lunes, 23 de junio de 2014

JUAN CARLOS PADILLA: «Para mí la escritura es terapéutica y sirve para cualquier persona con un mínimo de inquietudes.»

Me reúno con Juan Carlos Padilla. Alicantino, médico neumólogo, director médico del Hospital Internacional Medimar de Alicante y escritor; acaso por todo ello, por esa dualidad entre la medicina y literatura, como comparto en cierto modo, encontramos rápidamente la complicidad en esta entrevista al hilo de la publicación de la novela El siglo de los indomables (Planeta, 2014).

La novela es un canto al amor, donde la música cobra especial relevancia en el personaje de Jacobo, de su especial sensibilidad.
La música es el hilo conductor de una vida, como es la de Jacobo. Jacobo con 6 años es arrancado de su casa, de su ambiente y tiene que sobrevivir aislado prácticamente, al principio sobre todo en un circo, como fenómeno; Jacobo es albino, tiene unos ojos malignos y lo utilizan como elemento de feria, después lo rapta un teatrito también para algo parecido y ahí es donde empieza a desarrollar la música. Cuando emerge la música de él se da cuenta que la música es su vida y que es la única forma de que se exprese su alma y de que él encuentre consuelo. Con la música encuentra consuelo, el va a otro ámbito.
El genio es aquel que cualquier arte es capaz de sublimar, es capaz de vivir en eso;  eso que surge de él le llena a su vez y lo transporta a un mundo exclusivo, único, donde él reina, es su forma de evadirse de todas las penurias.

‘El siglo de los indomables’ habla de la familia en tiempos difíciles del siglo XX, ¿es importante dar valor a la familia también ahora, en la actualidad?

Es una novela de valores. Florentino es un personaje obviamente sublimado e idealizado, pero es la representación de los valores que, en mi opinión no pasan de moda. Cuando abras el libro, para cualquier lector sea hombre o mujer este personaje es quien hubiera querido ser porque representa los valores de la nobleza, de la fidelidad, de la honestidad, del sentido de la justicia. Y verdaderamente eso se extiende a todo lo demás, el amor por sus hijos, al amor por su familia, al amor por sus empleados, empatía con ellos. Es un catalogo de valores de una persona que además la vida le golpea. Va sorteando los golpes del destino basándose en sus valores –en ningún momento veras que se habla de religiosidad, hablamos de valores de otro catalogo, del catalogo de la ética–; amparado en estos valores el consigue resistir los embates del destino y sobrevivir, es un enorme superviviente que tiene la mala suerte de que la vida le premia con algo que sería la aspiración de cualquier persona –como es el progreso material–, pero que evidentemente es una de las conclusiones de la novelas, eso tan manido de que el dinero no da la felicidad.

Háblenos de los escenarios en los que ha situado a los personajes, desde Villajoyosa, a la República Dominicana, donde Florentino llega, próspera y nace su hijo Jacobo, para más tarde emplazarnos en Alemania.

La historia, en este caso, habrás visto que es un personaje más de la novela, es como en aquellos teatrillos, como una de esas sábanas que colgaban con dibujos, esto es la historia.
El primer objetivo de la novela cuando la escribí era el de hacer un repaso por el siglo del XX, un repaso didáctico, no un libro de historia –yo no soy historiador, ni mucho menos–; la historia es un escenario, unos decorados sobre los que los personajes tienen sus vivencias. El escenario ha ido evolucionando hasta llegar a la categoría de personaje junto con la música que es otro personaje de la novela. Con la historia vamos salpicando las aventuras de los personajes en diferentes momentos, vamos a Alemania en el año 1934, y vivimos toda la angustia de la persecución de los judíos, vivimos lo que es un campo de concentración, vivimos la ansiedad de falta de libertad y de garantías jurídicas, volvemos a España cuando la Guerra Civil y vivimos el enfrentamiento entre las dos Españas, vivimos el dilema que se le plantea a este hombre: apoyar a la sublevación o no, cómo le asaltan las decisiones y cómo se arrepiente después, veremos muchas cosas, luego la posguerra y viviremos un gran hito del siglo XX que es el nacimiento de la aviación, de la aviación como símbolo del progreso humano.

‘Los libros son el antídoto de la pobreza’, le decía a Florentino su abuelo Ricardo.

Sí, siempre. ‘Nadie que lee muere pobre’, le dice. Efectivamente, estábamos en una época en la que no ser analfabeto ya era un triunfo, el que sabía leer y escribir era un triunfo. Ahí menciono a Fernán Caballero, a gente que se leía entonces; leer era un signo de distinción, era como elevarte por encima de esa media, de ese mundo que eran analfabetos funcionales, porque el que más sabía era firmar con su nombre. Un hombre sabio como el abuelo de Florentino quiere que su nieto se aficione a los libros, que era como dejar una herencia; preparar a tus nietos, a tus hijos, aficionarlos a la lectura, a la escritura, era como dejarles una herencia, un modo de vida y la posibilidad de progreso. Hablamos de gente humilde que para salir de eso solo tenía un método que era la cultura, que era saber cosas.
Yo estoy convencido de ello, a mis hijos les sigo obsesionando con que lean, que lean de todo, lo que quieran, pero que lean. Les compro comics, lo del Greg, Jeronimo Stilton,…. A todos mis pacientes no solo les digo que lean sino también que escriban. Para mí la escritura es terapéutica y sirve para cualquier persona con un mínimo de inquietudes, es terapéutico y valiosísimo.


Muchas gracias y mucha suerte, Juan Carlos.

Por Ginés J. Vera.

2 comentarios:

  1. No conocía al autor, así que gracias por esta presentación y por la estupenda entrevista. Y me gusta mucho su última respuesta. Sí, hay que leer, e inculcar el amor por la lectura.
    Besotes!!!

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    1. Hola Margari, con cada autor aprendemos algo, yo al menos. Me alegra mucho que te haya gustado la entrevista a Padilla, mérito sin duda de este neumólogo y escritor: ciencias y letras. Cuanto bueno. Un saludo.

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