Granadino él, el autor, actualmente compagina su pasión por la narrativa como escritor con su labor docente. No es su primera novela, aunque si vamos a hablar de Una fábula sueca hay que apuntar un detalle: está inspirada en un caso verídico ocurrido en Granada en los años noventa. La trama converge a una supuesta desaparición de un anciano sueco. Un pueblo pequeño, La Umbría, un consulado al que llegan dos mujeres supuestamente hermanas a renovar el pasaporte de aquel y un relato que no logra convencer a Ingrid, la cónsul que las atiende. Siendo un caso de consulados, de un súbdito sueco, las autoridades españolas se ven en la necesidad de investigarlo y querer cerrarlo cuanto antes para que lo político no empañe un supuesto caso doméstico.
Pero de haber sido solo eso, Diez no habría tramado más de quinientas páginas desvelando a través de los personajes una realidad mucho más horrenda e insospechada. La condición humana es parte del aderezo de este thriller psicológico, porque la intuición, las miserias de un trabajo poco reconocido y los silencios durante las pesquisas policiales son tan importantes como un dosier de veinte páginas elaborado por una cónsul con ínfulas de detective. Ir descubriendo paso a paso la relación de dos mujeres entre sí, la de ellas con Hans, el del pasaporte, la de la cónsul y su familia más allá de los pasajes iniciales de la novela... Diez teje como un moderno Penélope estos hilos sin destejerlos por la noche, para darnos tiempo a las y los lectores a ir viendo el tapiz, quizá convirtiéndonos en modernos Ulises con ganas de llegar a Ítaca, de regreso, o demorarnos en el viaje conforme lleguemos al desenlace de esta fábula, de Una fábula sueca.
Una fábula sueca. Nicolás Diez. AdN Editorial.

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