viernes, 15 de mayo de 2020

Mercier y Camier. Samuel Beckett

La novela corta Mercier y Camier (Confluencias), de Samuel Beckett se enmarca dentro de un periodo prolífico de creación literaria del escritor irlandés. Fue escrita originariamente en francés, según su autor para para poder alcanzar una escritura más auténtica. Años más tarde, se encargaría de traducirla al inglés. Los protagonistas de esta historia son dos amigos, Mercier y Camier. Está narrada por una tercera persona que afirma haber estado con ambos en todo momento. 

Mercier y Camier inician un viaje sin un objetivo claro, un poco a lo Don Quijote y Sancho Panza. También como ellos saldrán y regresarán para volver a viajar. Discuten, se separan y vuelven a reunirse. Las similitudes se extienden un poco más allá, por ejemplo, en su aspecto… salvando las distancias, claro. La propia historia se nos antoja un poco descuadrada, burlona, al punto absurda. Beckett es considerado una figura clave del llamado teatro del absurdo. Mercier y Camier parecen no encajar entre el resto de personajes. Hallamos humor y reflexión, por lo que hay que estar atentos especialmente a los diálogos.

A pesar de las coincidencias con los la pareja protagonista de El ingenioso hidalgo y su escudero, en Mercier y Camier ambos amigos parecen llevar mucho tiempo juntos. Es más, parece que disfrutan de algún tipo de relación íntima entre ellos. También, al avanzar la novela, parecen alejarse paulatinamente de del sentido profundo del viaje iniciado al principio dejándose llevar hacia lo insoslayable. 

Da la impresión de que subyacen algunos temas éticos y sociales, incluso filosóficos, entre las páginas. Es plausible englobar esta obra de Beckett dentro de otras con ciertos temas pesimistas acerca de la condición humana. Y entre esos temas controvertidos, destacar por ejemplo cierto diálogo entre George y el señor Conaire en el capítulo III. En este parece evidenciarse la aversión personal del autor hacia la natalidad, a traer niños a este mundo. 

Los lectores descubrirán párrafos largos, algunos intrincados, frases no solo con único el objetivo de contar o describir lo ocurrido. No deseo olvidarme de apuntar ciertas analogías o evocaciones a una obra posterior, quizá, la más conocida de Beckett, a la teatral Esperando a Godot.

Leer  Mercier y Camier es adentrarse en un universo de experimentación literaria no exento de diversión y reflexión con la que disfrutar de lo absurdo, bizarro y poco convencional frente a tanta novela de disipación actual.

Samuel Beckett nació en 1906, en Foxrock, cerca de Dublín. Ingresó en el Trinity College de Dublín, donde obtuvo la licenciatura en lenguas romances en 1927 y el doctorado en 1931. Poeta, novelista y destacado dramaturgo del teatro del absurdo. Escribió sus libros en inglés y francés, y fue asistente y discípulo del novelista James Joyce. Entre 1932 y 1937 escribió y viajó sin descanso y desempeñó diversos trabajos. En 1937 se estableció definitivamente en París, pero en 1942, tras adherirse a la Resistencia, tuvo que huir de la Gestapo, la policía secreta nazi. Al final de la guerra regresó a París. Autor de novelas como Murphy, Watt, Molloy, Malone muere y El innombrable, así como de obras de teatro como Esperando a Godot o Fin de partida, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1969.

martes, 12 de mayo de 2020

Brújulas que buscan sonrisas perdidas. Albert Espinosa

Este libro ha estado durmiendo un tiempo entre otros, en casa, hasta que ha llegado su momento. Creo que los libros tienen su momento. Que no elegimos leerlos cuando queremos. Como quien piensa que si llegan a nosotros tampoco es por azar, sino que nos eligen. Casualidades literarias. 

Brújulas que buscan sonrisas perdidas (Grijalbo), de Albert Espinosa, también contiene una de esas casualidades que me ha llevado a leerlo y reseñarlo. El protagonista tiene un padre. Un padre enfermo. También menciona una fecha muy concreta: el 5 de noviembre. Mi padre, el cinco de noviembre y las dos tristezas se unen como en el libro con mi padre. Casualidades. 

Pero más allá de la parte casual entre Brújulas que buscan sonrisas perdidas y mi vida personal, en esta novela, la cuarta de Albert Espinosa, hallamos una historia sobre segundas oportunidades y la familia. Como ya avancé, hay un narrador protagonista junto a un padre. Su padre. Hay una búsqueda de la verdad, de la sinceridad, del perdón. El protagonista nos describe a otros personajes, no solo a su padre, también a su madre y a otras mujeres alrededor de la vida del protagonista. Madre y padre aparecen en minúscula, curiosamente. 

Hay una segunda mirada al redescubrir lugares y objetos de su infancia. Se le oye hablar, reflexionar, también se oyen los silencios y, sobre todo, me han llamado la atención los olores. Brújulas que buscan sonrisas perdidas es una historia de secretos familiares desvelados en su momento. La muerte planea, la enfermedad baila entre los escenarios; el reencuentro, el perdón y poner en su justo valor las segundas oportunidades desde la frustración o el miedo mueven la historia. “Traumas de la infancia” leemos, “Siempre he creído que es lo que somos… Traumas de la infancia… Lo que te prohibieron, lo que no te dieron, lo que te obligaron a aceptar y lo que te arrebataron crean tu carácter.” Así se presenta el protagonista, desconfiado y sin mucha predisposición a hacer las paces con su padre. Pero a lo largo de esta historia veremos que, en efecto, hay un archipiélago de sinceridades entre los que se establecerán recuerdos y puentes. Como en la portada y la contraportada.

Desde las emociones, desde la pérdida, desde el respeto y el afecto, Espinosa ha tejido en Brújulas que buscan sonrisas perdidas una novela de afectos encerrados en el puño de una mano a la espera de ser abierta y dejarlos escapar como sonrisas. Porque la vida es dar pasos adelante, librarse de cargas y aceptar que “toda familia tiene sus secretos y la nuestra no iba a ser una excepción.” En eso le doy la razón a Albert, incluso en esa frase interrogante en boca del coprotagonista: “¿Cuánto dolor ha de soportar alguien para que se le considere valiente?” 

Brújulas que buscan sonrisas perdidas es una novela para reencontrarse, para reivindicar la superación, el apoyo de los que cuidan y nos cuidan; una novela optimista a pesar de todo, que pone luz a muchos sentimientos a veces reprimidos por la presión social. 


Albert Espinosa (Barcelona, 1973). Actor, director, guionista e ingeniero industrial. Es creador de las películas Planta 4.ª, Va a ser que nadie es perfecto, Tu vida en 65' y No me pidas que te bese porque te besaré. Asimismo, es creador y guionista de la serie Pulseras rojas, basada en su libro El mundo amarillo y en su lucha contra el cáncer. Sus últimas obras publicadas han sido: El mundo azul: ama tu caos (2015), Los secretos que jamás te contaron para vivir en este mundo y ser feliz cada día (2016), Lo que te diré cuando te vuelva a ver (2017), Finales que merecen una historia (2018) y Lo mejor de ir es volver (2019)



viernes, 8 de mayo de 2020

El secreto de Picasso. Francesc Miralles

Este libro me ha descubierto a un escritor que desconocía. También a un personaje que parece haber protagonizado un par de novelas anteriores de la mano de su creador. Novelas independientes a El secreto de Picasso (Umbriel). En esta, Francesc Miralles le plantea al personaje protagonista, Leo Vidal, una jugosa investigación: la de encontrar un cuadro perdido de Pablo Ruiz Picasso

El pintor malagueño estuvo en dos ocasiones en el municipio tarragonés de Horta de San Joan. Será en la segunda visita donde supuestamente regaló un cuadro misterioso a un panadero local. Nadie parece saber ni qué pintó Picasso en ese lienzo de 1909 ni dónde se halla actualmente. A Leo Vidal le contratan para hacer esas averiguaciones iniciando un viaje por las tierras del Ebro. Le saldrán al paso una serie de personajes en su mayoría femeninos con curiosas coincidencias, a mi modo de ver, con las etapas del pintor malagueño. Quizás, como digo, sea yo, pero el azul y el cubismo los veo en esa búsqueda. La propia presencia de personajes femeninos es otro guiño a la devoción de Picasso por las mujeres que retrató tan a menudo. No en vano, el primer cuadro cubista del genio andaluz fue el de Las señoritas de Avignon

Además de la parte de acción, de la intriga de esa búsqueda por el protagonista actual, los lectores iremos descubriendo detalles de la juventud de Picasso. Así leemos que a Pablo Ruiz cuando bajaba de Barcelona a Horta abandonaba las ropas de señorito de ciudad para vestirse de pana y alpargatas como un labriego. Le gustaba tanto la gente sencilla que ayudaba a las mujeres del pueblo a hacer pan de higo o pedía a los artesanos que les enseñara a hacer nudos corredizos o a beber en porrón. 

Para quienes ya conozcan las correrías del protagonista, de Leo Vidal, hay un par de guiños El secreto de Picasso a sus dos novelas anteriores. Por ejemplo, a que Vidal tuvo algo que ver con Montserrat y algún misterio nazi, por ejemplo. 

Junto a la figura de Picasso, Miralles parece rendir un homenaje a Manuel Pallarès, un gran amigo del pintor en Horta. El capítulo inicial por una parte y detalles a lo largo del libro lo atestiguan. Manuel no solo inició a Pablo en los secretos de la Barcelona canalla. Picasso haría su primera exposición en Els 4 Gats. La amistad entre ellos se prolongaría setenta y ocho años. Aunque en el entierro del pintor no fuese admitido por la viuda.

Respecto a la historia en sí de El secreto de Picasso la recomiendo por su agilidad, por esa tensión que Miralles mantiene con finales de capítulos abiertos. También destacaría la aportación intratextual de artículos, cartas, una “Elegía para el faro de Buda”, de Sebastián Juan Arbó y un cuento (en el capítulo 49) enriqueciendo la trama y credibilidad de la obra.

Para mí ha sido un doble placer leer  El secreto de Picasso, recorrer con los ojos los paisajes del Delta del Ebro, pues durante una temporada viví y trabajé en Sant Carles de la Ràpita.

Francesc Miralles (Barcelona, 1968) es escritor y periodista especializado en psicología y espiritualidad. Colabora habitualmente en El País Semanal y en las revistas Integral y Cuerpomente. Se inició en la narrativa escribiendo novelas juveniles, entre las que destaca “La vida es una suave quemadura” (2006). En la literatura de adultos ha publicado la novela inspiradora “Amor en minúscula” (2005), traducida a seis idiomas, así como los thrillers “El cuarto reino” (2007), la primera aventura de Leo Vidal, y “La profecía 2013” (2008)  la segunda novela de la saga. Asimismo, ha escrito junto con Álex Rovira la fábula “El laberinto de la felicidad” (2007), que ha sido traducida a diez idiomas. 

martes, 5 de mayo de 2020

La mujer loca. Juan José Millás

Ya había leído anteriormente varios libros de mi paisano Millás. Por eso, sabía que rescatar este libro de una caja estos días me aseguraba una lectura entretenida. En “La mujer loca” (Seix Barral), Juan José Millás vuelve a firmar una novela provocativa y divertida a partes iguales. 

El lenguaje tiene un especial protagonismo en estas páginas, como también la débil frontera entre lo real y lo ficcional. Hasta tal punto los personajes tienen un peso marcado en la trama que el propio Millás forma parte de ella. Un Millás ficcional a pesar de las similitudes entre el escritor de carne y hueso y el de tinta y papel. El argumento gira entorno a tres personajes: Emérita, una enferma terminal que ha decidido poner fin a su vida; Julia, una joven que trabaja en una pescadería y vive en una habitación alquilada en el piso de Emérita; y Millás, que está realizando un reportaje periodístico sobre la eutanasia. Julia es un personaje entrañable sobre todo porque a partir de él se van tejiendo una serie de acontecimientos a raíz de su reciente afición por la gramática. Emérita es una suerte de personaje de unión entre Julia y el periodista Millás

Es cierto que la eutanasia cobra un papel relevante en la trama seria de la novela, lo cual justifica la aparición del Millás ficticio y que este conozca a Julia. Emérita también confesará un secreto a Millás, personaje que narra la novela en un acto de doble narración: la que le cuentan a él y la suya propia de lo que recuerda y ve al conocer a estos personajes. Por eso el acto de contar, de narrar, el lenguaje, la fuerza de la palabra son tan importantes en La mujer loca. Tuve una evocación a otra autora, ala belga Amelie Nothomb, por el uso que también hace esta con los nombres propios y el lenguaje en sus novelas

Me ha sorprendido a medias el tema de la locura, entre comillas, y el de los medicamentos que se toman los personajes. Hay una terapéutica de los fármacos y otra de la oralidad. Palabras y frases se personifican y le cuentan sus problemas a Julia. También Emérita parece encontrar consuelo al hablar con Millás de un modo parecido a como este lo halla en su terapeuta en La mujer loca. Llegados a un punto de la historia, la realidad contada se cruza con una especie de diario de Millás que llama Diario de la vejez de Millás. Otra muestra más de la fuerza de la escritura, de la narración y los estados fronterizos de la realidad. 

Una novela tierna, descarada, irónica, inteligente y reflexiva en la que se apela al lector a cuestionarse los límites de eso llamado locura y quizá de los de la propiedad individual de la vida. Millás en estado puro

Juan José Millás (Valencia, 1946) es autor de las novelas Cerbero son las sombras (Premio Sésamo, 1975), Visión del ahogado (1977), El jardín vacío (1981), Papel mojado (1983), Letra muerta (1983), El desorden de tu nombre (1986), La soledad era esto (Premio Nadal, 1990), Volver a casa (1990), Tonto, muerto, bastardo e invisible (1995), El orden alfabético (1998), No mires debajo de la cama (1999), Dos mujeres en Praga (Premio Primavera de Novela, 2002), Laura y Julio (2006), El mundo (Premio Planeta 2007), por la que recibió además el Premio Qué Leer de los Lectores y el Nacional de Narrativa, y Lo que sé de los hombrecillos (2010). También ha publicado los libros de relatos Primavera de luto (1989), Ella imagina (1994), Articuentos (2001), Cuentos de adúlteros desorientados (2003), Los objetos nos llaman (2009) y el volumen Articuentos completos (2011). Su obra de corte periodístico, reconocida, entre otros premios, con el premio de periodismo cultural Manuel Vázquez Montalbán, está recogida en Algo que te concierne (1995), Cuerpo y prótesis (2001), Hay algo que no es como me dicen (2004) y Vidas al límite (2012), entre otros.