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martes, 21 de diciembre de 2021

Cuentos para Paula. José Luis Muñoz y Paula Tolós

He escogido para cerrar este 2021 una reseña de un libro muy especial: Cuentos para Paula (Literatura Abierta), de José Luis Muñoz y Paula Tolós. Por una parte es un libro de relatos, género al que le tengo gran respecto y admiración. Por otro, la mayoría de los cuentos son del escritor salmantino José Luis Muñoz

  A Muñoz le conocí literariamente a través de un libro de relatos hace algunos años. Desde entonces he podido disfrutar de casi todo lo que ha escrito. Es más, me ha concedido varias entrevistas al hilo de sus libros durante estos años. En Cuentos para Paula, además, se incluyen dos cuentos escritor por la nieta de Muñoz, Paula Tolós. Me ha parecido un gesto delicioso porque ya en el prólogo del libro Muñoz alienta a su nieta a que lea mucho, a que siga leyendo. Un prólogo donde Muñoz nos habla de sus lecturas a una edad similar a la de Paula. Quizá por eso los cuentos reunidos en Cuentos para Paula tienen algo de guiño cómplice a las lecturas de autores como Robert L. Stevenson, Emilio Salgari, Jack London o Daniel Defoe

  En este libro los cuentos dedicados a su nieta, de ahí el título, se ordenan desde un curioso criterio: para ser leídos según las y los lectores vayan dejando la infancia. Así, los últimos, podrían encajar en la denominada literatura juvenil. Pues hay una primera parte o sección llamada Animalario donde vemos a muchos animales en el centro de las historias. Una mula, unos cervatillos, una hormiga o una osa por poner algunos ejemplos. En la sección siguiente, llamada Aventis, además de un “recuerdo” a las aventis de Juan Marsé, hay relatos con no menos curiosos protagonistas; léase Sherlock Holmes y el dr. Watson en Sherlok Holmes y la taza de té de Ceilán, el capitán James Cook y lord Sandwich en Isla quemada o Papá Noel en Carta de Papá Noel para Paula. Muñoz cede la pluma al final del libro a su nieta encontrándonos los relatos Salvaje y El león dormilón firmados por Paula Tolós

  Hay en Cuentos para Paula historias breves con otras más extensas, todas apelan a la imaginación y pretenden fomentar la lectura, el hábito lector; ese que al parecer las instituciones poco hacen para fomentar hoy día. Con permiso de Muñoz no quiero dejar pasar la oportunidad de hacer dos gestos. El primero salvando las distancias a cierto artículo publicado en 2008 en un suplemento dominical por Arturo Pérez-Reverte titulado Carta a María, porque me evocó en palabras del escritor murciano esa búsqueda de lecturas, ese hábito lector para comprendernos y comprender el mundo que nos rodea. 

  El segundo es más obvio, desearle desde aquí, agradecidísimo, unas estupendas fiestas navideñas y lo mejor para 2022.

Cuentos para Paula. José Luis Muñoz. Paula Tolós. Ed. Literatura Abierta.

jueves, 23 de junio de 2022

La bahía humeante. José Luis Muñoz

Desde hace años vengo disfrutando de la narrativa de Muñoz. He tenido la enorme suerte de poder leer buena parte de sus novelas y relatos (aunque no toda su obra, ya que es un autor prolífico), por lo que La bahía humeante (Traspiés) ha sido un nuevo acierto. 

  Contra los calores estivales, las refrescantes escenas en la isla de hielo, esto es, en Islandia. Muñoz es un consumado viajero, toma notas y se inspira en sus viajes. La bahía humeante surgió en uno de estos viajes donde comenzó a pergeñar esta road novel para ponerle el punto final en  el Valle de Arán. Mucha nieve de por medio y entre las páginas de esta novela que ha obtenido el Premio de narrativa Carmen Martín Gaite 2021. 

  Merecimientos literarios aparte, La bahía humeante es una historia con un protagonista, Max Rigalt, también escritor, en busca de otro juntaletras (con perdón), Eric Burdom. En su día alumno y profesor de taller literario, respectivamente. Una novela publicada superventas será el motor del viaje y de esa búsqueda a través de los escenarios islandeses. Burdom tendrá que rendir cuentas, también Rigalt, porque Muñoz (casi como un personaje omnisciente más) nos agasaja con deliciosas prolepsis narrativas. Nos adelanta qué va a pasar a través de la segunda persona verbal que nos cuenta. 

  Sí, la literatura también emerge como la punta de un iceberg entre el mar dramático de esta historia. Nos hace reflexionar La bahía humeante sobre el papel de los nuevos escritores, sobre sus ínfulas y sobre la presión mediática llegando el caso hasta la necesidad de hacer algo reprobable. En esta isla novelada hay bellos paisajes helados y más personajes, amén de los ya nombrados. Porque más allá de que leamos que “Islandia está poblada, por este orden, por chinos, corderos y cisnes”, también la habitan personajes femeninos con los que Max tendrá una doble prueba personal. 

  Y es que La bahía humeante tiene el sabor de la buena novela negra, se paladea el sexo, la violencia y la crítica social además del interés por saber el final de la trama. Muñoz no decepciona; como el celebre recurso narrativo apodado el arma de Chejov, en la portada Muñoz pone la Glock y, por ello, el final… bueno, el final lo pondrán las y los lectores en el calor del clímax, rodeados del frío de Islandia aunque sea verano. 

  La bahía humeante. José Luis Muñoz. Ed. Traspiés.

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lunes, 21 de septiembre de 2020

El mokorero del Okavango. Entrevista a José Luis Muñoz

El mokorero del Okavango (Verbum), de José Luis Muñoz, es el último libro de relatos de este  viajero, articulista, crítico literario y cinematográfico y activista cultural. Precisamente hace una semana finalizó el festival Black Mountain Bossòst 2020 en el que es comisario. Tuvo la amabilidad de concederme esta entrevista al hilo de su libro de relatos. La comparto confiando en que os guste tanto como las historias incluidas en El mokorero del Okavango.

Ginés Vera: ¿Cómo surge la idea de reunir en este libro estos doce relatos, qué periodo de creación abarcan?

José Luis Muñoz: El nexo común es la negritud presente en todos ellos. Hay una serie de relatos escritos en una misma época (El mokorero del Okavango, El leopardo del Kilimanjaro, El elefante enfurecido o La historia del primer negro que llegó a Katmandú), mientras que los demás fueron escritos con anterioridad o posterioridad.

Ginés Vera: Además de los personajes, los paisajes y decorados abiertos están narrados con una viveza y una intensidad que casi parecen invitarnos a coger la maleta y descubrirlos por nosotros mismos. Háblenos como viajero de su experiencia en África, de eso que algunos solo hemos visto del continente a través de documentales en televisión o en revistas de viajes.

José Luis Muñoz: Quienes me conocen saben de mi afición por los viajes. Un viajero, que no un turista, se caracteriza por tener una mente abierta y saber captar lo mejor, aunque también lo peor, de cada zona que visita. Soy viajero emocional que tanto se extasía con la Capilla Sixtina como con las cataratas de Iguaçú. Soy consciente de que mi visión de los países que visito sería más acertada si pudiera vivir una temporada en ellos, eso también. Mi anterior novela, Los perros, curiosamente también estaba ambientada en África en los tiempos del apartheid sudafricano. Yo describiría mi literatura como colorista y sensual, en cuanto va dirigida a los sentidos, por eso las escenas de sexo suelen ser muy tórridas, porque no eludo el componente de pasión en una relación entre dos seres humanos, o escalofriantes en cuanto entra en juego la violencia. Sexo y violencia son antitéticos, las dos caras del ser humano.  Uno es vida, otra es muerte. Conozco relativamente bien el norte de África y conozco el África negra a través de mis conversaciones con una amiga apasionada de esa zona y de algunos relatos de africanos que he escuchado. Así es que también he viajado a África negra aunque no haya pisado la zona.  

Ginés Vera: He creído ver cierta crítica social en los doce relatos. Precisamente en el que le da título a la obra, en El mokorero de Okavango, la protagonista reflexiona en estos términos: "Extraño mundo en donde todo lo determina el lugar donde has nacido". Coméntenoslo.

José Luis Muñoz: Es una verdad. Somos fruto de nuestro entorno y los occidentales todavía no sabemos lo afortunados que somos, entre comillas, por haber nacido en Europa en este momento. Sería una desgracia haber nacido mucho antes y haber sufrido en las propias carnes la violencia desatada en las dos guerras mundiales, los dos conflictos más mortíferos de la historia de la humanidad. Si hubiera nacido en la India sería seguramente pobre de solemnidad; si lo hubiera hecho en el Salvador las probabilidades de sucumbir a la violencia de las maras sería muy elevada. El lugar de nacimiento lo condiciona casi todo. Hay lugares en los que la vida es mucho más difícil que otros. La vida es una lucha desde que decides sacar un pie de la cama por la mañana, pero hay lugares en que ese gesto se convierte en algo titánico. Admiro a esos jóvenes africanos que cruzan África y el estrecho buscando una vida mejor. Precisamente de ello trata una espléndida novela recientemente publicada llamada Makoko, de José María García Sánchez.

Ginés Vera: Leemos en su relato El leopardo del Kilimanjaro que "El techo de África era un reto engañoso, quizá porque no tenía forma de monte sino de volcán". Da la sensación de haber estado en él, no en vano acompaña  al relato más largo de los doce con una citas previa de Javier Reverte alusiva a que uno no pude decir que ha estado en África hasta que no ha alcanzado esa cumbre. Háblenos de ese "reto engañoso" y de su experiencia, si la tuvo, ascendiendo el Kilimanjaro

José Luis Muñoz: En efecto, he ascendido al Kilimanjaro… a través de ese relato. Me serví de experiencias personales de amigos que sí habían alcanzado el techo de África y me hablaban de su experiencia agotadora en esa aventura. Cuando comencé a escribir ese relato, estaba allí. Me sucedió algo parecido a lo que me pasó cuando escribí la novela histórica La pérdida del Paraíso: me trasladé a 1492. La literatura te permite ese tipo de experiencias extraordinarias: estar dónde no has estado y ser quien no eres. 

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José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) es autor de 50 libros publicados entre novelas y relatos con los que ha obtenido prestigiosos premios como el Tigre Juan, el Azorín, La Sonrisa Vertical, el Café Gijón, el Francisco García Pavón, el Camilo José Cela, el Ignacio Aldecoa o el Bruma Negra a toda su carrera. Entre sus últimas novelas publicadas: «Cazadores en la nieve», «El rastro del lobo», «La manzana helada» o «Los perros» entre otras.

El mokorero del Okavango, de José Luis Muñoz. Editorial Verbum. 

jueves, 11 de octubre de 2018

El mokorero del Okavango, de José Luis Muñoz


A José Luis Muñoz le conocí a través de su obra. Concretamente, a raíz de caer en mis manos un libro de relatos publicado por la editorial valenciana Contrabando. Luego vinieron varias novelas que también me hicieron estremecer y disfrutar. Eso antes de leer los doce relatos que componen ‘El mokorero del Okavango’ (Editorial Verbum).

También como en ocasiones anteriores quise entrevistar al autor, todo y que sé que sus ocupaciones son muchas y su tiempo medido. De regreso al libro a las doce narraciones que componen ‘El mokorero del Okavango’ sorprende a medias hallar un prólogo sobre la negritud. Primero por ser del propio autor, y también porque lo firmó en 2002, en la revista Playboy. Y es que lo negro es bello, no solo porque así lo escriba José Luis Muñoz. Aunque en el prólogo él nos recuerde que hasta hace no mucho el color negro de las personas de color no eran tan bien visto por ejemplo en las pasarelas de moda, el cine, la música…

Pero viajemos de nuevo a esas doce narraciones que componen ‘El mokorero del Okavango’. Viajar viajaremos con ellas sobre todo a África, a sus paisajes, a las nieves del Kilimanjaro, en su relato ‘El leopardo del Kilimanjaro’ a las aguas del proceloso Nilo, (en el titulado ‘Nilo arriba’), al desierto de Namibia, (en ‘El elefante enfurecido’). Pero también encontramos algunos relatos ubicados fuera del continente negro. El del  boxeador afroamericano en ‘El combate’, el del maliense que viaja al Nepal en ‘La historia del primer negro que llegó a Katmandú’ o la tristemente actual España racista (en ‘El color de la piel’). Dramas, amores, pasiones, humor o misterios de la mano de Muñoz, que siendo un referente en nuestro país de la novela negra, no podían dejar de añadir a estas historias el exotismo, la violencia o el erotismo característicos de su prosa.

Una raza marginada durante siglos y doce relatos reflexivos, trepidantes para redescubrir un continente y un color, el negro.

José Luis Muñoz (Salamanca, 1951), viajero, articulista, crítico literario y cinematográfico y activista cultural, presente en festivales literarios de España y Francia. Es autor de más de 45 libros entre novelas y relatos. Traducido al búlgaro, checo, italiano y francés Ha obtenido, entre otros, los premios Tigre Juan, Azorín, La Sonrisa Vertical, Café Gijón, Francisco García Pavón, Camilo José Cela, Ignacio Aldecoa y el Bruma Negra a toda su carrera. Preside la asociación cultural Lee o Muere, además de ser el comisario del festival Black Mountain Bossòst que se celebra en el Valle de Arán.

El mokorero del Okavango, de José Luis Muñoz. Editorial Verbum. ISBN: 9788490747131

Nota: He echado en falta en esta edición una revisión de la ortotipografía de los textos.



martes, 22 de diciembre de 2020

El centro del mundo. Entrevista a José Luis Muñoz

El escritor salmantino José Luis Muñoz ha publicado recientemente El centro del mundo (Almuzara). En 2021 se cumplirán 500 años de la conquista de México por  el extremeño Hernán Cortés y sus hombres. La gesta se inició en noviembre de 1519 cuando entraron por primera vez en la mítica Tenochtitlan

Agradecido una vez más a José Luis Muñoz por concederme esta entrevista, la comparto con vosotrxs.

Acompaña al final del libro no solo un glosario de términos aztecas, sino también una relación de los personajes intervinientes en la historia. Evocando a José Luis Sampedro quien contase cómo se organizó para novelar su El río que nos lleva por la profusión de personajes, le preguntaría por su método. ¿Qué reto le supuso la labor de encaje de estos en El centro del mundo?

Complicadísimo y agotador. Lo comparo con una superproducción cinematográfica en la que se tiene que controlar un sinfín de elementos. Mi reto era meter al lector en esa aventura épica, hacerlo avanzar por esa selva húmeda y calurosa bajo el peso de sus armaduras, o hacerle subir por las escalinatas de las pirámides para enfrentarse al sacerdote que le iba a extraer el corazón.

La novela, aunque hay unos personajes más centrales, es coral, y he tenido que hacer un seguimiento exhaustivo de todos y cada uno de los personajes, españoles o aztecas, desde arcabuceros, galenos, sacerdotes, verdugos a comerciantes del Zócalo, prostitutas sagradas, cortesanos de Moctezuma, jefes militares, víctimas de los sacrificios... Eso entrañaba una dificultad añadida. Pero lo más importante era no perder el hilo de los acontecimientos, escribir con la misma música, mantener el mismo tono épico marcado desde el principio, en 2005, y en 2020, cuando terminé el libro en el Valle de Arán.

Podía sencillamente haberme cansado. Podía haber tirado la toalla ante ese reto inmenso que me había marcado. Soy obcecado. No sé si es una virtud o un defecto, pero en mi caso me obliga a terminar lo que empiezo.

Un elemento fundamental para acercarnos como lectores a esta historia creo que es la trama de El centro del mundo. Me refiero no solo a que esté contada en capítulos alternos, sino de tal forma que la visualicemos desde dos puntos de vista. Uno, el de los españoles conquistadores ignorantes de lo qué iban a encontrar. Y, el otro, el de los aztecas, que parecían presentir la llegada del fin de su mundo según sus profecías. ¿Es así?

Esa era mi meta, el motivo para escribir esa historia. Creo que ningún español ha novelado la conquista de México. Sí han escrito sobre los aztecas el húngaro László Passuth con su novela El dios de la lluvia llora sobre México y el norteamericano Gary Jennings y sus novelas sobre los aztecas.

Como en todos mis libros de ficción, huyo de maniqueísmos y en este caso alterno las dos historias que van avanzando al mismo tiempo. Fundamental para el éxito de Cortés, aparte de la colaboración de la Malintze, fue que Moctezuma se dio por perdido desde un principio, tomó a Cortés por la reencarnación del dios Quetzalcótl e hizo caso de las funestas profecías que auguraban el fin del centro del mundo, es decir, de Tenochtitlan. Era muy complejo hablar de la sociedad azteca, de sus rituales sanguinarios que contrastaban con un grado de civilización extraordinario.

Tenochtitlan era una ciudad parecida a Venecia, con un sofisticado sistema de canalizaciones, obra de ingenieros muy avanzados. Los aztecas dominaban la astronomía. La educación de los niños era modélica y eran instruidos en las bellas artes. Y, sin embargo, eran despiadados con sus vecinos y hasta con ellos mismos. Estamos ante un claro ejemplo de lo que yo vengo en llamar psicopatía de masas de la que hablé en una novela sobre el Holocausto que acaba de reeditarse, El mal absoluto. También el pueblo alemán pasaba por ser el más culto de Europa, el más civilizado, con los mayores artistas y pensadores, y de él brotó esa hidra del nazismo. El totalitarismo de los aztecas cavó su propia fosa. La llegada de Cortés fue providencial para acelerar ese proceso.

No es la primera novela suya que leo. Creo que en casi todas está muy presente ese dualismo bien/mal. En esta estimo que también. Sobre todo desde esa doble mirada de conquistadores y conquistados aunque de dos imperios de por sí totalitarios y no se si adjetivarlos de genocidas a un lado y al otro del océano. ¿Nos lo comenta?

Casi le contesto en la anterior pregunta. Por supuesto. Dos imperios totalitarios enfrentados, y genocidas. En México, curiosamente, son muy benévolos con los aztecas y se ensañan con los españoles olvidándose de los atroces rituales de sus antepasados, que yo recreo de forma minuciosa para aterrorizar al lector como ellos hacían para aterrorizar a sus vecinos. No quiero echar un capote a la conquista del Nuevo Mundo, que fue un saqueo y masacró culturas, lenguas, religiones, pero sí quiero constatar que en los territorios colonizados por los españoles la presencia de los indígenas es abrumadora, en varios países han colocado a nativos en las altas instituciones de la nación, mientras que en los colonizados por los ingleses los oriundos prácticamente han sido exterminados. No disculpo los crímenes atroces que se cometieron en América, pero tampoco los que cometieron los aztecas sobre los pueblos de su alrededor que eran tan mexicanos como ellos. 

Me gustaría que nos hablase de dos temas que me parecen interesantes y los aúno en una sola cuestión. Por un lado, la clave del éxito de Cortés sobre el poderosísimo imperio azteca de Moctezuma gracias a su astucia para aliarse con pueblos oprimidos como los totonacas o los tlaxcaltecas

El otro tema es el del revisionismo histórico que estamos viviendo actualmente sobre el papel de los españoles en el continente americano. Es incuestionable que aquellos españoles eran invasores, pero también los anglosajones fueron genocidas, exterminaron a poblaciones genuinas norteamericanas y no se le concede tanto sensacionalismo mediático. Coméntenoslo.

En efecto. La novela llega en un momento en que son arrancadas las estatuas de Colón y arrastradas por los suelos. Las de Cortés en México no sufren esa suerte porque no hay estatuas suyas, ni plazas, ni nada. La novela desarma la victimización de los aztecas, cosa que seguramente no será del agrado de algunos mexicanos a los que les pido que sean también autocríticos.

Los aztecas eran sencillamente opresores, violentos y practicaban el terrorismo de estado, algo que no era nuevo en aquellos tiempos. La colonización española de América Latina trajo consigo la edificación de ciudades modélicas en sus tiempos cuyos cascos históricos siguen siendo motivo de orgullo y muchos son patrimonio de la humanidad, y un idioma común, el castellano, que permite que un mexicano pueda hablar con un  boliviano. Los españoles, como los británicos, fueron al Nuevo Mundo para saquearlo, eso nadie lo discute, como hace en la actualidad Estados Unidos en sus guerra coloniales; la diferencia es que los británicos, por lo general racistas, no se mezclaron con la población nativa y optaron por exterminarla, y los españoles, pese a las matanzas y violaciones, fueron más respetuosos con sus vidas.

Juzgar el pasado con los ojos del presente lleva a esas aberraciones que estamos viendo de cuestionar toda la historia. España podría cuestionar el dominio romano o la invasión árabe que duró ocho siglos, pero yo creo que, por lo general, estamos muy orgullosos de hablar en la Península lenguas romances que provienen del latín, que se nos impuso, como lo estamos de todos los tesoros que nos dejó la cultura árabe, incluidos los gastronómicos.

Es absurdo gastar energías en cuestionar el papel de España en Latinoamérica cuando estas deberían ser encauzadas en luchar contra las enormes desigualdades sociales que aún acechan al continente y contra los enormes oligopolios, muchos de ellos foráneos, que siguen esquilmando sus tierras.  

El centro del mundo. José Luis Muñoz. Ed. Almuzara. 

Si quieres leer más acerca de José Luis Muñoz, en Maleta de libros he compartido también:

El viaje infinito. Entrevista a José Luis Muñoz

viernes, 15 de julio de 2022

La bahía humeante Entrevista a José Luis Muñoz

Un verdadero honor poder compartir hoy una nueva entrevista a José Luis Muñoz. En este caso por su novela  La bahía humeante (Traspiés), que reseñé aquí hace poco. Os dejo el enlace abajo. 

  Respecto a la entrevista, Muñoz no defrauda, habla alto y claro; opina que cuesta encontrar libros buenos actuales, también de lo que debe tener un buen libro para enganchar o  que el turismo es una carcoma que todo lo destruye. La opinión de Muñoz sobre los talleres literarios me parece honesta y sincera, aquí puedo hablar con más conocimiento de causa que objetividad pues como sabéis he impartido talleres literarios desde hace más de diez años. Con todo, os dejo la entrevista y agradecido por vuestros comentarios. 


  P.: A Max Rigalt, al protagonista de La bahía humeante, no quiere que lo confundan con Paulo Coelho, leemos en un pasaje de la novela. Me ha parecido un tanto curioso porque sé que igual que hay una supuesta clasificación de escritores de mapa y brújula, no sé si también la hay de dos tipos de escritores… Los del lado de Coelho –y quizás Tom Clancey– y los de otro grupo. ¿Se anima a contestar?

  R.: Paulo Coelho es como Eric Burdom, un gran farsante y gurú con un montón de adeptos. No me interesan sus libros. Estuve hojeando uno en una feria del libro de Madrid, por aburrimiento, y me pareció una tomadura de pelo sideral. Se publica mucha basura, se publican muchos libros de escritores que se vanaglorian de no haber leído en su vida, triunfan los mediáticos, los youtubers, los influencers, los que se autopublican... Entre tanta paja se hace muy difícil encontrar algo de grano. Cuesta encontrar libros buenos actuales. Muchos confunden la redacción correcta con la literatura, son obras que no tienen alma. Por suerte están los Paul Auster y los Enrique Vila-Matas. Espero sus libros con devoción. Coetzee ha muerto para mí desde que abandonó Sudáfrica.    

  P.: Quizá voy a ponerle en un brete si le pregunto qué entiende por un mal libro. Y lo hago al hilo de una conversación que leemos en La bahía humeante, donde Burdom y Rigalt conversan. El primero afirma que “se pueden perder dos horas con una mala película” y prosigue con: “pero no se puede pedir  a un lector que pierda una semana leyendo un mal libro.” En su caso, ¿si ha comenzado un libro y no le engancha es de los que sigue hasta el final por respeto o de los que lo abandona inmisericorde?

  R.: Me cuesta dejar un libro, porque siempre espero encontrar algo bueno en él, aunque sea una descripción, una frase brillante, que lo justifique. Pocas veces abandono un libro. Estuve tentado de hacerlo con el Ulyses de Joyce en el que invertí un año, un calvario literario. La literatura debe ser lúdica, un juego que enganche. Cortázar así lo entendía. Un buen libro tiene que enganchar, mantenerte atento en casi todas sus páginas, no soltarte hasta el final y, sobre todo, perdurar en boca, como un buen vino, una vez leído. Lo peor que se puede decir de una novela es que te provoca indiferencia. 

  Un escritor debe excitar, horrorizar, golpear, irritar al lector, conmoverlo de alguna manera. Si no lo consigues, no escribas. Gustavo Abrevaya, un colega y amigo argentino, escribió una pieza maestra llamada El criadero, pura magia y horror. La estética no solo debe de ser resaltar la belleza, ahí están en pintura Lucien Freud y Egon Schiele, por ejemplo. O el feísmo de Goya en sus pinturas negras. 

  P.: Varios de los personajes de La bahía humeante se conocen en un taller literario. En una escuela de escritura creativa con el no menos literario nombre de Yoknapatawpha. Personalmente he asistido a talleres y no entiendo a quienes despotrican sobre el aprendizaje de técnicas y herramientas narrativas. Como si todas y todos naciésemos con el don de la escritura. Más allá del flaco favor que Burdom les pueda hacer (medio en broma) a los lectores de esta novela, le agradecería unas palabras acerca de lo que cree que pueden aportar o no los talleres literarios a los escritores en ciernes.

  R.: Quizá se abusa del concepto del taller literario. No creo que de ellos salgan los escritores. Los escritores, como los músicos, o los pintores, nacen. Quizá a través del taller literario perfeccionen su técnica, se les den algunos trucos para montar historias, pero el mejor taller literario, al que yo he ido, se llama librería, biblioteca y sillón de lectura. Somos lo que comemos, y somos lo que leemos. Me alegra de que cuando escribo cuentos, por ejemplo, esté Cortázar muy presente, porque lo he leído y admirado y nadie como él ha sabido jugar con las palabras. O que en mis novelas negras haya trazas de Jim Thompson, otro de mis iconos, antes de que lo leyera, por cierto. 

 

P.: Las referencias literarias abundan en La bahía humeante, nada nuevo en su narrativa. Menos aún en esta novela con un protagonista y su antagonista escritores ambos. Sonreí al ver que mencionaba a Jack London y un relato sobre un náufrago. Háblenos de su viaje a Islandia como germen de esta novela en contraposición a otros autores como Bran Stocker o Emilio Salgari que escribieron grandes obras sin pisar Transilvania o el Sudeste Asiático, respectivamente.

  R.: El concepto de viaje está muy ligado a la literatura. Leer una novela es viajar, ir a un lugar a través de sus páginas y sus personajes, viajar al pasado a través de la novela histórica, o al futuro a través de la ciencia ficción. De mis viajes han salido, entre otros, libros como Patpong Road, La frontera sur, Lluvia de níquel, La manzana helada, El viaje infinito, la trilogía Brother, La bahía humeante, El centro del mundo, El mal absoluto, El rastro del lobo, El final feliz, Viajeros de sí mismos, alguna más que me dejo, y La colina del Telégrafo que pronto verá la luz. 

 A través de esos autores que nombras, viajé. Con Jack London, Joseph Conrad y Sommerseth Maugham más que con Emilio Salgari o Julio Verne, que no se movían de sus mapa mundis. Viajar te abre una perspectiva extraordinaria sobre el mundo. Ha habido y habrá grandes escritores viajeros como Isak Dinesen o Paul Bowles. El concepto viajero está reñido con el de turista. El turista es un tipo superficial que va de un lado a otro sin enterarse de nada pero haciendo muchas fotos en las que salga, sobre todo, él. Ser viajero es mirar esos países lejanos con respeto, admiración, tratar de comprenderlos, integrarte o incluso vivir como Bowles o Dinesen. La época de los grandes viajes de principios del siglo pasado toca a su fin. El turismo es una carcoma que todo lo destruye. Por suerte, vivo en un enclave sostenible en donde esa plaga aún no ha hecho muchos destrozos. 

  P.: He detectado dos interesantes recursos narrativos a la hora de leer La bahía humeante. Uno de ellos es la voz narrativa en tiempo presente con la que vamos descubriendo la historia. Y justo gracias a ese narrador omnisciente las prolepsis nos adelantan frugalmente algo jugoso que sucederá después. Uno y otro suelen ser habituales en las novelas policiales clásicas, ¿no es así? ¿Es quizá un homenaje al género negro clásico?

  R.: En el género negro está muy presente la tragedia griega, el tema del fatalismo que pivota sobre sus personajes. Desde el principio de la novela se perfila la tragedia. Burdom es una especie de Kurtz, el personaje de El corazón de las tinieblas, que está muy presente en toda la narración aunque solo asome al final. El narrador se toma esa pequeña licencia, le va susurrando cosas al oído del protagonista, que tiene sueños premonitorios, a veces le aconseja o le advierte. Introduzco la magia, porque Islandia es mágica, en ese musgo que crece en el brazo de Max Rigalt, una naturaleza que lo devora, que lo hace suyo. El lector sabe que esa historia no puede acabar bien. La novela negra es un espacio de perdedores.

  La bahía humeante. José Luis Muñoz. Ediciones Traspiés.


  Enlace a la reseña de La bahía humeante.

  El centro del mundo. Entrevista a José Luis Muñoz

  Brother. Libertad. José Luis Muñoz


lunes, 7 de febrero de 2022

Brother. Libertad. José Luis Muñoz

Brother (Milenio), de José Luis Muñoz, es el título de una trilogía de novela negra iniciada con Libertad. En esta primera entrega conoceremos a los dos grandes protagonistas, Caín y Abel Brother. También a otros personajes, como al padre de ambos, God Brother o a la mujer de Abel, la rubia y sensual Eva Blondie. 

  El título de esta primera novela no podía ser más representativo, Caín Brother sale de la penitenciaría de San Diego tras cumplir una condena por un delito que no cometió. Volverá a ver a su hermano Abel, conocerá a su cuñada, realizarán viajes por California en tanto en la mente de Caín va fraguándose una doble venganza. Los EUA son un gran país, pero donde vemos luces también hay sombras. Con las personas ocurre lo mismo. La obsesión por conocer el paradero de la madre de ambos, Keyla, una modelo que un día les abandonó, empujará a Caín a un viaje a Alaska. 

  El American way of life quedará al descubierto en esta Libertad, también los paisajes de varios rincones representativos no solo del estado californiano. También por su paisanaje a lo más pintoresco de ese país de contrastes. Un viaje, un deseo, los recovecos de la condición humana, una venganza macerada durante la reclusión y la habilidad narrativa de Muñoz son los ingredientes de esta novela épica, la primera de tres, donde las apariencias o los nombres hablan tanto como esconden.

José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) es articulista, crítico cinematográfico y literario y activista cultural. Como novelista está considerado como uno de los puntales del género negro en España desde que publicó en la mítica colección Etiqueta Negra y participó en la primera Semana Negra de Gijón. De sus 54 libros publicados destacan Barcelona negra, El mal absoluto, Mala hierba, El rastro del lobo, Cazadores en la nieve, El viaje infinito, Pubis de vello rojo, El centro del mundo, Malditos amores y La muerte del impostor. A largo de su trayectoria literaria ha obtenido, entre otros, los premios Tigre Juan, Azorín, La Sonrisa Vertical, Café Gijón, Ignacio Aldecoa, Francisco García Pavón, Camilo José Cela y Carmen Martín Gaite. Dirige las colecciones La Orilla Negra y Sed de Mal.

Brother. Libertad. José Luis Muñoz. Ed. Milenio.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

El mokorero del Okavango. Entrevista a José Luis Muñoz

Esta semana traigo una entrevista muy especial. José Luis Muñoz me concedió una entrevista por su último libro de relatos "El mokorero del Okavango" (Verbum). 

Estos días está de promoción con su última novela "El centro del mundo" (Almuzara) por la que espero también poder entrevistarle una vez me la lea. En esta novela reciente, José Luis Muñoz, uno de los escritores más prolíficos del panorama nacional además de comisario del festival Black Mountain Bossòst, se atreve con una novela histórica sobre la llegada de Hernán Cortés y sus huestes a tierras mexicanas y su conquista de Tenochtitlan. Curiosamente, estos días de ecos por el Premio Planeta de Novela, traigo a colación que ya en 2001, la Editorial Planeta le encomendó a Muñoz escribir sobre el tema del descubrimiento de América. Fue así como surgió la trilogía La pérdida del paraíso. Está compuesta por tres tomos: Guanahaní (2001), El Fuerte Navidad (2002) y Caribe (2002) editados simultáneamente en España, Colombia y México y distribuido por toda Sudamérica. 

   Pero volvamos a esta entrevista, pues los continentes de referencia son bien distintos. En el que se centra Muñoz es África. Doce relatos poderosos en fondo y forma  en este "El mokorero del Okavango" como ya es costumbre en este escritor salmantino al que admiro profundamente... por si aún quedaba alguna duda, además.

   Ginés Vera: ¿Cómo surge la idea de reunir en este libro estos doce relatos, qué periodo de creación abarcan?

   José Luis Muñoz: El nexo común es la negritud presente en todos ellos. Hay una serie de relatos escritos en una misma época (El mokorero del Okavango, El leopardo del Kilimanjaro, El elefante enfurecido o La historia del primer negro que llegó a Katmandú), mientras que los demás fueron escritos con anterioridad o posterioridad.

  G.V.: Además de los personajes, los paisajes y decorados abiertos están narrados con una viveza y una intensidad que casi parecen invitarnos a coger la maleta y descubrirlos por nosotros mismos. Háblenos como viajero de su experiencia en África, de eso que algunos solo hemos visto del continente a través de documentales en televisión o en revistas de viajes.

   J. L. M.: Quienes me conocen saben de mi afición por los viajes. Un viajero, que no un turista, se caracteriza por tener una mente abierta y saber captar lo mejor, aunque también lo peor, de cada zona que visita. Soy viajero emocional que tanto se extasía con la Capilla Sixtina como con las cataratas de Iguaçú. Soy consciente de que mi visión de los países que visito sería más acertada si pudiera vivir una temporada en ellos, eso también. Mi anterior novela, Los perros, curiosamente también estaba ambientada en África en los tiempos del apartheid sudafricano. Yo describiría mi literatura como colorista y sensual, en cuanto va dirigida a los sentidos, por eso las escenas de sexo suelen ser muy tórridas, porque no eludo el componente de pasión en una relación entre dos seres humanos, o escalofriantes en cuanto entra en juego la violencia. Sexo y violencia son antitéticos, las dos caras del ser humano.  Uno es vida, otra es muerte. Conozco relativamente bien el norte de África y conozco África negra a través de mis conversaciones con una amiga apasionada de esa zona y de algunos relatos de africanos que he escuchado. Así es que también he viajado a África negra aunque no haya pisado la zona.  

   G.V.: He creído ver cierta crítica social en los doce relatos. Precisamente en el que le da título a la obra, en El mokorero de Okavango, la protagonista reflexiona en estos términos: "Extraño mundo en donde todo lo determina el lugar donde has nacido." Coméntenoslo.


 
 J. L. M.: Es una verdad. Somos fruto de nuestro entorno y los occidentales todavía no sabemos lo afortunados que somos, entre comillas, por haber nacido en Europa en este momento. Sería una desgracia haber nacido mucho antes y haber sufrido en las propias carnes la violencia desatada en las dos guerras mundiales, los dos conflictos más mortíferos de la historia de la humanidad. Si hubiera nacido en la India sería seguramente pobre de solemnidad; si lo hubiera hecho en El Salvador las probabilidades de sucumbir a la violencia de las maras sería muy elevada. El lugar de nacimiento lo condiciona casi todo. Hay lugares en los que la vida es mucho más difícil que otros. La vida es una lucha desde que decides sacar un pie de la cama por la mañana, pero hay lugares en que ese gesto se convierte en algo titánico. Admiro a esos jóvenes africanos que cruzan África y el estrecho buscando una vida mejor. Precisamente de ello trata una espléndida novela recientemente publicada llamada Makoko, de José María García Sánchez.

   G.V.: Leemos en su relato El leopardo del Kilimanjaro que "El techo de África era un reto engañoso, quizá porque no tenía forma de monte sino de volcán." Da la sensación de haber estado en él, no en vano acompaña  al relato más largo de los doce con una citas previa de Javier Reverte alusiva a que uno no pude decir que ha estado en África hasta que no ha alcanzado esa cumbre. Háblenos de ese "reto engañoso" y de su experiencia, si la tuvo, ascendiendo el Kilimanjaro

 J. L. M.: En efecto, he ascendido al Kilimanjaro… a través de ese relato. Me serví de experiencias personales de amigos que sí habían alcanzado el techo de África y me hablaban de su experiencia agotadora en esa aventura. Cuando comencé a escribir ese relato, estaba allí. Me sucedió algo parecido a lo que me pasó cuando escribí la novela histórica La pérdida del Paraíso: me trasladé a 1492. La literatura te permite ese tipo de experiencias extraordinarias: estar dónde no has estado y ser quien no eres. 

G.V.: Podemos leer en El mokorero del Okavango, previo a estos doce relatos, un prólogo suyo publicado en la revista Playboy. ¿Por qué decidió retomarlo habiendo sido publicado ya en 2002?

    J. L. M.: Ese artículo fue publicado en la revista Playboy y me pareció un buen prólogo contra el racismo aunque fuera hablando de la belleza femenina negra. En ese año, el 2002, a través de las modelos africanas, como anteriormente en Estados Unidos con la lucha política de las Panteras Negras, se visualizó algo que era evidente, que la raza negra puede ser tan bella como la blanca o la amarilla, que ese estigma del racismo se estaba levantando, al menos, en el mundo de las pasarelas y parcialmente en el cine. Por desgracia, queda muchísimo camino por hacer y lo estamos viendo en las decisiones políticas que determinados países europeos toman para frenar las migraciones que vienen desde África. 

   G.V.: La mayoría de los relatos tienen a África o a africanos como leitmotiv, aunque algunos no; el hilo conductor parece ser más la raza negra vista por ojos ajenos a esta, ¿no es así?

    J. L. M.: En efecto, hay relatos africanos y otros que tienen lugar en Europa, concretamente en España, o en Estados Unidos. El punto de vista es el del narrador. Como blanco occidental puedo entonar un mea culpa diciendo que todavía no he podido quitarme de encima un tic paternalista. Los europeos practicamos el ombliguismo, estamos convencidos de que el mundo gira a nuestro alrededor y no es así. España, Francia o Inglaterra aún tienen resabios coloniales y ninguno de ellos ha resuelto de forma positiva la integración y la multiculturalidad. Algo falla en Francia cuando policía y bomberos no entran en determinados barrios o cuando unos chicos de Ripoll perpetran un brutal atentado en Barcelona y Cambrils.  

   G.V.: También en el mismo relato, el personaje femenino dice una frase curiosa: "No se puede imaginar lo vanidosos que son todos los escritores." Quería saber si es una especie de guiño a sus compañeros/as de oficio, pues seguro que habrá lidiado con la vanidad de alguno/a en sus múltiples viajes, no sé si también en África.

    J. L. M.: En cuanto el escritor se convierte en un personaje público y concita el interés de los lectores es difícil no caer en la vanidad. En un reciente festival de Francia al que siempre voy, Lisle Noir, hablaba con una bibliotecaria de una de las pocas escritoras no vanidosas, Fred Vargas: no concede entrevistas, no va a festivales, no sale de su casa. Es una excepción. Cuando uno piensa en escritores y en África automáticamente le viene a la cabeza Ernest Hemingway, mitificado por sus excesos. Ese es un cliché al que le he dado la vuelta, por completo, en el relato que cierra la antología El mokorero del Okavango y se llama El leopardo del Kilimanjaro: el protagonista es un escritor que está exactamente en las antípodas de Hemingway. Además diré que es uno de mis relatos preferidos por su carga emocional. 

   G.V.: Respecto al relato mencionado, a El leopardo del Kilimanjaro, en cierto modo ¿es un homenaje a la obra de Hemingway, Las nieves del Kilimanjaro, llevada al cine en los años 50?

  J. L. M.:  Lo tuve presente, claro. Esa película de Henry King, como Mogambo, de John Ford, me ha marcado. Pero ya digo, el escritor protagonista es la antítesis de Ernest Hemingway. El escritor norteamericano era un extraordinario creador que se nutría de sus propias experiencias, pero había en él algo destructivo (su afición por la caza y por la guerra, una cacería de humanos) que se convirtió en autodestructivo y lo llevó a volarse la cabeza. No descarto escribir una novela sobre Hemingway que ya estaba presente en Llueve sobre La Habana

   El mokorero del Okavango. José Luis Muñoz. Editorial Verbum. 

martes, 22 de febrero de 2022

Brother. Libertad. Entrevista a José Luis Muñoz

 

Hace unos días reseñaba el libro Brother. Libertad (Milenio) de José Luis Muñoz. En esta ocasión os invito a que leáis la entrevista que me concedió para Maleta de libros sobre esa novela, la primera de una trilogía que emplaza en los EUA. 

  Por cierto, hoy martes 22 de febrero se conmemora el nacimiento del primer presidente de esa nación. Uno de los cuatro rostros en piedra que podéis encontrar si visitaseis el Monumento Nacional Monte Rushmore, en Dakota del Sur.  

  P.: Esta novela titulada Brother Libertad es la primera de una trilogía épica ambientada en los EUA en la época actual. ¿Cómo surgió la idea de que fuera una trilogía y por qué emplazarla en los EUA?

  R.: Lo de que se publicara en forma de trilogía fue una cuestión práctica, incluso por comodidad a la hora de leer. Hay que tener en cuenta que estoy hablando de una novela negra que tiene casi mil páginas. Un volumen de esa envergadura es muy incómodo para leer en la cama o para llevarlo en el transporte público, por ejemplo. Por fortuna, o quizás fuera mi subconsciente, la novela originalmente está estructurada en tres partes, así es que en ese sentido fue muy fácil la fragmentación y convertirla en una trilogía. 

  En cuanto a la segunda pregunta la respuesta es que EUA es el territorio por excelencia de la novela negra, tengo estrechos vínculos familiares allí (una hermana y dos sobrinas que son norteamericanas), viajo con cierta frecuencia, me conozco el territorio y es un país que me produce admiración y rechazo al mismo tiempo. Para escribir Brother estuve viajando durante tres largos meses en coche desde California a Alaska tomando notas en moteles, parques nacionales, restaurantes de carretera, salas de fiestas y tugurios infames de los que fui sacando a los personajes de esta novela. He procurado que el escenario, los personajes y la trama sean creíbles.

  P.: En Brother-Libertad no solo conocemos a los personajes que intuimos tendrán nuevo protagonismo en las dos siguientes entregas. También viajamos con ellos por California antes de que Caín Brother inicie uno más largo y peligroso, auguro. Curiosamente en Libertad hay un capítulo con un claro guiño a la novela On the road, de Jack Kerouac. Se cumple este 2022 el centenario de su nacimiento. Háblanos de este y de otros guiños también literarios en la novela.

  R.: En esta primera parte de Brother se van presentando los personajes según aparecen en escena. Caín Brother que sale de la cárcel; Abel Brother, que se ve obligado a acogerle en su casa; Eva Blondie, mujer de este último, que se pavonea de su físico atractivo y lo potencia con ropa ajustada; Dog o God Brother, el padre anárquico que ha puesto esos nombres bíblicos a sus hijos. God Brother, entre comillas, es el intelectual de esa extraña familia disfuncional, prototipo de esa America profunda, trumpista, que quiero retratar. Hay guiños a Jack Keruac, como dices, porque lo ha leido el padre que se identifica con él, pero también a Charles Bukowski porque God Brother, o Dog Brother, escribe, aunque sean poemas pornográficos muy malos, le da a la botella y vive en una miserable caravana, al borde de la indigencia. 

  Es una novela de carreteras, de viajes, de desarraigo, de ahí la conexión que puede haber con la generación beat, porque buena de la población norteamericana es nómada, como subraya la excelente película Nomadland, no echa raíces en ninguna parte, lleva años buscando su identidad. Eso también se refleja en la novela y es una de las características de la sociedad norteamericana que más me fascina. Los europeos, por lo general, tenemos unas hondas raíces culturales y familiares, vivimos en ciudades y pueblos históricos. En Estados Unidos eso no sucede, los ancestros pueden estar en Italia, Dinamarca, China o África. 

 

P.: Como en toda buena novela negra no solo está la trama dramática, sino que como lectores vemos una realidad social que rodea a los personajes. En esta caso, al ubicarla en este gran país (grande en muchos sentidos) nos asomamos al American way of life, a algunas sombras tantas veces vistas en los medios de comunicación y que seguramente son ciertas, pues intuyo que has viajado varias veces al país. ¿Es así?

  R.: He viajado un montón de veces a EUA, he recorrido las dos costas, me he aventurado por el interior de ese país en compañía, casi siempre, de mi hermana norteamericana que es una guía excelente. Fruto de ese conocimiento es una serie de novelas que he ambientado en los EUA: La casa del sueño, Lluvia de níquel, La frontera sur, Mala hierba y La manzana helada. El novelista, aunque viaje, siempre esta trabajando, tomando notas, observando. El famoso American way of life es algo que funciona para unos pocos y es una entelequia para la mayoría del país que tiene una desigualdades sociales pavorosas. Nueva Orleans, sin ir más lejos, es una ciudad del Tercer Mundo. 

  Hay también una felicidad impostada que se ve en las urbanizaciones con casas en donde lucen las banderas de las barras y las estrellas, o en esas ciudades que parecen de cuento infantil, irreales, como Solvang, por ejemplo, o Isla Catalina, por citar dos que salen en Brother-Libertad. Luego está esa paradoja del puritanismo, el que existan multitud de confesiones religiosas, como esa Iglesia de las Cuatro Esquinas, que no me invento, del que fue expulsado God Brother por llamar a la fornicación. Una sociedad con más iglesias que bares llama la atención. La norteamericana es una sociedad contradictoria, puritana en lo sexual, pero luego la mayor fábrica de pornografía universal, con telepredicadores que abogan por la castidad y luego tienen amantes ocultas o políticos que rezan antes de declarar una guerra devastadora que va a causar cuatrocientos mil muertos como la de Irak. Y luego está ese irracional culto a las armas y a la violencia, que viene de la colonización del Oeste y permanece enquistado en la sociedad, consustancial a su ADN. Hay que cambiar de chip en cuanto se pisa suelo norteamericano, nuestra lógica no funciona allí. Es un país muy joven que aún no está cohesionado.

  P.: Al menos dos de los personajes de Brother-Libertad son mitómatos; el cine está muy presente en esta novela. Nada nuevo para quienes somos lectores fieles de tu narrativa. E iniciando la trilogía en California al menos hay dos nuevos guiños a dos grandes películas relacionadas con los escenarios de Libertad. ¿Nos hablas un poco de ese maridaje aquí entre la trama y el cine?

  R.: Entre otras muchas cosas, la trilogía Brother es un western moderno. Y sí, hay muchas referencias cinematográficas porque los personajes de mi novela se han educado viendo películas y han pisado muy poco la escuela convencional. En ese aspecto son como yo, en lo de educarse con el cine. Hay un western que está muy presente porque hay un personaje ausente, Natalie Wood, que adora tanto God Brother que podría pegarle un tiro a Robert Wagner si lo encuentra por la calle. Se habla de la muerte dramática de esa actriz a raíz de esa excursión a Isla Catalina. Y claro, sale a relucir esa película mítica de John Ford en la que interpretaba el papel de una india odiada por John Wayne, Centauros del desierto, el mejor western de la historia del cine después de una conversación de muchas horas con Empar Fernández* y Fernando Marías, cuya desaparición no acabo de asimilar. Luego hay una serie de referencias a Con faldas y a lo loco, de Billy Wilder, la descacharrante comedia interpretada por Marilyn Monroe, Jack Lemmon y Tony Curtis, porque los personajes de la novela se van a tomar una copa al Hotel Coronado, en donde se rodó el film. Quien viaje por Estados Unidos y haya visto muchas películas se va a encontrar con un plató en sus ciudades y en sus paisajes, es inevitable. Uno llega a Nueva York conociéndola de antemano gracias al cine. Cuando estuve en Monument Valley ya lo había visto en las películas de John Ford, pero ello no impide que te recorra el cuerpo una honda emoción.

  P.: Una de las frases que escuchamos de Abel Brother es: Toda familia tiene su lado oscuro. Quizá también en Brother-Libertad uno de los temas sea precisamente ese, los secretos familiares que un día salen a la luz con consecuencias imprevistas.

  R.: Es una familia claramente disfuncional como ya he dicho anteriormente, por culpa de ese padre. La madre, mitificada por Caín Brother, ha desaparecido, se largó dejando a los dos hermanos al cuidado de God/Dog Brother borracho y anárquico. ¿Por qué los ha abandonado Keyla de la que sólo saben sus hijos por una postal que llegó de Alaska? Esa es una de las incógnitas de la novela. ¿Qué vio la hermosa y sofisticada Keyla en un tipo como Dog Brother para ser su mujer? Seguramente ese hombre que ahora es una ruina física antes era mucho más digno, como dan a entrever una serie de flash backs que tiene, sobre todo, Caín Brother y le hacen viajar a esa infancia feliz que tuvo una vez. Caín Brother, además, ha pagado con la cárcel un delito que no cometió. Le han robado diez años de su vida. Ahora exige su revancha. 


  Brother. Libertad. José Luis Muñoz. Editorial Milenio.

Otras entrevistas a José Luis Muñoz, en Maleta de Libros, 

   👉 El mokorero del Okavango. Entrevista a José Luis Muñoz

   👉 El centro del mundo. Entrevista a José Luis Muñoz

   👉 La muerte del impostor. Entrevista a José Luis Muñoz

(*) Próximamente compartiré en Maleta de libros la entrevista que me concedió Empar Fernandez.

 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

EL JINETE POLACO, de Antonio Muñoz Molina.

¿Cómo alguien que escribe tan abrumadoramente bien puede llegar a resultar aburrido? Esta es la pregunta que me he estado haciendo mientras leía la novela. Porque si escogiéramos al azar cualquiera de sus páginas, nos encontraríamos la mayoría de las veces con textos de una calidad literaria formidable, por la habilidad del autor para manejar el lenguaje, por su indudable conocimiento del mismo y por la precisión artesana con la que describe personajes, situaciones y el alma de vivencias en las que consigue que nos reconozcamos aún sin haber vivido el lector algo parecido.

   Pero como ya adelantaba con mi pregunta al inicio, esas páginas escogidas de forma aislada no serían más que un espejismo. A una novela se le pide que haya un hilo que tense y dé forma y cohesión a ese conjunto de islas que son las páginas, por algo éstas van cosidas una detrás de otra. En El jinete polaco es como si un costurero hubiera juntado todo aquello que le llegaba a las manos mientras miraba distraído la televisión.

   Carece de ganchos que promuevan la intriga en el que lee. Las idas y venidas en el espacio temporal de la historia, volviendo a temas ya tratados, tampoco favorecen la tensión narrativa, más bien transmiten la sensación de que no se avanza, y esto en una novela que en su edición de bolsillo tiene 608 páginas se puede hacer especialmente pesado.

   Y fijaos que el argumento no tiene mala pinta, todo lo contrario, presenta la evolución de un personaje desde su nacimiento hasta la edad adulta. Teniendo en cuenta que tal personaje está fuertemente inspirado en el propio Antonio Muñoz Molina, el interés de dicho argumento resulta notable. Reconozco mi debilidad por las historias pseudoautobiográficas, sobre todo si son de escritores.

   En concreto, el alter ego de Muñoz Molina toma el nombre de Manuel, aunque no es escritor sino traductor. Por tanto el autor no nos va a hablar de su despertar literario y de su posterior oficio de escritor, lo va a hacer de sus orígenes y de su tierra natal, se va a tratar principalmente de un relato familiar.

   A Úbeda, ciudad de donde es natural Muñoz Molina, la va a llamar Mágina. Por ahí deambularán desde el bisabuelo de Manuel hasta él mismo, pasando por padres y abuelos. La primera de las tres partes de la novela, de unas doscientas páginas cada una, está dedicada a sus ascendientes. Una saga familiar que por el modo en que está contada, con vicisitudes propias del realismo mágico, pareciera que tuviera como modelo a la saga de la novela Cien años de soledad, en un intento de convertir así a Mágina en la versión patria de Macondo. Mucho me temo que se queda muy lejos. Su relato se acerca más al territorio de lo que popularmente se conoce como “los cuentos de la abuela”. Y casi consigue el mismo efecto, que nos durmamos.

    El primer punto de inflexión será el nacimiento de Manuel, de cuya adolescencia se va a ocupar la segunda parte del libro. Mención especial merece la descripción de su parto, violenta, desagradable y sucia, de lo mejorcito del libro, de veras. De hecho hay otro parto más adelante en el que de nuevo el autor va a demostrar su talento para describir de forma descarnada este tipo de acontecimiento. Otros clímax literarios son el retrato que hace de la gélida relación amorosa de sus padres, para lo cual además de talento hace falta valentía, y las páginas que cuentan el descubrimiento del mundo a través de sus ojos de niño.

    La voz narradora es la de Manuel, que hace memoria de su pasado junto a su amante, de nombre Nadia. Puede que el principal problema de la novela sea que relata un espacio temporal demasiado amplio y con demasiados personajes. La historia se centra en un pasado que parece que nunca llega a ser presente. En cambio el narrador es más presente que pasado. Es decir, lo que cuenta ya pasó, no lo está viviendo. Y de algún modo el que lo lee tampoco.

    Apenas comenzada la tercera parte, en la que toma protagonismo la relación con Nadia, el estilo narrativo da un vuelco muy favorable. Se impone el tiempo presente, de manera sostenida. Y gana en modernidad, algo que se echaba en falta en la prosa de la novela hasta ese momento. Igual que se echaba en falta el humor o la ironía. O al menos un humor e ironía modernos. Lástima que este cambio de registro no dure hasta el final. La narración no tarda en volver por sus fueros, a su cansino vaivén entre presente y pasado sin dirección ni sentido.

    A veces uno tiene la sensación de que en El jinete polaco no se piensa en el lector. En mayor medida al principio del libro, donde ni siquiera se cuida el ritmo de las frases, que se suceden sin prácticamente puntos, inundando de palabras los párrafos como el que se deja un grifo abierto.

    Y no estoy poniendo en duda la categoría de Muñoz Molina, quien ganó por esta novela el Premio Nacional de Narrativa, además del Premio Planeta. Su capacidad frente al papel es portentosa, se diría que nació para escribir. Simplemente sigo buscando respuestas a la pregunta del inicio. La novela no acaba de funcionar. Seguramente su extensión es tan excesiva como innecesaria. Y a los problemas ya apuntados habría que sumar la escasa o nula presencia de lirismo. La redacción es de corte netamente realista. No facilita ese espacio paralelo a la historia que a tantos lectores nos gusta crear y sobrevolar a partir, por ejemplo, de una metáfora.

    El jinete polaco pone fin a sus páginas con una bonita declaración de amor de Manuel a Nadia. Quizás un último intento para conquistarnos. Sin embargo, como el jinete de la pintura de Rembrandt de la que el libro toma su título, será mejor partir y abrir nuevos caminos.

Por Ricardo Guadalupe.
Puedes seguir leyendo a Ricardo Guadalupe en su blog, aquí.

jueves, 11 de febrero de 2021

La muerte del impostor Entrevista a José Luis Muñoz

Esta semana mi entrevistado es José Luis Muñoz (Salamanca, 1951). Quienes os dejéis caer por Maleta de libros ya le conoceréis virtualmente de otras entrevistas. Tras leer su reciente “La muerte del impostor” (Torre de Lis) me ha concedido esta entrevista que comparto con vosotrxs. 

   Os dejo la sinopsis para abrir boca.

  Pablo Campos, un oscuro y anodino policía que presta sus servicios en la siniestra BDS, la Brigada de Delitos Sociales, es elegido por su superior para una importante misión: suplantar la personalidad de un militar, el coronel Eduardo Paz, que debe coordinar un golpe militar para restablecer la democracia en su país, y para ello debe citarse en Estambul con quien le dará los nombres de los militares proclives a la sublevación. Lo que no sabe ese policía, que por fin va a ser alguien,  es que el personaje suplantado va a terminar fagocitándolo y la misión, ya en su país, se va a complicar hasta límites insospechados.

   La muerte del impostor es una narración hipnótica que bascula entre la novela negra, la de espías, la denuncia social y la fantasía, un relato centrado en la impostura y en el impostor que todos llevamos dentro y en el que el victimario se vuelve víctima en un escenario cada vez más kafkiano y enrarecido.

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G.V.: En La muerte del impostor vamos a encontrar nombres propios, tanto de personajes como de lugares. Por contra, hay una serie de curiosas iniciales, en especial para ciertos escenarios como M, B, G… ¿A qué obedece ello?

J.L.M.: Quería ocultar, para que sobre la novela pivotara lo indeterminado, que la acción transcurre en España, durante la dictadura franquista, aunque un lector medianamente avezado se dará cuenta de que estoy hablando de mi país y de un momento político muy determinado. Se inicia en Turquía, en Estambul, en el lujoso hotel Pera Palas, como una novela de espías y misterio, y luego salta a ese país indeterminado pero fácilmente reconocible y a esas ciudades que sólo nombro por sus iniciales. Me siento más libre, narrativamente hablando, y hago más universal la novela, trasladable a cualquier país que sufra una dictadura liberticida como la que sufrió España durante cuatro décadas y en la que crecí. 

G.V.: Creo que uno de los temas de fondo es cierta crítica social a las fuerzas del orden cuando se diluyen ciertas fronteras, ciertos límites ebrias de poder. Leemos en un pasaje que la organización, el GOES, gozaba de “ilimitados recursos de los fondos reservados”. Y parece hacernos un guiño cuando leemos que “esa partida oscura de la que echan mano todos los servicios secretos de todo el mundo para sus no menos oscuras operaciones.” Coméntenoslo porque intuyo que es un tema de rabiosa actualidad.

J.L.M.: Es un guiño a la actualidad nacional que no es nada nuevo. Recordemos el GAL, recordemos la llamada policía patriótica que se inventa dosieres para desprestigiar al adversario político de turno. Durante la dictadura franquista, la plantilla de torturadores de la BIPS, la temible Brigada de Investigación Político Social, tenía poderes extraordinarios para hacer con los detenidos lo que les viniera en gana, torturarlos algunas veces hasta la muerte. Los GAL eran un grupo de criminales y patriotas de uniforme pagados con nuestros impuestos. “La muerte del impostor” es también un grito contra esas cloacas del Estado que hacen trabajos sucios fuera de luces y taquígrafos. 

Hay una película extraordinaria, dirigida por Robert de Niro, que no tuvo mucha repercusión, titulada “El buen pastor” que hacia una radiografía demoledora de la CIA y sus actuaciones criminales. Lo malo de esta gente, de los que estaban en la BIPS franquista, en la CIA de Estados Unidos o en la Gestapo nazi es que no tiene conciencia del mal que hacen, que encima se creen que torturando o haciendo desaparecer a personas libran un servicio a la patria. ¿Qué patria? La patria es el lugar en donde cabemos todos. De eso también va “La muerte del impostor”. 

G.V.: “Nunca las vejaste sexualmente”, leemos en uno de los pasajes de la novela. También “nunca mataste a ninguna”, referidas ambas al trato del protagonista con las mujeres en su labor en la BDS. Creo que de alguna forma es como si se nos manifestase la doble naturaleza del bien y del mal en las personas; aquello de que el bien no conoce el mal. Quizá los monstruos no siempre son o lo fueron. ¿Nos lo comenta?

J.L.M.: Estoy contra el negro y el blanco y a favor de los matices, también en literatura. Los personajes de mis narraciones son poliédricos y complejos. Los monstruos pueden tener su lado humano. Recuerdo a un amigo argentino que me contaba que una compañera en la lucha subversiva contra la junta militar era torturada sistemáticamente por el mismo policía que, en algún momento de respiro que se daba en su función como torturador, le decía a la víctima que, en el fondo, la admiraba, que no le gustaba lo que hacía, que ojalá le perdonara y pudieran tomarse una cerveza en un futuro, si lo había para ella, porque era mucho más interesante que su mujer, y luego volvía a vejarla y torturarla. Eso es lo interesante desde el punto de vista literario. Las contradicciones de los personajes. La maldad de un nazi como el doctor Aribert Ferdinand Heim, el protagonista de mi novela “El rastro del lobo”, que puede enamorarse de su víctima judía y se siente dios porque la salva de la muerte. 

G.V.: La voz narradora en La muerte del impostor también puede sorprender a algún lector. Es un narrador omnisciente que tutea al protagonista. 

J.L.M.: La segunda persona es compleja. La había utilizado en algún relato corto, en uno sobre la guerra de Irak precisamente que se titulaba “El terror” y fue publicado dentro del libro “La mujer ígnea”, pero nunca me había atrevido en una novela. Inicialmente “La muerte del impostor” estaba escrita en tercera persona. Cuando opté por esa segunda persona que interpela al protagonista de la narración creo que esta crece y aún se hace más opresiva e inquietante. En literatura hay que explorar siempre y no sentirte anquilosada en una forma que dominas. Para mí, cada novela es un desafío estético, procuro variar de tema y estilo, aunque haya lectores que digan que me reconocen siempre. 

La muerte del impostor. José Luis Muñoz. Torre de Lis.

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El centro del mundo. Entrevista a José Luis Muñoz

El mokorero del Okavango. Entrevista a José Luis Muñoz