría que pretendían aprovecharse de mí y pensaron que era imbécil e iba a caer. Los aprovechados son detestables.
ML: Estás leyendo un libro y ves que no hay manera de continuarlo, que es infumable, ¿lo dejas para otro día o tienes algún truco profesional para salvar los muebles?
A.L: Antes leía los infumables hasta el final. Hoy no porque no quiero sufrir ni me sobra tiempo, así que le doy varias oportunidades –leo varios libros a la vez de modo que puedo ir avanzando todos a ratos-, pero si veo que la cosa no mejora me niego a seguir. También he de decirte que no todos han sido infumables (o al menos no lo serían para todo el mundo) pero a mí me suponían incredulidad o bostezos, y yo no suelo bostezar jamás con un libro.
ML: La entrevista más simpática, más divertida o más pintoresca que hayas hecho y que te hayan hecho.
A.L.: Que haya hecho yo bastantes, pero recuerdo una a Juan Gómez-Jurado que le hice durante una comida. Puede que aparente muy serio pero es un tío muy divertido y además gran amigo mío, así que cuando le preguntaba algo y acabábamos muertos de la risa, me decía “contesta tú que sabes lo que voy a contestar”, y me tuvo así un buen tiempo. Al final contestó él, pero la cinta estaba llena de risas. Y hace poco lo ha vuelto a hacer en el “bocado literario” que le he hecho (minientrevista en vídeo) porque en su última novela “La leyenda del ladrón” (que yo llamé “leyenda del dragón” repetidas veces y casi me mata con la mirada) salen guiños a amigos, entre ellos a mí, Anika… y claro, lo metió con calzador y a mí se me escapó la risa. Por si quieres verlo y entenderás a qué me refiero: http://youtu.be/6TledQvalQ8
En cuanto a mí como entrevistada, todas me parecen simpáticas porque me siento bien tratada, por eso siempre procuro contar algo que jamás he contado en cada una de ellas, para daros algo a cambio. Hoy lo he vuelto a hacer en varias respuestas y mientras pueda seguiré haciéndolo. Es mi forma de agradeceros que os hayáis interesado por mí. En todo caso lo que más agradezco es que no me pregunten siempre lo mismo, así que graciasJ.
Muchas gracias y mucha suerte.

Por Ginés Vera.

lunes, 29 de octubre de 2012

DIARIO DE GOLONDRINA, de Amélie Nothomb.

Mi primera impresión al comenzar este Diario de Golondrina no fue buena, me costó engancharme. Le di una segunda oportunidad cosa que irónicamente desaconsejo a mis amistades con sus lecturas ariscas. Hice bien, Nothomb volvió a desplegarse como me tiene acostumbrado con un personaje narrador que evoluciona desde la castración emocional a la hiperestesia… Entre los guiños morales y las reflexiones filosóficas –“La grasa del cerebro inventó el mal”, “Resulta difícil liberarse de lo que uno ha confundido con liberación” – está la historia del protagonista destilando ironía con banda sonora incluida: Radiohead. Hay una justicia poética en los nombres que Nothomb utiliza para denominar a objetos y personas, y la hay en Golondrina, en las golondrinas de esta novela de cien páginas.
Para los que gusten de saber el argumento diré que el narrador protagonista toma una decisión sentimental que le lleva a trabajar de asesino a sueldo. En un principio todos los clientes tienen algo en común hasta un día en el que la justicia poética que ya comenté le sale al paso. Dos evocaciones vienen a mí tras cerrar sus páginas: una novela suya posterior, Viaje de invierno, y una imagen si no recuerdo mal de Marat en una bañera.
Por Ginés Vera.

jueves, 25 de octubre de 2012

LA DOBLE VIDA DE MARTIN HARRIS, de Didier van Cauwelaert.

Hacía tiempo que no leía un libro como La doble vida de Martin Harris. Tendría que remontarme a El Tercer Hombre de Graham Green. Y no es que me desaliente o reproche las novelas del género negro y sucedáneos. Muy al contrario, disfruto con el misterio, la intriga y los giros inesperados de última hora. Esta novela de Didier van Cauwelart me subyugó así desde la primera página con la comezón del personaje dispuesto a demostrar una justicia que casi tomé como propia metido de lleno en el papel. Tal vez el éxito sea su lenguaje sencillo, diálogos oportunos y frases contundentes del tipo: “¿Cómo justificar lo evidente cuando todo el mundo lo niega y no tienes más pruebas que tu buena fe?” ó “La mañana después del amor es también una primera vez”. Pero si todo lo anterior me empujó a devorarla en una tarde (la intriga se desarrolla en poco más de 170 páginas), el desenlace me hizo pensar si tendrán razón quienes vuelven varias veces sobre el libro que les ha maravillado. Recomendable para leer de tirón, a los amantes de la intriga y a todos los demás.
     Didier van Cauwelaert nació en Niza en 1960. Es uno de los autores de bestsellers más importantes de Francia. A los veintidós años publicó su primera novela, Vingt ans et des poussières, a la que siguieron Poisson d’amour (1984), Les vacances du fantôme (1986), L’Orange amère (1988), Un objet en souffrance (1991) y Cheyenne (1991). En 1994 obtuvo el prestigioso Premio Goncourt por Un aller simple (Billete de ida). En España se dio a conocer por  La educación de un hada (2001) y La aparición (2002).
Por Ginés Vera.